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Para Pensar VIII
Para Pensar en:
"El Arte y La Emoción"
Alguna vez te paraste frente a un cuadro, frente a una pintura y seguramente la observaste con atención, reparaste en sus detalles, en su color, en los objetos que el pintor utilizó para componerla, buscaste en algún lugar de la misma algún mensaje, explícito o críptico que el autor hubiera incrustado en la tela. Reconociste al autor, a sus maestros, a la época en la cual le toco vivir y que de seguro impactó en sus trazos, y todo ello se redondeó en una opinión que hiciste para vos y que también trasladarías a todos aquellos que te preguntaran sobre tu impresión de esa pintura o de ese pintor. De la misma manera, te informaste de que se trataba El Lago de los Cisnes, quien era su autor, de donde había salido la inspiración para componer semejante obra, de cómo se desarrollaba la misma y de que manera el trazo que dejarían los bailarines y bailarinas en escena, irían dibujando la historia construida musicalmente, esto es, una vez que te acomodaras en la butaca del teatro, querías entender todo lo que se te expusiera visual y musicalmente. También, y de igual modo comenzaste la lectura del último best-seller, eran un autor y una obra que no podías perderte y cuya lectura sería tema obligado de las reuniones de tus amistades, de que trataba, como se trataba, cual era el punto de vista del autor, ¿había pintura de su sociedad? ¿había un mensaje? Y de pronto un día te cruzaste con un amigo, con el cual comentaste tus ultimas experiencias con el arte y el te contó que había estado en el Museo del Prado frente a una obra de Goya, del período “negro” y que se encontró retrocediendo de a poquito pues la pintura le producía algo así como miedo, de la misma manera que expresó que la pintura de Velásquez le puso "la piel de gallina” y que cuando visitó La Alambra, en Granada, viendo los alrededores, desde sus muros, “sintió” en el interior de su cabeza la música de Albeniz y se le humedecieron los ojos. ¿Te quedaste de una pieza?... pregúntate: ¿Se te habría ocurrido alguna vez pensar que el arte podía pegarte en la piel y emocionarte, aun sin saber quien era el autor y que “estilo” de arte cultivaba? ¿Se te habría ocurrido alguna vez encerrarte en tu habitación a oscuras y dejar que la música de Chopin o Granados o Listz “impresionara” tus sentidos hasta que tu piel se erizara o tus ojos lagrimearan? Entender y analizar el arte racionalmente ¿no es un objetivo de mínima? ...¿sentirlo y emocionarse... no será el verdadero objetivo? Conocer la historia del artista, su entorno, su tiempo, sus maestros, sus experiencias de vida.... ¿no incide decididamente cuándo nos exponemos a su obra?, ¿no nos condiciona? ¿No será mejor percibir, que observar o escuchar o entender? Y al proponernos percibir una obra de arte, ¿no será mejor el diálogo directo desde la emoción del artista al crearla, hasta nuestra emoción al verla o escucharla, tratando de evitar cualquier condicionamiento? ¿No será que además del intelecto, también debemos lograr un importante desarrollo de los sentimientos y del alma? Juan José Fernández Cruz y Lorca Para pensar la emoción.
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