Las negras alas del mito
de una patria inexistente
proyectan sombras de ideas
a un país que se las cree.
En siniestros aquelarres
brujas en marmitas cuecen
elementos culturales
que los fanáticos beben,
dogmas que la alquimia abraza,
y que la ciencia aborrece.
Los espíritus estrechos
que acaparan los poderes,
cuando piensan, sólo piensan
en que los demás no piensen.
Hablan a gritos, razones
y lógica del que miente,
o del cerebro inseguro,
o de quien sabe que pierde.
Y en la oscura pesadilla
del intelecto que duerme,
sueñan absurdas quimeras,
promulgan drásticas leyes,
alzan murallas sociales
y paralizan las mentes.
Se inventan una cultura
que la Historia no sostiene;
y fantasean fronteras
de un país independiente
que fue sólo una comarca
teñida de azul y verde.
Los vascos universales
no lo fueron tras los bueyes
y ovejas del caserío;
lo fueron en otro ambiente.
No al servicio de entidades
de un terruño que coerce,
de horizontes limitados,
caminos que no se extienden.
Los espíritus gigantes
no toleran las paredes,
aunque bendigan la casa,
y aunque vuelvan a sus fuentes.
Deben extender las alas,
o sus almas languidecen.
Blasco de Garay, Elcano,
Oquendo, Irala, se mueven
con Baroja y Unamuno;
hermanos todos que vienen
sobre el mar, sobre los libros,
sobre extraños continentes;
vascos que se sienten vascos,
y españoles permanecen;
pilares de una cultura
que les hizo y les retiene.
Y si hubieran anidado
en las ramas del vascuence,
hubieran sido Don Nadies,
anónimos, simples gentes.
No me cantéis la leyenda
de un país independiente,
que nunca lo fue, aunque algunos
lo imaginan o pretenden.
Castellanos, andaluces,
catalanes, leoneses,
vascos, gallegos..., granamos
todos de idéntico germen,
todos nos necesitamos,
nadie es autosuficiente.
Gorka Basurto Ercilla
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