Capítulo XIII

 

 

 

Humanidades Intraterrenas

 

 

 

Si supiera a ciencia cierta el terrícola común cuántas son las dimensiones habitables que hay en el cosmos, descubriría, no sin asombro, que existe vida en tantos y tantos lugares que ni siquiera podría imaginar. Hablando concretamente sobre el espacio que ocupan nuestros hermanos intraterrenos, veríamos que es una hermosísima región localizada entre la barrera que divide a la tercera de la cuarta dimensión.

 

Entre una dimensión y otra, siempre existen puertas muy peculiares que diferencian las características propias de ambos espacios, por así decirlo.

 

Por todos es sabido que, el entorno en que nos movemos libremente los humanos se conoce, matemáticamente hablando, según Euclides, como tercera dimensión, porque tiene tres medidas: largo, ancho y alto.

 

Mediante el siguiente experimento científico, voy a demostrar los planos dimensionales o de vibración energética que hay después de la tercera dimensión: si tomamos cualquier órgano del cuerpo físico, y le practicamos una disección, hasta llegar al tejido, vamos a verificar que está compuesto de células. Con nuestros ojos físicos podríamos ver la célula, sí, pero eso no es todo... lo que pretendo, es dejar claro que nuestra vista tiene un límite, pues no podemos ver lo que hay más allá, después de la célula. Así pues, con los ojos no se percibe nada más allá de la tercera dimensión.

 

Después de la célula, si seguimos separando partículas, y con la ayuda de un microscopio electrónico, podemos ver las moléculas, mismas que componen la célula... luego encontramos los átomos, que forman parte de la molécula... enseguida, si dividimos al átomo descubriremos su núcleo, sus protones, neutrones y electrones, etc. El caso es que, sin darnos cuenta, pero apoyados con la tecnología, nos internamos a las dimensiones desconocidas por el hombre común.

 

Al llegar a la región molecular, traspasamos la barrera de lo físico tridimensional para entrar al mundo de la energía, a lo etérico, a la cuarta dimensión; de seguir así, cuando se ve el átomo, hemos ingresado a la quinta dimensión, y así sucesivamente. Sólo quiero decirles, que así como las células tienen vida, se mueven y se reproducen, también las moléculas, los átomos, electrones, etc., tienen consciencia propia... por tanto, tienen vida.

 

Regularmente, en los lugares del interior del planeta, que son habitados por las humanidades intraterrenas, crean éstos, una luz violeta, con la que cubren las regiones donde viven, y producen además, una temperatura adecuada para la subsistencia de las moléculas y la materia con que están estructurados sus cuerpos casi físicos, casi etéricos; algunas de esas civilizaciones habitan en las regiones no visibles por el ojo humano, o sea, se encuentran totalmente en la cuarta dimensión.

 

Nuestros hermanos intraterrenos tienen una división de clases sociales semejante a la de los habitantes de la superficie del planeta.

 

Son cuatro clases sociales:

 

1.- Akaloé: personas sabias que guían a los que tienen menos conocimiento, pues en esos lugares también tienen varios grados de evolución.

 

2.- Pagyulé: esa clase de seres tienen la función de manejar la preciada tecnología que han desarrollado.

 

3.- Halose: éstos tienen la función de manejar los varios conceptos religiosos que existen.

 

4.- Hulfén: hacen la función de cubrir todo el lugar, en forma circular con la energía violeta de la que hablaba anteriormente.

 

Cada una de las humanidades intraterrenas tiene su propia forma de manejarse entre sí; y es importante resaltar que todas, sin excepción, profesan un gran respeto y amor a la Conciencia Cósmica Universal.

Lo que hace diferente a los intraterrenos, comparado con los de la superficie, es que ahí ya no existe lo que acá arriba conocemos como falsas emociones. Los sentimientos equivocados son una piedra de tropiezo que no ha permitido el adelanto físico ni material a la raza humana, por eso no hemos llegado al grado evolutivo que los intraterrenos ya alcanzaron.

 

Al igual que los seres intraoceánicos, ellos también han construido naves. Sus aparatos son muy superiores a los que hay en la superficie, aunque son naves de pequeño tamaño comparadas con las de la raza humana. La capacidad tecnológica sobre la materia física es más adelantada en las humanidades del interior del planeta que del exterior.

 

Cuando los humanos de la superficie contaminan el agua del planeta, a nuestros hermanos intraterrenos les llega una energía muy dañina y cada día causa más estragos a su materia; esa es la razón principal por la que no han crecido materialmente en los últimos tiempos, por dedicarse a combatir esa energía negativa, que si la dejaran penetrar, acabaría con todos ellos.

 

Dentro de la forma circular que tiene uno de los lugares donde viven, han construido unos gigantescos generadores de energía con los cuales se ayudan para transmutar la energía negativa que reciben a través del agua contaminada. Esos generadores, parecidos a enormes cráteres tienen una dimensión de 50 kilómetros cada uno. 

 

Los generadores son centros de energía que tienen que estar colocados alrededor de las estructuras para evitar que su materia sea exterminada. Si ellos no tuvieran que estar ocupados dando mantenimiento a los centros de energía que tuvieron que construir, utilizarían su tiempo para seguir desarrollando su tecnología.

 

Existen unas partículas energéticas conocidas en la superficie como prana o alimento espiritual; la energía pránica se encuentra principalmente en el nitrógeno que hay en la superficie. Los intraterrenos se alimentan de esa energía que reciben a través del agua, y no es difícil saber que a ellos les llega su comida sucia debido a la contaminación que generamos los humanos, puesto que es la única forma de alimentación que tienen.

 

Las moléculas de los seres intraterrenos, en su estructura química, están compuestas de tres átomos de Julkalh por cinco de Balzulah. Si hablamos de su anatomía, ellos también tienen dos pies y dos manos como los humanos, pero poseen un sólo ojo físico en su cara, un orificio para respirar, además de otro pequeño orificio que hace la función del oído. En tamaño, no rebasan los 30 centímetros normalmente, aunque tienen la capacidad de manejar la plástica, pues no olvidemos que son casi energía y casi materia física, con lo que se pueden dar a sí mismos cualquier forma, según lo requieran, o sea, se pueden hacer grandotes y se pueden hacer chiquitos.

 

Para procrear su familia, lo hacen de una manera muy distinta a la que se usa en la superficie del planeta. Utilizan una forma parecida a la de los peces, al igual que se reproducen los seres intraoceánicos, esto es, con sólo un roce de las energías de las que están compuestos es suficiente para que de la hembra salga un embrión.

 

También practican la sexología, aunque no con el fin de procrear, sino que más bien ese hermoso instinto tiene la función de transmutar la energía que llega al centro de la dimensión, para canalizarla a los generadores que tienen alrededor.

 

Todas sus casas o lugares donde ellos viven están divididas en cinco partes. El primer lugar es para hacer oración al Padre, y el espacio es algo parecido a lo que nosotros llamamos salas.

 

Cinco tonos de luz son los que existen iluminando esas casas, ya que cada tono de luz divide la distribución de los departamentos; es decir, la entrada o sala tiene un tono de luz, y las otras cuatro partes van cambiando de color según el uso que le den; por ejemplo, en uno de esos cuartos crean su tecnología, en otro descansan, etc.

 

Cada casa está formada por seis miembros de familia, dos son los papás y cuatro serían los hijos. Si se fijan, cada cosa se divide en cuatro partes: las clases sociales son cuatro, los hijos de familia son cuatro, sus religiones son cuatro, la división de las calles también van por secciones de cuatro, porque cada calle tiene cuarenta metros de largo, etc.

 

El origen de estos seres intraterrenos se dio porque hace mucho, pero mucho tiempo, en la superficie había cuatro tipos de vida o energía. Los humanos de la superficie en esos tiempos desperdiciaron una energía, o más bien una forma de vivir, entonces, la Conciencia Cósmica Universal decidió enviar esa energía que los de la superficie habían desperdiciado hacia la dimensión que llamaríamos las entrañas de la Tierra. Así fue como se reencauzó esa energía y se formó aquella otra humanidad. La palabra hombre en todos los planos significa: uno; he ahí que todo es humanidad. En la superficie se practica el divisionismo y se ve todo como razas o humanidades, pero realmente sólo existe una gran humanidad cósmica que nos integra a todos por igual.

 

También hay entre los intraterrenos, así como en la superficie, religiones o sectas que los divide y afecta para su evolución.

 

Cuatro son sus religiones. Sus nombres: Hajkuaj una, otra se llama Ramfá, la tercera Halkual y la última lleva el nombre de Halbaj.

 

En la primera de esas religiones está sintetizado el mensaje universal del Padre, sin remiendos ni mutilaciones. Las otras tres tienen conceptos contrarios, aunque al final, será sólo la religión Hajkuaj la que reinará en esa dimensión.

 

Existen cuatro ríos, que son los que llevan la energía del prana hacia esa dimensión.

Les había hablado de los generadores de energía que cubren esa dimensión de la contaminación que llevan las aguas hasta donde ellos habitan... Esos generadores también tienen sus características, les decía que cada centro o cráter mide aproximadamente cincuenta kilómetros de diámetro, y si se les pudiera detectar, pues están camuflados, se verían como si fuera un platillo iluminado de color rojo. Esos campos tienen unas turbinas en funcionamiento, mismas que van transmutando la energía que les llega a través de los cuatro ríos, por eso se ven de color rojo.

 

Los lugares donde habitan los seres intraterrenos no están oscuros ni son tétricos, todo el tiempo están bien iluminados a través de la energía violeta que los sustenta; siempre se experimenta una agradable sensación de armonía, paz y amor.

 

Hosted by www.Geocities.ws

1