Ama, no juzgues ni condenes

J�venes Ministros | Imprimir p�gina | Biblia en l�nea | S�bado, 22 de Noviembre del 2008

El mundo esta lleno de personas rechazadas, de personas a las cuales se les han cerrado las puertas, a las cuales la sociedad ha dicho NO, personas a quien nadie ama, nadie ayuda y aun algunos piensan ser�a mejor que no existieran. �Cu�l es tu posici�n frente a estas personas? �Frente a aquellos que han fracasado, que han pecado, que se han ca�do, que han perdido la fe, que tienen una baja autoestima, que no tienen quien les extienda la mano?

�C�mo act�as frente a las dificultades de los dem�s? �Amas y ayudas? �O simplemente juzgas? A continuaci�n examinaremos cuatro casos de personas que necesitaban ayuda y la reacci�n de las personas que estaban a su alrededor.

JOB
El cap�tulo 1 de Job narra la dura prueba que Job tuvo que vivir; le mataron a sus criados; sus ovejas y pastores fueron consumidos por el fuego, se robaron sus camellos y todos sus hijos y sus hijas murieron al ca�rseles la casa encima por un gran viento. Como si esto fuera poco, tuvo que sufrir una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza.

Imagina que algo parecido a esto te sucede y una persona a la cual tu consideras como tu amiga, se acerca a darte el sentido p�same y te dice: ��Oh, Qui�n diera que Dios hablara, y abriera sus labios contigo...conocer�as entonces que Dios te ha castigado menos de lo que tu iniquidad merece� (Job 11: 5-6)

Job se encontraba terriblemente apesadumbrado, estaba muy mal de �nimo y estas palabras expresadas por su amigo no eran precisamente palabras de consuelo. �Cu�ntas veces nos encontramos con personas que est�n en medio de la prueba y lo �nico que pensamos es que esta en pecado, que esta pagando sus errores y que debe arrepentirse? �Cu�ntas veces nuestras palabras distan tanto del amor y se convierten en un juicio en donde condenamos a aquel que esta esperando un poco de amor y respaldo?

ANA
El capitulo 1 del primer libro de Samuel, nos narra la historia de un hombre llamado Elcana y sus dos mujeres: Ana y Penina. Penina ten�a hijos mas Ana no pod�a tener hijos. El mayor deseo de Ana era tener un hijo y el saber que no pod�a tener hijos era para ella un gran sufrimiento, esto la llenaba de dolor y aflicci�n. Y como si su dolor no fuera suficiente, deb�a soportar a Penina, que no solo era la otra esposa de su marido sino que adem�s la irritaba y la hac�a enojar a�o tras a�o record�ndole que no pod�a tener hijos.

�Cu�ntas veces nos burlamos de la gente por sus defectos f�sicos; por ser gordos, flacos, por su nariz, por su estatura; los presionamos porque no se han casado o porque no han tenido hijos sin saber la aflicci�n que les estamos causando? Muchos de ellos adem�s de soportar su situaci�n, tienen que aguantarnos a nosotros quienes en lugar de ofrecerles una alternativa, les lastimamos con nuestros comentarios.

ZAQUEO
Un hombre peque�o de estatura, jefe de los publ�canos y rico; no gozaba de muy buena fama ante la gente pues hab�a estafado a varias personas. Cuando oy� de Jes�s quiso conocerle, se subi� a un �rbol para ver a Jes�s; este lo invito a descender del �rbol y le dijo que se iba a quedar en su casa. (Lucas 19.1-6).

�Cu�l fue la reacci�n de la gente? En lugar de alegrarse porque este hombre se estaba encontrando con Jes�s quien podr�a cambiar su vida �murmuraban diciendo que hab�a entrado a posar con un hombre pecador� Lc 19: 7

�Cu�ntas veces nos hemos encontrado en la misma situaci�n? En lugar de procurar que la gente se acerque a Jes�s, les juzgamos y creemos que no son lo suficientemente dignos para estar con Jes�s, olvidando que el vino a buscar a los presos, a los enfermos, a los perdidos y a�n a nosotros mismos nos alcanz� por su misericordia pues tampoco lo merec�amos.

A continuaci�n encontraremos uno de los muchos ejemplos que nos da el maestro, Jes�s, ante estas personas que han pecado y claman por una nueva oportunidad.

LA MUJER ADULTERA
Imagina lo vergonzoso de su situaci�n, esta mujer fue sorprendida en el acto mismo del adulterio, la tomaron, la sacaron del lugar de donde estaba y se la llevaron a Jes�s dici�ndole que seg�n la ley de Mois�s, esta mujer deb�a ser apedreada y para tentarle, le consultaban su opini�n.

Jes�s pidi� a quienes la acusaban que el que estuviera libre de pecado lanzara la primera piedra. Todos acusados por sus conciencias se retiraron uno a uno quedando �nicamente los dos: La mujer y Jes�s. Esta mujer pecadora, llena de verg�enza estaba frente al santo Hijo de Dios, frente a Jes�s quien no conoci� pecado, frente a la �nica persona con autoridad para juzgarle Jes�s le dijo: �Ni yo te condeno, vete y no peques m�s� (Juan 8:10)

El �nico que pod�a arrojar la primera piedra ofreci� perd�n, ofreci� amor y ofreci� una nueva oportunidad a esta mujer pues Jes�s NO JUZGA A NADIE. �vosotros juzg�is seg�n la carne; yo no juzgo a nadie� Jn 8:15.

Y Jes�s nos invita a que no juzguemos sino que levantemos, restauremos y ayudemos. El no neg� el pecado de la mujer adultera, de hecho le dijo que no pecara m�s. As� mismo cuando veamos a alguien en una situaci�n dif�cil debemos ser como las manos de Dios para levantar, abrazar, confortar y apoyar. Nuestro rechazo es hacia el pecado no hacia el pecador pues la palabra de Dios dice: �Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con esp�ritu de mansedumbre, consider�ndote a ti mismo, no sea que tu tambi�n seas tentado�. Galatas 6:1

Puedes juzgar y negar la posibilidad a esa persona de encontrarse con Jes�s, o ser un canal de bendici�n y amor para todos aquellos que se encuentran perdidos, sin Dios o en una situaci�n de calamidad.

�TU DECIDES!
Y si has pecado, sin importar lo que hayas hecho, si te sientes alejado de El, al igual que con la mujer adultera; el te dice: Ni yo te condeno. El no vino para condenarte sino para salvarte; lo �nico que te pide es que le entregues tu vida para que sea El quien la dirija, te arrepientas de tu pecado y no peques m�s. Si quieres hacerlo, all� donde est�s puedes repetir esta oraci�n: Se�or Jes�s yo reconozco que soy pecador y me arrepiento de mis pecados. Declaro que tu eres el Se�or, que diste tu vida por mi y que el Padre te levant� de los muertos. Borra mis maldades y rebeliones, ay�dame a vivir una vida conforme a tu voluntad y escribe mi nombre en el libro de la vida. Amen

Sandra Milena Jara

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