Otra vez y otra vez Goliardo Ceibe. Periódico Tierra y Libertad n° 163, febrero 2002.
Yo no me callo. Pasan tantas cosas a mi alrededor que no me puedo callar. Además, la lucha y la rebeldía es cada día, no solamente el Primero de Mayo, en una manifestación o en cualquier otro evento donde nos podamos mostrar.
Hay rebeldillos y revolucionarias de un concierto, de una charla o de su sofá. Hay incoherencias tales, como las de los y las que se dedican sólo a murmurar de quienes militamos, trabajamos y llevamos a cabo tareas anarquistas, léase propagar la idea, difundir nuestra cultura por medio de diversas tácticas, mantener posturas directas y claras, etc.
Evidentemente esas “gentes” no hacen n-a-d-a, aunque se atreven a decir que no se puede decir quiénes son anarquistas o no. Debe ser que solamente están para difundir el No seas anarquista.
Y... dentro del llamado “movimiento” libertario, abundan varias y variopintas decenas de estas gentes. Supongo que, cuando vayas por aquí leyendo estas cousas (cosas), si eres de esas personas, echarás espuma por la boca y me maldecirás. No pasa nada ya que estoy acostumbrado a todo tipo de quejas. Así como también hay quien salta de su silla solamente al ver mi nombre firmando un artículo (ya sea con este o con el obligado “bautizado” con que suelo firmar otros).
Es que las críticas de este deslenguado suelen molestar. Pero no solamente a la gente sumisa al sistema, sino también a otras y otros que dicen ser muy libertarios... ¡Dicen! Actitudes, formas, lenguaje, incoherencias, machismo, vulgaridad burguesa, homofobia, empinar el codo en ciertos bares... y un largo etc. campean en cualquier otro sitio. ¡Vaya, vaya!
Yo no militaba por el año 1977 o 1978 “históricos”, pero supongo que, al igual que ahora, mucha gente estaba por estar: e-s-t-a-r. Lo malo, en cualquiera de las organizaciones libertarias, es que esas personas frenan el avance de los y las anarquistas, y esto no lo debemos consentir. No nos fijemos sólo en la cantidad. Observemos la calidad y ganas. Ese potencial de querer hacer cosas, proponer, actuar, formarnos, propagar el ideal... no lo debemos apagar, sino atizarlo para que sea mayor. Adelante, pues.
Añadir aquí que nunca entenderé a quienes, siendo simples reformistas o sindicalistas o demócratas, están en nuestras filas, cuando podrían ocupar (no okupar) un cargo en una ONG o en un sindicato estatal o en una asociación social vecinal y... ¡Cobrar! ¡Ay el dinerillo! Ahora eurillo (ya hay quien piensa en euros).
Intentar ser lo más coherentes entre lo que decimos y hacemos y tener claro un camino y objetivo es base fundamental.
Saber rechazar y saber rebelarse en su momento oportuno, contra este sistema capitalista en el que vivimos, es básico y muy necesario.
Impregnarnos y bañarnos en nuestra cultura anarquista, léase nuestros clásicos, la autogestión, la acción directa, el ejemplo de la revolución española, el antimilitarismo, el antiteologismo, el libre acuerdo, el internacionalismo... y un largo etc. No hay que tener miedo de utilizar las palabras que abren la herida como bien digo en una de mis poesías, y fomentar la autocrítica.
Hay muchos puntos sensibles para tocar. Mi lengua muscaria no se calla, pero menos se para mi facultad de observador, que cada día ve o escucha algo nuevo. ¡Vaya!
Falta mucha formación anarquista por una parte y, por otra, hay quien cree que ya ha llegado al cénit y todo lo sabe.
También el significado responsabilidad está vacío y muy flojo. No digamos organización, ya que aquí a veces, en según qué sitios, grupos u “organizaciones”, sinónimo es de caos y desorden.
Cuando Reclus, el sabio compañero, nos dice que la máxima expresión del orden es la anarquía, aquí orden significa libre acuerdo, sentir la idea y cada cual según su posibilidad. Nunca significa, ni nada tiene que ver con el “orden” burgués impuesto, ni religioso, ni histórico.
Estas consignas parecen fáciles, pero hay que conocerlas y luego si te atraen, sentirlas y luchar por ellas.
Nunca se pueden ni podrán fingir. Quien no lo tenga claro o no lo quiera tener claro sobra.
Para ir terminando este manifiesto cínico, ya que desnuda y enmascara, ir recordando a quien lea, que aquí no nombro ni siglas ni nombres. Tampoco quiero. Yo sé dónde estoy y pienso que es ahí donde debo estar, aunque nada ni nadie me frenará nunca: ni ninguna sigla, ni ninguna persona. No acato órdenes, ni rindo a nadie ni a nada pleitesía. Es que, como me dicen a veces: ¡Qué radical! ¡Qué directo! ¡Qué irreverente! Pues contesto: ¡Qué manera más honrada! ¡Qué valentía!
Añadir que, leyendo despacio esta opinión personal, se pueden descubrir varias cosas y cosillas que están entre las costillas de este artículo. A quien le guste, mis saludos y a quien no, dos soluciones: que le eche miel o que se tire a un pozo de cabeza. ¡Otra vez esta voz!
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