La realidad es que la cultura vasca a través de los siglos se reduce casi exclusivamente al folklore. La lengua vasca no ha producido ninguna obra de consideración. Ha habido grandes hombres nacidos en el país vasco, pero cuanto han producido, sea en el campo de la literatura, como Unamuno, Baroja, Zunzunegui, o en la navegación y exploración, fue al servicio de España y en calidad de españoles. El vasco es español, y sin la opción española, su aportación a la cultura universal sería insignificante.

 
 
 
 
 
Las negras alas del mito 
de una patria inexistente 
proyectan sombras de ideas 
a un país que se las cree. 
En siniestros aquelarres 
brujas en marmitas cuecen 
elementos culturales 
que los fanáticos beben, 
dogmas que la alquimia abraza, 
y que la ciencia aborrece. 
Los espíritus estrechos 
que acaparan los poderes, 
cuando piensan, sólo piensan 
en que los demás no piensen. 
Hablan a gritos, razones 
y lógica del que miente, 
o del cerebro inseguro, 
o de quien sabe que pierde. 
Y en la oscura pesadilla 
del intelecto que duerme, 
sueñan absurdas quimeras, 
promulgan drásticas leyes, 
alzan murallas sociales 
y paralizan las mentes. 
Se inventan una cultura 
que la Historia no sostiene; 
y fantasean fronteras 
de un país independiente 
que fue sólo una comarca 
teñida de azul y verde. 
Los vascos universales 
no lo fueron tras los bueyes 
y ovejas del caserío; 
lo fueron en otro ambiente. 
No al servicio de entidades 
de un terruño que coerce, 
de horizontes limitados, 
caminos que no se extienden. 
Los espíritus gigantes 
no toleran las paredes, 
aunque bendigan la casa, 
y aunque vuelvan a sus fuentes. 
Deben extender las alas, 
o sus almas languidecen. 

Blasco de Garay, Elcano, 
Oquendo, Irala, se mueven 
con Baroja y Unamuno; 
hermanos todos que vienen 
sobre el mar, sobre los libros, 
sobre extraños continentes; 
vascos que se sienten vascos, 
y españoles permanecen; 
pilares de una cultura 
que les hizo y les retiene. 
Y si hubieran anidado 
en las ramas del vascuence, 
hubieran sido Don Nadies, 
anónimos, simples gentes. 
No me cantéis la leyenda 
de un país independiente, 
que nunca lo fue, aunque algunos 
lo imaginan o pretenden. 
Castellanos, andaluces, 
catalanes, leoneses, 
vascos, gallegos..., granamos 
todos de idéntico germen, 
todos nos necesitamos, 
nadie es autosuficiente.
 

Gorka Basurto Ercilla
 


 

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