Capítulo IX
Levanta al Caído y Háblale
para que no vuelva a caer.
Domingo a domingo, como el sediento que necesita agua para beber, así me presentaba a escuchar aquellas palabras tan llenas de verdad. El divino maestro Jesús nos hablaba de la necesidad de levantar al caído y nos decía que muchos sucumben porque no hay quién les dé una palabra de aliento porque todos somos egoístas.
Una noche volví a tener aquellos "sueños" tan reales: Vi a una muchacha como de diecinueve años de edad, estaba embarazada; el terror se le veía reflejado en su carita y en sus gestos; su pancita apenas se le notaba. Era de noche, la joven con espanto veía a la puerta principal de su casa... desesperadamente veía cómo transcurrían los minutos. De pronto entró un hombre como de cincuenta años de edad; con la mirada turbia, con el rostro descompuesto por la ira y sin más ni más arremetió a golpes contra su hija. Al momento de los golpes también le dirigía palabras soeces, palabras ofensivas:
—¡Ya, papá, perdóneme! —Decía la desdichada muchacha.
—¡Has manchado esta casa y nuestro apellido!
Gritaba el padre enfurecido y seguía golpeando a la joven sin piedad.
—¡Por favor! —gritaba la madre llorando— ¡Ya deja a tu hija! ¡Ten piedad!
Y aquel ogro repartía golpes también a su esposa.
—¡Pasalona! —Le gritaba a la señora.
Aquellas escenas se repetían día a día... La muchacha dejó de ir a su trabajo. Los moretones los tenía en todo el cuerpo. Así pasaron muchos días.
Llegó el momento del alumbramiento. Después de unos días, aquella desdichada regresó a su hogar. El espanto y el temor que le tenía a su padre no habían desaparecido. Sólo había estado tres días fuera de su casa y esa noche, como ya era costumbre, la nueva madrecita esperaba que de un momento a otro llegara su padre con aquel mal humor y la volviera a golpear. Sus corazonadas no fueron en vano, llegó el ogro con aquel odio, con aquel rencor que destilaba hasta por los ojos... Hizo intento de acercarse a su hija, aquella pobre madre no pensó más, tomó a su pequeña niña en brazos y corrió a ponerse a salvo... no dio más que unos pasos cuando ocurrió la desgracia, algo se le rompió por dentro y cayó con su pequeñita retorciéndose de dolor.
—¡Llamen a un médico! —Gritó angustiada la madre de aquella víctima.
El doctor aconsejó que de inmediato fuera llevada al hospital. Inútiles fueron las intervenciones de los médicos, aquella víctima dejó de existir en la madrugada, dejando huérfana a su pequeñita.
El padre no asistió al sepelio, ese día se dedicó a ahogar con licor su remordimiento. De pronto se volvió loco y gritó:
—¡Hija mía, perdóname! ¡No sabía lo que hacía, perdóname!
Descubrió a la pequeñita huérfana dormida plácidamente en un sillón; se acercó para conocerla, le descubrió el rostro y lo que vio no lo quería creer:
—¡Es mi propia madre! —gritó aquel ingrato— ¡Es mi madre, tiene el mismo rostro!
Se hincó y gritaba como un loco pidiendo perdón. Por momentos parecía que su corazón dejaría de funcionar, sus ojos estaban rojos por el llanto... Así permaneció largo rato. Sus familiares, conociendo su maldad, no se atrevieron a socorrerlo. Desde aquel momento ya nunca tuvo paz, su dolor fue aumentando más y más. Y aquel perverso padre no se equivocaba, pues una voz ya muy conocida en mi sueño se presentó y exclamó:
—¡Oh, gran Dios! que a todos les das la oportunidad de pagar con amor sus deudas pasadas.
Entonces ante mis ojos apareció otra escena diferente: Vi a aquel ogro convertido en tierno niño como de cinco años de la mano de una señora; exactamente, aquella señora tenía el mismo rostro de la pequeñita recién nacida y aquella señora amaba mucho a su hijo, lo mimaba, lo protegía, y en esa misma forma, aquel ogro tenía que amarla a ella de vuelta en este mundo convertida en su nietecita.
Aquella bendita voz me explicó:
—El espíritu, el real ser interior nada olvida, todo lo sabe, todo lo recuerda, y al momento de ver la cara de la nenita, aquel mal padre reconoció instantáneamente a la que fue su madre, ¿me explico?
—Sí —contesté—, todo lo he entendido. Pero quisiera saber lo que le sucederá a aquel galanazo, el responsable directo de todo este problema.
La voz me dijo:
—Eso sólo corresponde al Padre, mas, si tú lo deseas, pide al Padre; si Él lo concede, tal vez verás lo que sucederá.
Vi a un hombre joven como de treinta y cinco años; reía alegremente ufanándose ante sus amigazos y diciendo que había desgraciado a aquella muchacha.
—Pues uno es hombre y ellas quieren ¾ decía¾ ; pero no puedo cumplirle porque soy casado...
Y seguía riendo con cinismo y cierta maldad.
No, no contemplé lo que le sucedería a aquel burlador; indudablemente no me correspondía, pues como me dijo aquella voz: eso sólo corresponde al Padre.
Me quedé pensando en lo que hubiera pasado con aquel mal padre y con aquella desdichada hija así como con la pequeña nieta-madre que había quedado al cuidado de la infeliz familia.
Entonces ante mí se presentó otra escena: retrocediendo en el tiempo contemplé otra vez a aquella víctima nuevamente; ahora su vientre estaba más crecido; aquel vientre poco a poco se fue haciendo transparente; entonces vi a la nenita dentro de la bolsa transparente que parecía de cristal muy fino, aquella niña se estremecía con cualquier ruido, grito o clamor. Vi que por la puerta de aquella trágica casa, entró el energúmeno echando lumbre por los ojos y al instante, al mismo tiempo que la joven temblaba y se sobresaltaba, aquel cuerpecito se sobresaltaba temblando, aquello duró unos instantes, el feto dio media vuelta y quedó en posición sentada haciéndose bolita pues trataba de esconder la cabecita entre ambas piernitas abandonando definitivamente la posición que ya tenía con la cabecita para abajo... y llegado el momento tuvo que nacer por cesárea.
—Pero, ¿qué significa esto? —Pregunté a mi interlocutor.
—Lo que estás viendo —contestó—. Los bebés desde que quedan conformados ya sienten, ya escuchan, y en cierto sentido ven; y a esta bebita, la autora de sus días le estuvo transmitiendo sus temores, sustos, angustias y más aún ya conoce los pasos, la voz de su abuelo y también ya presiente y sabe lo que sucederá en cada arranque de salvajismo.
Aquellas escenas desaparecieron. Yo quedé en silencio asimilando tantas enseñanzas tan desconocidas para los humanos que muchas veces procedemos con tanto salvajismo que pareciera que no tuviéramos razonamiento. Nuevamente quedé en silencio y duré mucho rato pensando cuantos errores tan graves cometemos unos y otros a lo largo de nuestras vidas. Volví de mi ensimismamiento, quise preguntar algo, pero, olvidándome de la pregunta seguí pensando pues había quedado muy dentro de mí una gran tristeza por aquello que había visto.
Pasaron varias semanas y volví a presenciar en mis sueños algo inusitado. Veía a un jovencito como de catorce años, muy delgado, con el pelo muy rebelde y parado de puntas; sus ojos por momentos se extraviaban, por momentos hablaba incoherencias y luego volvía a la normalidad; luego otras veces se estremecía y volvía a torcer los ojos. Yo me quedé intrigado. ¿Qué le pasaría al jovencito? ¿Serían ataques epilépticos?
Entonces contemplé otra escena: era una muchacha que aparentaba tener unos veinte años de edad, estaba embarazada y un hombre que la atacaba golpeándola por todos lados. Era la misma historia, aquel individuo era su hermano mayor y le reclamaba el haber manchado el honor de la familia. Aquella bestia indudablemente quería acabar con el fruto, pues le propinaba fuertes golpes en el vientre a la pobre mujer. El suplicio para ésta parecía no tener fin, pues muchas veces la golpeaba aquel hombre sin corazón. La muchacha temblaba de terror y rogaba a Dios se apiadare de ella y mejor morir. Aquella bestia la dejó en paz cuando nació aquel bebé tan pálido que parecía que en cualquier momento iba a morir. Pasó el tiempo y aquel niño creció con aquellos dolores de cabeza, con aquellos temblores y aquellos escalofríos. Tratamientos médicos, medicinas... Todo fue inútil, aquel pobre ser creció sufriendo las consecuencias de los golpes que le daba su tío cuando estaba dentro de la comba materna y aquella madre tenía los mismos síntomas, los mismos malestares, le dolía la cabeza, tenía mareos, falta de sueño y nerviosismo en alto grado. Un día, sobreponiéndose al terror que sentía por su hermano, le gritó:
¾ ¡Nunca voy a perdonarte lo que nos has hecho a mi hijo y a mí, pues yo sé que por tu culpa mi hijo y yo estamos así!
La voz de mi amigo volvió a escucharse unos instantes después:
¾ ¿Te das cuenta? ¿No crees que sería mejor aplicar la fórmula tan sencilla que trajo a este mundo el gran cabir Jesús?: Amaos los unos a los otros y perdonaos, pues así no se encadenarían los unos y los otros con tantos y tan graves errores.
¾ Sí; son muy grandes estos errores, pero ante Dios ¿son perdonados estos errores?
¾ Sólo Dios puede decidir y perdonar; pues acuérdate que todo queda escrito en los archivos akásicos y la Ley dispone que ojo por ojo y diente por diente.
Muchas veces que esto me pasa, cuando me llevan a recibir lecciones, regreso a mi cuerpo físico muy contento, muy feliz, con una felicidad como no puede existir en este mundo; pero con estas enseñanzas tan crudas, tan crueles, cuando regresé a mi cuerpo llegué triste y así permanecí sintiendo el dolor de aquellos seres desvalidos y atormentados.
La siguiente noche no podía dormir acordándome de aquello tan triste que había presenciado. Salí a contemplar las estrellas y me quedé viendo la luna sintiendo deseos de volar hacia ella. Entonces escuché aquella voz que tantas veces me habla y me acompaña... sentí pavor, sentí mucho miedo y rápido me metí a mi habitación prendiendo la radio y así permanecí temblando de miedo escuchando música. En toda la noche no hice el intento de dormir. Tal vez comprendiendo mi miedo aquella voz no la volví a escuchar en varios días.
En otra ocasión, estando mi cuerpo físico dormido yo me encontraba en el espacio y pregunté a aquella voz tan conocida:
¾ ¿Y qué castigo se les da a los megalómanos? Esos terribles monstruos que son capaces de matar hasta por millones de seres humanos... yo creo que esos seres ya no alcanzan el perdón de Dios, ¿o me equivoco?
Después de unos minutos de silencio, mi maestro me dijo:
¾ No tengo autorización para contestar a tu pregunta, ni creo que te gustaría saber tal cosa, ya que es terrible.
Mi amigo tomó nuevamente la palabra:
¾ En este mundo Tierra existen muchas diferencias entre unos y otros. Unos viven en la mayor de las miserias mientras que otros viven en la abundancia, pero te recuerdo, que al que más se le ha dado, más se le exigirá, y al que menos tiene, más se le dará. Porque mira, a todos por igual la gran Ley les da la oportunidad de superarse, de elevar su espíritu hasta las alturas en cuestión de merecimientos, y la gran Ley tan sabia y tan poderosa está pendiente a todo momento de proporcionar a todos la oportunidad de pagar con amor sus deudas pasadas.
Aquello de momento no lo entendí, de repente fui llevado muy lejos... yo creía que podría ser el centro del universo, pues allá se veían otras galaxias que no obstante estar en movimiento, daban la impresión de que estaban en calma. De pronto me vi rodeado de muchos ángeles que tenían largas alas blancas, algunos tenían el cabello dorado, otros lo tenían blanco y todos estaban vestidos con mantos de diferentes colores, en sus ojos se podía contemplar una paz infinita, tan bellos eran que no se podía distinguir si eran masculinos o femeninos. Aquellos ángeles, tal vez una veintena, primero estaban reunidos, luego formando un círculo se empezaron a acercar a donde yo estaba.
Debo hacer la aclaración que muchas veces me ha pasado esto como si fueran sueños que realmente no son, pues es otra forma de estar consciente y casi nunca veo mi propio cuerpo. Es como si sólo fuera mi pensamiento pero no, es más bien mi real ser interior al cual no alcanzo a contemplar.
Pues bien, en esa ocasión, cuando los ángeles fueron cerrando poco a poco aquel círculo hasta quedar yo en medio, entonces sí vi mi cuerpo astral; un cuerpo maravillosamente formado de energía, luz y colores, un cuerpo muy bonito, que de momento, sorprendido a mí mismo pregunté:
¾ Pero, ¿cómo es posible que yo pueda tener esta maravilla, que esté formado de tal manera?
Entonces al sentirme aprisionado en medio de aquel círculo vi cómo se fue acercando hacia nosotros un torbellino de color totalmente negro que más bien parecía la boca de un agujero negro que absorbía materia, polvo cósmico, rocas y objetos mil que pasaban aproximándose a él. A un lado de aquel agujero negro, allá muy lejos vi a un enfermo en un camastro, podría ser cualquier lugar de la Tierra; su rostro denotaba dureza, mas su espíritu ya estaba desprendido. Luego ocurrió algo fantástico: aquel espíritu se empezó a llenar de una negrura espesa y al mismo tiempo aquel despojo, su carne, se iba tiñendo también de negrura. Llegó el último instante, los estertores de muerte... el cuerpo físico quedó rígido y el espíritu salió disparado al espacio. Aquel agujero negro como si tuviera inteligencia propia salió también disparado hacia donde flotaba aquel espíritu y lo absorbió en un instante; sentí un fuerte jalón al mismo tiempo que un terror nunca experimentado, sentí también como un desmayo, un desvanecimiento, pero al mismo tiempo sentí cómo una terrible fuerza me retenía. Pasaron unos instantes, poco a poco me fui reponiendo. Al volver momentáneamente en sí, me di cuenta que todos los ángeles a mi alrededor tomados de las manos y formando una cadena proyectaban al mismo tiempo un círculo de potentísima energía con la que repelían aquella monstruosa fuerza negra.
Aquello duró mucho rato, el agujero que parecía un torbellino poco a poco desapareció y sólo quedó una apacible quietud. Luego mi acompañante me preguntó:
¾ ¿Conforme?
Acto seguido uno de aquellos ángeles se acercó a mí y con ambas manos me limpió todo mi cuerpo minuciosamente, terminando también por limpiar las plantas de los pies. Luego, el mismo ángel me preguntó:
¾ ¿Te sientes bien?
¾ Sí, estoy bien, gracias.
Y aquel grupo de ángeles estuvieron protegiéndome otro buen rato.
Después que se fueron los ángeles, se presentó ante mí otro ángel muy luminoso, su rostro resplandecía, su figura de ángel por dentro y por fuera despedía rayos de colores y su cuerpo estaba formado por una intensísima luz blanca.
El recién llegado me preguntó:
¾ ¿Me reconoces?
Yo me quedé absorto viendo aquella maravilla y él me volvió a cuestionar:
¾ ¿No te acuerdas de mí?
Entonces me pareció reconocer aquella cara luminosa... yo había visto aquel rostro pero de momento no recordaba dónde.
¾ En el nombre de Dios te saludo ¾ dijo aquel ángel.
¾ Igualmente ¾ le contesté.
¾ Mi nombre es Gabriel arcángel.
Y al instante sentí una descarga de energía.
¾ Me han enviado para tu protección y para darte fuerza, ¿qué te parece?
¾ Me parece maravilloso, pues nunca me imaginé que algún día pudiera estar ante usted.
¾ Acuérdate que en otra ocasión recibiste la promesa de que este humilde siervo del Señor y otro niño te ayudaríamos a cumplir con tu misión; y dime, ¿qué impresión tienes de lo que acabas de presenciar?
No fueron necesarias palabras, pues al instante volvieron a mí todos los recuerdos de aquello tan terrible que acababa de presenciar.
Luego pregunté al arcángel:
¾ Entonces ¿ese agujero negro representa lo que recién han descubierto en la Tierra y que se dice es la antimateria?
El arcángel no contestó y fue desapareciendo poco a poco de mi vista.
Mi amigo se encargó de seguir impartiéndome sus sabias enseñanzas:
¾ El mal y el bien son dos fuerzas antagónicas que existen en el universo y a cada ser se le deja en libertad de elegir. El hombre que viste absorbido por el agujero negro había pecado tanto en el mundo que sus errores fueron los que no pudieron ser perdonados y él mismo marcó así su final, pues en lo adelante nunca volverá a nacer en los mundos del espacio y del tiempo en donde nacen interminablemente todos aquellos seres que anhelan el progreso y el adelanto hasta que llegue el glorioso día en que se fundan con el Padre. ¿Están contestadas tus preguntas?
Me quedé pensativo... y como no contestaba, mi amigo volvió a tomar la palabra:
¾ Hace dos mil años se escucharon las dulces palabras del divino hijo de Dios que dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida, yo soy el perdón; venid a mí porque nadie vendrá al Padre si no es por mí". Efectivamente, porque nadie llega al Padre si no es por medio del hijo divino; y recuerda, el divino maestro Jesús puede perdonar tus pecados y errores pues Él es la Verdad y la Vida.
En aquel espacio tachonado de estrellas que refulgían en medio de aquellas galaxias de mil colores llegaban millares de ángeles y se escuchaban cánticos y música celestiales como el canto de miles de aves de voces prodigiosas; de repente todo quedó en silencio y aparecieron dos enormes ojos dorados que con infinita paz y dulzura me veían, eran los ojos del divino redentor.
Me dije para mis adentros: aquel terror que sentía hace poco, ha sido compensado con creces.
¾ ¡Silencio! ¾ me dijo mi amigo.
Comprendí que en aquel momento no debía intervenir ni con el pensamiento y guardé silencio.
Después de un rato empezaron a desaparecer aquellos majestuosos y maravillosos ojos color miel, los cantos melodiosos también cesaron, desaparecieron aquellos maravillosos ángeles y todo volvió a quedar en silencio.
Seguían allí presentes aquellos astros luminosos, aquellas galaxias que giraban, aquel polvo cósmico que me daba la impresión de que se movía al contacto del aliento de un ser gigantesco. Entonces empezaron a aparecer símbolos, figuras de diferentes tamaños y colores; primeramente aparecieron un sol y una luna, luego una pirámide y un cuadrado, luego un águila y un fantástico caballo blanco con un cuerno dorado en el centro de su frente, luego aparecieron un hombre con el cabello dorado y una mujer con el cabello como si fuera de plata; luego una piedra cual si fuera un pedazo de oro y una piedra como si fuera de plata, luego apareció un niño recién nacido; enseguida aparecieron un árbol, una serpiente y una mujer; también apareció un cocodrilo llevando en su vientre muchos pequeños cocodrilitos y por último, una serpiente que se arrastraba y cuyas escamas se convertían en filosos puñales capaces de cortar lo que se atravesara en su camino.
Mi amigo muy solemnemente dijo:
¾ El que tenga ojos que vea, el que tenga oídos que escuche y el que quiera despertar, aquí está el despertar.
Luego todo volvió a quedar en silencio y vi allá muy lejos un camino lleno de flores de distintos colores; luego aparecieron entre las flores muchas piedras preciosas de diferentes colores y tamaños, y entre aquel camino venía caminando poco a poco y sin pisar el campo un anciano que llevaba encima de su hombro derecho y a la vez tomada con su mano una guadaña y en su mano izquierda llevaba un reloj de arena.
Volvió a aparecer ante mí el arcángel Gabriel; luego se despidió y desapareció.
Mi amigo siguió acompañándome y explicándome...
Después hicimos el viaje de regreso y llegamos a mi casa en donde yacía mi cuerpo físico durmiendo tranquilamente en la cama. Sentí cómo entré en mi físico y después de unos minutos desperté para continuar con las labores del día. Volví a sentir aquella felicidad, aquella paz y serenidad y di gracias a Dios por tanta bondad.
Yo asistía todos los domingos a escuchar la voz del que todo lo puede. Mis conocidos se burlaban diciendo que todo aquello era mentira, falsedad, engaño; que el maestro Jesús no podía presentarse y menos en aquel sitio. A mí no me importaban las opiniones de los demás y continuaba yendo con ahínco, siempre con hambre de más conocimiento.
Una vez estando en cátedra, nos decía el Maestro que poco a poco irían limpiándose nuestros "finos cristales"... de momento no entendí a lo que se refería.
Después hicimos una meditación con los ojos cerrados y contemplé durante mucho rato un campo extenso, la tierra era de color rojo, en el horizonte se veía el cielo maravillosamente azul y la tierra parecía como si estuviera preparada para que los labradores sembraran la semilla; entonces en medio de aquel campo apareció una sencilla y altísima escalera de muchos peldaños, no había nada que la sostuviera y los peldaños de arriba se perdían en la inmensidad del cosmos; luego apareció un hombre viejo, desnudo, descalzo, con tan sólo un taparrabos, su pelo, barbas y bigotes eran canosos, sus ojos eran de color café claro; aquel hombre de repente empezó a subir los primeros peldaños y allí permaneció haciendo intento de continuar ascendiendo.
Luego Chelo me explicó que aquello significaba la escala de Jacob o ley cósmica de la evolución progresiva, pues todos los seres de todos los reinos de todos los mundos y de todos los universos van hacia un eterno proceso de perfección absoluta; y que la perfección absoluta nada ni nadie puede lograrla en una sola existencia. Además que, dentro de los planes cósmicos, la divinidad da a todos sin excepción las oportunidades que requiera en el largo peregrinaje a través de todo el cosmos, pues Dios permite la reencarnación en diferentes mundos, niveles y dimensiones a todos sus hijos y sin excepción se les da la misma oportunidad de continuar evolucionando. Luego nos puso como ejemplo las escuelas de este mundo, en donde desde el kinder hasta los niveles más altos siguen un programa de estudios y es responsabilidad de cada estudiante avanzar o quedarse rezagado repitiendo las materias.
Muy dentro de mí seguía aquella ansiedad de saber más y más por tener acceso al conocimiento superior. El Maestro de maestros en su palabra nos decía:
¾ Tocad y se os abrirá; llamad y os contestarán... Cuando el alumno está listo, aparece el maestro.
Así, por las noches mi espíritu sediento de saber salía en cuanto mi carne entraba en el sueño y se me daban lecciones tan reales y tan sabias que ya en mí no había duda.