Errico Malatesta
Es uno de los grandes te�ricos del anarquismo moderno y con �l podemos decir que se cierra la etapa de los cl�sicos anarquistas (junto a Pierre-Joseph Proudhon, Mija�l Bakunin y Piotr Kropotkin).
Su pensamiento post-materialista abre una corriente, hasta el momento inexistente en la teor�a anarquista, hecho que le llevar� a un conflicto ideol�gico con el mismo Kropotkin. Sus teor�as influir� en las nuevas corrientes filos�ficas que surgen a fines del siglo XIX y comienzos del XX en torno al neokantismo y neoidealismo.
Errico Malatesta naci� el 14 de diciembre de 1853 en Italia, en un contexto familiar peque�o burgu�s. Su activismo pol�tico empieza a los 17 a�os, cuando se interesa por la Internacional y el socialismo antiautoritario. En 1872 conoce a Bakunin, de quien se considerar� su disc�pulo.
Posteriormente, Malatesta inicia un per�odo de viajes con la finalidad de participar en distintas agitaciones sociales. Entre los pa�ses en los que viaj� figuran Suiza, Espa�a, Egipto, Rumania, Francia, B�lgica e Inglaterra.
En marzo de 1885, para evitar la persecuci�n en Europa, decide huir a la Argentina. All� fundar� sindicatos, promover� la organizaci�n del proletariado, y a la vez se introducir� en fuertes luchas ideol�gicas con anarquistas individualistas.
En 1889 vuelve a Italia e inicia una larga etapa de creaci�n y fundaci�n de peri�dicos y revistas libertarias como L'Associazione (1889), L'Agitazione (1897), L'Internazionale (1901), La Rivoluzione Sociale (1902), Volont� (1913), Umanit� Nova (1920), Pensiero e Volont� (1924); de las cuales, las tres �ltimas son las m�s importantes por su prestigio entre la prensa anarquista internacional de la �poca.
En 1891, en Suiza, funda el Partido Socialista Revolucionario An�rquico Italiano, uniendo anarquistas ciprinianos y anarquistas propiamente dichos.
Despu�s de ser condenado a siete meses de c�rcel en Italia y a arresto domiciliario, escapa a Inglaterra desde donde pasa pronto a Estados Unidos. En 1900 vive en La Habana, y posteriormente a Nueva York y a Londres, donde trabaja de mec�nico electricista durante 13 a�os, atento siempre a los movimientos sociales y a mantenerse al d�a con el pensamiento cient�fico y filos�fico.
En 1907, en el Congreso Internacional Anarquista de Amsterdam, vuelve a verse envuelto en pugnas contra los anarquistas individualistas. Este mismo a�o publicar� pol�micos art�culos atacando el sindicalismo como c�spide del anarquismo.
En 1914 interviene en el Congreso del Fascio Comunista Anarchico, as� como tambi�n participa en una campa�a insurreccional dirigida contra la Monarqu�a de Saboya y el Vaticano.
Con la llegada de la Primera Guerra Mundial, Malatesta se muestra absolutamente partidario del absentismo obrero en la guerra, opci�n que producir� la separaci�n ideol�gica con Kropotkin (partidario de la alineaci�n con Francia e Inglaterra). La separaci�n se ejemplifica con la oposici�n de Malatesta al "Manifiesto de los 16" de Kropotkin.
En 1920 se produce una ola de ocupaciones de f�bricas por parte de los trabajadores donde Malatesta participa, siendo inspirador del movimiento.
Con la llegada de Mussolini, Malatesta es procesado por su participaci�n antifascista en varias revistas. Prisionero en su domicilio, aislado y reprimido por el fascismo, muere el 22 de julio de 1932 en Roma.
Con relaci�n a sus teor�as hay que decir que las desarroll� b�sicamente en un gran n�mero de revistas y diarios que fund� y en los cuales particip� activamente.
Alejamiento ideol�gico con Kropotkin
Las teor�as de Malatesta tienen una base y un origen en Kropotkin, a pesar que se diferencian en ciertos puntos, aumentando este distanciamiento a lo largo de sus vidas.
Las diferencias con Kropotkin se pueden resumir en tres puntos. En primer lugar Malatesta, a diferencia de Kropotkin, cree que el anarquismo no se puede basar en el cientifismo. Afirma que el anarquismo es un ideal �tico y social propuesto a la voluntad libre de los hombres, siendo la anarqu�a un orden natural, armon�a de necesidades e intereses de todos, libertad completa en el sentido de una solidaridad asimismo completa, d�ndole un sentido �tico y no cient�fico a la definici�n. En segundo lugar, Malatesta, a diferencia de Kropotkin, afirma que la voluntad y la conducta del hombre no est�n predeterminados y por lo tanto el hombre se forma socialmente. Y finalmente, una gran diferencia que los distanci� definitivamente fue el posicionamiento de ambos ante la Primera Guerra Mundial: mientras Kropotkin apostaba por la intervenci�n de los obreros en la guerra junto con Francia e Inglaterra, Malatesta fue un fervoroso opositor a la participaci�n de los obreros en la guerra, vi�ndola como una simple lucha entre dos bandos igualmente imperialistas y pro-capitalistas.
Visi�n sobre el sindicalismo
Siguiendo con su pensamiento, cabe destacar su particular visi�n sobre el sindicato y su funci�n dentro del movimiento anarquista. Malatesta parte de la premisa que el sindicato es necesario, y que los anarquistas deben participar en �l o fundarlo cuando �ste no exista. A pesar de esto, afirma que el sindicato es un medio y no una finalidad. Esta idea se basa en sus sospechas sobre el hecho que el sindicato, si no se tiene clara su funci�n, puede convertirse en un pseudopartido, con tendencias jerarquizantes y autoritarias. A la vez, cree que el sindicalismo no debe caer en el error del oportunismo y conformismo social, ni en la pura defensa de los intereses particulares.
Concepci�n econ�mica
Respeto a su concepci�n en lo econ�mico, la posici�n de Malatesta cambia a lo largo de su vida. En un primer periodo coincide con Kropotkin al considerar el comunismo como un sistema econ�mico ideal. Para �l comunismo significa que "todos trabajan y todos disfrutan de todo. Basta solo saber cuales son las cosas que se necesitan para satisfacer a todos y hacer de modo que todas estas cosas sean abundantemente producidas". Seg�n el autor, no tendr�a que existir ni la moneda ni nada que la sustituyera, aunque s� un registro de las cosas pedidas y las producidas a fin de tener la producci�n a la altura de las necesidades. Textualmente cita que "lo que queremos hacer por la fuerza es poner en com�n los terrenos, materias primas, instrumentos de trabajo, edificios y todas las riquezas que actualmente existen". A pesar de esta afirmaci�n, en un segundo momento de su vida, Malatesta sustituye �ste dogmatismo econ�mico entorno al anarcocomunismo por otra idea: la de que cada localidad de personas experimente su sistema econ�mico (mutualismo, cooperativismo, colectivismo o comunismo). Aunque Malatesta est� abierto a que las comunidades asuman el sistema econ�mico que prefieran, tiene la certeza que todas acabaran asimilando el comunismo como sistema econ�mico ideal. De esta manera afirma que "Referente al modo de organizarse y de distribuir la producci�n el pueblo har� lo que quiera, tanto m�s cuanto que en la pr�ctica puede verse cual es el mejor sistema (...) cuando se haya visto cual sistema es el mejor (el comunismo, seg�n �l), los dem�s lo ir�n adoptando".
Organizaci�n pol�tica y social
Sobre la organizaci�n pol�tica Malatesta sigue un m�todo muy did�ctico: en primer lugar define el origen del estado y del gobierno, posteriormente hace una cr�tica al sistema de estado y de gobierno en la actualidad y finalmente propone la alternativa del anarquismo como organizaci�n social y pol�tica.
Para Malatesta la palabra Estado significa el conjunto de instituciones que sustraen al pueblo la gesti�n de sus propios asuntos, para, mediante la delegaci�n, confiar a algunos individuos la facultad de hacer leyes sobre todos y para todos. Adem�s, Malatesta insiste en el hecho de entender como sin�nimos Estado y gobierno. La abolici�n del estado ser�, seg�n �l, la abolici�n de organizaci�n pol�tica que se apoya en la autoridad, y a la vez, la construcci�n de una sociedad libre y anti-autoritaria con los motores de la harmon�a y el concurso voluntario, para satisfacer todas las necesidades sociales.
El autor, a la vez, rechaza dos tipos de definiciones de Estado: en primer lugar, rechaza que estado se entienda como v�nculo de conexi�n social, ya que por consiguiente, anarqu�a se podr�a entender como disgregaci�n social. En segundo lugar, rechaza el concepto de estado meramente como poder central, ya que consecuentemente anarqu�a se podr�a entender solo como cantonalismo y comunalismo. Por estas dos razones, Malatesta propone evitar la frase "abolici�n de estado" y sustituirla por "abolici�n de gobierno".
Sobre el concepto de gobierno, Malatesta apunta que �ste se ha constituido hist�ricamente a partir de un hecho de fuerza (usurpaci�n) o de la imposici�n por parte de un grupo social (predominio de la minor�a sobre la mayor�a). Respecto a este concepto, el autor nos da dos definiciones contrapuestas. La primera, que seg�n �l es la de "ellos" y consiste en entender gobierno como una entidad moral que contiene atributos de raz�n, justicia e independencia, con un poder social abstracto. La segunda definici�n, que seg�n Malatesta es la de "nosotros", definiendo el gobierno como un conjunto de gobernantes que legislan para reglamentar las relaciones del hombre, que decretan, que fuerzan al servicio militar, que castigan, que monopolizan, que declaran la guerra y que obligan a todo el mundo con la finalidad de designios particulares. Su cr�tica al gobierno se base en el hecho de que los gobernantes no pueden estar excepcionalmente dotados para apartar a los propios individuos de sus deliberaciones.
Una vez rechazado por amplias razones el concepto de Estado y gobierno, Malatesta propone la anarqu�a como modelo social y pol�tico en sustituci�n del modelo que impera en la actualidad.
Seg�n Malatesta, el anarquismo tiene una �nica raz�n de ser, y es la rebeli�n moral contra la injusticia. El anarquismo nace cuando alguien ve que las causas de todo mal son las luchas entre los hombres con el dominio de los vencedores y la explotaci�n de los vencidos; la sumisi�n de unos ante los otros a lo largo de la historia, con el consecuente nacimiento del capitalismo, el estado y la propiedad privada.
Para Malatesta, la base fundamental del m�todo anarquista es la libertad. Seg�n �l, anarqu�a significa "no gobierno", es decir que el pueblo mismo tiene que decidir lo que hay que hacer y cuando hay que hacerlo. En el caso de darse situaciones que no se puedan resolver de manera instant�nea se deber�a elegir delegados, los cuales ser�an personas escogidas entre las m�s inteligentes pero sin ninguna autoridad sobe las dem�s. A�ade que la organizaci�n debe empezarse desde abajo e ir subiendo gradualmente (de lo simple a lo compuesto). Su concepci�n organizativa se basa en la existencia de muchas agrupaciones, dentro de las cuales existen los diferentes oficios, con sus respectivos delegados. Estos ser�an responsables de llevar las inquietudes de la agrupaci�n a las asambleas, cuyas conclusiones ser�an devueltas a las agrupaciones. La finalidad de la anarqu�a se puede resumir en la necesidad de que surja una organizaci�n social cuyo objetivo sea el bienestar y la libertad, la reuni�n y la fraternidad humana.
Su peque�a cr�tica al movimiento anarquista es que, seg�n el, a pesar que no debe verse la anarqu�a como algo ut�pico y lejano, se ha descuidado mucho de qu� manera se llega a ella, despreocup�ndose de los medios y caminos para implantarla. A la vez, hace algunas aclaraciones sobre el concepto de "anarquista" y critica el pseudoanarquista. Seg�n Malatesta, no basta para ser anarquista creer en el hermoso ideal de la anarqu�a, sino que hay que luchar para alcanzarla, reclamando siempre libertad y justicia. Tambi�n rechaza el hecho de aparejar el concepto de rebelde al de anarquista. Define a los rebeldes como individuos pertenecientes a la clase oprimida que no rechazan convertirse en opresores; individuos con mentalidad y sentimientos de un burgu�s frustrado. Por todo esto, rechaza la confusi�n entre rebelde y anarquista.
Concepci�n de la democracia representativa
Un aspecto a destacar es la cr�tica a la democracia representativa que hace Malatesta. En primer lugar, su cr�tica se centra en el sufragio universal. �ste, seg�n el autor, se basa meramente en la cantidad, hecho que no contempla la equidad. Afirma que el sufragio universal no es nada m�s que la capacidad de saber enga�ar a la masa y que genera vencedores (con el cinismo de la mitad m�s uno) y vencidos. Adem�s, el hecho de que el gobierno sea escogido por una mayor�a no garantiza que �ste sea racional y justo, ni que obre en favor de los intereses comunes. Tambi�n a�ade que adem�s de los problemas estructurales del sufragio universal, los mecanismos electorales no son capaces de representar aut�nticamente a las mayor�as.
Para entender el origen del parlamentarismo, Malatesta nos habla de dos tipos de opresiones hist�ricas: la opresi�n directa mediante la fuerza, o la indirecta, que ser� el origen del parlamentarismo. As�, el parlamentarismo moderno, no es m�s que la dominaci�n de la clase capitalista mediante la fuerza aplicada sutil e indirectamente. El autor ejemplifica este enga�o afirmando que el proletariado, en muchos pa�ses, obtiene mayor�as en las elecciones del gobierno. Esto no es m�s que una concesi�n de la burgues�a para evitar que el pueblo se emancipe absolutamente. As�, el derecho de sufragio concedido al pueblo no es m�s que algo ilusorio y que solo sirve para considerar el poder de la burgues�a, enga�ando de forma descarada al proletariado. Por todo esto, Malatesta afirma que "a�n con el sufragio universal, el gobierno ha continuado siendo el gendarme da la burgues�a."
Cr�tica al marxismo y el bolchevismo
Es importante tambi�n la cr�tica que Malatesta hace al marxismo y al bolchevismo que podemos resumir en cuatro puntos. Primeramente Malatesta afirma que el comunismo no es el resultado l�gico y necesario de las fuerzas econ�micas sino el producto de una conciencia generalizada de la solidaridad entre los hombres, diferenci�ndose del concepto marxista y bolchevique de comunismo. En segundo lugar critica el concepto de revoluci�n que tiene por meta instaurar el marxismo ya que para �l no consiste en la toma del poder por parte de la clase obrera ni en implantar una dictadura del proletariado; en oposici�n a esto, Malatesta considera la revoluci�n como un medio para liquidar a todo gobierno y para la toma de posici�n, por parte de los grupos trabajadores, de la tierra y los medios de producci�n. En tercer lugar, el autor se aleja del marxismo y bolchevismo ya que para �l la edificaci�n de una sociedad comunista debe concebirse como resultado de un largo proceso evolutivo y no puede ser uniforme ni simult�neo. Para el autor "ning�n sistema puede ser vital y liberar realmente a la humanidad de la at�vica servidumbre, si no es fruto de una libre evoluci�n". Finalmente, en relaci�n a la definici�n de rebelde vista anteriormente, se puede entender, aunque sutilmente, que los individuos a los que se refiere el autor (aquellos pertenecientes a la clase oprimida que no rechazan la idea de convertirse en opresores) responden claramente a los bolcheviques y a su idea de la dictadura del proletariado.
Antiindividualismo
Ya conocemos, por lo citado en la biograf�a, los m�ltiples conflictos que Malatesta tuvo con anarquistas individualistas. El autor siempre fue contrario al individualismo, hecho que le llevo a la enemistad entre algunos grupos anarquistas. El autor afirma que la acci�n social no es m�s que el resultado del conjunto de las iniciativas individuales. A la vez, ve la necesidad de que la suma de individuos concurra al mismo objeto para evitar divergencias y oposiciones. Afirma que el socialismo libertario no es mas que la voluntad de impedir que ciertos individuos opriman a los otros, negando rotundamente la falsa definici�n de que el socialismo libertario se basa en aumentar la independencia individual en detrimento de lo social. Su antiindividualismo se da a conocer cuando Malatesta afirma que es imposible la existencia del individuo fuera de la sociedad. Es m�s, el individuo humano existe gracias a la sociedad, el entorno y la historia; entendiendo su existencia como resultado de incontables generaciones pasadas y tambi�n como resultado de la colaboraci�n solidaria entre sus contempor�neos. Malatesta llega a afirmar la imposibilidad del pleno individualismo ya que cualquier actitud individual influye directa o indirectamente en la sociedad. As� pues, contrapone el individualismo al concepto de solidaridad.
El concepto de solidaridad
Finalmente, es importante poner �nfasis en el concepto de solidaridad, ampliamente desarrollado por el autor. Seg�n Malatesta, el principio b�sico de la anarqu�a es la solidaridad voluntaria. Su extensa teor�a sobre la solidaridad empieza con los or�genes de �sta. El ser humano, dentro de su entorno natural, necesita asegurarse la existencia de una manera necesaria, instintiva e inconsciente, mediante dos tipos de lucha. La primera, de car�cter individual contra su entorno y contra otros individuos. La segunda, mucho mas importante, mediante la cooperaci�n, el apoyo mutuo y la asociaci�n contra factores naturales que niegan el desarrollo y el bienestar. As� pues, la conclusi�n es obvia: la cooperaci�n es la �nica manera que el hombre tiene para progresar. El hombre ha podido salir del estado de animalidad gracias a su instinto de sociabilidad cooperativa, haciendo que la conservaci�n de la especie mediante la solidaridad llegue a ser el fondo de la naturaleza moral del hombre. Malatesta destaca la adquisici�n del lenguaje como factor vital para llegar a la sociabilidad.
El hombre tiene la capacidad de asociarse de modo extensivo. Esto lo distingue de los animales, ya que su capacidad asociativa no llega mas all� de una comunidad. Por ejemplo, las hormigas pueden asociarse dentro de un hormiguero, pero nunca con las hormigas de otro hormiguero.
Malatesta coincide con Bakunin cuando afirma que la emancipaci�n individual no es posible sin la emancipaci�n colectiva, mediante la solidaridad.
El autor ve la solidaridad como un concepto natural y evolutivo ligado al hombre. A pesar de esto, ve un quiebre entre solidaridad y humanidad en un determinado momento de la historia. Desde el momento en que algunos hombres descubrieron que pod�an aprovecharse de la cooperaci�n y solidaridad de todos los otros, les sometieron bajo su dominaci�n. As�, la solidaridad que tendr�a que haber llegado a todas las relaciones humanas, sufri� un cambi� de direcci�n que conllev� el nacimiento de la propiedad privada y el gobierno. De este modo se ha desviado la lucha de todos para el bienestar de la humanidad por la lucha de todos contra todos. Esta situaci�n no puede cambiar hasta que los explotados de todo el mundo no se den cuenta que su libertad pasa por la posesi�n de los medios de producci�n, de la tierra y de los instrumentos de trabajo, es decir, la abolici�n de la propiedad individual. Con la abolici�n de �sta, el gobierno, su principal defensor, tambi�n deber�a desaparecer de tal modo que la cooperaci�n y la solidaridad volver�an a ser libres, voluntarias y directas y se desarrollar�an en el m�s alto grado.
Llegado el estado de anarqu�a la solidaridad se expresar�a en la libre organizaci�n del trabajo, en la distribuci�n igualitaria de toda la producci�n, y el trabajo por el bienestar de todos (siendo �ste una diversi�n deseada ya que cada uno podr�a escoger aquel trabajo que se adaptase a sus inclinaciones).
As� pues, resumiendo el amplio concepto de Malatesta sobre la solidaridad, hay que decir que �sta es natural en el hombre, que en determinado momento sufre un brusco cambio para ser aprovechada en beneficio de unos pocos, siendo la propuesta del autor la reubicaci�n de la solidaridad hacia el bien de la humanidad llegando a un estado de anarqu�a, mediante la supresi�n de la propiedad privada y del gobierno.
Como conclusi�n, cabe destacar el aporte de Malatesta abriendo nuevos caminos en el anarquismo del siglo XX. �ste hecho le costo el distanciamiento con los grandes cl�sicos, como es el caso de su alejamiento con Kropotkin.
Es interesante rescatar su concepci�n sobre el sistema de estado y de gobierno, su teor�a sobre la solidaridad humana, su alejamiento del positivismo y su particular visi�n experimentadora en relaci�n al modelo econ�mico anarquista.