Abominable y nefando
Goliardo Ceibe. Periódico Tierra y Libertad n° 149, diciembre 2000.

Cuando veo los montes quemados y los nuevos molinos para sacar negocio del aire… pienso y ¡no me gusta nada! Cuando salí del pueblo por primera vez y vi que el agua estaba prisionera en cañerías, y mas tarde comprobé cómo la han prostituido y vendido… pensé ¡y no me gustó nada! Ahora, cuando veo las inmensas alfombras de asfalto cruzar valles y prados, y que muchas de ellas están amuralladas… pienso y ¡no me gusta nada! Pero analicemos el tema de las "comunicaciones", lo que menos me gusta es que construyan más autopistas y carreteras simplemente para sacar su negocio (a costa de estropear la Naturaleza ya escasa) y no arreglan las ya existentes. Esto también lo pienso y… ¡No me gusta nada!
Cuando compruebo la cantidad de dinero que la gente (adinerada y no adinerada) invierte en juegos o loterías y, más tarde, me entero de los astronómicos beneficios que sacan las casas de juego o las loterías "nacionales"… y encima corren noticias por los contaminados aires de que no hay dinero… pues pienso y… ¡No me gusta nada!
Cuando me entero de que la prostitución alimenta y engorda más a aquellos y aquellas que no venden para nada su cuerpo y que por amenazas e ignorancia hay hombres (y sobre todo mujeres) víctimas de esta explotación tan inhumana y abominable… pienso y ¡no me gusta nada! Mucho peor cuando sé que la prostitución infantil está de moda y se puede llegar a pagar "buena cantidad" por una niña virgen o por un morenito niño de trece años. Los paraísos actuales son muchos para los ricachones burgueses o adinerados empresarios (¡audaces en negocios y ventas!) pero en primera página aparecen Cuba o Vietnam… y para acabar este apartado horrendo, peor aún cuando se oye por Barcelona (por ejemplo) lo siguiente: Gracias a ese dinero puede comer su familia ¡Les ayudamos! O lindezas por el estilo de "gente" (no se merece este nombre quien eso dice o hace) que fue allí como turista del sexo. Todo esto lo pienso y… ¡No me gusta nada!
Cuando denuncias o criticas estas cosas eres un exagerado o un radical o un cínico o muy cruel por decirlo así. Hoy hay -te dicen- otras formas de decir las cosas y hay que ser respetuosos y tolerantes, y cosas absurdas por el estilo. En el sentido contrario o peyorativo (sabéis que muchas palabras y el lenguaje lo tergiversan según le conviene al dominio de turno) ellos, los que dicen eso, son los cínicos.
Pero en realidad y en consecuencia, quien denuncia y critica estos abusos, crímenes, atropellos, injusticias e iniquidades, es quien conscientemente y con sangre hirviendo en sus venas desprecia estas convenciones "sociales", de esta falsa sociedad "justa" y las saca a relucir para darle con ellas en su "buena" moral. Ese es un auténtico cínico o cínica.
Como sabéis muy bien la realidad sobrepasa a la ficción. En el siglo XVI (de "Oro" robado y de "cobre" para sus habitantes, aunque genial para la literatura y el conocimiento) la realidad sobrepasaba la miseria descrita en la maestra obra El lazarillo de Tormes… Un siglo mas tarde, el amigo Miguel (de Cervantes, un pueblo de Zamora, no de Alcalá de Henares, como nos ha enseñado la educación religioso-burguesa) quiso vencer y sobrepasar la realidad. ¿Lo consiguió? No puedo responder… ¡A veces! Cuando Don Quijote lucha contra los molinos, defiende al maltratado por su patrón, libera a unos prisioneros, habla de justicia o nos dice que no hay que tener miedo… está luchando contra los gigantes que tenían (tienen) el poder y contra la opresión. Sin duda venció, aunque ni lo quisieron entender, ni hoy interesa entender su mensaje.
Más adelante, en el siglo XIX, se denuncian las inmensas desigualdades y las primeras organizaciones obreras empiezan a darse cuenta de su situación y con fuerza revolucionaria luchan por cambiarla y no conformándose con ello, aspiran al cambio social. Pues ¿Qué situación tenían? Y, para acabar, agradecer el legado que la revolución social anarquista hizo en varias zonas de la península Ibérica, aún cuando los fascistas, reformistas, conservadores, explotadores, la Iglesia y su capital pensaban que estaban enterrando hombres y mujeres muertos (ya que los habían asesinado). Lo que en realidad estaba pasando era que esa simiente volvería a nacer. ¡Claro que volvería a nacer!
Allí donde haya injusticias, explotación, y ahora los modernos términos de neocapitalismo, neoliberalismo, neoexplotación, neorreligión, neocaridad… globalización, ejércitos humanitarios, videovigilancia, control-satélite, dominación por consumismo o por aborregamiento y muchas expresiones interneticared-clonadas, es actual y de ahorita pues, repito, ahí habrá un o una anarquista que actúe, luche y desenmascare la carátula. Entonces, aunque no guste, debemos exponer las cosas como son. Personalmente, la acción directa es diaria y continua, y como dicen por allí: a quien no le guste, que le eche azúcar. Gracias y amables saludos para quien lea o escuche leer.
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