Capítulo III
Mensajes Psíquicos.
Un domingo en punto de las diez de la mañana, me presenté en aquella casita en un callejón de los que abundan en la ciudad de Zacatecas. Toqué a la puerta y nadie contestó, pero la puerta estaba entreabierta y entré por un pequeño pasillo y al fondo estaba una habitación en donde había bancas pintadas de blanco, al oriente había un altar con una pequeña virgen de Guadalupe, un cirio prendido, floreros repletos de olorosas flores, una "escala" y a un lado de aquel altar estaba Chelo sentada en una silla de respaldo alto y a su lado unos velos transparentes de color blanco. El "trabajo" había comenzado y Chelo era la "facultad", aquel recinto estaba lleno de gentes que era el "pueblo".
El divino Maestro Jesús empezó a hablar a través de Chelo... discretamente me senté en una de las bancas pintadas de blanco. Atentamente escuchaba el discurso con la vista baja, pero algo me hizo voltear a ver a Chelo, me estremecí, una corriente eléctrica sacudió mi ser cuando descubrí que los ojos de Chelo estaban clavados en mí, en aquel momento vi los ojos de aquella buena mujer de un color miel muy claros, de mirada tranquila y bondadosa.
—¡Bienvenido seas mi niño amado!
Se dirigió a mí y continuó:
¾ ¡Te he estado esperando y al fin vienes!
Yo dudé, volví la mirada a ambos lados. El "pueblo", todos, tenían la mirada baja; serían más o menos veinte personas entre hombres, mujeres y niños.
—¡A ti te estoy hablando!
Fue más directamente su palabra hacia mí. Yo sentí un escalofrío, sentí que se me levantaban los pelos de punta.
—¡Acércate mi niño amado!
Fue entonces que todas las personas voltearon hacia mí, yo me hacía el sordo, aún en mis adentros estaba la duda y la desconfianza. El Maestro no insistió y continuó dando su palabra:
—Id por montes altos y bajos, caminos y veredas todos de la Tierra y dad la bendita nueva de que tu maestro está nuevamente en la Tierra y que tomando está de los cerebros preparados para entregar nuevamente el mensaje de amor y caridad; dad de comer y de beber al hambriento y al sediento. Dad el cobijo y el abrigo al que tiritando de frío se encuentra, calma el llanto del niño que sufre, consuela a la viuda y no le niegues un mendrugo de pan al que hambriento atraviesa tu camino, id a las cárceles y a los presidios y entrega mi palabra, háblales a los que desesperados se encuentran, id y sacad los demonios de los que enloquecidos están; levanta al que caído se encuentra en los vicios, las drogas y la maldad; en la Tierra hace dos mil años, tu Maestro de maestros el gran Cabir Jesús el Cristo vino a levantarte, vino a amarte y acariciarte como el mejor de los padres y me diste la más cruel de las muertes, una muerte de cruz que tenías preparada para ladrones y criminales; ahora no te hablo de mi carne, ahora en este tiempo te hablo en espíritu y en verdad. Si vieras quién te habla, dejarías de dudar, pero eres el mismo de todos los tiempos y todos los caminos, sigues dudando. ¿Hasta cuándo comprenderás que eres el pueblo escogido y que tu deber es levantar a toda la humanidad hablándoles de la obra que desciende de los cielos? Deja ya de adorar ídolos que vida no tienen, mas la vida eres tú mismo, porque eres la heredad de tu Dios y tu Señor.
Yo escuchaba con la vista baja, y de reojo observaba que el Maestro no apartaba la vista de mí, ¿cómo entender aquello? De repente, de reojo vi y me sobresalté, aquel cuerpo humano quedó oculto detrás de una espesa neblina de colores blanco-dorado, y encima de donde debería estar la cabeza humana, resplandecía una brillante luz dorada. Las lágrimas querían aflorar a mis ojos, yo neciamente me contuve, pero mi corazón se sobresaltaba y me decía que aquella era la verdad. Todo el recinto se llenó de un delicado y delicioso perfume, yo olía y buscaba con la vista y el olfato para localizar de dónde provenía aquel aroma... pero no logré saber de dónde salía o de dónde llegaba. El Maestro seguía hablando, ahora nos decía la importancia de no comer carne:
¾ Tu organismo es una fina maquinaria, es el más finísimo de los laboratorios y no está hecho para digerir la carne, sólo algunos de tus hermanos menores los animales, están preparados para comer carne, pero tú deja de alimentarte como las fieras; con cada trozo de carne que te comes, salta la bestia que llevas dentro, por eso cuando tienes dificultades con tus hermanos los humanos, no permites que te ofendan, no perdonas porque llevas dentro la fiera, la bestia, por tu alimentación carnívora, además, las carnes de tus hermanos menores llevan en sí mismas las bajas pasiones, las toxinas que envenenan tu carne y tu espíritu. Sólo se te permite comer de vez en cuando pescado, porque recuerda, los animales de la tierra son de sangre caliente y en tu sangre está el asidero de las bajas pasiones y al devorar tú esos animales, queda plasmado en tu cuerpo astral.
¿Cuánto tiempo pasó? Habían pasado dos horas y a mí me había parecido que habían pasado sólo unos minutos. Luego el Maestro se despidió:
¾ Dejo en ustedes mis niños amados la paz, la armonía y la buena voluntad de mi santo espíritu divino y universal, porque Yo soy el camino, la verdad y la vida y nadie viene al Padre si no es por Mí.
La "facultad", aquella buena mujer se estremeció, cerró los ojos y poco a poco regresó, volvió a su carne, levantó ambas manos, restregó sus ojos y poco a poco se levantó. Entonces pude verla, era una mujer alta y gruesa, medía más o menos 1.65 mts., pelo negro y corto, algunos dientes postizos, de piel blanca, más o menos 68 ó 70 años, sus ojos eran muy negros. ¿Entonces por qué se los estuve viendo muy claros...? Su caminar era pesado y cansado pero sacaba energías de no sé dónde.
¾ ¡Anden! —dijo al pueblo—, allí están los vasos para que tomen bálsamo.
En otra de las esquinas había un tanquecito de acero inoxidable con su tapa y con una llavecita; a un lado había una veintena de vasos de plástico. La gente, el pueblo, uno a uno se acercaron a tomar de aquella deliciosa agua bálsamo. En otra de las esquinas había una puerta y un pequeño cuarto en donde los enfermos dejaban sus pertenencias para pasar a curación.
Mientras aquella buena mujer, Chelo, preguntó a los enfermos con quién iba a empezar, uno a uno se acercaron los enfermos...
Empezaba por "desalojarlos". Se frotaba las manos, mismas que brillaban como espejos y las pasaba por el cuerpo de cada enfermo. A unos los curaba del estómago, a otros del corazón, de los ojos, del cerebro, de la columna vertebral...
Aquel domingo después de la curación, el pueblo y los enfermos se retiraron y al salir se despedían diciendo:
—La paz del Señor quede con usted.
Chelo contestaba con respeto:
—Y vaya con ustedes.
Ese día, mi madre había preparado un sabroso caldo de pollo. Me sirvió un plato de caldo con una pierna de pollo y en la mesa había "pico de gallo", cebolla, chile serrano y cilantro picados, además de limones partidos a la mitad. Las palabras del divino maestro habían llegado muy profundo a mí. Toda mi vida había comido carne... hoy ¿por qué no? No, hoy sentía asco. No tenía deseos de comer carne. Luego me preguntó mi madre:
—¿Qué, no comes?
—No, hoy comeré arroz o alguna otra cosa.
¿Me había sugestionado, o algo dentro de mí repentinamente rechazaba aquel alimento?
El siguiente domingo me presenté a la casa de Chelo muy temprano y así pude conocerla un poco más. Amable, conversadora y siempre dispuesta a ayudar al prójimo. Ella me preguntó:
—¿Te gustó el trabajo?
—Sí.
Luego vi que un señor ya mayor acomodaba unas flores.
—Es mi sobrino —dijo Chelo y prosiguió—: Bueno, pasemos, ya es hora.
Para entonces, empezaba a llegar la gente. Eran personas humildes que venían de los ranchos principalmente, aunque también asistían personas distinguidas y de dinero.
Chelo se acomodó en un sillón y, después de arreglarse su blanca vestidura empezó por estremecerse... cerró los ojos, volvió a estremecerse, luego abrió los ojos y dijo:
—La paz del Señor esté con ustedes.
A lo que contestó el pueblo:
—Y venga contigo, divino maestro.
—Alba bendita de gracia en que nuevamente tu Dios y tu Señor se encuentra contigo. Porque créalo el hombre de la Tierra o no lo crea, tu maestro de maestros está contigo. En mi palabra te he entregado al cansancio que eres el mismo de todos los tiempos y caminos que la duda todavía es en ti. Saca la viga de tu ojo para que puedas sacar la astilla de tu hermano, para que así te puedas dar cuenta que has venido a este mundo no a cobrar, sino a pagar tus deudas de vidas pasadas...
¿Vidas pasadas...? Nunca había escuchado algo así. Excepto aquella vez que Chelo me había dicho algo de mis encarnaciones. El maestro volvió a referirse a las vidas pasadas:
—Has ido y has venido a este mundo y en todas tus vidas has sido el mismo mentiroso, perezoso y falto de cumplimiento, vives tu vida licenciosa, vas por el camino anchuroso de la vida sin importarte que tus hermanos mueran de hambre y necesidad. El hombre en su locura, forjando más y más armas de destrucción, aniquilando vidas inocentes que no le corresponden no se da cuenta en su soberbia y orgullo que se va encadenando en sus hechos delictivos, pues la ley de causa y efecto compensa en su justa medida a todos por igual; no te encadenes, pues date cuenta pueblo amado, niños amados que así como aquella mujer que llevando en su vientre la vida de un nuevo ser, no queriendo a aquel inocente, aborta. Tantas veces cometa aquel crimen, serán las mismas veces que a ella en vidas venideras también la abortarán y dirás en tu ignorancia: "Es que Dios es cruel, nos castiga". Y yo te digo, no, pueblo amado, no es mi Padre quien te castiga, eres tú mismo que ha violado la ley divina, el amor universal. Dios mi Padre te ama, eres tú quien viola las leyes perfectas de mi Padre, pues esas leyes fueron dictadas antes de tú ser un radiante plan en la mente creadora del eterno. Dios te ama y te ha dado un regalo perfecto, ese regalo es tu propio Ser, pues eres una chispa de la grande luz cósmica de mi Padre. Muchas personas desquiciadas en este mundo se quitan por sí mismos la vida acabando con su existencia, no se dan cuenta que siempre estoy cerca de ustedes, que soy su maestro que cargando voy la cruz de tu propia existencia y que cuando me llamas, presto estoy para socorrerte y consolarte... pero he aquí que sordos y ciegos a mi llamado y sucumbiendo son, cayendo y levantando en la vorágine de sus vidas equivocadas. No, amado pueblo, no, niños amados, mi voluntad es que sigan por el camino recto que les tracé en mi venida a este mundo hace dos mil años...
Aquella voz seguía hablando y de reojo veía yo a la "facultad". La cara de Chelo se veía muy bella, de un delicado tono rosado; parecía haberse rejuvenecido, como si se hubiera maquillado con las más finas pinturas, las palmas de sus manos brillaban como espejos con un fuerte resplandor. El divino maestro hablaba y hablaba a través de aquellos labios y no parecía haber cansancio o aburrimiento. Las horas pasaban y a mí me parecía que eran sólo unos cuantos minutos. El maestro citaba frecuentemente pasajes de los evangelios y a veces se refería a los "ingenieros siderales"...
—Esos niños míos no se acercan aquí porque tienen videncia; son clarividentes muy desarrollados y a distancia ven que de sus manos chorrea sangre, sangre inocente de sus hermanos menores los animales y Yo les he dicho en mi palabra, que si un animalillo atraviesa en su camino, no lo destruyan, no lo torturen, no le quiten la existencia, porque también ellos vienen a su mundo a evolucionar. Sean ustedes como la hormiguita, que al encontrar una migaja de pan, antes de llevarla a sus labios, alaba y bendice el nombre sagrado de mi Padre dándole gracias porque Él le ha dado su alimento, pero ustedes se olvidan de Él y no le dan gracias. Miren mis niños amados, eso de mis hijos los "ingenieros siderales", ellos cumplen la voluntad de Dios, visitan los mundos en evolución cumpliendo misiones que mi Padre les ha encomendado nivelando las atmósferas de los mundos y el suyo en especial. Mira que tus hermanos en oriente y en occidente y en su grande soberbia y orgullo detonando sus armas nucleares son y causando terremotos y cataclismos desequilibrando las atmósferas de su mundo son, y muchos de sus hermanos se preguntan, ¿por qué esos platillos voladores no bajan y esas personas no dialogan con nosotros? Y yo te pregunto, ¿te meterías tú en medio de una pelea de fieras feroces? ¡Está claro que no! Porque esas fieras enfurecidas te destrozarían, acabarían contigo; así tus hermanos de otros mundos, no desean mezclarse entre los hombres de la Tierra porque les arrebatarían sus adelantadas máquinas y les arrancarían la vida. Pero yo te digo que calladamente muchos de mis niños de otros mundos trabajan para lograr la paz en este mundo. Muchos de ellos caminan en medio de los seres de la Tierra y ni se dan cuenta porque aún no están preparados...
Aquel domingo, el maestro de maestros dijo algo que despertó mi curiosidad:
—Muchas veces mis niños los "ingenieros siderales" han estado frente a frente con los gobernantes de las naciones poderosas y las jerarquías de las iglesias de este mundo y les han advertido del peligro que corre toda la humanidad si se continúa con esas pruebas nucleares, porque mira humanidad que en el fondo de los mares hay grietas que tú conoces y que una explosión nuclear puede desequilibrar ocasionando un terrible cataclismo de alcance mundial.
El Maestro permaneció unos instantes en silencio. Algunos de los presentes lloraban... Después de dar su "cátedra" el divino maestro se retiró despidiéndose de su pueblo:
—La paz del Señor quede con ustedes.
—Y vaya con usted —contestó el pueblo.
Chelo se estremeció y volvió a su carne. Pasados algunos minutos de silencio, se levantó y tomó otro asiento. Se frotó los ojos, permaneció con la vista baja y luego dijo al pueblo:
—Estoy viendo a una india muy hermosa...
Luego pidió a los presentes sus videncias. Tomó la palabra una señora:
—Dios me ha permitido ver cómo mi enfermo se postró a los pies del divino maestro para darle gracias por su curación.
—Eso quiere decir —dijo Chelo—, que debes traer a tu enfermo para postrarlo a los pies del divino maestro.
Otra persona dijo que se le había permitido estar muy lejos, en otro lugar y se había sentido muy livianito. Chelo le dijo:
—Es que fuiste llevado lejos de aquí; salió tu espíritu y dejó su carne.
—¡Alabado y bendecido sea Dios!
Así, uno a uno fueron diciendo lo que habían contemplado o sentido. Luego, Chelo se dirigió a mí:
—¿Y tú m’hijo, qué viste o sentiste? Porque yo sé que tienes algo que entregar.
Yo no sabía cómo empezar... tartamudeaba, sentía una felicidad tan grande, una satisfacción enorme y a su vez me sentía indigno de haber recibido tanta grandeza. Y dije:
—Dios me concedió ver la cara de usted muy color de rosa y de repente pude ver encima de esta casa unos pies muy delicados y sonrosados y a los lados de esos pies muchas rosas y un perfume como no existe en este mundo.
Chelo sonrió y contestó:
—Prepárate hijo, porque tienes una misión que cumplir.
Luego se repartió el bálsamo. Chelo volvió a estremecerse, abrió los ojos y otra vez volví a ver cómo aquellos ojos se habían transformado; no eran los ojos de Chelo, ahora aquellos ojos eran de color azul. ¿Cómo es posible? Sí, sus ojos habían cambiado de color. Enseguida saludó con diferente voz:
—La paz del Señor esté con ustedes.
—Bienvenido, hermano Silvestre Carrión —dijo el pueblo.
Se levantó la "facultad" y deprisa se dirigió a una joven en estado de ingravidez ordenándole:
—¡Adelante mi hermana! Porque he venido a hacer la voluntad del Padre, ¿cómo te sientes hermana?
—Bien ¾ contestó la joven.
Y se levantó quedando de pie frente a aquel espíritu en la carne de Chelo. Aquel espíritu le hizo pases magnéticos en la panza a la mujer. La mujer palideció y se estremeció. Nuevos pases y entonces, todos asombrados contemplamos como la panza tuvo dos movimientos y el niño tomó su posición normal. La joven abrió tremendos ojos, quiso hablar pero el hermano le hizo la seña que se callara. Entonces el hermano hizo varios pases en el lugar del corazón de aquella mujer. Aquello duró unos cinco minutos y luego colocando las manos de la "facultad" hizo como si sacara el corazón sosteniéndolo con una mano y con la otra le dio varios masajes. Después de unos minutos aquel espíritu tomando de las manos a la parturienta amablemente la acomodó en un banco y se retiró diciendo:
—La paz del Señor quede con ustedes.
La mujer no aguantó más y llorando le dijo:
—Que Dios pague tu caridad, hermano.
Regresó Chelo a su cuerpo físico y siguió curando a sus enfermos. Al terminar el trabajo, aquella joven madre dijo que los doctores materiales le habían dicho que su bebé venía en mala posición, que venía de nalgas y que tal vez el cordón umbilical lo traía enredado en el cuello. Ella y su esposo esperaban lo peor y llorando la joven dijo:
—En esta alba bendita de gracia, he sentido cuando el hermano Silvestre Carrión me curó. Sentí que mi niño dio una vuelta y quedó con la cabeza para abajo tomando su posición normal. Pero a nadie le he dicho que estos últimos días me ha pegado un dolor muy fuerte en el mero corazón y ya ven ustedes como el hermano Carrión me curó también del corazón.
Entonces intervino un muchacho diciendo:
—Dios me ha permitido ver con mis propios ojos cómo le sacaron el corazón y latía en las manos de la "facultad" y luego lo volvieron a meter dentro de su pecho.
Aquellas vivencias eran muy extrañas para mí pero a la vez eran maravillosas. Aquel ambiente rodeado de misterio pero al mismo tiempo rodeado de amor, un amor que antes no conocía. Aquel ser que se presentaba y nos decía que era el Maestro de maestros Jesús el Cristo, siempre entregando amor y comprensión, y sus dulces palabras poco a poco me hacían comprender que en realidad no podía ser otro que Jesucristo, pues casi todos los asistentes incluyéndome a mí, en repetidas ocasiones llorábamos cuando sentíamos que aquellas palabras de aquella divina presencia nos tocaban directamente el corazón. Así, poco a poco se me iba desarrollando aquello que ahí le llamaban clarividencia, pues desde el primer día que estuve allí se me había permitido ver aquellos sonrosados pies encima de los presentes.
Es algo difícil de explicar... en aquel ambiente había una radiación, una presencia, una especie de neblina muy ligera que despedía una vibración que inundaba a todos los presentes y les entregaba amor; además de unos perfumes maravillosos y sutiles que penetraban hasta lo más profundo de las almas. ¿Cómo explicar aquello? Al escuchar aquellas dulces palabras muchas personas lloraban pero no era llanto de dolor, era de satisfacción, de gozo, pues sin que las personas hablaran o pidieran el Maestro se dirigía en su palabra a cada uno de los asistentes y adivinando sus problemas directamente les decía: "Y tú mi niño o niña que sufriendo estás por este o aquel problema, yo te digo que si fe tienes en tu Jesús, tus problemas quedan solucionados; porque en este mismo instante yo los hago presentes ante mi Padre..."
Y así seguía hablándonos con amor:
—¿Recuerdas amado pueblo los crímenes de la santa inquisición? Pues yo te digo que aquellos que en este tiempo mueren quemados, son los mismos que en el tiempo del oscurantismo torturaban y quemaban a sus víctimas en sus crueles hogueras. Porque la Ley de causa-efecto-compensación cobrando es los crímenes a unos y a otros. Porque recuerda pueblo bendito que, ojo por ojo y diente por diente y de acuerdo a la gravedad del crimen se les cobra siete veces siete. Por eso te digo amada humanidad, no caigas en la maldad, la perversidad y el desamor. Hace dos mil años te dije, si te han ofendido vituperando, si te han herido, perdónales; enséñate a poner la otra mejilla y de verdad perdona. No te encadenes, no seas como el que busca la venganza y delinque, porque en verdad te digo que cometiendo el error aún más grande serás y ya no podrás zafarte de esa cadena, porque luego el ofendido también buscando venganza será. Pero si tú te enseñas a perdonar, rompiendo los eslabones serás y libre quedarás y tu regreso a este mundo cuando vuelvas a encarnar menos doloroso será y así tendrás tiempo de aprender las nuevas lecciones en la escuela interminable de la vida, pues, ay de aquel que teniendo ojos ciego sea ante la verdad eterna pues la vida misma se encargará de mostrarte con dureza la realidad, pues cayendo y levantando serás ante tus errores y más difícil será levantarte. Pero he aquí a tu Maestro de maestros que presto está para hablarte, bendecirte y decirte ¿hasta cuándo mi niño amado, hasta cuándo te convertirás en el cordero bueno y amable, hasta cuándo dejarás el odio y el rencor? Hace dos mil años te dejé la doctrina de amor y caridad, vine a pagar por ti un precio muy elevado y me diste muerte de cruz porque no podrás negar que éstos, aquéllos y todos son los mismos que han ido y regresado y que muchos de los habitantes de la Tierra de este tiempo son los mismos que le gritaban enardecidos a Anás y Caifás: ¡Crucifícale, crucifícale! Sí, mi bendita humanidad, así también te olvidaste de las enseñanzas de Moisés, y cuando Moisés bajó del monte trayéndoles las tablas de la Ley, tú te encontrabas adorando al becerro de oro dando rienda suelta a tu lujuria y perversidad. Ahora en este tiempo por todo el as de la Tierra se encuentra multiplicada el uno por el millar tu segunda Sodoma y Gomorra y así como aquellas ciudades pecadoras fueron quemadas porque había llegado hasta mi Padre el clamor de aquella generación desenfrenada, ahora te digo, el desenfreno en tu mundo es más grande, pues hombre con hombre y mujer con mujer delinquiendo son en grande manera y yo te digo, ¡despierta antes que sea demasiado tarde! Pues yo te digo que el castigo ya viene y que esta humanidad no pasará ni llegará al dos mil. Pues escrito está en tu Biblia y en el edificio de piedra de pasadas humanidades que en este último tiempo los vicios, la degeneración, las guerras y la aparición de enfermedades desconocidas acabarán irremediablemente con esta pobre humanidad sorda y ciega a los dictados del Padre. Amaos los unos a los otros y perdonaos; y dime, ¿te has preocupado alguna vez de mis hijos que muriendo de hambre y sed son en el as de la Tierra? ¿Te has preocupado por los enfermos? ¿Has sido capaz de darle a tus hermanos el mendrugo de pan, negándoselo a tus labios? ¿Has llevado una palabra de aliento al que desesperado se encuentra a punto de terminar con su existencia? ¿Has sido capaz de entregar amor? Mas no te hablo del amor que tú conoces y que por momentos es y luego no es. No, te hablo del amor que es capaz de un acto heroico a fin de salvar a sus hermanos que en peligro se encuentran, del amor limpio y desinteresado que lucha y trabaja por el bienestar de los demás. Pero mira bendita humanidad, cómo el rico atesorando es en sus arcas las monedillas materiales, mira cómo los pueblos ricos de este tiempo gastan grandes cantidades de dinero comprando armas con el único afán de destruir a sus semejantes y cómo desperdician grandes cantidades de alimentos mientras en otros pueblos el hambre y la sed acabando son en grande manera a tus hermanos... les he dicho hasta el cansancio, mi Padre en el principio de los tiempos creó los mundos, los universos y al cosmos todo pensando en el bienestar de Sus hijos todos. Mira en tu mundo cómo es pródiga la naturaleza y sin distinción entrega sus frutos a toda la humanidad, y ¿qué hacen los ricos y los poderosos? Se olvidan del que tiene necesidad, del que tiene hambre. Mas te digo que grande es la responsabilidad del que mucho tiene, porque al que mucho se le entrega, mucho se le reclamará. Mas yo te digo bendita humanidad, no hagas tesoros en la tierra porque llegará el ladronzuelo y te despojará, no hagas tesoros en la tierra porque el moho y el orín acabarán con todo, mejor haz tesoros en el cielo y que esos tesoros sean la recompensa por tus buenas obras y en el reino del Padre no hay moho ni orín ni puede llegar el ladronzuelo y así tus tesoros estarán a salvo.
Aquellas palabras habían quedado grabadas en mi conciencia y me preguntaba, ¿edificios de piedras de pasadas humanidades...? Y aquel ser divino continuaba diciendo:
—Como hace miles de años mi niño Hermes Trismegisto te dijo: "Tal como es arriba es abajo". En otros mundos, en otros planetas, en otros planos, mis hijos también cometen errores...
¡Allí estaba la contestación! El Maestro se estaba refiriendo al antiguo Egipto, por lo tanto, uno de los edificios de piedra bien podía ser la gran pirámide de Keops. Y continuó diciendo el Maestro:
—Pero aquellos de mis hijos, están sujetos a otras leyes y una de ellas es que cuando en esos mundos surge o nace un ser con inclinaciones perversas, aquel ser, llegado el momento de su desarrollo material es aislado de los demás para que no contamine con sus ideas o malas inclinaciones; se le deja vivir, no se le destruye. Pero llegada su muerte física, aquel espíritu es depositado en el planeta Tierra y nacerá entre otros seres con las mismas bajas vibraciones e inclinaciones que trae él...
El Maestro explicó:
—La muerte no existe; es tan sólo continuar viviendo sin la carne, y mi Padre en su mente creadora te formó en el principio de los tiempos. Y de verdad te digo que vivirás eternamente y que has ido y has venido y que has vivido en otros tiempos y en otras edades no solamente en este mundo, sino en otros mundos y en otras galaxias y en otras constelaciones y en verdad te digo que tu futuro es hermoso, es por eso que te traigo el despertar, porque una nueva era, una nueva civilización se acerca a pasos agigantados a este mundo. Pero todo lo que estorba al progreso y al bienestar de la humanidad será quitado de raíz; toda la mala hierba será quemada y sólo los buenos frutos serán el nuevo alimento de mis niños en el as de la Tierra. Mira, amada humanidad, todo lo que ahora es, ya no será, no quedará piedra sobre piedra, todo será removido. Una transformación total espera a tu mundo; se acercará un inmenso planeta a tu mundo llevándose toda la escoria, toda la maldad, todo lo que ha estorbado al progreso del hombre... ese mundo que se acerca es aún primitivo y en él vive una prehumanidad que se encuentra en la edad de piedra; y mira humanidad todo lo que perderás tú, perderás un grado superior de evolución para ir a encarnar en ese mundo en donde es el rechinar de dientes, el dolor en grande manera es y la desesperación, pues en ese mundo no encontrarás leyes morales ni comodidades, allí reina la ley de la cachiporra y unos a otros se dan muerte a palos; en este mundo tienes tu alimentación diariamente, conoces lujos, placeres y bienestar, pero allá, humanidad bendita, pasarás millones y millones de años para volver a encontrarte en el grado de evolución que ahora tienes. En tu mente eterna llevarás el recuerdo de haber tenido otra vida mejor y la despreciaste, pues en este mundo te hundiste en los placeres, los vicios y la degeneración.
El divino Maestro hablaba en términos generales. Cuánta razón tenía al hablarnos así... Y continuaba diciendo:
—Mira humanidad, ni yo que soy el unigénito del Padre Eterno sé cuándo llegará el preciso momento, pero si te digo que dejará de alumbrar el astro rey a que mi palabra no se cumpla. Y te digo también, vela y ora para el que enemigo no te sorprenda, pues el momento llegará como el ladrón en la noche y unos y otros se encontrarán dormidos y tal vez cuando quieras despertar sea demasiado tarde, aún es tiempo de que despiertes, pues te he traído despertar y a ti te corresponde ir por todos los caminos altos y bajos, caminos y veredas, senderos todos de la tierra y entregar mi palabra. He aquí que el Amor de los Amores, tu Maestro de maestros se encuentra nuevamente contigo.
Por unos instantes el Maestro calló... luego preguntó a todos:
—Amado pueblo, ¿qué me haces presente en esta alba bendita de gracia?
Todo el pueblo guardó respetuoso silencio. El Maestro volvió a preguntar... Entonces un hombre de avanzada edad saludó al divino Maestro y agregó:
—Señor, para hacerte presente a tu pueblo, y para pedirte por toda la humanidad de la Tierra, para pedirte por los que se encuentran en las cárceles y los presidios, por todos los que se encuentran enfermos en el lecho del dolor, por los viciosos y los degenerados, por los que tienen hambre, por los que tienen sed...
¾ Bendito mi niño ¾ contestó el Maestro¾ , me haces presente a tus hermanos del mundo Tierra, mas te digo, en mi palabra he dicho: Id por todos los caminos altos y bajos, caminos y veredas todos de la Tierra y dad una palabra de aliento, pero también te he dicho, si te encuentras en tu camino a un menesteroso y éste te pide de comer, pero si tú sólo tienes un mendrugo de pan para llevarte a tus labios, entrégale a tu hermano ese mendrugo de pan y no temas que harto te dejaré y hambre no tendrás. También te he dicho, hace dos mil años vine a sacar los demonios de entre tus hermanos y ahora te digo que también ya te dejé la facultad para que en mi nombre saques a los demonios intrusos que se encuentran en tus hermanos... me haces presente a tus hermanos enfermos y en este instante los bendigo y les entrego bálsamo de curación para sus carnes que adolecen; abro la puerta y dejo en libertad al inocente y al culpable le bendigo, bendigo a mis niños viciosos y degenerados, y te digo humanidad bendita, hace dos mil años cuando la turba enardecida apedreaba a aquella pecadora, tu maestro hablando fue a aquella muchedumbre y deteniéndoles les dijo: el que se sienta libre de culpa tirará la primera piedra, y uno a uno todos se alejaron y aquella niña amada imploró el perdón a tu Maestro. Así en este tiempo te digo: no condenes a nadie porque nadie esta limpio de culpa, mejor habla a tus hermanos que caídos se encuentran, entrégales amor y ayúdales a salir del hoyo en el cual están; entrégales amor y háblales y diles que existe el Padre que mucho les ama. Levántales, humanidad, para que más tarde si tu cayeras, encuentres quien te levante, quien te entregue del Amor del Padre, no lastimes a nadie y ámales como yo te he amado.
Aquellas palabras de momento no las comprendí, yo creía que aquel hombre que hizo el pedimento al Maestro tendría en la cárcel a algún familiar o a algún vicioso. Pero poco a poco comprendí el gran Amor del Señor para con todos sus hijos, pues el maestro continúo diciendo:
—A todos mis niños de este mundo y del universo entero los quiero por igual, para mí no hay el que es más grande o el que es más chico, para mí no vale más el rico y el poderoso, ni el mendigo o el que ha caído. Mi amor es igual para todos mis hijos y en verdad te digo que si no amara no tendría razón de ser la creación divina de mi Padre, pues todo en el universo se mueve por Amor.
Aquel día como todos los domingos, el divino Maestro después de entregar su mensaje se despidió. Por momentos todo quedó en silencio. Regresó Chelo a su físico y después de unos momentos, con mucha energía se puso a curar a sus enfermos.
Unos instantes después Chelo se estremeció nuevamente, cerró sus ojos y los volvió a abrir, entonces se presentó "la pequeñita". La "facultad" hablaba como si en realidad fuera una niña de cuatro o cinco años. Enseguida pidió "su melcochero", pronto algunos de los presentes le entregaron algunos dulces en un plato; "la pequeñita" daba pases magnéticos al plato con dulces y después de unos instantes entregó el plato a uno de los presentes para que repartiera los dulces a los enfermos y a todos los demás.
Pensé: ¡qué curiosa costumbre!
Pero al instante "la pequeñita" dijo:
—No, mi hermano, esos dulces son medicina que sirve para curar a los enfermos, y las migajitas me las piden las mujeres para ser bellas, pues se lo untan en la cara y ellas dicen que les da resultado.
La "pequeñita" era el espíritu de una niña muy evolucionada que según nos decía, tenía la misión de venir a este mundo a curar enfermos y todavía no sabía cuándo le tocaría volver a encarnar...