La Revolución de los Claveles
El 25 de abril de 1974 una facción radical de las fuerzas armadas portuguesas, el M.F.A. (Movimento das Forças Armadas), se sublevó contra el gobierno. Hasta esa fecha Portugal había permanecido medio siglo bajo un régimen fascista. Si el M.F.A. era de izquierdas o de derechas era algo que no estaba claro. La revuelta militar creó un espacio en el que el pueblo podría lograr un cambio real en su vida y la oportunidad fue rápidamente aprovechada.
Los activistas de izquierdas volvieron del exilio, y surgieron nuevos partidos políticos. Todos los partidos utilizaron la situación para ganar poder político en el gobierno. El pueblo llano, por el contrario, utilizó la situación para mejorar sus condiciones sociales en sus comunidades y lugares de trabajo a través de nuevas organizaciones autónomas. Fue aquí donde se hizo la auténtica revolución y esto es de máximo interés para los anarquistas.
Luchas obreras
Portugal era el país menos desarrollado de Europa, con 400.000 parados. 150.000 personas vivían en chabolas, un millón había emigrado y la mortalidad infantil superaba el ocho por ciento. Después del comienzo de la revolución los obreros se pusieron a luchar por mejorar sus duras condiciones económicas. Las huelgas encontraron una resistencia brutal por parte del régimen fascista, pero la falta de experiencia no iba a detener a la clase obrera portuguesa. Durante el verano de 1974 más de 400 empresas tuvieron conflictos.
Una de las huelgas más significativas ocurrió en la T.A.P., las aerolíneas semi-estatales. Mostró claramente de qué lado estaba el supuestamente gobierno radical. En 1973 tres obreros habían sido asesinados por la policía durante una huelga.
El 2 de mayo de 1974, una asamblea de trabajadores de T.A.P. pidió una purga de fascistas en la compañía y la elección de representantes sindicales para el consejo de administración, que se convirtió de hecho en un consejo de dirección. Cuando se descubrió que algunos representantes sindicales se habían subido el sueldo, el consejo recibió muchas críticas. En agosto una asamblea de trabajadores de mantenimiento decidió reducir su semana de 44 horas a 40.
Otra asamblea, hecha sin miembros de los sindicatos, escribió una lista de demandas incluyendo la purga de la plantilla de todos aquellos que mostraban "actitudes contra la clase obrera", incrementos salariales y el derecho a reconsiderar los convenios colectivos si los trabajadores así lo querían. Las demandas no fueron aceptadas por el gobierno, en respuesta los trabajadores convocaron una huelga y eligieron un comité de huelga. El nuevo ministro de trabajo, miembro del Partido Comunista, llamó a los trabajadores a volver al trabajo mientras que los afiliados al P.C. se opusieron a la huelga.
Los trabajadores de T.A.P. se movilizaron rápido pero finalmente el gobierno envió a los militares a ocupar el aeropuerto y a detener al comité de huelga. 200 trabajadores fueron despedidos, que fueron readmitidos tras las manifestaciones y las amenazas de más huelgas. La semana de 40 horas fue gradualmente introducida. El primer gobierno provisional introdujo leyes anti-huelga.
Este gobierno era una coalición que incluía a los partidos Socialista y Comunista. La huelga de T.A.P. fue la primera a gran escala desde el 25 de Abril y la respuesta del gobierno indicaba como trataría cualquier gobierno post-fascista a los obreros. La clase obrera sin embargo permaneció impasible. En octubre se registraron conflictos en otras 400 empresas.
Los sindicatos eran reliquias de la era fascista y se les consideraba traidores. Los trabajadores se encontraron con la necesidad de formas de organización más democráticas e independientes. Se hizo común en las asambleas de trabajadores elegir delegados a los comités. Estos comités se elegían anualmente y se podían revocar en cualquier momento. Aunque la mayoría no eran revolucionarios, eran la expresión de la desconfianza del pueblo hacia los partidos de "izquierda", del gobierno y de los militares. Para fines de octubre de 1974 había alrededor de 2.000 comités.
En el verano de 1975 el movimiento fue más allá. Frecuentemente, cuando las demandas eran ignoradas, los trabajadores ocupaban sus lugares de trabajo y en muchos casos erigían sistemas de autogestión. En todas partes, desde una docena a varios cientos trabajadores, podían llevar las empresas por sí mismos. En Unhais da Serra 1.100 trabajadores textiles se deshicieron de los dueños y eligieron un comité obrero para llevar la fábrica.
Se estima que más de 380 fábricas estaban autogestionadas y 500 cooperativas funcionaban en el verano de 1975. Al igual que los consejos obreros, las cooperativas no eran revolucionarias. Todavía tenían que enfrentarse a las obligaciones del capitalismo. Tenían que conseguir beneficios y los miembros recibían distintos salarios. A pesar de que muchas cooperativas fueron capaces de reducir los precios de los bienes y servicios, hubo competencia entre las diferentes cooperativas.
En medio de este ambiente de autogestión, el Partido Proletario Revolucionario comenzó una campaña para relanzar los consejos obreros. Delegados de las principales industrias y los comités de los soldados y marineros, se reunieron con un gran contingente de miembros del P.P.R. La idea era tener consejos basados en la fábrica, la tierra y los cuarteles, y desde aquí se elegirían comités locales, regionales y nacionales.
Esto sonaba bien; desgraciadamente el P.P.R. estaba más preocupado en crear cuerpos que pudieran dominar esos consejos que podían representar a la clase obrera. Los "partidos de la clase obrera" fueron invitados a unirse. Esto mostraba sus limitadas ideas de la capacidad de la clase obrera.
Dando el mismo sitio a los partidos políticos que a los consejos elegidos por los trabajadores, no sólo diluía la democracia sino que implicaba la "necesidad" de que una elite guiara a las masas. Si los autoproclamados "partidos revolucionarios" no podían ganar apoyo suficiente para ser miembros del comité, conseguían ser miembros sólo porque se llamaban "partidos obreros". ¡Extraña noción de democracia!
Luchas por la vivienda
Después del 25 de Abril la gente comenzó a ocupar las propiedades vacías, sin ganas de esperar a las acciones del gobierno. El gobierno, temeroso de la rabia del pueblo, decretó una congelación de los alquileres y dio dinero y exenciones de impuestos a los constructores. El incremento de casas construidas era inadecuado y cada vez más gente ocupaba edificios vacíos. 260 familias de un barrio de chabolas de Lisboa se fueron a un bloque de viviendas vacías cerca de la ciudad. Los militares les ordenaron que se fueran pero se retiraron cuando las familias se negaron.
En respuesta a la crisis de viviendas la gente comenzó a organizarse colectivamente. En las zonas de clase obrera y de clase media baja se organizaron comités autónomos revolucionarios de vecindario. El comité se eligió en asambleas de residentes locales. Las propiedades ocupadas se utilizaron como guarderías, centros obreros y otros servicios comunitarios.
En Lisboa un comité de vecindario organizó la toma de 400 casas vacías. Se pagaba un "alquiler social" que iba destinado a hacer mejoras. Otra organización era la Federación de Comités de Barrios de Chabolas. Era independiente de los partidos políticos y llegó a representar a 150.000 personas. Se pidió la construcción de nuevos edificios en los barrios de chabolas, la expropiación de la tierra y controles de los alquileres.
Las organizaciones vecinales se encontraron con el mismo problema que las organizaciones obreras. Los comités de vecindario y de barrio de chabolas se veían como una oportunidad para ganar apoyo a sus partidos. Miembros de los partidos hablaban en los mítines públicos y en los debates, conseguían ser elegidos y usaban entonces el comité como plataforma de su propaganda política.
Muchos vecinos dejaron de asistir a las reuniones cuando se daban cuenta de que estaban dominados por un determinado grupo. Con el tiempo, los "partidos obreros" parecían ser más una carga que una ayuda en los comités. Al intentar llevar las cosas según su ideología, destruían los métodos espontáneos de organización del pueblo llano.
Ocupaciones de tierras
En aquella época un tercio de la población de Portugal trabajaba en la agricultura. Trabajaban la mitad del año y la otra mitad la pasaban desempleados. Cuando los trabajadores rurales vieron la oportunidad de cambiar sus vidas, comenzaron a ocupar granjas, campos de labranza y tierras sin utilizar. Al principio el gobierno rara vez intervenía.
Hubo una positiva cooperación entre los trabajadores agrícolas e industriales y las organizaciones obreras. En Cabanas se ocupó una granja abandonada con la ayuda de un comité de vecinos. Se consiguieron máquinas de una fábrica cercana para limpiar la tierra. En Santarem una reunión de 354 jornaleros declaró que una enorme cantidad de tierra iba a ser ocupada. Otros trabajadores, armados con azadas, llegaron en camiones para ayudar en las labores agrícolas y finalmente más de diez grandes fincas fueron colectivizadas.
El socialismo parecía natural en los jornaleros y nunca hablaron de dividir la tierra. La tierra era trabajada colectivamente y era poseída por las aldeas y pueblos como un todo. Para agosto de 1975 las estadísticas oficiales indicaban que había más de 330 tierras colectivizadas.
Todas estas luchas ocurrieron contra seis gobiernos provisionales, hubo rumores de conspiraciones de la OTAN y de la derecha. Donde las fuerzas armadas habían creado un espacio para un desarrollo de los trabajadores, se vieron rápidamente invadidas por programas de gobierno y económicos que tenían poco que ver con la revolución. Cualquier iniciativa independiente era generalmente desechada por los partidos de centro y de izquierda.
El propio sistema capitalista nunca fue retado por las masas ni por las cooperativas, colectividades o comités obreros, ya que seguían teniendo que negociar en términos capitalistas por el precio de su trabajo. Incluso los comités obreros eran poco más que trabajadores llevando su propio negocio. Un periódico trosquista echó la culpa de la falta de progreso revolucionario a que no había ningún "partido obrero". ¡De hecho había al menos quince!