Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Romanos 8:28
Llamados según el propósito de Dios (Leer Romanos 8:28-30)
¿Las cosas eternas son reales para nosotros? ¿Nos damos cuenta de que en la eternidad Dios ya tenía el propósito de llamarnos? Todavía no existíamos, pero Dios pensaba en nosotros. Con toda anticipación Él tenía un destino grandioso para los que íbamos a creer: quería hacernos semejantes a la imagen de su Hijo. Dios lo pensó cuando aún no había sido creado nada, cuando todavía no existía ningún ser humano y el pecado no había entrado en el mundo. Lo que Dios proyecta y dice, también lo cumple. Él puede lograr que unas criaturas pobres, insignificantes, rebeldes y perdidas se parezcan a su Hijo; pero para eso es necesario un cambio completo en la situación de esas criaturas. Esto es posible gracias a la obra del Señor Jesús. Por ello el Señor ocupará el lugar más importante, el lugar de honra entre todos aquellos seres humanos que se le parecen. Dios desea que su Hijo sea el centro radiante de todos los redimidos, de los que hemos creído.
Se ve muy claro en estos versículos 28 a 30 que Dios actúa según su propio propósito. No se habla de lo que nosotros hemos hecho como pecadores. Se puede ver que nada se escapa de las manos de Dios, aunque a nuestro alrededor todo parezca decir lo contrario. Él tiene un propósito para nuestra vida y lo cumplirá. Lo que Dios se propone se cumple. Si Él es el fiador que da la garantía, ¿podríamos dudar aún del resultado?
¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Romanos 8:31 ¡Dios está a nuestro favor!(Leer Romanos 8:31-34)
Reflexionando en todo lo que Dios ha hecho, exclamamos: ¿Qué, pues, diremos a esto? Dios mismo está por nosotros; Él está a nuestro favor. Quizás, a pesar de ello le seguimos teniendo un poco de miedo; miedo de aquel Juez que estaba en contra de nosotros. Pero ahora hemos visto todo lo contrario. Dios mismo lo proveyó todo cuando dio a su Hijo. No escatimó a su Hijo para poder adquirirnos. Y todas las cosas que Dios le ha dado al Señor Jesús como recompensa por su obra, las disfrutaremos con Él. Dios nos escogió para que estemos con él. Él mismo nos justifica porque nos ve en Cristo. Por la misma razón nadie puede condenarnos, porque Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Ahora está en el cielo y Dios le ha dado el lugar de honor, a su derecha. Cristo alcanzó la victoria y recibió la recompensa que le corresponde. Cristo intercede a favor de los suyos que se encuentran en la tierra orando por ellos, pues sabe cuán difícil es vivir en un mundo en el cual no se tiene en cuenta a Dios ni a su palabra. Él conoce por experiencia todo lo que nos sucede. Comparte lo que sentimos porque no se ha olvidado de lo que experimentó cuando vivió aquí.
"Tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos" (Hebreos 7:26).
Estoy seguro de que… ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8:38-39
¡Más que vencedores! (Leer Romanos 8:35-39)
Las cosas que ocurren a nuestro alrededor y aún las que van a suceder no nos pueden separar del amor de Dios. Hay guerras y desastres naturales pero no desmayemos por eso, pues el amor de Dios permanece con los creyentes. Respecto a las potestades, podemos pensar en poderes espirituales que tratan de socavar nuestra fe de una manera muy sutil, procurando que empecemos a dudar de la verdad de Dios. El amor de Dios siempre es más grande.
Tampoco nos dejemos deslumbrar por los logros del hombre, quien en su orgullo quiere ascender cada vez más en todos los campos. El amor de Dios está muy por encima de ello. Cristo Jesús, nuestro Señor, "subió por encima de todos los cielos" (Efesios 4:10). Allí tomó el lugar a la diestra de Dios, como vencedor.¿Puede una caída profunda después de la conversión separarnos del amor de Dios? Por hondo que hayamos resbalado, allí también está el amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor.
La conciencia de ese amor nos llevará a confesar nuestra falta para volver lo más pronto posible a gozar de la comunión con el Padre. Realmente no hay nada ni nadie que pueda separarnos del amor de Dios, ese amor en Cristo Jesús, nuestro Señor, que él manifiesta cada día de una manera tan sobresaliente a todos los suyos.
Jaime Montenegro Quintana
