Capítulo XII

 

 

 

Ciudades Intraoceánicas

 

 

 

Existen más de 20 ciudades en el fondo de los océanos de nuestro planeta. En algunas de ellas, sus habitantes respiran oxígeno, de la misma manera en que nosotros lo hacemos en la superficie. Sí, tienen éstos su propia atmósfera con oxígeno, y el agua no penetra porque crearon una resistente capa protectora o domo, de un material muy parecido al cristal de cuarzo.

 

Hace mucho tiempo, los habitantes de esas ciudades poblaron la superficie de la Tierra, pero, a consecuencia de las depuraciones que ha habido en el pasado, esos seres alcanzaron un alto grado de evolución y partieron a hacer su vida en el fondo de los océanos. Son distintas las profundidades en las que se encuentran asentadas esas civilizaciones; y si bien, algunas están a pocos cientos de metros, otras se encuentran a varios kilómetros de la superficie.

 

La vida en cada una de esas colonias es diferente, viéndolo desde el punto de vista atmosférico, ya que en algunas sí hay oxígeno y en otras no se necesita. Son ciudades muy hermosas, llenas de energía, llenas de amor y con una consciencia más amplia y muy superior a la de los habitantes de la superficie de la Tierra.

 

Su grado de evolución es tal, que han alcanzado una tecnología capaz de construir naves; es una tecnología que no interfiere en los sentimientos de sus congéneres porque está supeditada al amor del Padre. En la mayoría de las ciudades, utilizan sus naves para viajar a otros planetas con los cuales tienen estrecha relación. Continuamente van y vienen abasteciéndose recíprocamente de energías y técnicas muy variadas. Esa es la causa principal de que no pocos habitantes de la superficie de la Tierra hayan podido ver cómo entran y salen del mar esas naves o bolas de fuego que aquí llamamos Objetos Voladores No Identificados (OVNIs).

 

Enseguida les daré el nombre de algunas ciudades intra oceánicas de nuestro planeta:

 

Atlántida, Anantis, Antilius, Kanamiz, Situlios, Lantinio, Zoanto, Nacapari, Histonia,  Lanchonia, Huanaquia, Henalia, Lántigo, Manástica, Nuashenia, Orintio, Poseidonia, Manhuate, Lokapoo, Arnotio,  etc.

 

Al interior de esas majestuosas ciudades viven sus habitantes día con día en armonía plena con el resto de los seres acuáticos. En todas ellas cuentan con sabios líderes espirituales y se rigen por medio de las leyes cósmicas de acuerdo al grado de evolución en que se encuentran.

Esas leyes trascienden a las de los habitantes de la superficie de la Tierra; por ejemplo, la ley de causa-efecto, que si bien aún les rige, se aplica pero en un contexto más elevado. Por otro lado, la ley de la gravedad no existe, y tampoco la presión atmosférica, etc., puesto que han alcanzado otros grados de consciencia. Al interior de esas ciudades varían sus leyes, pues se rige cada una de forma autónoma.

 

En aquellas ciudades existe la armonía, la paz y sobre todo el amor universal, pero no deja de haber lo positivo y lo negativo porque aún se encuentran dentro de un planeta en expansión, dentro de un planeta en evolución, por eso ellos esperan con ansiedad la gran depuración del planeta Tierra, porque también para ellos se daría el salto de evolución y las leyes universales que les rigen actualmente tendrían un cambio favorable, pues sólo existiría el amor, la paz, la armonía, el servicio y la benevolencia.

 

La poca maldad que persiste todavía en esas ciudades, muy pronto será erradicada por completo; para ello, así como se está preparando a la superficie de la Tierra, también las ciudades intraoceánicas y con el apoyo de muchos hermanos acuáticos se limpiarán los mares de todas las energías negativas que, por la inconsciencia de los que habitamos sobre la superficie estamos vertiendo en muy grandes cantidades día con día hacia los mantos marítimos.

 

En el fondo de los mares existen energías llamadas Zuánicas y éstas provienen del cosmos. A través de las tormentas eléctricas son depositados esos elementos zuánicos que van infiltrados en los rayos, actuando como limpiadores de las atmósferas intraoceánicas y logrando que penetre el prana acuático, el cual alimenta a todas esas ciudades. Toda la fauna acuática de los mares ayuda a través de su peregrinar sobre el mar a depositar ese prana acuático en las ciudades.

 

El prana acuático es como el prana terrestre, la diferencia es que el acuático es captado en su totalidad, pues es el único alimento de los seres intraoceánicos. En estos momentos ese alimento está en vías de extinción por la gran contaminación de las aguas... es por eso que el mar mismo está pidiendo una depuración, así como también lo solicitan con ansia todos los demás seres que pueblan los océanos y los mares.

 

Hay un habitante muy especial en los mares: el delfín. Ese inteligente ser trae como misión, desde antaño, la de entrar en contacto directo con la humanidad para ayudarla en su desarrollo; lo único malo es que los habitantes de la Tierra ven al delfín como un mamífero más, creado no saben por quién y puesto ahí sin saber a ciencia cierta para qué; pero, en realidad, ese hermoso y bello animal fue diseñado por los seres de luz para prestar una valiosa ayuda a los hombres en su evolución.

 

Hace miles de años existía una estrecha amistad o relación entre los humanos y los delfines. Se podían comunicar fácilmente, aprendían mutuamente pero, el humano, en su vanidad y en su ansia de ser él siempre el primero, rompió el hermoso puente de hermandad que existía entre ambos. Ahora, en estos tiempos se espera que el delfín vuelva a unir el puente para que la humanidad aprenda acerca de la Vida Intra oceánica.

 

Nuestro hermano delfín posee un gran desarrollo intelectual, pues éste ocupa la mayor parte de su cerebro y está comprobado científicamente que con sus sonidos, así como entrando en contacto físico con él, puede ayudar a rehabilitar niños con problemas de discapacidad física o mental; eso tan sólo es una pequeñísima parte de lo que pueden ayudar nuestros hermanos delfines. Los delfines también son capaces de despertar la facultad de la telepatía en las personas, desgraciadamente la mayoría de los terrestres son tan incrédulos que no han querido que los delfines los ayuden a despertar de su letargo espiritual.

 

El delfín es un mamífero inofensivo, cariñoso, amoroso y servicial. Forma parte de una familia muy hermosa llena de cualidades; ellos viven en grupos y cada una de esas familias tiene el compromiso de preparar a sus congéneres para el desarrollo de los humanos.

 

Cuando ellos son capturados y llevados a lugares donde son exhibidos y tratados, desgraciadamente con crueldad, todo su conocimiento se va encerrando en un pequeño núcleo energético que tienen en su frente; cuando ellos son dejados en libertad, ese núcleo energético se les vuelve a activar.

 

Hay varias ciudades intraoceánicas que trabajan conjuntamente con ellos, algunas son: Kanamiz, Poseidonia, la Atlántida, Antilius, Orintio y Arnotio. Esas ciudades, ayudadas por los delfines realizan trabajos de depuración de suelos intraoceánicos; se encargan también del manejo de las energías zuánicas, y del intercambio de conocimiento y comunicación; todas ellas le tienen gran amor a estos mamíferos porque conocen y aprecian su ayuda y su servicio.

 

Algo que me sorprendió gratamente, fue saber que, en no pocas ocasiones, tanto habitantes intraoceánicos como delfines han salvaguardado a muchos marinos perdidos en alta mar. Por medio de estas líneas se agradece el amor de todos los grupos ecologistas por defender y ayudar a nuestros queridos hermanos delfines.

 

La Atlántida, como mucho se ha dicho, sí existió en la superficie de la Tierra pero, como todo ciclo de vida, al concluir, tuvieron que pasar por una gran depuración.

 

La mayoría de los seres que vivieron en la antigua Atlántida habían conquistado un nivel de consciencia elevado, todos los habitantes que lograron ese nivel fueron comunicados previamente y después conducidos a una ciudad intra oceánica cuando llegó la depuración para que pudieran seguir con su desarrollo evolutivo. Actualmente esa ciudad existe, y en efecto, se encuentra en el océano Atlántico, pero está a varios kilómetros, hasta el fondo del mar. Sus habitantes son como los de la Tierra, pero en ellos se puede observar que tienen su tercer ojo abierto. Irradian una bella y hermosa luz en su frente porque ya alcanzaron un grado más elevado de evolución que los hombres.

 

La Atlántida está regida por un gran líder espiritual, el maestro Loami. Este ser ha logrado mantener una gran armonía, una paz y un gran amor en esa bella ciudad gracias a su portentosa sabiduría, comprensión, humildad y amor universal. Su ciudad se desenvuelve en un clima de paz y en un clima de constante evolución espiritual.

 

Se dice que como es arriba, es abajo; desgraciadamente ahí existen hermanos buenos y malos también, además de que los seres sutiles no dejan de visitarlos... pero gracias al hermoso desenvolvimiento del maestro Loami, los seres sutiles no les dan tantos dolores de cabeza como los que causan aquí en la superficie. Las labores diarias de los Atlantes allá abajo son parecidas a las de los habitantes de acá arriba, claro está que en aquellos lugares todo se desenvuelve en medio de un gran respeto y amor entre ellos.

 

La ciudad de Atlántida es realmente muy bella. Tiene construcciones hechas de cristales de cuarzo. Existen muchas plantas no conocidas en la superficie de la Tierra. Gozan de un clima muy agradable. Al centro de la ciudad existe un hermoso diamante de cuarzo blanco, el cual recibe la energía que proviene del cosmos y que da sustento, energéticamente hablando, a esa hermosa ciudad. Se transportan por medio de naves, ya que la ciudad es bastante grande; para salir al mar existen puertas dimensionales que son operadas por medio de la energía de la que hablábamos hace un momento.

 

El período de vida que alcanzan los Atlantes es de hasta 900 años terrestres. Uno de los servicios que ellos aportan a la humanidad es que vienen a la Tierra en astral, uno de sus cuerpos espirituales, y ayudan a muchos humanos en sus sueños a tener una consciencia más amplia de la verdad cósmica. Lo malo es que la mayoría de los seres humanos olvidan las enseñanzas que recibieron de parte de los Atlantes por medio de los sueños.

 

La forma de reproducción Atlante se logra en un nivel energético, muy parecida a la de los peces, ya que han trascendido éstos el sistema de reproducción humana por acoplamiento físico sexual, gracias al grado de evolución con que cuentan; ellos entienden y saben cuándo es el momento idóneo de procrear su descendencia y así lo hacen. La educación de los hijos es manejada en niveles altos de espiritualidad, porque saben muy bien que cada uno de esos seres será un hermoso Atlante que ayudará a sus hermanos de la superficie.

 

Sus expresiones de amor son como las de los humanos, pero sin sentimentalismos, ya que éstos los han llegado a trascender.

 

A los seres intraoceánicos, después del gran salto evolutivo de la Tierra, se les conducirá a planetas que tengan el mismo grado de evolución con que cuentan; muchos de ellos seguirán viviendo bajo las aguas, pero otros regresarán a poblar la superficie, según sea el caso.

 

Acerca de la apariencia física de algunos de los seres intraoceánicos les diré lo siguiente: los habitantes de la ciudad de Kanamiz, por ejemplo, son mitad hombre y mitad pez, como las mitológicas sirenas. Una clave que sí les puedo revelar, es que esa ciudad se encuentra muy cerca de las costas de Cabo San Lucas, en la república Mexicana, sólo que, está situada a kilómetros de profundidad.

 

Por último, si me lo permiten, transcribiré un mensaje del líder espiritual de la ciudad de Kanamiz, dirigida a toda la humanidad:

 

“La función cósmica, y más particularmente terrestre, es actualizar en la criatura inteligente el recuerdo de las esencias, y abrir así la vía hacia la luz de la esencia Una e Infinita.

 

Es justo decir que nadie escapa a su destino, pero es bueno añadir una reserva condicional, al saber que la fatalidad tiene grados, porque su naturaleza también los tiene.

 

Tu destino, querido hermano terrestre, depende del nivel personal, superior o inferior en el que te detienes o en el que te encierras, pues eres lo que quieres ser y sufres de la misma manera. Es desapegado el que nunca olvida el carácter efímero de lo que posee, y considera las cosas como préstamos, no como posesiones. El ser humano por naturaleza es divino, la vida es un sueño y pensar en la Conciencia Cósmica Universal es despertarse.

 

En verdad, lo que separa al hombre de la realidad divina es una barrera insignificante; Dios está tan cerca del hombre, que éste ni siquiera lo ve. La barrera, para el hombre, es como una montaña que debe apartar con sus propias manos. El hombre empieza a excavar la tierra, y su trabajo parece que es en vano, pues la montaña sigue ahí, pero, si continúa excavando, tarde o temprano la montaña se desvanecerá, pues ésta en realidad nunca existió.

 

La belleza, y el amor a la belleza, dan al espíritu la felicidad a la que se aspira por naturaleza. Si el alma quiere ser feliz de modo permanente, debe llevar lo bello en sí misma, y sólo puede hacerlo realizando sus actos por medio de las siguientes virtudes: bondad y piedad.

 

El gran absurdo es que los hombres vivan sin fe y de una manera inhumanamente horizontal en un mundo en el que todo lo que ofrece la naturaleza testimonia lo sobrenatural del más allá, de lo divino, de la primavera eterna.

 

Recuerden: el más calamitoso de todos los vicios es el orgullo; y la virtud, por su parte, es en esencia, tomar consciencia de todos los pensamientos y actos hasta poner al ego en su justo lugar”.

 

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