El Torneo de los Estribillos
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No se vaya, me dijo mi comadre Juana, cuando
me preparaba a salir de Boca de Bagre. No se vaya pa que vea el desafío
lo de los estribillos.
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Y qué es eso, comadre?
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Eso es que dos, hombre y mujer, bien asentaos,
se ponen a cantar en verso y a picarse uno a otro hasta que sale uno corrido.
Pero no hay enfado,y todo se güerve fiesta y diversión mismamente.
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Pues me quedo, comadre. Yo no pierdo estas cosas
tan interesantes. Pero qué llaman estribillo?
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Eso quiero decir que del mesmo verso que uno
canta el otro tiene que sacar la contestación, y er que pica más
juerte ese se lleva la palma.
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Y quién es el juez de la partida?
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Er Jabao
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Quién es el Jabao?
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Es aquí el hombre que sirve para todo.
El es aquí guitarrero, bailarín, tinterillo, fiestero, sacristán,
santo varón, cancionero...
De todo
entiende.
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Es la romana del diablo el hombrecito?
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Aquí no se puede hacer nada sin el Jabao,
y por eso él como en todas partes, chupa en todas las chinganas,
peñisca a todas las muchachas....
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Caramba! Es el mejor destino que hay en toda
la República. Cualquiera, hasta el mismo Dictador, se cambiaría
por el Jabao!
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Ya no tarja en llegar. Vea como la gente se
reune ar pie der guayabo y empieza a alborotarse.
En efecto, la gente moza rebullía en
torno del árbol y se preparaba a gozar de la agreste matiné
Había un tamborcillo que empezaba
soliviantar a las parejas.
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Comadre, preguntó, ¿quiénes
son los cantores? .
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Ella, compadrito, es una chica que se pasa de
viva y tiene locos a los mozos de este sitio. Se llama María de
la Posa; paro todos lo decimos Mariposa.
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Y él?
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El es un pillo muy largo, que las coge al vuelo
y las mata callando. Aquí se le conoce por el Colorao y no tiene
más apelativo. Pero acérquese, que ahí viene ya el
Jabao con toda su cuadrilla.
Un enorme grupo de personas, en traje de fiesta,
venía por la soleada pampa, trayendo en el centro al Jabao, al Colorao,
y a la Mariposa, sobre la cual llovía el piropo de todos los colores,
desde el rosa pálido hasta el rojo púrpura.
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¡Ay, cómo te comiera un tigre hambriento
y te jüera a gomitar en mi, cuarto! Le decía un cholito empericado.
Al fin logró el Jabao formar un círculo
y colocar en el centro a los héroes de la fiesta. El Colorao parecía
algo tímido; pero su competidora, que lucía un busto soberbio,
color de bronce, sonreía sin cesar y hechaba miradas picarecas a
todos los varones, haciendo alarde de su recia contextura.
El Jabao notó mi proscencia y tuvo
la fineza de hacerme adelantar algunos pasos para que no perdiera una sola
nota del concurso.
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Ahora, me dijo mi comadre Juana, va a hacer
la entriega de la guitarra y ahí canta el Jabao.
Este, en afecto, le quitó solemnemente
la funda verde a una enorme guitarra española y pidió el
farol.
El farol era la damajuana de aguardiente
para alumbrarse el caletre, como él decía; y después
de echar un trago largo y sostenido, avanzó hacia la mocita y poniendo
la guitarra en su rosada falda cantó así:
MARIPOSA:
Este pueblo te pide canciones
Que sean la alegría de la tierra;
Dale gusto, mi ñata querida,
Tú que sabes tocal la vigüela
Una salva de aplausos acogió el ofertorio
del Jabao, y la ñata emocionada le tiró un beso volado.
Salió otra vez a la pampa el farol,
para que se alumbraran por dentro los cantores, y el Colorao presentó
el vasito a la arrogante hembra; más cuando ella bebía marcó
con el dedo el borde del vaso para beber él por el mismo sitio y
adivinar sus secretos.
La muchacha notó la picardía
y lo arrimó un soberano puntapié en toda la espinilla a guisa
de sanción.
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Ahora, dijo ella, venga de allá, y punteó
la guitarra.
El Colorao punteó a su vez y cantó
así:
Señorita, soy un pobre;
Pobre, pero generoso,
Como un grueso de espinazo
Pelado, pero sabroso.
Con nutridas aclamaciones fué acogida
la copla, y el Jabao la ilustró así,.
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Eso es mucha verdá! Hay, digo habemos
hombres pelaos de dinero; pero sabrosos de cariño pa las señoras
mujeres. A ver, descuélgate ahora vos, Mariposa, y dale que le das
en el tronco de la oreja.
La muchacha terminó su glosa y dejó
oír su bien timbrada voz en estos términos:
Estos mocitos pelados
Tienen muchas pretensiones;
Pero no saben tuavía
Amarrarse los calzones.
El Jabao se mataba explicando que eso de
los calzones se refería a las cargas de la familia; pero el concurso
femenino tomaba el verso en sentido literal y volvía loco con sus
cuchufletas al pobre Colorao.
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Colorao, le dijo una hembra del grupo, te los
sabes amarrar ú se te caen?
Otras hacían ademán de zurrarle
la bandana.
El Colorao cantó con voz colérica:
Yo los tengo bien fajaos,
Con una tira de beta,
Pa que sirvan de respeto
A toda mujer coqueta.
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Ajá, Ajá? Gritaron los hombres,
se la cobró bien cobrada. Bravo, Colorao! Aprieta Colorao
Las muchachas animaban a la de su sexo, que
no tardó en sacar al frente el combo seno exclamar con acento desdeñoso:
Las coquetas son las tontas,
Que dan a torcer el brazo.
Yo no soy de las que gastan
La pólvora en gallinazo!
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Esta vale, opinó el Jabao. Se la pegó
al Colorao en toda la boca del estómago.
No te mueras del susto, pollanclón, y
ajusta la clavija, que está floja. Viva la Mariposa, Reina de las
Flores!
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Puja, Colorao! gritaron los mocetones. Mira
que la gallina tiene espuela!
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Allá voy dijo éste reanimándose:
-Yo tampoco gasto pólvora
En un pájaro tiznao,
Pues sólo una Mariposa
va cazando el Coloreo!
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Lo que te fafta es cogerla, dijo el Jabao.
No te dejes agarrar, Mariposa! exclamaron las
muchachas.
Colorao son los mameyes
Cuando están recién cogíos;
pero de ciento no hay uno
Que no salga empedernido!
A lo cual respondió el contrincante.
Empedernidas hay muchas
Que andan torciendo el jocico;
Pero si er galán se ajuye
Lloran a moco tendido
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Así, Colorao, duro con ella, le insinuaban
todos. No te quedes aculao!
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Llorona! gritaron otros.
Ella cantó entonces con una picardía
encantadora:
Yo soy una Madalena
Y me dicen la llorona;
pero lloro por los tontos
Cuando pico la cebolla
El Colorao cambió el tono de la guitarra
y, haciendo resonar fuertemente los bordones, cantó así:
Yo no sé picar cebolla,
Pero juro por la Cruz,
Que tu ropa y la mía
Las guardará mi baúl.
Ah, canarios! exclamó el Jabao zapateando.
Cójanme ese trompo en la uña! Lo que se acaba de cantar quiero
decir que serán pronto marido y mujer. Vivan los novios!
La Mariposa perdió los estribos y
echando fuego por los ojos, se dejó oír así, con voz
más gruesa de la natural:
Juro yo por San Jacinto,
Que antes de hacer tal locura,
He de ver volar un buey
Y acabar
.
La pobre muchacha no , sabia como terminar
la copia y respiraba con fatiga, llena de confusión y de vergüenza.
pero ahí estaba ese rico Jabao, que le sopló al oído:
Entonces ella reanudó la copia y la dejó
caer así, como quien tira una piedra:
Yo juro por San Jacinto,
Que antes de hacer tal locura
He dar ver volar un buey
Y acabar la Dictadura.
El Colorao se declaró vencido y se
puso de rodillas ante la dama, con un vaso de aguardiente en la cabeza.
Ella enternecida se dejó besar la
mano.
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Así es -le dije yo al Jabao- que Ud.
no cree en el fin de la Dictadura?
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No, mi blanco, me respondió. La Dictadura
es como la mala yerba, que no se acaba nunca y solo sirve pa lastimar al
género humano.
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Pero ya está reunida la Asamblea, hombre!
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Pa mi, repuso, todo es Dictadura.
El corrido entonces fui yo.
Ese hombre campesino, ese rústico
desconocido, había dicho en cuatro palabras más que la prensa
de oposición en diez editoriales.
Veo, pues, que decae el oficio de periodista
y se yergue el de Jabao en cualquier recinto de parroquia.