Capítulo XV

 

 

 

Causa - Efecto

 

 

 

Desde el inicio de los tiempos, desde que el Padre se manifestó con toda su gloria y omnipotencia dando origen a la creación, en forma automática entraron en vigor cierto tipo de leyes para que por siempre éstas ayudaran a mantener un equilibrio perfecto... y dio en llamárseles leyes universales.

 

En esta ocasión vamos a hablar acerca de la ley de compensación, retribución o causa-efecto. Bien dicen los que saben, que a toda acción corresponde una reacción, y que todo efecto tiene su causa; y así es.

 

Constituidos los primeros seres vivos por pura energía, fue a través de los tiempos como esas esencias escalonaron niveles hasta llegar a manifestarse en cuerpos físicos. A través del peregrinar que llamamos vida, se fueron manifestando, poco a poco y de distintas formas, hasta manejarse dentro de las polaridades del bien y del mal. El hombre ha tenido que ir buscando a través de las vidas su propio equilibrio.

Lo que sucede es que, al término de cada una de esas manifestaciones de vida, siempre hay quienes califican nuestro proceder. Si el comportamiento fue honorable, será visto favorablemente por los maestros encargados de aplicar las leyes, y entonces, aquel ser podrá seguir su camino evolutivo, pero, si su forma de vida fue más negativa que buena, habrá que repetir ese caminar.

 

Y, ¿qué es lo que se aprende? A doblegar los egos; a tener bondad, paciencia, amor, paz y tranquilidad. Hay muchas cosas que hay que aprender en este planeta. Y así como éste, hay muchos otros mundos a donde se va igualmente a aprender.

 

En las aulas cósmicas es donde son preparadas las esencias, y es ahí donde se deja en firme por los maestros, lo que se persigue con la aplicación de la ley de causa-efecto antes de permitir el regreso del hombre a la Tierra.

 

Así hemos caminado los seres humanos desde hace muchísimo tiempo, equilibrando la balanza del bien y del mal. Pero no se trata nada más de un equilibrio de estados, sino que también tenemos libre albedrío, ¿qué significa esto? Que nosotros tomamos nuestras propias decisiones. El problema es que el libre albedrío ha provocado en algunos, demasiados dolores de cabeza, aunque a otros les ha facilitado mucho el trabajo dentro de su desarrollo evolutivo. El libre albedrío está dado para que el ser humano escoja a voluntad y aprenda la lección que necesita. En las aulas cósmicas se le da a todo individuo esa clase de expectativas, ahí se le prepara y se le explica lo que es un karma. Allí se le informa qué va a obtener si regresa a la Tierra para cursar un grado más de adiestramiento o a confirmar el que ya tiene ganado por méritos propios.

 

Dicen nuestros amigos que el karma es una de las formas más sencillas de aprender a evolucionar, aunque la mayoría lo veamos como una prueba muy difícil de pasar. El karma debería entenderse así: si a toda acción corresponde una reacción, sería tanto como limpiar el corazón de toda mancha. Hablando claro y sin ambages, el karma es el pago de una cuenta que no ha sido saldada.

 

A través del ir y venir a este planeta o a otros con la misma evolución física y espiritual, el individuo va dejando cosas pendientes por las cuales tiene que regresar; esto me hace recordar las sabias palabras dichas por alguien: “lo que siembres, cosecharás”.

 

Las formas de pago se pueden dar en forma personal o individual, o en el seno de una familia conflictiva, por ejemplo, donde se involucra a un determinado grupo de personas con karma similar, y por último, el de tipo regional, que se caracteriza por nacer o vivir en una ciudad o país con muchos problemas o carestías.

 

Los karmas de vida, son aquellos que comienzan desde el nacimiento y terminan hasta que muere el cuerpo físico. Así, el alma regresa nuevamente a los planos sutiles a aprender en las Aulas de los consejos cósmicos.

 

Los karmas terminales son aquellos que iniciaron casi al final de una vida pasada... murió la persona y no terminó de pagar su karma, por lo tanto, llega a las aulas cósmicas, aprende algo más y de nuevo baja al planeta en una nueva existencia para terminar con aquello que había dejado inconcluso. Nadie se da a sí mismo un karma que no pueda soportar, porque ahí interviene tanto el nivel de consciencia como el grado de evolución de cada ser, y esos son factores importantes que ayudan para determinar qué tipo de karma se aplica cada uno a sí mismo.

 

El karma canjeable, es aquel tipo de karma en el cual el se otorga la gracia de ser sustituido por otro de menor tiempo por ejemplo, pero de mayor intensidad. Como su nombre lo indica, se puede cambiar; ustedes preguntarán ¿por qué se puede cambiar o cómo se canjea? Bueno, cada persona tiene su registro, y en ese archivo no sólo está plasmada la vida física, sino también la espiritual; es la película de toda nuestra vida... Esa vida es bien estudiada por los maestros del consejo kármico, y son ellos quienes deciden por qué otro tipo de karma se puede cambiar.

 

El karma no se debe ver como un castigo, como una obligación o como un pago, sino simple y llanamente como un aprendizaje. Por desgracia nuestras mentes están tan pequeñas y son tan lineales que no alcanzamos a entender ni a comprender a la Conciencia Cósmica, por lo mismo, no alcanzamos a entender ni a comprender que hemos vivido otras vidas y que ahora en la situación en que nos encontramos es debido a una causa que hubo anteriormente. No necesariamente los karmas siguen un patrón, tal vez muchos así lo crean, pero recuerden, cada ser humano es único e irrepetible, por lo tanto, ha tenido una individualidad en su evolución, y por ende, su karma también.

 

Debemos comprender que los pensamientos de cada ser humano son independientes, que cada vida es un individuo y eso es especialmente verdadero para el hombre. Jerárquicamente el hombre se encuentra muy por encima del animal. Los seres humanos tenemos una inteligencia que los animales no poseen, y tenemos además un libre albedrío que nadie más tiene. La diferencia de la clase jerárquica entre el hombre de hoy y el hombre del mañana que habrá dado el salto, será tan grande como la diferencia actual entre el hombre y el animal.

 

Es necesario retribuir las acciones y hechos del pasado cuando se han cometido en contra de la ley. La línea divisoria entre el libre albedrío y los efectos de la ley causa-efecto es prácticamente invisible. Muy pocos seres han encontrado esa línea y casi ninguno ha podido cruzarla airosamente.

 

Cuando el hombre comete un acto del cual está consciente que es un quebranto a la ley, es un asunto serio, pues el acto regresará más intenso comparado con lo que sería el caso si el individuo no supiera que su acto está equivocado.

 

Sin embargo, si tú cometes una acción, y después te haces consciente que fue un quebranto a la ley, ya que se le ha hecho daño a una planta, animal o ser humano, entonces es otra cuestión la que opera; tan pronto te des cuenta que tu acto está equivocado, compréndelo en su totalidad, y desea desde el fondo de tu corazón no volverlo a hacer...

 

Este proceso es de hecho el mero propósito del regreso a esta escuela que es la Tierra.

 

Hosted by www.Geocities.ws

1