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Síntomas de nuestro tiempo Lic. Teresa Ma. Cleris - Lic. Ernesto Vitale
"No
tengo tiempo", "no puedo parar", "no doy mas",
son frases que cotidianamente escuchamos y estamos habituados a
escuchar. A través de los medios, la sugerencia permanente es tomar un
antigripal que acelere la
cura, para rápido poder levantarse y así no (¿descubrir?) las cosas
que me van a pasar si me
quedo conmigo y esperar que esa gripe haga su proceso . Un chiquito
necesita un padre y una mujer un marido, entonces la solución se llama
". . . ." un complejo vitamínico que hará que este hombre
"dure" mas tiempo y supuestamente logre después de un día
arduo de trabajo, jugar con
su hijo y hacer el amor a su mujer como si nada hubiera pasado.
Ni hablar de la poco
feliz convivencia que tenemos con las contracturas, dolores de cabeza,
acidez estomacal, etc. Es
así como ignoramos que el
stress "puede" derivar en infartos, hipertensión arterial o
enfermedades autoinmunes, etc.
Lo cierto es que para que "paremos" muchas veces
tenemos que enfermarnos gravemente. Pero también es cierto que antes de
esa enfermedad, nuestro cuerpo mandó señales claras de que algo no
estaba funcionando y que nuestra ansiedad, nuestro stress, nuestros
miedos protestan en nuestro
cuerpo con un lenguaje
que tiene que doler y mucho para que escuchemos. Porque la mayoría
de las veces lo
anestesiamos, desoímos o
negamos y en el caso del
miedo, por ejemplo, la no atención prolongada de sus mensajes,
puede traducirse con el tiempo en
un "ataque de pánico",
síndrome desesperante para quien lo padece.
Si tomáramos la contractura, la reacción en la piel (alergia),
tics nerviosos, insomnio, etc. como
manifestaciones de la angustia y
el dolor, aprenderíamos a
cuidar de nuestro cuerpo antes de que "duela" y
sentiríamos sus señales antes de que se queje con tanta
intensidad. La angustia duele y nos duele en el cuerpo, generalmente la
sentimos en el pecho. Cuando una emoción
no se expresa es el cuerpo quien lo registra. Situaciones tensas son
desde el desempleo, hasta la ausencia de pareja, un examen, el deseo de
ser padres, etc. son apenas algunas de los síntomas que podemos
sentir.
Atender las manifestaciones corporales del stress, la angustia y
el dolor implica mejorar nuestra calidad de vida. Este tratamiento
apunta a una atención en
tres áreas diferenciadas: a)
Actividad
física, de manera que
mejore la circulación sanguínea; el tono muscular, y la secreción de
endorfinas (sustancia química relacionada con el placer) b)
Contacto
con el sentimiento y su posible proceso
(desahogo de la emoción) c)
Revisar
el sistema de creencias, a qué ideas estamos apegados y qué
sufrimiento nos ocasionan.
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