Dos generaciones: Paulí Pallas Latorre (1862-1893) y Ramón Archs (1887-1921)
El 24 de septiembre de 1893, día de la Merced, patrona de la ciudad y también de los presos, en la Gran Vía esquina con la calle Muntaner, cuando el general Arsenio Martínez Campos, capitán general de Cataluña, se disponía a pasar revista a las tropas preparadas para el desfile, Paulino Pallas lanzó dos bombas contra él al grito de «Viva la anarquía». Murió un guardia civil, Martínez Campos resultó herido, así como otros tres generales; en la confusión de los hechos murieron ocho personas más, unos pisoteados por los caballos de los militares, otros como consecuencia de los disparos efectuados por miembros de la guardia civil, Pallas se quedó quieto en el lugar de los hechos y no ofreció ninguna resistencia cuando se lanzaron a detenerle. Fue fusilado ocho días después en Montjuïc en el mes de octubre de 1893, Pallas se mantuvo tranquilo en todo momento y ante el pelotón de ejecución y antes de que sonaran los disparos gritó alto y claro «La venganza será terrible», A pesar de que Paulí Pallas siempre declaró que actuó solo, también fueron encausados como colaboradores en este hecho y asimismo fusilados en Montjuïc, el obrero textil, Manuel Archs, y los también obreros, Cerezuela y Bernat Sirerol, mientras que Martín Borrás que había sido en 1886 el primer director del semanario Tierra y Libertad , se suicidó en el calabozo ingiriendo fósforos.
Paulino Pallas Latorre había nacido en Cambrils en 1862, hijo de un cantero. Aprendió el oficio de tipógrafo (cajista) y se convirtió en un gran lector. Su apasionamiento por la obra de Piotr Kropotkin hizo de La conquista del Pan su libro fundamental, encontrando en el anarquismo y en su ideario otra forma de explicar el mundo y otro posible existir muy alejado de la triste existencia por la que había que luchar. Inquieto y con enormes deseos de saber, viajó desde muy joven por Europa. Estuvo en Francia e Italia, desde donde cruzó el Atlántico hasta Argentina. En este país coincidió con E. Malatesta viajando juntos hasta la Patagonia. Posteriormente, residió en la provincia de Rosario y más tarde se trasladó a Brasil, donde el 1 de mayo de 1891 lanzó una bomba en el lujoso teatro Alcántara de Río. Viéndose perseguido regresó a Barcelona, donde coincidió nuevamente con Errico Malatesta que había llegado este mismo año.
En ese momento, se estaba viviendo en España una fuerte represión contra el movimiento obrero. En enero de 1892, se produjo la revuelta de Jerez de la Frontera que terminó con muchos detenidos y cuatro anarquistas ejecutados en plena plaza Mayor ante una multitud silenciosa.
Una vez en Barcelona, Pallas se integró en el grupo de afinidad Benvenuto Salut del que también formaban parte Manuel Archs y Pere Marbà.
Como hecho paradójico se dio la circunstancia de que tras su ejecución, el cruel general Martínez Anido, protegió especialmente a la familia de Paulí Pallas: a su mujer le dio trabajo de cocinera en su propia casa y procuró por su hijo durante toda su vida, que acabó como miembro destacado del amarillo Sindicato Libre.
Sin embargo el hijo del también fusilado Manel Archs, que se llamaba Ramón Archs, representó totalmente lo contrario que el hijo de Pallas, fue una persona importante de Solidaridad Obrera y de la CNT, concretamente en el Sindicato del Metal. Hombre decidido que tanto participaba en tareas sindicalistas, como en los grupos de afinidad de defensa confederal. Le atribuyeron su participación en varios sucesos de gran resonancia: ya en 1910 durante una huelga del Metal tuvo que exiliarse a Francia, pues se le implicó en el tiroteo sufrido por el ingeniero en jefe de la empresa Maquinista Terrestre y Marítima. También se le relacionó con los atentados al jefe de la patronal Graupera y con el del inspector Espejo. Asimismo se le implicó en un atentado fallido durante la fiesta del somatén, en la que un coche cargado con una campana llena de explosivos fue lanzado, sin conductor, contra la tribuna de autoridades en la confluencia de Gran Vía con Paseo de Gracia; el coche se empotró contra una farola y los explosivos no detonaron. Posteriormente se le otorgaba la idea y la organización del atentado mortal que tuvo lugar contra Dato en Madrid en marzo de 1921, cuando tres animosos y jóvenes obreros metalúrgicos: Pere Mateu, Casanellas y Nicolau tirotearon al Presidente del Gobierno después de salir del Congreso.
La vida de Ramón Archs se volvió excesivamente peligrosa, la que le obligaba a vivir prácticamente en la clandestinidad, con continuos cambios de domicilio. Y aun así el 21 de junio de 1921 apareció muerto en la calle Vila Vilà. y aunque tenía heridas de bala, fue sometido a brutales torturas antes de ser asesinado, su cuerpo estaba lleno de cortes y pinchazos y tenía cortado el pene. Se decía que el mismo comisario Arlegui se jactaba de haberse entretenido pinchándole los testículos con la punta de un cuchillo.
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