La mujer en el socialismo utópico. El mundo libertario del siglo XIX María Angels Rodríguez. Ideas e Historia, nº 1 marzo 2005.
En esas fechas de finales del siglo XIX, entre los socialistas utópicos anarquizantes, tampoco se encuentran afirmaciones o ideas que contradigan el pensamiento dominante del hombre, afirmaciones como las de Proudhon sitúan a la mujer como un elemento a tener en cuenta sólo por sus valores como “matriz reproductora”, el alcance de la libertad para este anarquista se circunscribe al hombre, la mujer es un apéndice, eso sí necesario, dado que de ella depende la supervivencia de la especie, pero apéndice al fin y al cabo.
Bakunin, siempre más abierto y dado por su carácter a entender y disfrutar de lo que la mujer le aporta, opina que la situación de la mujer está “dentro de la esfera privada en un plano de igualdad, respecto a sus derechos y deberes”. Al menos, en un plano teórico.
Sin embargo, lo que se pueden considerar reivindicaciones que vayan más allá de obtener la libertad para el hombre, diferenciando en este plano a la mujer, es dejar de entender que ésta alcanzará su libertad cuando el hombre también la tenga y que no se concibe otra forma de hacerlo.
Las relaciones sexuales fuera del ámbito de la procreación, el aborto, el llamado amor libre, ni tan siquiera se plantean. Pese a la declaración de igualdad de derechos entre mujeres y hombres del Congreso de la Regional de España en Zaragoza en 1872, pocos son los textos que encontramos en España que se dirijan a la mujer. De hecho, los pocos textos existentes son siempre un intento de concienciación hacia los hombres. No dejan de existir mujeres singulares en su individualidad como L. Michel, E. Goldman, V. De Cleyre, A Mazori, conocidas internacionalmente, que destacan y reclaman como mujeres un espacio entre los socialistas utópicos. Con diferentes perspectivas hablan de la situación de la doble subordinación de la mujer en el mundo obrero. Y no como única victima, L. Michel manifiesta que para ella la mujer era otro de los eslabones en la cadena de la opresión y hace especial hincapié en aspectos que van más allá de la opresión del capital, dado que “mantener a la mujer sin educación era una opción consciente”.
Tampoco le importaba adentrarse en temas más espinosos como la doble prostitución que se producía, la de la calle y la del matrimonio. “A una la toma el que quiere, la otra es entregada a quien la quiere".
E. Goldman (1869-1940), que a diferencia de L. Michel que muere en 1905, vivirá parte del siglo XX, es otra de esas individualidades. Por su trayectoria puede hablarse de ella como de una “rara avis” ya que no dudó en defender el amor libre, la homosexualidad, la libertad sin prejuicios. Su ideario vanguardista puso en diferentes ocasiones a los próceres del anarquismo, como el mismo Bakunin en su contra. No obstante utilizaba “ la doctrina anarquista para explicar la opresión que padecían las mujeres... Pero “cuando el anarquismo entraba en conflicto con su feminismo, reaccionaba siempre como feminista".
Dentro del anarquismo no existe una corriente feminista, que es un concepto visto como una “desviación burguesa”. Las alusiones de E. Goldamn al goce sexual y a la tiranía a la que sometía el machismo a la mujer fuese cual fuese su clase social, colocaba su pensamiento en una primera línea que no era comprendida por sus coetáneos. Afirmaciones como “El desarrollo de la mujer, su libertad, su independencia, deben surgir de ella misma, y es ella quien deberá llevarlos a cabo. Primero afirmándose como personalidad y no como mercancía sexual. Segundo rechazando el derecho de cualquiera que pretenda ejercer sobre su cuerpo; negándose a engendrar hijos, a menos que sea ella quien los desee; negándose a ser la sierva de Dios, el estado, de la sociedad, de la familia, etc" eran consideradas excesivas y fuera de los objetivos de emancipación que pretendían sus correligionarios.
Goldamn y Voltarine de Cleyre son norteamericanas de adopción y aunque militan, luchan, sufren cárcel o atentados por sus ideas, pertenecen a una minoría de mujeres anarquistas muy por delante de su época, su incidencia en la mayoría es escasa, aunque sus ideas serán recogidas y reproducidas en los textos de diferentes revistas libertarias.
En el entorno societario del mundo obrero que surge de la fundación de la CNT, no encontramos a mujeres como representantes de los diferentes oficios o asociaciones que ya desde mitad del XIX e inicios del XX están dándole forma a esta idea. De hecho, no es hasta el Congreso de 1917 cuando aparece en la mesa el nombre de una mujer. Por eso cuando se hace historia de las mujeres en CNT, se ha de recurrir a las conocidas Teresa Claramunt, Soledad Gustavo, o lo que es lo mismo, Teresa Mañé, Maria Caro, Angela Graupera por su vinculación al anarquismo y al mundo obrero, más que al sindicato en sí.
Con todo hay que recordar la existencia de otras mujeres que forman parte durante el último terció del siglo XIX de movimientos de carácter republicano- obrerista como Isabel Vila, miembro en 1873 de Sección Española de la Iª Internacional, o Guillermina Rojas, cuyas afirmaciones sobre el matrimonio, la religión o la maternidad no tienen nada que envidiar a las ya citadas de E. Godamn, Manuela Díaz o Vicenta Dura que aparecen como secretarias de la Federación Regional Española de la Internacional en 1883, pero de las que sólo conocemos el nombre, o las firmantes en 1869 en el Ateneo Catalán de Barcelona de un texto en el que se oponen a la guerra francoprusiana o las participantes en el congreso de Zaragoza de 1872.
Hay mujeres en el círculo de influencia de los obreros libertarios y sus sociedades obreras que participan en mítines, para llamar a la asociación de mujeres de todos los oficios, hacen publicidad de las ideas libertarias, pero o no están en afiliadas en los sindicatos o no tenemos memoria sobre ellas, dado que siempre aparecen nombres de hombres como representantes, aunque sea de Asociaciones como la de Tejedoras de Igualada.
Las opiniones de éstas sobre el papel de la mujer están siempre supeditadas a los fines de libertad y emancipación planteados como unidad con el hombre, temas que relacionaremos con el término actual de “género” son consideradas reivindicaciones burguesas y el feminismo como tal se identifica con las sufragistas, las mujeres obreras tienen otros intereses que el voto.
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