Capítulo IV

 

 

 

Casos Resueltos

 

 

 

Posiblemente haya muchos otros casos de personas curadas que he dejado en el olvido por el paso del tiempo, y que habrían merecido, más que éstos formar parte de la lista de relatos en los que, mi única intención es compartir con ustedes algunas de las hermosas experiencias que he tenido personalmente al aplicar los sistemas de sanación cósmica que llamo bioquantum.

 

Aproximadamente dos terceras partes de los casos que he atendido, se ha tratado de mujeres que padecían de fuertes cólicos, inflamación, flujo, quistes y otras cosas más en sus partes reproductoras... sólo diré que, después de tres procesos de sanación, la inmensa mayoría, hasta ahora, se encuentra gozando de un perfecto estado de salud.

 

Recuerdo la vez que una linda señora llegó rogándonos hiciéramos algo por sacarla del estado tan profundo de tristeza, soledad y frustración al cual había caído desde que los doctores, meses antes, operaron su matriz, dejándola completamente inútil para concebir. La dama era aún relativamente joven y no se había hecho a la idea de no poder procrear siquiera un hijo para bienestar tanto de su esposo como de ella misma. Llegar a convertirse en madre, para ella, era su máxima ilusión, así como su única razón de vivir. Pero la desafortunada operación que habían realizado en su matriz, era irreversible, pues varios estudios ginecológicos posteriores a la cirugía emitían coincidentemente el mismo veredicto final, asestando con ello una mortal cuchillada en el pecho de la abatida mujer. Afirmaban todos ellos, categórica e irónicamente a la vez que, al menos en esta vida, jamás podría llegar a embarazarse. Casi nulas, y no muy alentadoras, por supuesto, se vislumbraban las expectativas de lograr que nuestra infeliz paciente concibiera un bebé por medio de su marido algún buen día. Pero, contagiados por esa fe inquebrantable que la señora siempre tuvo y que irradiaba por cada uno de los poros de su piel, nosotros, aún a sabiendas que estábamos remando contra corriente, realizamos el primero, luego otro, y otro proceso hasta contar ocho en total, en los que, abogando siempre por la obsesionada mujer, conseguimos llegar a un acuerdo con los maestros de la ley y, finalmente, accedieron éstos a restaurar el vital órgano que había mutilado antes la ciencia médica tradicional. Para acabar pronto, a los cuatro meses de iniciado el tratamiento, la dichosa mujer dio positiva la prueba de embarazo y, nueve meses después, dio a luz a su primer hermoso y robusto bebé.

 

Otro caso que me hizo derramar no pocas lágrimas de agradecimiento, fue el que escenificó un hombre de treinta años de edad... ciego de nacimiento.

 

Debido a su ceguera natural, éste desarrolló en forma espontánea, desde temprana edad, la preciada facultad extrasensorial de ver nítidamente, y en color, las dimensiones superiores. Él podía detectar fácilmente la radiación que emite el campo vibracional de las personas, percatándose con ello de los siempre cambiantes estados de ánimo de los demás, a veces hermosos, pero las más de las veces, muy nefastos en verdad, según sus palabras. También aprendió a conocer las diferentes clases de individuos —honestos y deshonestos— a través de los distintos tonos de voz de su interlocutor; con el agudo sentido del oído que desarrolló, podía registrar muchos sonidos que para los demás eran imperceptibles.

 

Este señor, cuando comenzó a ver, poco a poco, con sus nuevos ojos, después de la grandiosa y efectiva cirugía etérica que se le practicó, me decía, acongojado, que prefería mil veces seguir siendo ciego a tener que soportar ver físicamente los rostros de las personas cuando se enojan, porque las muecas que hacen los humanos, es lo más horrible que jamás él pudo imaginar, y ahora tenía que aprender a lidiar hasta con eso.

 

Fue muy grato para mi persona ver que ese señor se integrara rápidamente a trabajar como sanador también en la misma clínica bioenergética donde se le proporcionó una nueva visión de la vida física en la Tierra.

Tiempo después, viajando, siempre viajando, por varias ciudades, tuve la grata oportunidad de ayudar y ver cómo se restablecieron, de forma sorprendente muchas personas enfermas de sida.

 

A mi memoria llega el caso de un señor, ya maduro de edad; a éste se le había detectado, tiempo atrás, el terrible VIH, y se estaba tratando de acuerdo a las especificaciones que la medicina alópata le indicaba. Mes a mes, éste y otros enfermos tenían que viajar a la capital del estado para su observación y evaluación; su mal se encontraba en un grado avanzado, y los especialistas no le daban muchas esperanzas de vida. A pesar de las desalentadoras noticias, al enfermo se le veían, aunque muy en el fondo de su ser, ciertas ganas de recuperar su salud y volver a ocupar aquel robusto cuerpo físico que otrora tuviera, pues, en el tiempo en que iniciamos su curación, pesaba no más de 45 kilogramos. El pobre señor padecía una tos muy fuerte que no lo dejaba en paz un minuto, sus pies, además, se encontraban demasiado inflamados, por lo que, todas sus curaciones las hacíamos con él sentado en una silla. Cuando lo subíamos a la sala de operaciones de los maestros ascendidos, éstos cambiaron varias veces hasta la última gota de su sangre infectada. Es justo narrar al lector que casi siempre es el sanador mismo quien dona una parte del plasma y sangre que se necesitan en las operaciones; así se lo piden a uno los maestros y se ve y se siente cuando pinchan las venas con una aguja...

 

Pero lo más interesante que se dio en este caso, fue que se presentó la maestra encargada de las puertas dimensionales, mejor conocida como la muerte, a mitad del tercer proceso que se le practicaba a nuestro paciente con sida; en la lista que portaba la imponente maestra, figuraba el nombre del enfermo, y nos decía muy seria ésta, que se encontraba haciendo los preparativos finales para llevárselo, pues ya le tocaba. Afortunadamente, no era este el primer caso en que, sabíamos de antemano, teníamos que actuar con todo el amor, premura e inteligencia posibles. Se le pidió reverentemente a la maestra nos permitiera un momento y, rauda y veloz, la compañera que se encontraba participando en el proceso, junto con mi persona, fue hasta el Padre a pedir un salvoconducto para que permitiera éste, en lo posible, alargar la vida de nuestro enfermo aquí en la Tierra. En lo personal, siempre he pensado que no es muy sencillo conseguir tal documento, pues a uno le preguntan muchas cosas acerca de la persona por la cual se está abogando, y sólo si se logran presentar buenas expectativas, es concedida la revocación de la orden de desencarnar. Pero bueno, mi querida amiga utilizó los argumentos necesarios para convencer a aquel gran ser, regresó luego con la maestra de las puertas dimensionales y entregó en sus manos el bendito salvoconducto, el cual daba un lapso mayor de tiempo para el enfermo que estábamos tratando. La maestra, por su parte, preguntó a mi compañera si estaba segura de lo que estaba haciendo, además de otros cuestionamientos acerca de la persona del paciente. Cuando hubo dejado satisfecha con sus respuestas a la maestra, ésta mostró su lista nuevamente y ya se había borrado por completo el nombre del enfermo; sin más qué hacer, la dama se retiró del lugar con un saludo de despedida.

 

A partir del acuerdo al que se llegó con la maestra de las puertas dimensionales, el paciente empezó a mostrar una recuperación más acelerada hasta que se restableció por completo. La familia del señor me decía que aquél no era el mismo de antes, pues hasta el carácter le había cambiado para bien, y todos se encontraban muy felices y agradecidos por la invaluable ayuda que recibieron.

 

Casi estoy seguro que no pocas personas escépticas se mofarán de lo que aquí expongo, pero, ¿y qué a ellos, y qué a mí? ¿Qué le vamos a hacer? Así es la vida. También sé que muchos pondrán en tela de juicio, y cuestionarán con dureza los casos que relaté, pero, por fortuna, todos ellos están bien documentados y, en su momento, podrán hacerse públicos; y no únicamente los testimonios de estas personas, sino de cientos de gentes que han sido beneficiadas por medio de los sistemas bioquantum.

 

Pido humildemente a todos aquellos enfermos que no han podido encontrar, hasta ahora, la cura definitiva de su mal, que aguarden con paciencia; les prometo que un buen día, en su pueblo o ciudad, se abrirán gabinetes, consultorios y clínicas bioenergéticas de rehabilitación donde amorosamente se curará, por medio de los sistemas de sanación cósmica, a todo aquel que así lo solicite. También ruego a todo paciente, que confíe en los sanadores de su localidad, pues eso les ayudará a crecer tanto espiritual como profesionalmente.

 

Sé que muchos que me leen ahora, han realizado cosas maravillosas en el transcurso de su vida, pero se sienten vacíos por dentro. Cada vez se cuestionan a sí mismos si tienen que seguir haciendo lo que siempre han hecho, también se preguntan si tienen que seguir en el mismo lugar que han habitado desde su nacimiento, o vivir de la misma forma en que siempre han vivido... porque quizás no sea realmente eso lo que desearon ser, y podrían, en un momento dado, dar un giro distinto a su vida.

 

Llevar a cabo lo que se quiere, en el fondo, a veces resulta muy difícil, sobre todo porque la sociedad en la que se desenvuelve el individuo actualmente, exige ciertas cosas que los limita a actuar con libertad. Para colmo, el ser humano tiene muchas facetas, eso es, presenta distintas caras ante los demás; con la familia suele actuar de una manera, con los amigos, de otra forma muy distinta, y con los que no conoce, tiene que guardar las apariencias. Sabemos de mucha gente que desperdició los mejores años de su vida estudiando una carrera que, a final de cuentas, no le gustó, o no sirvió para alcanzar sus proyectos personales y terminaron éstos frustrados, confusos y hasta amargados con ellos mismos.

 

¿Con cuántas personas creen ustedes que me he encontrado, y que me dicen que su anhelo de toda la vida ha sido aprender a curar a los demás? Con muchísimas en verdad; otros más, saben perfectamente que a eso, precisamente, se deben dedicar, porque recuerdan el compromiso cósmico que hicieron con los maestros de la ley, pero, es más fuerte la resistencia que encuentran en la sociedad, que su voluntad y terminan sucumbiendo.

 

Por medio de estas líneas invito a todos aquellos que tengan la necesidad de estar bien consigo mismos, y no precisamente con los demás, a que luchen por cumplir el compromiso que tienen con la humanidad. Poco a poco los individuos que tienen que hacer esto, irán despertando a su deber, y siempre encontrarán el apoyo de personas con la misma afinidad. Recuerden, no están solos.

 

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