Las mujeres de ETA no han tenido un protagonismo propio; parecen estar totalmente subordinadas al hombre terrorista. Alquilan pisos que sirven de base a los comandos, en gran parte masculinos, y en ocasiones participan como figuras de fondo en los ataques terroristas. Igualmente culpables, igualmente cínicas, igualmente asesinas aunque no siempre  aprieten el gatillo.

 
 

He visto en las estaciones
sus rostros de delincuentes,
sin la altivez o la furia
típicas de los rebeldes. 
Retratos en blanco y negro
de fugitivas que envuelven
en cuerpos de abril plomizo,
almas de glacial diciembre.
Tan lejos de la elegancia,
de la seducción que ofrecen
con sus tácticas expertas
las del cero cero siete.
Estas son vidas fallidas,
hiedra capaz de extenderse,
pero que para elevarse
se abrazan a lo que pueden,
hoy turno de pistoleros
para jugar a la muerte.
Y como ellos, en la sombra,
porque a la luz no se atreven.
Tal vez empuñan pistolas,
fortaleza del enclenque,
o quizá es la compañía, 
no la idea quien las mueve.
Matrices yermas, ignoran
la sonrisa que florece
sobre la cuna apacible
en labios de pocos meses.
Y al matar, no se preguntan
si hay huérfanos inocentes.

Mujeres tan sólo a medias,
que no saben lo que quieren,
ni conocen la ternura, 
ni su propio odio comprenden.
Pero matan, insensibles, 
aunque otro el gatillo apriete.
 
 

Gorka Basurto Ercilla
 


 

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