Serrana
Desciende
de la sierra viento helado,
frío invernal que trajo nieve pura,
blanco manto que luego así perdura
dejando nuestro corazón callado.
De mañana
con ella me he cruzado,
de la tienda salía con premura,
bolsa llena: fruta, alguna verdura;
a Covilhá pronto había bajado.
¡Ay
serrana! Si tus ojos son fuego;
tienen tanta luz como el sol altivo,
que los crudos inviernos, como un juego,
aparece
entre las nubes furtivo
y se refleja en tus pupilas luego;
de tu mirar quedo siempre cautivo.
Juan Vicente Santamaría
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