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Significación y cambio en los grupos (*) Lic. Fernando Bianchi Para
Kurt Lewin lo esencial de
la tarea del científico consiste en traducir correctamente los fenómenos
a conceptos. Al desarrollar la Teoría del Campo, su constructo más
importante fue precisamente el de “campo”. Toda conducta (ya sea
acción, pensamientos, deseo, voluntad, valoración, etc.) la entiende
como el cambio del estado de un campo en una unidad de tiempo dada. En
psicología, el campo al que nos referimos es al “espacio vital” del
individuo, que consiste en la persona y su ambiente psicológico tal
como existe para ella. Entonces
el problema será, primero, delimitar el campo a estudiar (persona,
grupo, organización). Una vez delimitado este campo, habrá que
determinar qué elementos se incluirán en la representación del
espacio vital. Hay elementos centrales que Lewin toma en cuenta para
definir el espacio vital. Uno
es la noción de existencia,
así el espacio vital estará definido por todo aquello que tenga
existencia para la persona o grupo, y excluya a lo que no la tiene.
Lewin atribuye existencia a todo lo que tenga efectos demostrables,
tanto que sean asequibles a la conciencia del individuo como los que no
lo son y de todas maneras lo influyen. Así incluye tanto motivaciones,
necesidades, estructura cognitiva, etc., como factores ambientales tanto
vinculares, sociales, políticos y económicos. Otra
característica es la interdependencia.
Todas las partes de un espacio vital dado son interdependientes, todo
cambio en alguna de ellas genera cambios en el resto y modifica
estructuralmente el espacio vital. El
tercer componente es la contemporaneidad.
Lewin afirma que los únicos factores determinantes de cierta conducta
en un momento dado son las características del campo en ese momento. Lo
pasado y lo futuro convergen en el presente Así
puede considerarse al campo como compuesto de regiones (intrapersonales,
interpersonales, físicas y sociales), cuyas demarcaciones son llamadas
fronteras o zonas fronterizas. El comportamiento de un individuo o grupo
es concebido como una “locomoción” fronteriza según vectores de
atracción y rechazo. Es
este campo el que va a ser determinante de la manera en que la persona
estructura su experiencia y de lo que asume como realidad –personal y
ambiental. Es como resultado de este campo que la persona va a sentir,
pensar y accionar en determinado sentido y no otro. Esta construcción
de realidad, es siempre una representación restrictiva, “el mapa no
es el territorio” enunciaba Korzybsky. Es este grado de restricción
el que influenciará en el proceso de contacto, tanto en su fase de
percepción como en la acción, limitando las posibilidades del campo. Es
así que en el proceso de creación y destrucción de gestalts
figura-fondo, posibilitará que ciertas figuras se destaquen con mayor
predominancia sobre otras, en relaciones de significación fijas y
estables. Y cuanto más fijas y estables se tornan, menos espontáneas y
creativas se vuelven las conductas, y mayor es la insatisfacción. El
campo en los grupos Hasta
aquí hemos visto el campo en función de un individuo y su ambiente.
Pero en el caso de los grupos, ¿cómo interactúan los distintos campos
personales en un grupo?, y en todo caso, ¿a qué podemos llamar campo
grupal? Lewin
dio una definición: el campo para un grupo es todo lo existente para
ese grupo en un momento dado. Entonces, ¿qué es lo que existe?, ¿es
aquello por lo que todos pueden dar cuenta?, ¿es aquello que podríamos
llamar consenso? A
mi entender, aquello que hace que un grupo sea grupo es una significación
compartida, fruto de una construcción grupal que a través de procesos
de aceptación y rechazo (identificación y alienación) se va
conformando como el código y el sentido del grupo. En el interjuego
entre los miembros del grupo aparecen nuevas acepciones de significado
de la relación figura-fondo que aportan novedad al campo grupal y por
lo tanto al personal. Esta
construcción grupal se nutre de las diferencias de los participantes y
estas diferencias nutren la propia experiencia, produciendo una ampliación
del campo, una expansión de las fronteras individuales. Cuando esta
expansión no se produce, no es posible conformar un grupo y lo que
resulta es un conjunto de individualidades cuyo resultado es la
competencia narcisista en lugar la cooperación característica de un
grupo cohesivo. Esto más allá de las funciones de cada individuo; ya
sea, en el caso de un grupo terapéutico,
referido tanto a los participantes como a los coordinadores. Sin
esta característica es imposible que un grupo llegue al grado de cohesión
adecuado para que el grupo produzca. Cuando en un grupo (u organización),
los individuos tienen agendas secretas, segundos motivos para pertenecer
al grupo, y estos motivos
personales son privilegiados frente al motivo grupal, se presentan
diferencias de significación entre los participantes que resultan en
que los esfuerzos del grupo no van en un mismo sentido. Además
de la construcción de sentido del grupo, en un grupo terapéutico se
presentan significaciones grupales acerca de los temas tratados. Así la
diversidad de puntos de vista y experiencias permite ampliar la concepción
que cada participante tiene sobre el mismo.
Cuando
hablo de significaciones grupales no me refiero a la identidad de
conceptos, ideas o sentimientos acerca de un tema, sino a la posibilidad
de brindar existencia a otras formas de ver el mundo, a ampliar el
sentido de realidad. Es
responsabilidad de los terapeutas cuidar que estas significaciones
grupales no se conviertan en nuevas normas restrictivas, que convierta
la novedad a asimilar en una regla a introyectar, en un modo
preponderante de ver las cosa, dirigiendo al grupo hacia una confluencia
entrópica que lleve a la anulación de las diferencias con la
consecuente pérdida de potencial terapéutico. O sea, no sólo deben
estar atentos a respetar y confirmar las diferencias entre los
participantes, sino que además es necesario que las potencien, aunque
esas diferencias sean a veces inquietantes, y generan más
incertidumbres que certezas. En
la práctica psicoterapéutica, es tarea de los terapeutas posibilitar a
los pacientes experiencias que permitan una comprensión más amplia del
campo, sus recursos y posibilidades;
y el grupo, como experiencia social reducida y cuidada, es una
herramienta sumamente beneficiosa para esa tarea. (*) Publicado en la revista Enfoque Gestáltico,publicación de la Asociación Gestáltica de Buenos Aires, Nº 33, Otoño de 2007
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