Las guerrillas autónomas en Italia

Los años cubiertos en este artículo marcan un importante período para el movimiento anticapitalista. Eran tiempos en los que el movimiento antagonista italiano rompió definitivamente los tabúes en relación con la destrucción, la violencia y el uso de armas contra la clase enemiga. Se volvió normal responder a la humillación y la tiranía del capitalismo con las armas consideradas más efectivas. Así se produjeron numerosas acciones contra los patronos, la policía y los fascistas tanto en las calles como en acciones específicas contra ellos.

Durante este período emergieron una enorme cantidad de grupos y organizaciones de lucha convencidos de la necesidad de extender y reforzar la lucha armada contra el capital. Muchos de estos grupos, al mantenerse en sus convicciones leninistas, llegaron a la conclusión de que la crisis final del capitalismo había llegado, de que la victoria estaba cercana y que había llegado la hora de combatir al estado en sus propios términos en organizaciones militaristas cerradas (el brazo armado del proletariado) destinadas a tomar y dirigir la lucha primero, y luego el estado. Sus objectivos eran reclutar camaradas en sus organizaciones -las únicas capaces a acometer esta tarea histórica según ellos- y a levantar el nivel de la lucha hasta la victoria. Cuando sus análisis probaron estar equivocados (el fin del capitalismo no era inminente, en vez de eso estaba en una fase de reestructuración), comenzaron a negociar con el enemigo para liberar sus prisioneros, incluso con el coste de renunciar a la lucha y a la propia revolución.

Pero hubo otra dimensión presente en la lucha a finales de los setenta que consistió en acciones autónomas llevadas a cabo por grupos de afinidad que se formaban para la acción misma. En esos momentos la necesidad de la una lucha armada contra el capital y el estado estaba siendo ampliamente aceptada entre los camaradas, así que se creía que había llegado la hora de extenderla de forma cualitativa utilizando métodos que incluían el sabotaje contra las estructuras del capital. Estos sabotajes, normalmente realizados por pequeños grupos de camaradas que se juntaban en base de afinidades, se basan en los simples medios que están a disposición de todo el mundo y contenían un fuerte elemento de creatividad y diversión al saber que era sencillo y efectivo atacar lo que nos oprime directamente y que no hay necesidad de interminables documentos de justificación ideológica para hacer eso.

Las primeras luchas

En 1960 en Italia el periodo económico favorable había terminado y comenzaban los enfrentamientos en las calles. El gobierno presidido por el demócrata cristiano Tambroni, intentó reprimir estos enfrentamientos pero fracasó en el intento. Muchos manifestantes son asesinados por la policía en Génova, Roma, Módena, Reggio Emilia y Catania calentando aún más los ánimos.

En 1963 los socialistas entran en el gobierno. La represión cesa. Los sindicatos comienzan a negociar con la patronal. A lo largo de la década van dejando gradualmente de representar a los trabajadores. En el "otoño caliente" de 1969 los trabajadores de las fábricas comienzan a organizarse autónomamente mediante huelgas salvajes, ocupaciones de fábricas, etc. Y esta situación duró, con varios periodos de flujos y reflujos, hasta principios de los años ochenta.

Nacen numerosas organizaciones marxistas-leninistas como por ejemplo Servire il Popolo. El movimiento anarquista trata de reorganizarse a través de la FAI (Federación Anarquista Italiana).

En 1968 se produce un relanzamiento general de las organizaciones políticas siguiendo la estela de las luchas de mayo en Francia. En Italia son los anarquistas quienes muestran el mayor desarrollo, pero es un movimiento lleno de contradicciones y desilusiones.

En 1969 nace Lotta Continua y a continuación Potere Operaio. Es es año de la masacre de Piazza Fontana en el que una bomba explota en una céntrica plaza de Milán provocando 18 muertos y decenas de heridos. El gobierno encuentra rapidamente sus chivos expiatorios en dos anarquistas a quienes acusa de colocar la bomba. El movimiento encuentra la unidad de acción en la defensa de estos dos acusados.

En este mismo año se produce una revuelta masiva en las prisiones que dura hasta 1972. Tras un período de pausa reemerge en 1973 y da vida a todo un movimiento de militantes presos.

En 1970 ocurre la revuelta de la población de Reggio de Calabria, pero los fascistas tienen éxito en tomar la lucha debido a la falta de eficacia de las organizaciones políticas del movimiento.

Ya han nacido las primeras organizaciones en constituir un punto de referencia para la lucha. Entorno a 1970 se formaron los Gruppi di Azione Proletaria (GAP) en Génova. Potere Operaio los apoya pero Lotta Continua los condena. Es en este momento cuando comienza la degeneración de esta última organización, terminando en un escuálido izquierdismo, para desaparecer completamente como movimiento poco después quedando sólo un pequeño grupo de personas entorno a su periódico.

Durante el mismo período Collettivo Metropolitano desarrolló de forma similar a las Brigate Rosse o Brigadas Rojas originarias (de naturaleza stalinista en la que se mezclan diferentes corrientes de leninismo): Nuclei Armati Proletari (NAP), Prima Linea, Azione Revoluzionaria, Nuclei Combattenti Comunisti, etc. Estos grupos por su parte influyeron en la propia estructura de las Brigadas Rojas provocando que sus grupos actuaran autonomamente de acuerdo con una dirección estratégica. Cada grupo elaboraba sus propios análisis y planes de acciones, luego se los mandaba al comando estratégico que los estudiaba y los devolvía con sus correspondientes observaciones. Los grupos individuales podrían no estar de acuerdo con el comando estratégico y desarrollar análisis y acciones que no tenían su aprovación. La represión forzó a las Brigadas Rojas a reconsiderar esta estructura favoreciendo un modelo más cerrado, lo que a su vez favoreció las infiltraciones policiales que acabaron eventualmente con las Brigadas Rojas.

El modelo más abierto es el que fue aplicado por los otros grupos, con distintos niveles de convicción y éxito. Esta ruptura con el modelo rígido de las Brigadas Rojas se puede observar en las acciones de los NAP (y en sus documentos teóricos y organizacionales), y en los análisis producidos por Prima Linea. Aquí el leninismo estába más diluido y la autonomía de sus grupos era mayor.

Por su parte Azione Rivoluzionaria intentó desarrollar su teoría y organización en una dirección libertaria y a menudo llegó a hacer referencias explicitas al anarquismo.

Junto a estas organizaciones que funcionaron en la época con mayor o menor grado de coordinación entre ellas, existieron una infinidad de pequeños grupos y de militantes individuales que, sin hacer referencia a ninguna organización y a menudo utilizando nombres inventados, desarrollaron un fenómeno de constante guerrilla urbana, constituyendo un interesante punto de referencia para el desarrollo de la confrontación armada en Italia.

El período 1976-78

En este periodo la tónica de la lucha vuelve a crecer con más fuerza si cabe. Esto se traduce en decenas de enfrentamientos en las calles con fuerzas de la policía, grupos fascistas, partidos políticos de derechas o de izquierdas, recuperadores...

Son los tiempos de la crisis económica que había comenzado en 1973-74, con la llamada crisis del petróleo. Es en 1975 cuando llegan a Italia sus efectos más directos. La industria se debe "reajustar", lo que siempre significa despidos. Las luchas en las zonas industriales se radicalizan, superando e ignorando en muchas ocasiones a los sindicatos, que no hacen otra cosa que pactar.

Se producen enfrentamientos en las principales ciudades italianas casi cada semana. Las causas varían, desde manifestaciones contra reuniones del partido fascista MSI o la democracia cristiana, hasta cuestiones laborales. Hay enfrentamientos con los burócratas del comunismo italiano, de los sindicatos y de las organizaciones estudiantiles.

Estos enfrentamientos se traducen en varios muertos como el asesinato de Bellachioma a manos de fascistas o Franco Lo Russo o Walter Rossi que ayudan a aumentar la crispación. Tras sus asesinatos se atacaron comercios y propiedades de ultraderechistas como librerías, bares y otros lugares de reunión así como numerosos vehiculos y mobiliario urbano y se produjeron escenas de auténtica guerra social en numerosas ciudades.

Las universidades se convierten en otro foco de resistencia anticapitalista. La policía entra en las facultades a menudo llamada por rectores pertenecientes a la izquierda o incluso al Partido Comunista (PCI) y no es raro el boicot a sus conferenciantes y mitineros con pitadas o incluso lanzamiento de objetos. En una de las batallas campales contra las "fuerzas del orden" dentro de la universidad llega a morir un policía de ellos en Roma.

Se multiplican las acciones contra el incremento del transporte público como por ejemplo la ocupación de una estación de metro por un grupo de anarquistas dejando libre (y gratis) el paso a los usuarios.

En las prisiones los ánimos se caldean. Los presos políticos están más o menos organizados y se producen varias fugas y motines. Las cárceles están llenas y el trato a los presos es pésimo, lo que radicaliza la lucha en su interior. También se producen varios intentos de liberación de combatientes por parte de algunas organizaciones armadas como Unitá Combattente Comunista en 1978.

Estamos en lo que la prensa de la época denominó "los años de plomo". Son tiempos duros de guerra de clases. Se produjeron numerosos asesinatos y ajusticiamientos de tipo político por parte de los grupos armados de la extrema izquierda, de la extrema derecha, de las fuerzas policiales y de los servicios secretos italianos. Fueron frecuentes las acciones contra las cárceles en construcción así como contra carceleros y médicos de prisiones. Tampoco se libraron los jueces o conocidos abogados de extrema derecha o implicados en los procesos de la "lucha antiterrorista". La ultraderecha y las fuerzas parapoliciales cometieron alrededor del 70% de los asesinatos y sin embargo el verdadero peligro para el estado lo representaba las fuerzas de la izquierda.

Asímismo estas organizaciones armadas cometieron numerosas expropiaciones o atracos a los bancos del capital asi como a las tiendas de lujo, joyerías, concesionarios de automóviles, peleterías, etc. Destacan además ciertas acciones de denuncia del capitalismo usurero como la ocupación de cinco cines de lujo en Milán por parte de tres mil personas para pedir la reducción de las entradas a 500 liras; un precio más asequible.

Además estos grupos y otros grupos de afinidad cometieron numerosas acciones armadas contra empresarios, industriales, banqueros y otros capitalistas así como contra instalaciones de fábricas, oficinas oficiales, y otras instalaciones del sistema; especialmente sus vehículos y medios de transporte. También se produce la destrucción de las fábricas con fama de explotadoras y productoras de precariedad como Mary Johns de Bolonia o Dusmet de Milán. No sólo fueron los grupos armados quienes actuaron contra las fábricas y empresas del sistema, sino que también se produjeron numerosos sabotajes a la producción por parte de los propios trabajadores de estas empresas. Ni siquiera las oficinas del ministerio de hacienda se libraron de ser en varias ocasiones pasto de las llamas.Estos sabotajes y atentados costaron muchos millones de liras al capitalismo.

Tampoco se libraron las sedes y locales de los partidos y sindicatos del sistema. Ni siquiera los partidos de izquierda. Por ejemplo el PCI sufrió más de un atentado contra sus sedes por parte de las fuerzas revolucionarias. Sin embargo las acciones solían ir más contra las sedes del MSR o de la democracia cristiana o de las organizaciones de la derecha católica italiana. Se volaban o incendiaban sus sedes, se quemaban sus vehículos, se eliminaba su propagada, sus publicaciones y a veces individuos armados entraban en sus locales y bares intimidando a quien se encontraba dentro.

Como contrapartida el estado aumentó la represión contra el movimiento. Las fuerzas policiales actuaron cada vez con mayor contundencia produciendose numerosos tiroteos. No fue infrecuente hacer disparos al aire para disolver concentraciones o manifestaciones. Los disparos a las multitudes dejan su secuela en la muerte de numerosas personas a lo largo de todo este periodo. Incluso se llega a ametrallar a las multitudes.

Otra de las formas que el estado tenía para acabar con la contestación social era el fomento de las drogas entre la clase trabajadora. Fueron los años en los que la heroína entró con fuerza en los barrios obreros, llevándose por delante a muchos miles de jóvenes proletarios. Se conoce sobradamente la relación entre las mafias y la extrema derecha, pero en este proceso llegó a participar el estado, dando vía libre a la mafia italiana. Contra este ataque indirecto (o directo, según se mire) actuaron los grupos armados ajusticiando a numerosos traficantes que no en pocas ocasiones militaban en grupos fascistas.

El final del movimiento

Desgraciadamente todo aquello terminó. En capitalismo en Italia no se hundió como se preveía y deseaba en ciertos círculos revolucionarios, sino que se las arregló para sobrevivir. A comienzos de los años ochenta las acciones contra el capital comenzaron a remitir. Esto coincidió con un fuerte aumento de la represión en toda Italia.

A raíz del secuestro y asesinato de Aldo Moro por las Brigadas Rojas (o los servicios secretos según Gianfranco Sanguinetti) el PCI y la CGIL se dejaron de ambages y medias tintas y apoyaron finalmente al gobierno de turno. Esto deslegitimó a gran parte del movimiento que actuaba desde fuera de las instituciones ya que quedó dividido. El paro creció enormemente quedando muchos buenos militantes en la calle. La heroína causó estragos en la juventud que cada vez vió menos salida en la lucha revolucionaria. Y la represión policial llenó las nuevas cárceles construidas por el régimen democrático.

Este fue el final de una época en la que se creía que todo era posible, que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, que la sociedad comunista o anarquista iba a ver la luz en pocos años para la que no escatimarían medios. Sólo quedó un amargo sentimiento de derrota. La lucha sigue.
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