Los anarquistas y la ética Joao de Oliveira. Acçâo directa.
Contrariamente a las diferentes corrientes políticas que se basan en abstracciones santificadas (Nación, Pueblo, Humanidad, Clase Obrera, etc.) y que, por esta razón, consideran a mujeres y hombres concretos como seres despreciables, el movimiento anarquista, en su diversidad, se basa en las individualidades humanas.
Como es evidente, no se trata aquí de una nueva abstracción pues, en este caso, cada individuo humano es considerado no sólo como un ser único sino también como un ser social, o mejor, como un ser cuya supervivencia y desarrollo dependen de la existencia, en el seno de la humanidad, de una eficaz cooperación, de un apoyo mutuo. Para los anarquistas la sociabilidad, que constituye un factor esencial de los sentimientos y principios éticos, es una característica esencial de los seres humanos, hombres y mujeres.
En el hecho de basarse en el individuo humano, considerado también como un ser dotado de una dimensión ético-social, el movimiento anarquista considera las diversas asociaciones humanas como meros instrumentos de sus componentes. Para el movimiento anarquista, la sociedad debe tener como finalidad no el progreso de la humanidad o la satisfacción de los intereses de la mayoría, sino la felicidad, la libertad, de cada uno de sus componentes. Por consiguiente, la creación de condiciones sociales que hagan posible la afirmación plena de cada personalidad humana y la satisfacción de sus necesidades, constituye el objetivo global de la lucha anarquista. Como es evidente, la creación de las referidas condiciones es indisociable de la elevación del nivel moral de los seres humanos, de la creación de una ética superior. En suma, y por basarse en la persona humana concreta (en su personalidad y en su dimensión ético-social), el movimiento anarquista, contrariamente a los diferentes partidos políticos, no puede dejar de tener una práctica basada también en principios éticos. Esto constituye el aspecto de la práctica anarquista, que la hace cualitativamente diferente de la acción política. Contrariamente a los políticos, para los anarquistas el fin no justifica los medios; contrariamente a los marxistas, los anarquistas no luchan por "una emancipación" de la clase obrera, hecha en detrimento de millones de proletarios concretos (como hicieron los marxistas-leninistas en la URSS y en otras regiones; en estos casos, el objetivo real de la acción era reforzar la dictadura de un partido político, apoyada en una nueva forma de capitalismo, el capitalismo burocrático de Estado). El hecho de que los anarquistas se basen en el individuo humano no significa en modo alguno que se opongan a la lucha de clases, o que no participen en ella. Al contrario. La lucha anarquista es parte integrante de la guerra social que opone, directamente, sin intermediarios de ninguna especie, las capas sociales pobres, explotadas y discriminadas a la clase dirigente y explotadora. Además, la libertad individual por la que luchan los anarquistas es indisociable de la igualdad social, es decir, la supresión del Estado y de las clases sociales. Es precisamente la supresión de las clases sociales la única forma de liberar de la opresión capitalista y estatal a cada proletario concreto. Lo que no podemos aceptar en modo alguno es que se conciba a cada individuo como una mera parte de un todo, como un mero miembro de su clase, en suma, como una abstracción y no como un individuo entero.
Contrariamente a lo que afirman los marxistas situacionistas, para quienes sacar el dinero a la burguesía constituye una condición y un aspecto esencial de su "revolución" cotidiana, que defienden por tanto el amoralismo, la ética anarquista es algo totalmente diferentes de las "morales" religiosas. La moral anarquista no es coactiva ni está determinada por cualquier tipo de premios, ilusorios o no. Para los anarquistas, los comportamientos morales (por ejemplo, el hecho de que un individuo arriesgue la propia vida para salvar la de otro) son manifestaciones o consecuencias de sentimientos propios de los seres humanos. Según los anarquistas, no existe desinterés en sentido laxo del término pues, para ellos, los verdaderos comportamientos morales son inmanentes a los seres humanos, algo indisociable de su carácter social. Relacionado con esta cuestión, es importante también subrayar que los anarquistas tienen conciencia de que las relaciones de dominación, relaciones inmorales y antisociales, alienan no sólo a los explotados y gobernados, sino también a los explotadores y gobernantes. Los anarquistas, en realidad, no son ni cristianos ni idiotas.
|