Villa Gesell 13/1/2001
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(Gracias Ivan 'El Capo 87 por la entrada)

 

Villa Gesell 2001 – Autocine 13 de Enero :

El sol empezaba a asomarse por la mañana de Gesell, cuando comenzó a verse gente que llegaba al lugar trayendo sus mochilas encima y daba vueltas por la ciudad buscando donde quedarse para pasar el día.  Por eso es que la mayoría huyeron para las playas.  Así, desde temprano, los piojosos teñimos las calles y las playas de muchos colores colgando banderas y luciendo con mucho orgullo nuestros trapos.  Había gente de todos lados, Caballito, Casanova, Tapiales, Ciudad Jardín, Caraza, Escalada.  Todos, yirando por las playas con las mochilas a cuestas y esperando que llegue la hora del recital.
Al atardecer... los piojosos empezamos a poblar las calles de la ruta al Autocine.  Ya se veía la alegría en las caras de todos los que, con esfuerzo, pudimos llegar hasta ahí.  Y, poco a poco, la luna se iba asomando e iluminaba nuestro verde paisaje mostrando que Gesell esa noche se vestía de fiesta.
Las caras dentro del estadio ya eran conocidas y el ritual el mismo de siempre.  La ansiedad a medida que pasaban las horas se hizo presente en todos y cada uno de los que estábamos ahí, esperando que salga el Ciro y su gente para que comience el carnaval.
Y llegó la hora esperada; se empezó a escuchar por los parlantes la voz de Andrés que repetía continuamente:  “Y uno es todos y todos somos uno”, recordándonos que somos parte de la familia piojosa.  De golpe, los cinco salieron al escenario y para sorpresa de todos empezó a sonar Babilonia.  Y el campo estalló de felicidad.  Así empezó a vivirse la fiesta con muchos temas viejitos que nos conmovieron a todos.  Ximenita fue el segundo y que nos hizo saltar como nunca, María y José, Reggae rojo y negro, Ay ay ay, Angelito, siguieron la noche.  Se escuchó la voz de Discépolo hablando sobre la vida y continuaron ellos con Yira yira.  Después llegó la melancolía con Ando ganas y se podían ver las caritas de los presentes recordando a alguien.  Ahí nomás Ciro le entregó el micrófono a un amigo y se escuchó Fijáte, y Micki brilló cuando se adueñó del escenario. 
Llegó Luz de marfil, y de nuevo la fiesta.  Desde lejos no se ve, Vine hasta aquí, Pistolas, Manise, y volvió la ternura cuando nadie lo esperaba con La luna y la cabra.  Todos pedían Muy despacito, pero la lista no parecía incluirlo.  En cambio se tocaron temas que estallaron el descontrol y la emoción de todos los que sentimos los rituales, como Cruel, Maradó y Llévatelo, que desataron esa locura impresionante que entendemos los piojosos de corazón.  Otra sorpresa fue que volvieron a sus viejos tiempos tocando el Blues del gato sarnoso, que sorprendió a más de uno porque no es un tema que tocan con frecuencia.
También sonó Mi babe, y ahí fue cuando Ciro prometió aprenderse la letra para la próxima, nos emocionamos con Ruleta, saltamos con Qué decís, y se empezó a asomar el final con las amenazas de que ése era el último tema de la noche.  Llegó Muévelo, Shup shup que fue elegido por todos cuando Ciro dio la posibilidad, Around and around, Zapatos de gamuza azul y sin darnos cuenta ya se nos había ido la noche cuando, como de costumbre, comenzaron a escucharse los acordes de Finale y a medida que se nombraban los trapos se nos fue apagando la alegría de a poco porque ya se estaba acabando el ritual.
Tocaron muy bien, como siempre, y de eso no hay dudas.  Pero más allá de eso, para muchos de los que estábamos ahí y para los que los siguen a casi todos lados, fue mucho más que eso.  Al menos yo en unos segundos que me detuve a mirarlos me di cuenta de que estoy orgullosa de lo que son y de cómo son, de que aunque todavía se lo extrañe al Dani, Roger supo ganarse su lugar y el aplauso que se merece; de que Pity y Tavo con sus violas forman un dúo impresionante; de que Micki es un maestro con el bajo y con las caras que nos regala desde arriba del escenario; y de que el Ciro es el dueño del lugar cuando se sacude bailando como nadie, de que hacen y deshacen las melodías como ellos como quieren y nos llevan a toda su gente a ser parte de la fiesta, del ritual, de ese conjunto de emociones que pocos sentimos y que ese sábado nos confirmó que uno es todos y todos somos uno, y que sólo entendemos los que lo vivimos de adentro, porque desde lejos no se ve...

"Gaby" Paez "piojosa de Escalada"

 

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