¿Cómo y cuándo se inició la Creación?, ¿existe la evolución de las especies?, ¿quién dio vida a todo cuanto existe?, ¿quién diseñó las flores y los árboles? ¿Cómo era el hombre de antes? ¿Cuánto tiempo hace que apareció el hombre sobre la faz de la Tierra?
¿Quién o quiénes se dieron a la tarea de crear la magnífica criatura llamada hombre? ¿Quién dio vida a esos hermosos cuerpos que utiliza la humanidad para manifestarse en este plano tridimensional? ¿Por qué es más inteligente el hombre, comparado con el resto de los reinos vegetal y animal, con quienes comparte el planeta, y se sirve de ellos a veces en forma indiscriminada e irrespetuosa?
¿Te has hecho alguna de las preguntas anteriores, querido lector? ¡Lo sabía! Pues no eres el único; al igual que tú, mi persona creció con un sinnúmero de cuestionamientos acerca de la vida y muchos ¿por qué?, ¿cuándo fue?, ¿quién lo hizo? y, ¿cómo lo hizo? entre otras. Recuerdo cuando era pequeño, que al preguntar cómo nacen los niños, y de dónde vienen, recibía la respuesta de los adultos: “Mira, muchacho, a los niños los trae la cigüeña, y vienen de París...”, y yo lo creía, pero el tiempo es implacable y con cierta tristeza me daba cuenta del engaño, ya que no era verdad que los niños venían de París y mucho menos que los traía una ave llamada cigüeña, porque para colmo de males, ni las religiones, ni la ciencia han acertado siquiera a aclarar tales enigmas. Tampoco se trata de culpar a las benditas religiones, ni a la ciencia, que arropan y mantienen en un letargo a la pobre humanidad; sólo sé que un día, todos los velos se rasgarán, y la verdad, desnuda, y cruda, pero, al fin, verdad, campeará en todos los ámbitos por los que se mueve el hombre.
Regresando al asunto en cuestión, recuerdo que al estar escribiendo este apartado, un gran dilema tuve que enfrentar, pues eran tan fuertes los conceptos vertidos al respecto, que me preguntaba a sí mismo: ¿cómo voy a explicar a la humanidad esta información que me están entregando mis amigos del cosmos?, ya que la consideraba muy revolucionaria. Mi lucha interna era saber cómo dejar contentos tanto a los fanáticos religiosos, como al creciente número de escépticos cientifistas a la vez. A resumidas cuentas, sólo sabía que mi trabajo era transmitir lo más puro posible lo que veía y escuchaba, después, descubriríamos qué resultaba de todo esto.
Anticipadamente pido disculpas a los que lean estas líneas, por todas las cosas que se les pudieran mover en sus adentros. Y ahora sí, una vez salvada la situación, entremos juntos a descubrir los misterios de este polémico capítulo del Origen del hombre.
Cierto día, y en cierto lugar, un gran Maestro ascendido me confió abiertamente lo que sigue:
—Pues ya te digo, mi amigo Martín, no fue Dios, precisamente, quien creó al hombre.
—¿Perdón?, ¿cómo está eso?, a ver... —quedé mudo y lleno de asombro. Ya me había explicado otro ser que Dios es la Conciencia Cósmica Universal, y, en apariencia, me había quedado claro, pero, que me dijera este maestro que el hombre había sido creado de una manera distinta a la que normalmente los humanos estamos acostumbrados a escuchar, eso sí despertó mi curiosidad, y, con deseos de que me aclarara varias dudas, le pregunté: —Entonces, ¿cómo estuvo la cosa?, dime, por favor, ¿quién dio origen a la vida, y al hombre?
—Muy sencillo, fueron los hombres mismos, los dioses, los maravillosos hijos de la Conciencia Cósmica, Padre o Dios, que crearon todo lo que existe. ¡Todo!
—¡Por Dios!, ¿qué estás tratando de decir? ¿Acaso estamos fuera de sintonía? ¿Por qué dices que el hombre creó al hombre y todo lo que le rodea?
Con una bendita calma, aquel elevado ser, sin inmutarse siquiera, prosiguió en forma elocuente su discurso:
—Como te decía, la Conciencia Cósmica Universal, Dios, Padre, o como quieras llamarle, es La Sustancia, la masa del pensamiento, del cual vienen todas las cosas; pero, la humanidad, todos los hombres y mujeres que poseen la capacidad de pensar y sentir, y por gozar de la divina esencia de la libre voluntad, ¡son los supremos creadores de la vida!. La Conciencia Cósmica Universal es la fuente de todo lo que existe, pero los que son ahora humanos, salieron del pensamiento que la Conciencia Cósmica es y crearon lo que ha sido y es. Fue a través del gran poder creativo, inteligencia sin igual, así como la gran soberanía de dioses, y esa capacidad de aceptar, fijar y contemplar el pensamiento del Padre, que formaron cada cosa de todo cuanto existe. El universo fue creado igual como cuando a una fantasía se le pone emoción, se cristaliza ésta, y, de ser una idea, se convierte en un hecho físico y tangible.
Luego añadió:
—En el principio, sólo existía la infinitud del pensamiento de la gran Conciencia Cósmica Universal como la causa principal y el fundamento de toda la vida... Todo lo que es, lo que siempre ha sido y siempre será, derivan tanto del pensamiento como de la inteligencia de la Mente de la Fuente Primigenia, Dios o Padre Creador. Por lo tanto —repitió—, en el principio sólo existía el espacio infinito del pensamiento; y la Conciencia Cósmica Universal hubiera permanecido siempre como pensamiento, sin forma, si no se hubiera contemplado a sí misma, o sea, volcándose en el pensamiento que la misma Conciencia Cósmica era en sí. Y cuando el Padre contempló el pensamiento que él era, se extendió en una forma única del mismo; porque cuando se contempla un pensamiento, la acción de tal razonamiento engrandece el mismo pensamiento y éste se convierte en algo más. Así fue como la Conciencia Cósmica, que nunca antes se había extendido, se contempló a sí misma y se diversificó en su grandeza. Y fue el Amor, la esencia, el propósito puro del pensamiento contemplativo lo que produjo en la Conciencia Cósmica o Dios, el deseo de comprenderse a sí mismo y ampliar su existencia.
—¿Y el hombre?, ¿cuándo apareció el hombre en la creación? —ataqué instintivamente.
—Cuando la Conciencia Cósmica Universal se abrazó a sí misma y se amó, emanó de esa acción, diversidad de partículas que se convirtieron, desde la unidad hasta la multiplicidad de dioses, que fue en lo que la Conciencia Cósmica se había extendido. Cada uno de los dioses, ustedes, sí, todos los hombres y mujeres de ahora, se convirtieron, a partir de aquel momento maravilloso en una parte del primer pensamiento contemplado y extendido de la gran Conciencia Cósmica; y como fueron la primera unidad engendrada por el Padre o Dios, cada uno, cada ser, se convirtió en un dios de Dios, en un hijo del Padre, en pocas palabras, en una parte de la inteligencia divina emanada de la fuente de vida, de la Mente de Dios. Por tal motivo, los dioses, ustedes, son la única creación que viene directamente de la Conciencia Cósmica Universal. Son la creación única que siempre será copia fiel de lo que Dios es, porque son la Conciencia Cósmica ampliada en sí misma; ya que todo lo que Dios es, lo constituye infinitamente la composición de los hijos. Es necesario que entiendan que, con el propósito de avanzar, la Conciencia Cósmica dio a cada uno de los dioses, sus hijos, a ustedes, ahora humanos, la única cosa que existió y siempre existirá, o sea, la totalidad del pensamiento, la totalidad de Dios. La Conciencia Cósmica es el pensamiento compulsivo y contemplativo llamado vida, un devenir perpetuo que no puede detenerse y, para que el pensamiento, o la vida, sea una expansión siempre continua hasta el infinito, debe tener una razón muy poderosa para continuar, y, ¿sabes cuál es la razón? Ustedes, pues cada uno de ustedes se convirtió en una parte de la Mente de la Conciencia Cósmica para que a través de ustedes pudiera continuar extendiéndose hasta el infinito.
—Discúlpame, pero aún no te entiendo. ¿Cómo es que nos llamas a los seres humanos “dioses”?, ¿No es esto pensar en algo que no nos corresponde?
—Todo lo que puedes ver a tu alrededor, es materia, ¿o.k.? Pues el Padre es la materia, porque todas las cosas son Dios. Pero, lo más interesante es que los creadores de la materia fueron ustedes mismos, como dioses que son, pues tuvieron desde un principio el propósito inteligente de convertir en materia cualquier ideal que pudieran visualizar a través del pensamiento. Todas las cosas nacen del pensamiento; así, cada objeto material tuvo como punto de partida un pensamiento que fue abrazado en la emoción para formar un ideal de creación. Antes de que algo sea creado, el alma primero debe visualizarlo como ideal mediante el pensamiento; y todo lo material fue creado y formado por ustedes, los dioses, mediante un ideal del pensamiento visualizado, utilizando la materia prima que es el Padre.
Algo muy importante es que deben entender lo valiosos que son, deben comprender también que son seres divinos y para descubrir la suprema inteligencia y el impresionante poder que poseen, todos ustedes deben conocer, primero, cuál es su legado divino.
—Y, ¿cuál es ese legado divino del que hablas?
—Muy bien, hace un momento te decía que, al principio, cuando la Conciencia Cósmica Universal se expandió a sí misma, surgieron ustedes, convertidos en chispas de luz; se expresaron en aquel tiempo como chispas de luz de increíble poder... ustedes, mis amados hermanos, son criaturas de proporciones divinas, y guardan latente dentro de su ser la inteligencia y el poder de crear todas las cosas, ¡y ni siquiera lo sabían! Ustedes son más que simples criaturas de carne y hueso; son entidades extraordinarias expresándose en el mundo de la forma, para así alimentar las habilidades creativas dentro de ustedes mismos. Quiero que sepan, además, que ustedes fueron quienes crearon las realidades del color, diseño, textura y olor; ustedes, y nadie más que ustedes, fueron los que crearon las espectaculares estrellas que se ven en el firmamento. Ustedes son, de hecho, las magníficas criaturas emanadas de la expansión de la Conciencia Cósmica que es verdaderamente todo lo que existe. ¡Ustedes son los creadores, y son la suprema inteligencia de Dios expresándose en su propia creación llamada hombre! Sólo recuerden, a raíz de aquel movimiento de infinito amor en que la Conciencia Cósmica se abrazó a sí misma y se amó hasta la grandeza, nacieron todos ustedes. Todos se convirtieron en aquello en lo que la Conciencia Cósmica se había extendido; cada uno fue desde aquel maravilloso momento, una parte inseparable del primer pensamiento contemplado y extendido del Padre. Cada uno fue creado, en su ser, al mismo tiempo. Y todas las entidades que han existido, así como las que están por existir, surgieron del pensamiento que se convirtió en luz cuando la Conciencia Cósmica se contempló a sí misma. La luz, al emanar del vacío del pensamiento se convirtió en parte adyacente de la mente de la Conciencia Cósmica.
—Recién empiezo a captarte —dije ya más tranquilo; si en algo creía, era en la luz, pues mucho me habían hablado de ella, y también había podido corroborar en otros planos la importancia que ésta reviste; luego le pregunté: —¿Cuándo y cómo se creó la luz?
—La luz fue lo primero que se creó, porque siempre que el pensamiento se contempla y se extiende a sí mismo, baja a una frecuencia vibratoria que emite luz...
—¿Quiere decir —interrumpí su comentario—, que la luz es la primera forma de pensamiento contemplado y extendido en su frecuencia más baja?
—Así es, estás en lo cierto. El nacimiento de todo ser humano (los dioses), se remonta al momento del nacimiento de la luz, pues cada partícula de luz nacida en el primer pensamiento contemplado se convirtió en un individuo, un dios, un hijo; así, todos se convirtieron en lo que se llama seres de luz en el momento de la creación misma. La luz en la que cada uno se convirtió, era y es la inteligencia misma que todos ustedes son. Es la Conciencia Cósmica Universal en su forma extendida de luz; y esa luz divina, que dio vida a su cuerpo original y permanente de ustedes, es el espíritu de su ser.
—¿Podrías explicarme qué es el alma y espíritu?
—Con mucho gusto. Al principio de la creación, cuando el pensamiento, o Conciencia Cósmica Universal pasó a través del espíritu de su ser, se creó una emoción, la cual fue muy corta; de este modo se creó el alma, con su propia fuerza creativa, para poder absorber el río de amor que salió de la propia Conciencia Cósmica. El alma vive dentro del espíritu, que es lo que les permite ser un principio creativo. Pues para crear, se debe poseer la habilidad de retener la imagen del pensamiento claro en la memoria. La memoria es como el río siempre continuo del pensamiento en forma de emoción. Así, se puede contemplar un pensamiento y extenderlo, creando los valores que llamamos realidad. Sin el alma, no hubieran podido ustedes extender la Conciencia Cósmica hasta la forma creada, pues no hubieran podido mantener el pensamiento inmóvil para contemplarlo y extenderlo hasta la creación. Es necesario que entiendan que a lo que llaman Creación, es realmente el valor de la vida que siempre ha existido, pues no hay principio en la creación, así como tampoco tiene un final.
—Y, ¿cómo fue, en sí, la creación del universo?
—En el principio de las formas creadas, los dioses se contemplaron a sí mismos como luces que eran y crearon el ideal de luz en materia al crear los soles. Éstos eran innumerables, y todos fueron creados gracias al enfoque o la fusión de materia gaseosa que resultaba de la reducción de la luz hasta llegar al electrón. Y así, a partir de los gigantescos soles o chispas centrales de vida, fueron creados y puestos en sus órbitas los planetas... y sobre dichos planetas, los dioses crearon diseños. Ustedes fueron los creadores de los universos, los soles y planetas; y cada cosa que fueron creando, a través del pensamiento contemplado, iba aumentando su experiencia; dando origen al sentimiento, que es el más auténtico tesoro del pensamiento. Y fue así, a través de los sentimientos, como se creó la materia. Por eso, Dios no creó los universos, más bien Él es los universos. Ustedes fueron quienes los crearon a partir de sus procesos del pensamiento, sintiéndolos dentro de sus almas y de su ser.
—La mayoría de ustedes —prosiguió—, como entidades de luz que vinieron a este lugar llamado Tierra, crearon y evolucionaron toda la vida. Aquí formularon organismos vivos a partir de la bacteria que se formó por la reacción de la materia gaseosa con el agua. Al principio, aquellas creaciones eran simples acumulaciones de materia. La creatividad era incipiente porque apenas empezaban ustedes a entender la realidad de la materia y cómo ir creando a partir de ella... pero, tras muchos millones de años, ustedes, los dioses, crearon las plantas, los animales y toda criatura viviente dentro de este plano. Dichas creaciones las concibieron como una expresión de su emoción creativa; así, por ejemplo, la botánica fue creada por un grupo de ustedes. Se introdujo el color en las plantas y flores, luego el aroma, y así sucesivamente hasta ir logrando perfeccionar otros aspectos de los vegetales con nuevos y más resistentes diseños cada vez. Ahora, cabe resaltar que, el pensamiento es una frecuencia penetrante, una esencia que pasa a través de la materia. Así, los dioses, que eran pensamiento en forma de luz, podían convertirse en la flor, y sin embargo, nunca olerla; ustedes, los dioses creadores emanados de la Fuente Divina, eran como la brisa, que soplaba entre los árboles, pero nunca podían sentir o abrazar el árbol; ustedes podían pasar a través de la roca, pero no podían sentirla, porque el pensamiento no es afectado por la materia que la roca es, al faltarle sensitividad con que poder sentir la esencia de una vibración más baja. Deben entender que ustedes eran grandes seres de luz cuando diseñaron todas sus creaciones, y no poseían aún cuerpos físicos. Así, cualquier cosa que desearan crear, simplemente se convertían en ella, y para darle personalidad, inteligencia y diseño a la materia, se convertían en una parte de cada cosa que creaban. Y una vez que cada creación se convertía en parte viviente de la inteligencia de su creador, se separaban ustedes de sus propias creaciones, para ir a experimentar siempre nuevos tipos de creaciones. Todo lo que existe en este plano tridimensional lo crearon ustedes, y la realidad que conocen, no sería si no fuera por ustedes también. Ustedes aman a los animales porque han recibido aquéllos el aliento de vida de parte de ustedes, sus creadores...
—¡Espera, espera! —volví a interrumpirlo estrepitosamente—, esto que acabas de decir acerca de los animales, me hace recordar a una amiga mía que dice que le duele más ver que maltraten a un perro, que a un humano... y otra cosa, recién creo entender por qué algunas personas se identifican más con cierto tipo de plantas o animales y dedican su vida a estudiarlos y cuidarlos; ¿acaso se debe a que ellos formaron, quizás, parte de los grupos de seres de luz que me hablabas hace un momento y que le transmitieron a sus creaciones cierto patrón genético?
—Sí, así es, en efecto; ninguna de las creaciones hechas por ustedes, humanos, los dioses de luz, sería tan hermosa y sublime, ni tendría un significado con cierto propósito, si no tuviera dentro de ella misma el aliento de vida de su propio creador. Ustedes, los creadores, fueron los que transmitieron a sus creaciones la inteligencia o patrón de memoria genética llamada instinto. Eso fue lo que dio a sus creaciones un propósito de ser, y los medios para que evolucionaran los procesos de reproducción, así como el intercambio de genes para la aparición de nuevas especies. Todas las cosas vivientes tienen dentro de ellas la divina esencia, que es la chispa de la vida, proveniente de ustedes, los dioses, sus creadores.
—Entonces, amigo, ¿Dios no creó a los animales y a las plantas?
—Definitivamente que no, y no tengan miedo de aceptarlo. ¡Ustedes son la única creación que viene directamente de la Conciencia Cósmica Universal!; todo lo demás lo crearon ustedes mismos, primero pensándolo, y sintiéndolo luego hasta darle existencia.
—¿En qué época apareció el hombre en la Tierra?
—Los dioses han estado aquí como hombres desde hace más de diez millones de años, encarnados en diversas formas para poder perfeccionar cada vez más el traje o cuerpo. El hombre fue creado, según un ideal de pensamiento, para ser el vehículo que los dioses pudieran conducir desde adentro. Los dioses decidieron crear un vehículo de materia a través del cual pudieran expresar sus propias creaciones y poder seguir expresando su creatividad como ellos mismos más bien que como sus creaciones, fue por eso que se creó la encarnación. El cuerpo tenía que ser el más idóneo para la manifestación del dios, pues tenía que sostener el alma y quedar envuelto por el espíritu mismo. A través del cuerpo, los dioses podían tocar la flor y oler su esencia; y la experiencia de aquello sería grabado para siempre en sus almas como sentimientos, el tesoro de sus acciones. Y si bien el cuerpo físico tiene evolucionando poco más de diez millones de años en este planeta, ustedes, los seres de luz, siempre han existido.
—¿Cómo eran los seres humanos de antaño?, estructuralmente hablando, ¿eran como los conocemos ahora, con sus mismos atributos y mentalidad?
—No precisamente. Los seres de luz, sin densidad material, diseñaron un envoltorio apropiado para su ideal. A través de la masa del cuerpo ellos podrían expresarse en una nueva realidad del pensamiento manifestado en materia viva. Los seres de luz se convirtieron en la expresión de la Conciencia Cósmica Universal, divino pensamiento manifestado como inteligencia de la masa celular llamada hombre. Así fue como se convirtieron en Dios-hombre, hombre-Dios; o sea, Dios expresándose en la maravilla de la forma humana, y hombre expresando al Dios dentro de sí mismo para continuar la expansión de la Fuente Primera hacia la eternidad. Los dioses, al principio, ya como hombres, tenían una aventura en materia totalmente nueva con la que podrían adquirir la esencia invisible llamada sentimientos. A medida que el entendimiento de los dioses, viviendo como hombres, empezó a crecer, y, por ciertas necesidades de supervivencia en un terreno tan hostil, el cuerpo físico fue continuamente perfeccionado desde su forma primitiva hasta como lo conocemos hoy. Estimados hermanos, ustedes son los grandes dioses de luz, los grandes creadores de toda la vida. Son el pensamiento grande e infinito, ampliado y rebajado hasta la materia creativa.
—¿Maestro, podrías dirigirnos algunas palabras que nos ayuden a aceptar finalmente que somos en verdad dioses de luz y creadores de toda la vida?
—Por supuesto que sí. Así como ustedes ahora, nosotros, los maestros ascendidos, fuimos alguna vez. Y no hemos venido exclusivamente para hablarles del esplendor que yace más allá de este plano que conocen, sino más bien, para conducirlos a experimentarlo por ustedes mismos; y no a través de conocimientos filosóficos, sino por medio de unas enseñanzas que si las escuchan con su corazón, suenan tan verdaderas que sus almas los urgen a que vuelvan a sentir el principio divino que los envuelve, y que se alejaron de él hace mucho tiempo. Es hora de detenerse a escuchar en soledad a la voz interior y a seguir solamente el camino de la felicidad. Aprendan a sentir, para ganar el más auténtico tesoro de este plano dimensional que es la emoción. Estas lecciones que les impartimos no son una enseñanza religiosa, porque la religión es dogmática y restrictiva. Esta enseñanza es simplemente conocimiento dirigido hacia todas las células de luz que los componen por dentro y por fuera. Nosotros no somos distintos a ustedes; de hecho, no hay nadie, visible o invisible, que sea más grande que ustedes. Así como tampoco hay nadie menos que ustedes... todos somos iguales en los planos de la Conciencia Cósmica Universal. Ya es hora que caigan los velos que cubren la verdad, como bien se dijo al principio de este capítulo; y esta plática se presta para aclarar una situación: a millones de humanos se les ha enseñado que la esencia llamada Dios es un personaje sombrío, crítico, enfadado y atemorizante, y yo les digo: La Conciencia Cósmica Universal no es ninguna de estas cosas. El Dios que discute, que persigue y que juzga, nunca ha existido, excepto en los corazones y las mentes de los hombres. Fue el hombre el que creó a un dios que exalta a unos y castiga a otros. Ese es un dios hecho por el hombre, fruto de su voluntad. La Conciencia Cósmica Universal nos ama inmensamente, pues es la vida que todos somos, es la tierra que pisamos, el aire que respiramos; es una fuerza que consume todo, es la simplicidad de una flor, Dios es la sonrisa del niño, el sol que sale por las mañanas. Dios no es un personaje que se sienta en su trono para juzgar la vida, pues Él es la totalidad de la vida. La Conciencia Cósmica Universal en su más exaltada forma, es el pensamiento, pues es la plataforma desde la cual se crea toda la vida. El pensamiento es el máximo creador de todas las cosas, por ser la sustancia desde la cual todas las cosas son creadas. Todo cuanto existe, ha partido primero del pensamiento, que es la suprema inteligencia llamada Mente de Dios. Si hubo un tiempo en que podían crear una flor, por ejemplo, ¿qué es lo que crean ustedes ahora? Les diré, sus mayores creaciones son la infelicidad, las penas, miseria, discordia, odio, guerras, preocupación, negación de la grandeza divina, enfermedad, envejecimiento y muerte. Ustedes crean una vida de limitación al aceptar creencias limitadas, las cuales se convierten en verdades constantes dentro de su ser. Ustedes, sí, ustedes, los grandes dioses creadores que fueron alguna vez, se han convertido en entidades temerosas de cosas inexistentes, porque se han dejado lavar el cerebro por lo que dictan las modas de la sociedad actual. Reflexionen, hermanos, reflexionen... y muchas gracias por escuchar estas humildes palabras.