La derrota de 1939: el exilio y la represión
María Angels Rodríguez. Ideas e Historia, nº 1 marzo 2005.

La pérdida de la guerra significará el regreso a los peores tiempos para todos los que habían puesto sus esperanzas en los cambios que se intentaban introducir en este país desde antes de la proclamación de la II Republica en 1931.

La España de 1939, como se ha dicho en muchas ocasiones, se convirtió en una inmensa cárcel. La interior tenia unas murallas definidas, la exterior las tenían indefinidas pero, presentes constantemente.

La represión en el interior del país cayó sobre todas las mujeres que de alguna forma tenían relación con la CNT fuesen militantes, afiliadas, compañeras, hijas, madres. Unas fueron ejecutadas en cualquier sitio sin importar edad ni situación: jóvenes, viejas, solteras, casadas, embarazadas, lactantes y otras, que se libraron de la muerte, fueron encerradas en cárceles, donde sufrieron toda clase de torturas físicas y psíquicas.

La sociedad española ha reconocido hace muy poco la brutalidad de los abortos provocados, las violaciones, el secuestro por parte de las autoridades franquistas de los hijos de aquellas mujeres que, al ser consideradas vencidas, pagaron una doble condena: la que sufrieron por sus ideas, y a la que fueron sometidas por su condición de mujer.

Las historias de las mujeres que se tuvieron que exiliar son desgraciadamente parecidas, se repiten el dolor de la huida, la impotencia ante la falta de medios, los intentos de reorganizar la desbandada, la soledad y la fuerza para paliar en la medida de lo posible, la reacción del gobierno de Vichy que las encierra en campos de concentración y las deja indefensas ante las tropas ocupantes de Hitler, aliado del gobierno fascista del general Franco.

No hubo distinción para la represión. No importaba la vinculación que se hubiese tenido con la CNT y casi siempre primó por encima de todo su situación como mujer además de su militancia política. La odisea de Federica Montseny se duplicó ya que tuvo que atender sus deberes de madre e hija organizando el soporte y la huida de los seres a su cargo y, al mismo tiempo, sus responsabilidades como política que debía rehuir a los nazis que seguían su rastro para devolverla al gobierno franquista. , y que pudo evitar por razones de su próxima maternidad.

Las mujeres continuarán, no obstante, participando en la clandestinidad en diferentes misiones y actividades alrededor de la CNT. De ello ha quedado constancia en los testimonios que han dejado, aunque sean de nuevo muy poco conocidos. Se van a repetir nombres que ya han aparecido como activas militantes: Lola Iturbe, Sara Berenguer, Benigna Calve, Casilda Méndez, Maria Bruguera, Julia Mirabe, Gracia Ventura, Juaquina Dorado; Montserrat Elías, Pepita Subirats, Esperanza Moreno, Maria Tomas, Paquita Manso, entre otras muchas.

Son esos nombres los que dentro y fuera de España mantienen su vinculación con la CNT realizando diferentes actividades, desde cargos confederales a enlaces, caso de Benita Barrena, Mercedes de la Cruz, por citar sólo algunas.

Durante los largos años hasta la llegada de la democracia en l977 las mujeres continuaron participando en el movimiento libertario y en las diferentes organizaciones en que se fraccionó la Organización.

En el exterior, algunas de las antiguas militantes de Mujeres Libres empiezan hacia finales de los años 60 e inicios de los 70 del pasado siglo, a movilizarse y desde un núcleo situado en Francia e Inglaterra ponen de nuevo en marcha la revista de Mujeres libres, facsímil que se compone de unas hojas de ciclostil, donde se vuelven a retomar las ideas y actitudes pospuestas hacía ya unos años.

Los textos mezclan la nostalgia por los tiempos pasados, las historias de las experiencias vividas, las valoraciones de la evolución del mundo que las rodea y algunas referencias a temas exclusivamente femeninos: sexo, determinación de los embarazos, conocimiento del cuerpo femenino, mejoras pedagógicas, sin que falte la inclinación literaria o la poética.

No dejan de ser remarcables las diferencias existentes entre los textos que provienen del interior y el exterior. Los primeros rezuman una amargura muy realista sobre las inexistentes posibilidades de cambios, hablan del terror, el miedo y silencio en que estos años han sumido a los que podían decir algo, y la falta de conocimiento por parte de las generaciones jóvenes de lo ocurrido.

Los textos de los residentes en el exterior hacen referencia a que es posible llegar y convencer, en un tiempo no muy largo, a los habitantes de España que las cosas se pueden retomar allá donde se habían dejado. A veces parece que la lejanía del país los ha mantenido en una urna a la que el paso del tiempo no ha afectado.

En la labor de recuperación de la asociación de Mujeres Libres se distingue Sara Berenguer o Guillén, Soledad Portales, Mery Stevenson, Tina Mora, Pepita Carnicer, Gracia Ventura Hortensia.

El relato de la situación de la mujer en España desde l939 hasta bien entrados los años 70, es la suma de la represión ideológica del franquismo, las ideas de la burguesía reaccionaria y se remata con la participación de la demagógica iglesia católica española. Han sido años en que se ha cortado de raíz cualquier intento de denunciar la situación de sometimiento de la mujer, o de salirse de la norma.

Las libertades legales quedan reducidas a la pérdida de todos los rasgos de individualidad femenina. La mujer casada no puede tener pasaporte sin autorización del marido, el adulterio es un delito penal, el abandono del hogar, también, no existen las denuncias por malos tratos, se ha perdido la patria potestad sobre los hijos, el abuso sobre los salarios desiguales está permitido por ley y, evidentemente, no existe el divorcio y abortar, conduce bajo cualquier supuesto, a la cárcel.

Algunas mujeres de las clases altas e intelectuales, intentan ir levantando la voz y mediante sus aportaciones a la prensa, a la literatura o al cine romper el silencio al que todas están sometidas.

No obstante, la afirmación que hace Lidia Falcón de que “en 1945 la población femenina española es la más ignorante, la más honesta y la menos activa de Europa” se puede prolongar hasta bien entrados los años sesenta.

Durante estos años un descubrimiento médico: la píldora anticonceptiva va a modificar la actitud de la mujer a muchos niveles. El control del cuerpo con respecto al embarazo se va a convertir en un elemento revolucionario espectacular. Aunque lentamente, la inserción de la mujer en el mundo laboral ha introducido mejoras y, a una escala reducida, ha ayudado a la independencia económica de un sector minoritario. También se ha avanzado en el campo de la legislación, a reconocimientos de la igualdad en el acceso a la educación, a la participación política, etc.
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