La Iglesia y nosotros
Sébastien Faure.

Se podría creer que entre la Iglesia y nosotros no hay ningún medio de conciliación, ninguna posibilidad de entendimiento. Es un error. Hay una posibilidad de entente y no soy yo el que la descubrió sino nuestros adversarios mismos. Yo digo a los cristianos: Señores, no cesáis de afirmar que únicamente os importan las felicidades eternas, que los goces terrenales son de calidad inferior, mediocre y que deben ser desdeñados y despreciados porque pueden perjudicar a la salvación del alma. Y bien, señores, nada hay más fácil que entendernos. Si estimáis sinceramente que los bienes de aquí abajo son despreciables, mientras que solamente os son preciosas las felicidades eternas, el entendimiento entre nosotros es la cosa más fácil del mundo; esos bienes superiores, esas felicidades que no se encuentran más que en el cielo, no las ambicionamos; guardadlas para vosotros; os las dejamos enteramente, pero dejadnos las otras, las terrenales. Guardaos el cielo, pero dejadnos la tierra que habéis convertido en un lugar de desesperación y de tormento; la tierra que habéis poblado de suplicios; la tierra, de la que no queréis nada, y que nosotros, con el concurso de todos los hombres de buena voluntad , sabremos hacer un verdadero Paraíso.

Y habrá, cristianos, entre este Paraíso y el vuestro, la siguiente diferencia: para vuestro Paraíso son -así lo afirmáis- muchos los llamados y pocos los elegidos, mientras que para el nuestro, todo el mundo será llamado y todo el mundo será elegido.
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