1.- Mi obra está aquí, en esta Salamanca, donde he luchado y donde quiero morir.

2.- Alto soto de torres que al ponerse
tras las encinas que el celaje esmaltan
dora a los rayos de su lumbre el padre
Sol de Castilla.
Bosque de piedras que arrancó la historia
a las entrañas de la tierra madre,
remanso de quietud, yo te bendigo,
¡mi Salamanca!
Al pie de tus sillares, Salamanca,
de las cosechas del pensar tranquilo
que año tras año maduró en tus aulas,
duerme el recuerdo.
Duerme el recuerdo, la esperanza duerme
y es el tranquilo curso de tu vida
como el crecerde las encinas, lento,
lento y seguro

3.- Lo único que el hombre cumple en serio es nacer.

4.- El niño al nacer llora, y al abrir lo ojos a la luz sonríe;
el soplo duro de la tierra le causa dolor y la luz que ilumina el mundo le recrea.
Aquel primer vagido al aire y aquella primera sonrisa a la luz alientan toda su vida.

5.- Aparte de no haber una noción normativa de la salud,
nadie ha probado que el hombre tenga que ser naturalmente alegre.
Es más: el hombre, por ser hombre, por tener conciencia, es ya,
respecto al burro o al cangrejo, un animal enfermo.
La onciencia es una enfermedad

6.- Yo no digo que merezcamos un más allá, ni que la lógica nos lo muestre;
digo que lo necesito merézcalo o no, y nada más. Digo que lo que pasa no me satisface,
que tengo sed de eternidad y que sin ella me es todo igual. Yo necesito eso, ¡lo ne-ce-si-to!
Y sin ello ni hay alegría ni la alegría de vivir quiere decir nada.

7.- Con razón, sin razón o contra ella, no me da la gana de morirme. Y cuando al fin me muera,
si es del todo, no me habré muerto yo, esto es, no me habré dejado morir, sino que me habrá matado el destino humano.
Como no llegue a perder la cabeza, o mejor aún que la cabeza, el corazón, yo no dimito de vida; se me destituirá de ella.

8.- Mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad,
aun a sabiendas de que no he de encontrarla mientras viva.

9.- Unos cuantos sabios, verdaderos sabios, maestros de verdad, guardan más a la patria que algunos batallones

10.- Oh, Salamanca,
entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes
mientras los campos que te ciñen daban
jugosos frutos

