LA
CANTERA DEL ALBA
Cuando Luís Castelo me propone un artículo que haga referencia a mi visión personal sobre la labor de cantera en el Alba de 1991, creí que se estaba equivocando de informador, pues en Albacete existen personas más autorizadas para hablar de ese tema. Pero por otro lado, pensé que no estaría mal aportar un punto de vista externo, de alguien que vivió aquel año de modo distinto a como lo hicieron la “gente de la casa”, teniendo a favor la perspectiva que da el paso del tiempo.
La primera sensación que tuve al incorporarme al club fue la de trabajar en una institución agradable, acogedora, que vivía la época más importante de sus 50 años de vida. Un club compuesto por gente sencilla, desconocida para muchos, pero muy preparada y con las ideas muy claras sobre cómo hacer avanzar al Alba.
Repasando publicaciones de aquellos días, pude constatar que todos coincidían en afirmar que el éxito del ascenso se debió, fundamentalmente, a la visión empresarial en cuanto al manejo del club que tuvo su presidente, Rafael Candel. Se rodeó de excelentes profesionales en todas las parcelas, quienes deberían rendirle cuentas a él a cambio de una absoluta libertad para actuar. Este criterio no es fácil encontrarlo en el mundo dirigencial del fútbol, ni en aquel entonces y ni mucho menos ahora. Aplicar el sentido común suele aumentar las posibilidades de éxito, como quedó demostrado en aquellos momentos.
Centrándonos en el trabajo del fútbol base, el club contaba con un excelente cuerpo técnico, como el paso del tiempo se ha encargado de demostrar, no sólo por lo que se hizo en el Albacete sino por lo realizado también fuera en temporadas posteriores.
Benito era el líder, que junto a Carcelén, Ginés y Antonio Flores se encargaban de diseñar las líneas de trabajo y la filosofía deportiva que iba a caracterizar al Albacete.
El resto, Javier Val, Vizcaíno, Andrés y los demás nos afanábamos en poner en práctica.
Era realmente un grupo de trabajo, que funcionaba como un reloj. Se conocían de años atrás, eran amigos y compartían una misma idea futbolística, por lo que es fácil entender que las cosas salieran bien.
Los lunes nos reuníamos en la sede del club en la calle del Ángel, para organizar la semana de entrenamiento, horarios, campos, actividades y demás. Cada técnico pasaba su informe escrito y oral, sobre su semana de trabajo, partidos disputados, equipos observados, jugadores seguidos y otras incidencias.
Las cenas que precedían a estas reuniones, a las que se unían Juanito y de vez en cuando Floro, eran una delicia para mi, porque oír hablar de fútbol o de cualquier otro tema a semejantes monstruos, no estaba al alcance de todo el mundo.
La mayoría de estos técnicos son docentes, lo que ayudó mucho a la hora de transmitir en la práctica todos los conocimientos a los jugadores. Esta circunstancia, en mi opinión, fue importantísima para el buen funcionamiento de la cantera, ya que se contaba con profesionales especializados en niños y adolescentes, quienes podrían sacar un mayor rendimiento. No sé si fue casual o premeditado, pero se rompió con el modelo del exfutbolista metido en la base, cuyo objetivo es iniciar su carrera como entrenador y que nada tiene que ver con una visión global o empresarial de club, que busca resultados a larga plazo, como se pudo comprobar años después con los logros obtenidos en juveniles (campeón de la Copa del Rey) y con el afianzamiento de un gran número de futbolistas en el plantel profesional, procedentes de los equipos inferiores.
En el apartado de instalaciones se puede decir que estábamos mal. Solo contábamos con le campo de la Federación, Veteranos y el Carlos Belmonte, más el gimnasio de Magisterio. A pesar de que las condiciones no eran las mejores, se le sacó mucho provecho, debido fundamentalmente a la enorme ilusión que todos le poníamos, lo que hacía que superásemos cualquier inconveniente.
Para los jóvenes no era una utopía jugar en el primer equipo, ya que podían ver cómo cada domingo Catali, Parada, Coco, Antonio, entre otros, hacían realidad su sueño de jugar en la élite de la mejor liga del mundo, cuando un par de años atrás tenían que disputar encuentros en los mismos escenarios que los chicos, y pasar las mismas calamidades.
Toda esa experiencia me ha servido de mucho a lo largo de mi carrera. Cuando he tenido oportunidad de poner en práctica lo vivido aquel año, los resultados han sido excelentes, como ocurrió en Alianza Lima, donde era el responsable absoluto del fútbol base y donde el modelo aplicado se asemejaba mucho al del Alba, con una idea futbolística común, compartida y desarrollada al pie de la letra por todos los equipos, con una misma metodología de trabajo, una dirigencia que dejaba trabajar y unos resultados deportivos que no tardaron en llegar en forma de títulos tanto en la base como en el equipo profesional. Con el debut y consolidación en el primer equipo de chicos de la cantera, y con traspasos a clubes europeos de jóvenes jugadores que permitían reiniciar el ciclo.
Esta filosofía institucional he tenido oportunidad de verla en directo en el Ajax de Ámsterdam, lo que reafirma el punto de vista tan acertado que se tenía en aquel Albacete de 1991 y que ahora es aplicado por más clubes, como por ejemplo Villarreal, Bilbao, entre otros.
Para el futuro pienso que el Albacete ha de tener claro que como club modesto en primera división ha de invertir mucho en la base (en la mejora de sus instalaciones, del material y de la formación de sus técnicos), tratando de mantener una filosofía de juego característica, con una gran red de captación de jugadores jóvenes no solo de Albacete, sino de cualquier parte de España, y al mismo tiempo tener un conocimiento exhaustivo del mercado internacional, tanto europeo como sudamericano o africano.
Creo que la política deportiva de cantera ha de ir dirigida a consolidar al menos un jugador por año en el equipo profesional, sin descartar a gente veterana que aporte experiencia y saber estar, así como algunos futbolistas cedidos que puedan elevar el nivel de calidad y competencia de la plantilla. Cada año debe haber más gente formada en la casa.
Todo esto unido a la incorporación de un entrenador que trabaje con las premisas antes expuestas y que debe adaptarse a la filosofía del club. Este año se acertó en la contratación de Ferrando, como ha quedado demostrado, ya que se ciñe al perfil descrito. Hombre serio y riguroso, con experiencia en la cantera, con personalidad y ansias de triunfar.
Los responsables del área deportiva deben tener un conocimiento amplio del mercado de entrenadores, tanto para la base como para profesionales, para saber a quien contratar siempre que se ajuste a lo que el Alba requiere, de tal modo que el técnico del primer equipo con el paso de los años, puede ser formado en la casa tal y como ocurre con el Ajax.
En esta nueva andadura en primera división les deseo los mejores éxitos al Albacete y ojalá sigan aplicando el sentido común en sus acciones. Sería intolerable una mala gestión deportiva y económica después de la experiencia acumulada. Confío en que así será.
BERNABÉ
HERRÁEZ