DIÁLOGOS
CON LA TELEVISIÓN
PRIMERA PARTE
¡HABLAS
DEMASIADO!
Al menos esta
vez, mi querida y vieja TV, tienes que escucharme. Tú -y tú sola- estás
siempre hablando, haciendo que te mire, mandándome callar, impidiéndome que
hable con otros en casa. Cuando me siento delante de ti en el sill6n, me
encuentro un poco intimidado y hago callar a mis niños Cuando me estorban la
visión. Pero ahora quiero tomar yo la iniciativa. Te voy a apagar y vas a
escucharme. Durante mucho tiempo he sentido este extraño deseo de decirte algo,
de hacer que me entiendas. Porque t6 eres importante para mi, tú has llegado a
ser parte de mi vida. Me cuesta admitirlo, pero si no estuvieras aquí, me
faltaría algo. Y ahora el obispo me ha dicho una cosa tremenda sobre ti. Dice
que realmente puedes ser comparada con el borde del manto de Jesús. ¡Si eso es
así, tienes una especie de poder casi divino! No eres simplemente uno de
tantos aparatos que pueblan mi casa, un utensilio que use o, lo que es peor, un
peligroso medio de propagar malos hábitos. Puedo intentar tener un dialogo
contigo, y tú tienes que escucharme.
¿Sabes?, dicenn que hablas demasiado. Un informe
preparado por la UNESCO afirma que la media de tiempo que los adultos pasan
delante de ti cada día en Estados Unidos supera las cinco
horas, y los niños pasan siete horas. Aquí, en Italia, parece ser que casi
la mitad de los niños pasa más de cuatro horas delante de tu
pantalla cada día, y los demás, entre dos y cuatro horas.
Aproximadamente una cuarta parte de la gente joven de entre seis y trece anos
dice que ven programas de TV todas las noches después de las
nueve.
Me gustaría
tener una buena relación contigo. No quiero encerrarte en el armario, ni
convertirme en un haragán; no quiero engancharme a ti como puede ocurrir con
el tabaco, el juego y la bebida. Al mismo tiempo, no quiero ignorarte. Quiero
evitar ambos extremos. Algunas familias amigas mías tienen dos o tres aparatos
de TV: uno en la cocina, uno en la sala de estar, uno en el dormitorio, tal vez
en cada dormitorio. Hay casas en las que la TV esta encendida desde el amanecer
y se apaga después de la medianoche, únicamente con algunas pequeñas
interrupciones. Es curioso, e incluso un poco triste, que algunos pastores,
antes de hacer las visitas de Navidad o Pascua, tengan que enviar un ruego a
sus parroquianos para que apaguen la TV cuando vaya a visitarles el sacerdote.
Te
has convertido en parte de nuestros hogares hasta tal punto que ya no somos
conscientes de tu activa presencia. Algunas personas incluso te consideran «un
miembro de la familia>>, y perderte puede provocar crisis e incluso una
especie de «luto>> en nuestras relaciones interpersonales. Una
investigación llevada a cabo en USA describe los «efectos traumáticos>>
de la abstinencia de TV forzada. El 8 % de las familias confiesa solo un
pequeño nivel de desorientación, mientras todos los demás experimentan
sentimientos más o menos graves. Y el 25 % reconoce tener una frustración y
desorientación semejante al dolor producido por la muerte de un ser querido (¡esto
es tan desproporcionado que casi no puedo creerlo!). No quiero convertirme en
uno de esos teleadictos, pero tampoco quiero terminar entre los que consideran
que eres una invención diabólica.
Incluso la Iglesia ha empezado a prestarte mas atención
diciendo que los medios son «una moderna y eficaz versión del púlpito.
Por estos medios podemos hablar a las multitudes>> (Evangelii nuntiandi, n.° 45). ¿Qué podemos
hacer, confrontados por tan diferentes actitudes?: ¿Unirnos a las
masas de tus admiradores acriticos o unir nuestras fuerzas con tus detractores
extremistas?
Frente a todos los medios y frente a la TV, me gustaría tener una actitud evangélica que trate de descubrir la semilla que brota
junto a las malas hierbas en los surcos del mundo e incluso en los medios.
Pero, ¿por que no me hablas
un poco ahora tú a mí?
¿SIMPLEMENTE UN CONTENEDOR?
TV: Me halaga ser comparada con el borde del manto de Jesús. Se muy bien que
no soy nada mas que un «medio»; y, como todos los medios en definitiva, dependo
del use que hagan de mi. ¿No estás de acuerdo?
Creo que ahora estas siendo demasiado modesta.
Es verdad que para mucha gente eres solo una caja, un contenedor del que
podemos sacar cosas buenas y cosas perjudiciales. De hecho, hablamos de medios de
comunicación, esto es, de
mediaciones, de herramientas, de vehículos. Algunas personas
dicen: organicemos las cosas de tal manera que estos medios nos traigan
mensajes positivos y edificantes -y, si es posible, no aburridos-, pero
excluyamos los mensajes negativos. De este modo los medios nos conectaran con
la verdad, con lo que es bueno.
Pero me viene a la cabeza la mordaz critica sobre la TV de Pier Paolo Pasolini:
«Si los modelos que la gente joven tiene para vivir ha de proponérselos la TV, ¿Cómo podemos pretender que esta gente joven más expuesta y desprotegida no este criminalizada?
La TV ha cerrado la era de la piedad y ha puesto en marcha la era del placer».
Hay una opinión ampliamente
extendida de que es suficiente llenar los
medios de contenidos positivos e interesantes, y que los medios son por ellos
mismos cajas sustancialmente indiferentes a sus contenidos. Pero tu, querida
TV, no eres simplemente un contenedor. El hecho de que tú existas cambia de algún modo nuestra relación con la realidad.
¿UNA VENTANA ABIERTA AL MUNDO?
TV: Soy una caja, pero una caja abierta,
abierta al mundo de par en par. Sin mi, tú estarías encerrado en tu pequeño
caparazón, alejado de los sucesos del mundo que yo te traigo a casa.
Tienes toda la razón en lo que dices. Cuando entraste en nuestras casas a
mediados de los anos 50 te acompañaba un eslogan que nos animaba a
comprarte: «La TV es una ventana abierta al mundo». Y era verdad ese eslogan.
Hace pocos meses metiste en nuestras casas la Guerra del Golfo (aunque mezclando
imágenes de «archivo» con fotografías reales). Nos has permitido
mirar directamente a través del
extraordinario teleobjetivo que nuestra investigación científica y tecnológica ha producido para los
armamentos y, al mismo tiempo, ver lo absurdo de poner esta inteligencia al servicio de la destrucción. También has introducido en nuestros hogares el
incansable llamamiento a la paz lanzado por el Papa.
Cada
día nos haces respirar al compás del mundo. Con frecuencia
haces que contengamos el aliento, como cuando vemos la retransmisión en directo de algún intento de rescate dramático. Incluso anos después, quienes vieron tales
acontecimientos no pueden olvidar la experiencia.
Se
dice que gracias a los medios, y sobre todo a la TV, el mundo se ha convertido
ya en una aldea en la que todo el mundo sabe todo de todos los demás, una «aldea global».
Liberados de la ignorancia y constantemente mejor informados, deberíamos descubrirnos a nosotros
mismos con una comprensión del universo
mayor que nunca.
Pero esta imagen de la
«aldea» creada por los medios es engañosa: aun creando un cuerpo de información
cada vez más inmenso, los medios no han fomentado la comunicación. Uno que ha
estudiado los medios ha observado que, en teoría, deberíamos encontrarnos en un
universo mas compasivo porque esta mas minuciosamente informado, mas abierto y
mas capacitado para la interacción porque esta liberado de las ataduras de la
ignorancia o de la comprensión imperfecta, pero en realidad vivimos con una
actitud cada vez mas a la defensiva, encerrados como si estuviéramos dentro de
nuestras cavernas, en habitats psico-afectivos privados.
El eslogan de que la TV es una retransmisión viva de la realidad, una
«ventana abierta al mundo», es verdad solo en parte. El mundo que la pequeña pantalla trae a casa es una
imagen electrónica que solo
parcialmente se corresponde con la complejidad de la realidad filmada por una cámara de video. Hay un estribillo
habitual: «la belleza de la retransmisión en directo».
Pensamos que la retransmisión en directo puede
introducir en nuestros hogares la realidad tal como se desarrolla en tiempo
real. Pero las cosas no son así exactamente.
Entre la cámara de video que
filma un acontecimiento y yo, sentado delante del aparato de TV, hay un
complicado y artificioso proceso
de selección y construcción
de imágenes.
El director decide cuales de todas las imágenes deberían ser
difundidas. No recibo la realidad inmediata y viva sino solo aquellas imágenes,
aquellos puntos de vista de la realidad que el director ha decidido
seleccionar y transmitir.
Siempre veo una
realidad «producida», reconstruida de acuerdo con el punto de vista de quienes
producen la retransmisión. Todavía más cuando se trata de programación
«enlatada», segmentos grabados que son reconstruidos en una sala de edición.
El mundo que introduces en mi casa es artificial, un producto. Con todo lo
real que pueda parecerme este mundo, siempre permanezco como un espectador
externo y soy incapaz de interactuar con la realidad en la que tengo la
impresión di
¿INFORMADORES O DEFORMADORES?
TV:
Pero a pesar de todo, soy un medio de in formación, y soy tan importante que todos
quieren tenerme de su lado. En esto, no hago nada más
que multiplicar los servicios ya realizados durante algunos siglos por la prensa
periódica y diaria.
Si,
lo
reconozco. Eres importante.
Los poderes políticos
y las grandes fuerzas económicas tratan de tenerte a su propio
servicio. Aquellos que quieren mantener el poder, o derrocar a otros del poder,
deben tenerte en cuenta. Tanto los defensores del orden establecido como los
promotores del cambio buscan tus servicios.
Reconozco tu
función en el campo de la información, entendiendo por este término los datos,
las noticias, el contenido esencial que transmites. Tal rol formativo e
informativo era particularmente acentuado en tus primeros anos de vida. En
Italia, la gente de cierta edad recuerda un programa titulado «Nunca es
demasiado tarde», una serie de lecciones de recuperación para gente iletrada.
También había series llamadas o TV para chavales», con
programación producida para niños. Esta función «escolástica» de la TV, la
radio y los periódicos no debería ser infravalorada. En Italia se puede decir
que la unificación lingüística del país se produjo únicamente con la llegada de
la televisión, cien anos después de la unificación política.
Es verdad que Pasolini
acusaba a la televisión de eliminar los dialectos y la diversidad cultural y
humana de Italia con el fin de producir
una plana y banal «homogeneización». Pero incluso en esto es difícil señalarte
como única
culpable, mientras olvidamos tu papel en la difusi6n de información.
Pero el verbo «informar»
literalmente significa dar forma, modelar una realidad dada. Es nuestra
comprensi6n lo
que los medios «informan», esto es, modifican, dan significado y modelan. Lo
que le ocurre a nuestra conciencia cuando la exponemos a los medios es igual
que lo
que sucede cuando los niños juegan en la arena de la playa. La arena húmeda
apretada dentro de un contenedor o un molde toma la forma del molde, es
«in-formada». En este sentido los medios «in-forman», sobre todo porque dan una
determinada forma a la realidad, reinterpretándola de acuerdo a unos criterios
muy precisos y muy sesgados. La información televisada no escapa a las
limitaciones inherentes a los medios impresos. Sabemos que la elecci6n de lo
que es noticia y de c6mo informar sobre ello corresponde a los intereses del
director.
Los editores de un diario se
enfrentan cada día a una enorme cantidad de datos y acontecimientos. Cuáles
seleccionar, cuales sacar a la luz, cuales «censurar» o dejar de lado? Esta selección ya esta cargada de significado y
lleva consigo un juicio sobre lo que debería considerarse
importante. La elecci6n esta guiada por la «noticiabilidad» y la «vendibilidad»
(criterios que determinan que acontecimientos se convierten en «noticia» capaz
de atraer la atenci6n del público y vender periódicos). Tales
criterios tienden a favorecer una selección negativa de la información
y las noticias. La preferencia se inclina hacia lo escandaloso,
lo
perturbador y lo deprimente. «Lo negro vende mas que lo
blanco» es la regla de todos los directores de peri6dicos, pero vale igualmente
para todos los medios. Si el filtro predominante de todas las noticias sobre la
sociedad es negativo -se trate de política, de economía o de
inestabilidad social- no deberíamos sorprendernos del creciente y
generalizado descontento que sienten nuestros ciudadanos hacia la sociedad y
sus instituciones. No es descabellado establecer un vinculo entre este estilo
de información
de los medios y la progresiva perdida de confianza en todas las instituciones públicas
y privadas que se observa en muchos países, incluida Italia, desde los
anos 60.
Además, los directores y los periodistas están
continuamente reelaborando materiales ya desarrollados por agencias de
noticias y suministrados por amplias redes de bases de datos. Al menos el 80 %
de las noticias difundidas por el mundo pasan a través de las
cinco agencias de noticias más importantes. Por
rutina, estas agencias imponen sus propios juicios de valor implícitos y sus prejuicios culturales.
El peligro es muy real: el alejamiento de los
periodistas de sus fuentes, y por tanto de su misma profesión, aumentando la separación entre el escritor
y la realidad. El periodista se convertirá cada vez más en una especie de técnico especializado: del periodista-informador al
periodista-manipulador-de-información y al
periodista-tecleador.
De los bancos de datos, el más rico
y el más eficaz es el del New York Times. No hace falta decir que archiva solo
materiales que hayan aparecido en ingles. Esto significa que si ningún diario o
publicación periódica en ingles informa sobre un determinado acontecimiento,
para la persona que consulta esa base de datos es como si ese hecho no hubiese
ocurrido nunca. Este es un ejemplo de lo que se llama «imperialismo cultural»,
que también se da a través de las producciones de televisión. Piensa en
telenovelas como Dallas, Dinastía y The Bold
and the Beautiful,
vendidas o difundidas gratis en algunos de los países más pobres del
mundo.
En muchas escuelas, la gente joven
aprende como leer críticamente los periódicos de modo que puedan entender la
lógica que configura la construcción de las noticias. Don Lorenzo Milani y su
escuela de Barbiana nos han ensenado como hacer este tipo de lectura y así atravesar
ese muro del papel prensa que, en lugar de acercarnos, nos distancia de la
realidad. Este tipo de preparación también es necesario para el mundo de las
imágenes.