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El
lado oscuro del proceso grupal: ¿Territorio
de quién? Lics. Nora Spinetto, Fernando Bianchi, María Allende, Lidia González, Adriana Grabowski, Claudia Pires En
el trabajo con un grupo terapèutico, se parte de pautas de
funcionamiento como son el encuadre
y las leyes
grupales,
que intentan preservar la producción grupal libre de la mayor cantidad
de interferencias o interrupciones. Sin embargo, en el devenir mismo del
proceso terapéutico se manifiestan fenómenos que pueden detener o
interrumpir el proceso grupal. Es en estas situaciones que queremos
hacer figura, aportando la posibilidad de que se detecten estos
conflictos para que puedan ser trabajados. Los
enunciados que haremos se aplican a las terapias grupales
exclusivamente, diferenciando de estas las terapias mixtas con
alternancia grupal e individual. DEFINICION
DE GRUPO TERAPEUTICO
Tal como lo consideramos nosotros, es un organismo vivo orientado al
desarrollo y crecimiento de los integrantes. Formar parte de este
grupo, es formar parte de una red soportativa, uno cuenta con el otro, y
no tiene la intención de convertirse en un grupo de pertenencia que
funcione en el afuera de una manera social. FUNCIONAMIENTO
DEL GRUPO TERAPEUTICO El
funcionamiento del grupo se desarrolla de acuerdo a las siguientes
premisas: La
frecuencia es semanal Con
modalidad semiabierta, ya que es un grupo estable que incluye la
posibilidad de modificaciones por egresos -altas y deserciones- e
ingresos. Coordinado
por dos psicoterapeutas clínicos que comparten la responsabilidad de la
coordinación Se
incluyen pacientes de esos dos terapeutas. Desde
el momento que ingresan al grupo, esos pacientes no acuden a más
sesiones individuales, excepto situaciones especiales (duelos,
situaciones traumáticas, etc.) que requieran sesiones individuales para
el cuidado del paciente. En ese caso y según una de las leyes grupales,
se restituye el material estando todo el grupo enterado de la situación Tres
leyes grupales: Secreto
grupal:
equivalente al secreto profesional extendido a todos los
participantes. Restitución
del material:
Todo lo que suceda entre miembros del grupo fuera del espacio terapéutico
(reuniones, comunicaciones, etc.) debe ser restituido al grupo. Esto
incluye el material de sesiones individuales. No
se puede producir daños a personas o cosas. Incompatibilidad
de asociaciones entre pacientes (parejas, negocios, préstamos de
dinero, etc.) ESTRUCTURA
DEL GRUPO TERAPEUTCO En
un grupo terapéutico coexisten dos subgrupos claramente diferenciados:
los co–terapeutas y los pacientes. Estos tienen diferentes funciones: Los
terapeutas son quienes tienen la responsabilidad de convocar al grupo
bajo pautas claras y explícitas, de generar un espacio de desarrollo
personal que aporte la novedad necesaria para la transformación en un
ámbito de cuidado. Esta
responsabilidad implica un poder que detenta claramente la coordinación
y cuya primera lealtad es el bien del grupo. Otra característica es el
modo de interacción distinto entre los dos subgrupos. La pareja co-terapéutica
implica una frontera (ver esquema) que delimita un grado de intimidad
especial ya que tienen interacción fuera del grupo, hay cuestiones
personales que no son abiertas al grupo, del mismo modo que ideas, hipótesis
y conflictos entre ellos o con miembros del grupo que son revisados el
espacio de supervisión. Cuando
esta división de funciones se ve alterada por algún motivo, el grupo
entra en una fase resistencial, que altera la posibilidad de trabajo, la
cohesión y la confianza. Así es que se configuran roles disfuncionales
orientados a la satisfacción de necesidades individuales en detrimento
de los objetivos grupales, que
derivan en interrupciones del proceso grupal. Nos ocuparemos de tres de
ellos: la aparición de un líder
negativo,
la formación
de una pareja
u otras asociaciones,
y la alianza
perversa. LÍDER
NEGATIVO En
un grupo, el líder es la persona reconocida por el grupo como
orientadora y que tiene influencia sobre los demás. En un grupo terapéutico,
el liderazgo recae exclusivamente en los terapeutas. El
líder negativo se caracteriza por la competencia y / o rivalidad con
los terapeutas. Esto es así si se restringe el foco en la “persona”
del coordinador. Al ampliar la mirada a todo el grupo se evidencia como
este rol configura, con sus seguidores, un subgrupo disfuncional. Las
conductas que habitualmente denotan la existencia de un líder negativo
son cuando, por ejemplo, durante la sesión realizan intervenciones al
estilo de los terapeutas, dirigidas a sus compañeros y a los
coordinadores; o cuando entre sesiones un número significativo de
pacientes recurren a él para plantearle situaciones conflictivas. Si
el paciente abre la temática en sesión el líder negativo interrumpe
frecuentemente, contradiciendo o agregando datos, exhibiendo toda la
información que maneja. Más complicado aún es si el paciente posterga
la exposición del tema, siendo el primer perjudicado pero no el único
ya que esto afecta al grupo en su totalidad. La
dinámica grupal se verá obstaculizada si no se detecta esta disfunción
a tiempo, jugándose ciegamente una lucha por el poder entre los
terapeutas y el líder negativo. La detección en cambio, posibilita
trabajar las temáticas de poder, autoridad, obediencia, transgresión y
propia ley con todos los pacientes. En
relación al proceso terapéutico de los involucrados en este sub grupo
disfuncional, se manifiesta una modalidad resistencial. Al líder
negativo le sirve para evitar el contacto real con los propios
conflictos en la ilusión de ser el “más sano”, A su vez se
retroalimenta con la resistencia de los otros pacientes quienes
alivianan sus conflictos “como si” hicieran terapia entre sesiones,
de este modo contribuyen a sostener el rol. Los
conflictos no resueltos en el sub grupo de la coordinación dificultan
el legítimo ejercicio de la autoridad inherente al rol, posibilitando
el surgimiento de un líder negativo. Por
otro lado, en la medida en que los terapeutas desconozcan sus aspectos
dominantes y controladores, los proyectaran en el líder negativo y podrán
sentirse desplazados de la coordinación atribuyéndole a éste la
responsabilidad de las dificultades en la dinámica grupal. Estos puntos
ciegos los hacen incompetentes para comprender la situación y
trabajarla. Tenderán a sentirse atacados y amenazados y podrán
someterse y no intervenir o reaccionar autoritariamente. Es
indispensable que los terapeutas sean concientes de su propio eje
victima-victimario; solo teniéndolo resuelto podrán comprender que no
es algo que el paciente “le hace” al grupo, sino que es la
manifestación de una temática personal y propiciara el trabajo de la
misma como tal. Asimismo podrán trabajar con los seguidores las
cuestiones relativas a la resistencia, autoridad y transgresión. Hay
dos situaciones que nos interesa discriminar: cuando un paciente compite
con los terapeutas sin lograr seguidores, no es un líder negativo.
Tampoco lo es cuando un paciente y sus seguidores, ponen en evidencia
errores cometidos por los coordinadores. RELACIONES
SEXUALES Y ASOCIACIONES ENTRE LOS MIEMBROS DE UN GRUPO Hay
distintas posturas frente a la formación de una pareja, a las
relaciones sexuales y a las asociaciones de participantes dentro de un
grupo terapéutico. Ante la posibilidad de que aparezcan estas
situaciones, nos surgen los siguientes interrogantes: ¿Cuáles
son las implicancias para el grupo y los pacientes? ¿Para qué
existe la contraindicaciòn de estas relaciones entre los miembros
de un grupo? ¿Es de nuestra incumbencia, es necesario intervenir desde
nuestro rol de coordinadores? Lo
cierto es que, desde las diferentes líneas de psicoterapia de grupo,
hay una coincidencia en cuanto a la incompatibilidad de que integrantes
de un grupo terapéutico mantengan relaciones sexuales para el buen
funcionamiento grupal. Desde
nuestro enfoque, dicha incompatibilidad no es una prohibición,
sino una condición de pertenencia y participación. Si
se forma una pareja estable, una relación sexual, u otro tipo de
asociación, se crea dentro del grupo un nuevo subgrupo, una intimidad
que genera una energía bidereccional y esto interrumpe la energía
afectiva grupal. De
existir una relación amorosa o sexual entre dos integrantes,
necesariamente habrá material no “restituido”. El grupo
es una situación experimental, el grupo no es la vida misma, y como tal
es necesario tener reguladas ciertas variables. Por un lado
está el proceso del grupo y por otro el de los integrantes, y es tarea
para los coordinadores, hacer permanente y alternadamente figura
en ambos, sin perder de vista ninguna de esas instancias. La terapia
funciona en un espacio “como sí”, no es la vida, y si hay una
situación así, la vida se ha incluido dentro; algo “real” se ha
incluido dentro de un espacio simbólico. Al
principio, en las primeras experiencias grupales resolvimos que permanecía
uno de los pacientes y el otro debía irse del grupo. Pero ¿cuál de
los dos?, ¿quién elige?, ¿cómo vive el paciente que se queda el
permanecer? ¿Y el que se va? Con el tiempo consideramos que la
opción más adecuada es que ambos integrantes de la pareja se
desvinculen del grupo. Esta condición la explicitamos al
comenzar el grupo y cada vez que se incluye un integrante nuevo. No
es la única manera de resolver esta situación, algunos coordinadores
optan por que se vaya uno de los miembros. De todas maneras no es
tan importante el modo de resolución, como que los coordinadores estén
ejerciendo su rol con responsabilidad. Las crisis se general
cuando los coordinadores no se hacen cargo del poder de la conducción
del grupo, dando lugar a este tipo de situaciones. De
existir una relación amorosa o sexual entre los integrantes, es
evidente que el resto de los miembros del grupo se sentirán (y con razón)
excluidos de una escena de “intimidad” que se despliega ante
ellos, a veces restituyendo también en demasía material que no
es inherente al espacio grupal. Por otro lado, si
hacemos figura en el proceso individual de los pacientes implicados en
una relación de estas características estaríamos propiciando la
confluencia. Es evidente que los dos estarían observando constantemente
los temas personales del otro, perdiendo de este modo la intimidad
individual en permanente confluencia, lo que no les serviría terapéuticamente.
Cabría también la posibilidad de que hicieran una importante restricción
acerca de lo que pueden traer o no al grupo. De las dos
maneras se verían perjudicados ya que entrarían en conflicto las dos inserciones:
miembro de una pareja y miembro del grupo. Cuando
este tipo de relaciones y asociaciones se dan en alguno de
los subgrupos y que es muy complicada la forma en que impactan en la dinámica
grupal. Por lo tanto, lo que hay que considerar es cómo los
coordinadores están “cómodos” y cuál es su capacidad para
trabajar y con qué nivel de complejidad se consideran eficaces
para coordinar un grupo. En el caso de terapeutas que
recién comienzan a coordinar un grupo, sería conveniente que se
atuvieran a un encuadre con las características necesarias a fin
de acotar la cantidad de variables intervinientes en el sistema de
terapia grupal. Así como alguien que se sienta capacitado, con
vasta experiencia en grupos, podrá trabajar con un sistema de mayor
complejidad sin que se detenga o interfiera el proceso grupal, ya
que no hay una sola manera de hacer las cosas. Se
trata de que los co-cordinadores definan un encuadre claro detectando,
si hubiera, las trasgresiones al mismo, como la presencia de
asociaciones de miembros dentro de un grupo y sus efectos. La finalidad
es lograr la aplicación clínica de estrategias adecuadas para
reestablecer la producción del proceso terapéutico a nivel grupal e
individual de los integrantes. ALIANZA
PERVERSA El
tercer subgrupo que consideramos disfuncional por obstaculizar el
proceso grupal es la alianza perversa. Para
optimizar la comprensión del concepto tomamos cada uno de los términos
en su definición nominal. Alianza, según el diccionario, significa
acción de aliarse dos o más naciones, gobiernos ó personas; y
perverso es todo aquello que pervierte un orden o una ley. Es importante
aclarar que una alianza dentro de un grupo provoca unión entre ciertos
miembros y excluye a otros, pudiéndose dar tres variantes de alianza
perversa: 1. Los
dos co-coordinadores con un paciente. 2. Un
coordinador con un paciente. Un
coordinador con todo el grupo. En
el primer caso, el resto del grupo queda excluido, por consiguiente se
está traicionando la primera lealtad que es el grupo. En el segundo
ejemplo se excluye a uno de los coordinadores y al resto del grupo, lo
que además trae aparejado conflictos en la co-coordinación;
conflictiva que también se repite en el tercer caso. Vemos
entonces que la alianza perversa
pervierte
un orden, implica una relación asimétrica y supone una exclusión. La
presencia de una alianza perversa en un grupo necesita de la participación
de uno o los dos coordinadores, los aspectos no integrados en los
coordinadores que permiten la formación de este subgrupo disfuncional
son: Impericia
consciente o inconsciente: Si la impericia es consciente, la alianza
perversa puede convertirse en falla ética o mala praxis. Sin embargo la
alianza perversa frecuentemente puede darse de manera sutil,
generalmente inconsciente, donde el coordinador no se da cuenta de estar
estableciendo esta alianza. Puede ser evitando trabajar un tema en el
grupo, cuidando a un paciente o actuando con preferencias o con
concesiones con alguna persona en particular Conflictos
en la co-coordinación: Cuando existen conflictos no trabajados en la co-coordinación
se da una fisura donde fácilmente se cuelan alianzas. El grupo puede
ser usado para jugar estas diferencias de la co-coordinación. Obtención
de un beneficio y/o abuso de poder: La obtención de un beneficio es el
rasgo característico de este subgrupo, y preguntarse por el beneficio
puede ayudar a comprender y detectar
si se está incurriendo en alianza perversa. Rasgos
psicopáticos, manipulación, especulación: Si los coordinadores no
trabajan estos aspectos de sí mismos y quedan como aspectos
desconocidos, no integrados, es posible que los jueguen participando en
una alianza perversa. Para
resolver prevenir y resolver estas situaciones, se trata que los
coordinadores trabajen sobre sus aspectos no integrados en el sentido de
lo expresado anteriormente. Además es necesario el trabajo vincular de
la pareja de co-terapia, y la restitución
en el grupo de lo no dicho Partimos
de la base de que para que se produzca una alianza perversa, alguno de
los aspectos no integrados descriptos tiene que darse en ambos
coordinadores, ya que al trabajar en co-terapia, el terapeuta que no
esta involucrado desde su punto ciego podría advertirlo. Entonces se
resolvería dentro de la co-coordinación
o sería motivo de conflicto por lo que se trabajaría la problemática
en un espacio de supervisión. PROCESO
GRUPAL DETENIDO Cuando
en el proceso grupal se produce alguna de estas interrupciones, se
observan las siguientes alteraciones en la dinámica: Alteración
del contacto Falta
de compromiso Evitación Desconfianza Superficialidad
en los temas Distancia
emocional, no hay resonancia Actuaciones,
ausencias Cuestionamiento
a la coordinación El
grupo se pone opinador, consejero, reclamador, descalificador, etc. Concluyendo,
no
es tan importante el modo de resolución como que los coordinadores
ejerzan su rol con responsabilidad. Las crisis emergen cuando los
coordinadores no se hacen cargo del poder de la conducción del grupo
dando lugar a actuaciones propias o por parte de los participantes. Para
eso es necesario el trabajo
de los puntos ciegos en los coordinadores así como un claro
conocimiento de los aspectos no resueltos que pueden interferir en la
tarea. Es necesaria también la supervisión de la co-coordinación y
del proceso grupal, para evitar que las situaciones ocultas generen un
sedimento que dificulte el vínculo entre los coordinadores y se pierda
eficacia en la labor terapéutica. (*)
Nora Spinetto, Fernando Bianchi son Licenciados en Psicología y
coordinadores del Departamento de Grupos de AGBA;
María Allende, Lidia González, Adriana Grabowski y Claudia Pires son
Licenciadas en Psicología y miembros del Departamento de Grupos de AGBA. Trabajo
Publicado en Enfoque
Gestáltico,
Año XII Nª 34, Invierno 2007
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