Creí muy conveniente que se pudiera hablar acerca del servicio y del amor, y para ello, invité a una hermosa y sabia maestra para que nos instruyera al respecto.
El Amor es lo más importante por lo que se vive, pues representa la diferencia esencial entre los animales y los seres humanos.
Sakriel, ser cósmico que en una época vivió aquí en la Tierra, hizo una hermosa poesía muy singular:
“Siempre que haya un hueco en tu vida,
¡Llénalo de amor!
Adolescente, joven, viejo:
Siempre que haya un hueco en tu vida,
¡Llénalo de amor!
En cuanto sepas que tienes delante de ti un tiempo baldío, ve a buscar amor.
No pienses: “Sufriré”.
No pienses: “Me engañarán”.
No pienses: “Dudaré”.
Vé simplemente, diáfanamente, regocijadamente, en busca del amor.
¿Qué índole de amor? No importa.
Todo está lleno de experiencia y de nobleza.
Ama como puedas, ama a quien puedas,
Ama a todo lo que puedas.
Pero ama siempre, no te preocupes de la finalidad del amor.
Él lleva en sí mismo tu finalidad.
No te juzgues incompleto porque no responden a tus ternuras.
El amor lleva en sí su propia plenitud.
Siempre que haya un hueco en tu vida,
¡Llénalo de amor!”.
Los seres humanos en este plano terrenal siempre nacen como resultado de esa fuerza sideral a la que llamamos Amor. Los bebés son recibidos por sus padres biológicos como si fueran las personas más importantes en el mundo, y así es... también intervienen los médicos, familiares y amigos, y a aquéllos se les cuida y se les protege como a un preciado tesoro.
En esa época, los niños aprenden a ser queridos, y pronto se empieza a desarrollar la contrapartida de lo que reciben, por lo que, también ellos aprenden a amar a otras personas. Pero, al ir creciendo, se enfrentan a un mundo en el que el valor principal se ve abollado por competencia, rencores, envidias, soledad, guerras y otros muchos factores propios del ser humano que desvirtúan la esencia de su capacidad de amar. Luego, el amor es limitado y encerrado en un pequeño círculo. Se les enseña a querer exclusivamente a sus familiares y a desconfiar de los demás; son muy pocas personas en el mundo que logran despojarse del egoísmo y llegan a amar a sus semejantes sin condiciones ni límites.
¿Te habrás preguntado alguna vez a cuántas personas amaríamos si las conociéramos bien? Pero, ¿dices que las circunstancias no te lo permiten? ¡Tu capacidad de amar no tiene límites! Tú puedes amar a cualquier persona bajo cualquier circunstancia. La vida te ha dado un corazón que tiene capacidad absolutamente ilimitado para abrazar a toda la humanidad.
Gran parte de la sociedad está condicionada a querer a la gente, pero con ciertas restricciones, pues si aquellos no llenan los requisitos, de inmediato se les ignora y pueden estos otros llegar hasta a odiarlos. En la guerra se matan entre sí dizque por “patriotismo” que muchas veces ni entienden y lastiman a personas que jamás habían visto. Pero ¿qué tal a las personas conocidas de la familia?, a ellos sí se les tiene que querer. Por otro lado, se envidia a los que tienen más dinero que uno y de pilón se les etiqueta de corruptos. Hay quienes “aman” a su suegra porque es de la familia y al fin de sus días los heredará. Muchos más detestan otras religiones y política contraria a la suya, etc., y es que desde pequeños les enseñaron a limitar su capacidad de amar y a condicionar los sentimientos hacia sus semejantes.
Recuerden que entre más personas amen, muchas más les amarán a ustedes.
En el pasado, los seres humanos eran unidades perfectas y vivían plenamente por sí mismos. En la actualidad, podemos observar a tantas gentes solas caminando por las calles; avenidas llenas de gente que chocan entre sí unos con otros al transitar, pero, millones de esas personas, a pesar de estar junto a tantas otras, viven en una soledad aterradora.
Para poder amar a alguien se necesita darle lo mejor de uno mismo, y el mejor regalo que puedes dar, es regalándote tú mismo.
Un ideal es un ejemplo de verdad a través del cual guiamos nuestra conducta; si se quiere alcanzar el fin para el que hemos sido creados, es obvio que debemos dar cabida a ideales elevados. Nuestros ideales tienen carácter cuando nuestras acciones son gobernadas por lo que es bueno y verdadero y no por impulsos o por presiones externas. Sin ideales nobles y buen carácter, la felicidad humana nunca perdura.
Todos tenemos necesidad de afecto de parte de los demás. El saber que merecemos aquel afecto, nos ayuda a desarrollar un saludable sentimiento de auto estimación. De esta forma, la auto aceptación y la seguridad de que la gente nos quiere bien nos comunica un sentimiento de seguridad interior. Por seguridad se entiende la convicción del valor personal que no sólo nos da una visión optimista de la vida, sino que, nos da además, confianza en sí mismos para que podamos lidiar con nuestros problemas.
El Amor es una actividad, no es un afecto pasivo; es un estar continuado, no un súbito arranque; es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay Amor.
El ser humano que sueña con grandes ideales, tarde o temprano se topa con alguno de ellos, y eso es casi una regla. ¡No te rindas jamás! Desde el momento mismo en que das cabida a la desesperación, ya te estás autodestruyendo. El optimismo es primordial, la capacidad innata con la que se llega a este plano, hace que más pronto que tarde se alcancen todos nuestros sueños.
El Servicio en sí, encierra la capacidad del Amor. No hay servicio sin amor, toda actitud comprometida u obligada entorpece la virtud de éste. El individuo pleno, optimista y con voluntad al servicio de sus semejantes es como un diamante pulido que brilla con intensidad ante los ojos de la Conciencia Cósmica; bendito aquel que cuenta con esta gracia, porque encontrará fácilmente la verdadera felicidad.
El ser que se preocupa por las necesidades de los demás, está demostrando su gran estirpe, y eso mismo le alienta más y más a buscar el camino de la perfección. No hay que buscar miserias, teniendo perlas, no nos neguemos a esos hermosos dones, y desarrollemos la suficiente sabiduría para alcanzar tan bellos anhelos.
Todos los sentimientos de verdadero amor y servicio que compartamos con un ser carente de lo mismo, se convierten en un regalo para ambos; mirando a nuestro derredor, vamos a encontrar mucha tristeza. El servicio no es sólo para las personas de condición humilde, sino también para aquellos que tienen acomodo en esta sociedad; algunos de ellos, pobres de espíritu, están mucho más necesitados de amor y comprensión, pues están llenos de soberbia y no se dan cuenta que su verdadero tesoro, que es la divinidad dentro de cada uno, está oculto y lastimado; a éstos, pues, se les debe poner esmerada atención... la gente humilde, por su misma condición, tiene mayor capacidad de amar.
El verdadero servicio no se debe dar por condición, o a favor de nosotros, sino que, al ser desinteresado, es la satisfacción de ver la sonrisa de un niño, o la tranquilidad de una madre. Hay que darlo siempre y en cualquier momento, sin quejas ni lamentos, y darlo de corazón.
La situación del planeta en que hoy habitamos está haciendo un llamado de auxilio al cosmos, y los seres de luz bien saben lo difícil que resulta prestarnos ayuda, pero con su colaboración y labor de hermandad, todo saldrá bien. La humanidad tiene hambre y sed de Amor, y ellos vendrán a ayudarnos a saciarlas.
La auténtica felicidad consiste en darnos, y Amar a todo aquel que lo solicite, no temas cansarte ni creer erróneamente que el amor se acabará, por el contrario, crecerá cada vez más. Recuerda que mientras no haya armonía en nosotros mismos no podremos darla a los demás, por eso, adéntrate en tu núcleo, comunícate con tu ser superior e identifícate con su grandeza.
La importancia de la plena comunicación con tu interior es determinante, pues es donde residen tanto la labor como la fuerza del servicio.
Lucha por alcanzar grandes ideales y disfrútalos con tus semejantes, recuerda: sirviéndolos a ellos, te estás sirviendo a ti mismo, y poquito a poco, irás alcanzando la cúspide de tus metas.