DIABETES

 

 

¿ Qué es la diabetes?

 

 Se define a la diabetes como la incapacidad de nuestro organismo de usar apropiadamente la glucosa o azúcar sanguínea. La glucosa es para nuestro cuerpo lo mismo que la gasolina para un automóvil. Los hidratos de carbono como los azúcares, las harinas, los almidones, los productos lácteos, las frutas y los vegetales son la principal fuente de glucosa. Cuando nuestro organismo está funcionando de manera normal, nuestros niveles de glucosa o azúcar sanguínea se elevan luego de alimentarnos. Cuando la glucosa es depositada en la sangre, la insulina ( una hormona fabricada por el páncreas ), saca la glucosa o azúcar de la sangre y la distribuye a través de nuestras células, donde la glucosa es usada como combustible; sin embargo, la diabetes afecta este procedimiento. En la persona con diabetes, el páncreas deja de producir insulina por completo, o produce insulina que no funciona efectivamente, el resultado en ambos casos es que la azúcar se acumula en la sangre llevando los niveles de glucosa sanguínea a niveles anormales. Los niveles normales de azúcar en la sangre deben ser de 80 a 110 miligramos por decilitro de sangre.

 

 Los principales síntomas de diabetes incluyen: altos niveles de azúcar en la sangre y en la orina, micción frecuente, hambre inusual, sed excesiva, pérdida de peso, debilidad, cansancio, irritabilidad y cambios de ánimo, sensación de malestar en el estómago, infecciones frecuentes, vista nublada, cortaduras y rasguños que no curan o que curan muy lentamente, picazón o entumecimiento en las manos o en los pies, infecciones en la piel, la encía o vejiga.

 

Factores de riesgo

 

 Uno de los principales factores de riesgo es la obesidad. Cuanto más obeso se es, más insulina necesita el organismo para mantener la concentración adecuada de glucosa en la sangre, y más peligro hay de que el páncreas falle por la sobrecarga de trabajo.

 

 También son factores de riesgo llevar una alimentación rica en grasas y tener un pariente cercano diabético. Fumar puede agravar los efectos de la enfermedad, pues entorpece la circulación, con el consiguiente incremento en el peligro de infecciones, gangrena y amputaciones. En el caso de las mujeres, el embarazo permite en ocasiones observar un síntoma temprano: una excesiva concentración de glucosa en la sangre en una mujer encinta es indicio de un mayor riesgo de contraer diabetes más adelante.

 

 

 

 

La diabetes en México

 

 En México, después de las enfermedades del corazón y de los tumores malignos, es la tercera causa de muerte. Tan sólo en 1997 quitó la vida a 36 000 mexicanos. La tasa de mortalidad debida a ella ha aumentado a un ritmo alarmante. De 8 muertes por cada 100 000 habitantes en 1960, saltó a 22 en 1980, y a 39 en 1998.

La Secretaría de Salud ( SSA ) calcula que hay 1.2 millones de adultos que padecen la enfermedad y no se han enterado. Si a ello se suman los 2.8 millones de casos ya diagnosticados, el resultado es un 8% de ese sector de la población.

 

 Menos de 5% de los diabéticos mexicanos tienen destruidas las células secretoras de insulina del páncreas. Quienes padecen esta forma de diabetes, llamada hoy del tipo 1 y antes conocida como insulinodependiente, necesitan inyectarse diariamente la hormona.

 

 Sin embargo, la gran mayoría de los enfermos, padecen diabetes del tipo 2 ( antes llamada no insulinodependiente ). Estos diabéticos segregan insulina, pero no la suficiente para utilizar y almacenar la glucosa de manera satisfactoria. La población de ascendencia mestiza de América presenta una alta resistencia a la insulina, por lo que es más propensa a la diabetes que otras razas.

 

Dada la elevada incidencia de la diabetes en México y sus trágicas consecuencias, la Federación Mexicana de Diabetes considera urgente emprender una campaña nacional de detección y educación. Así podrían salvarse miles de vidas y millones de pesos.

 

 El diagnóstico oportuno es tan sólo la mitad de la batalla que tenemos que ganar. La otra mitad es la educación. Los enfermos deben saber en qué consiste la enfermedad y estar conscientes de que, si no siguen al pie de la letra las instrucciones del médico, están jugando a la ruleta rusa.

 

Consecuencias

 

 Si el exceso de glucosa en la sangre no se controla, sobreviene un sinfín de padecimientos, entre ellos apoplejías e infartos, los cuales causan más de 60% de las muertes de diabéticos. La diabetes aumenta de 2 a 4 veces el riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares. Como consecuencia del daño a los nervios y de la mala circulación, las heridas tardan más en sanar. Se corre mayor peligro de sufrir úlceras crónicas en las extremidades, e incluso gangrena, caso en que puede hacerse necesaria una amputación.

 

 Según los expertos, en más del 40% de los hombres diabéticos, los daños neurológicos y vasculares ocasionan impotencia. Suele ser uno de los primeros síntomas. Con un control riguroso de la glucosa y otros tratamientos, a menudo es posible restituir la potencia sexual.

 

 La diabetes también puede afectar los vasos capilares de la retina, y es la principal causa de ceguera en el país. Aunque la pérdida de la vista es evitable en gran medida con el uso de fármacos o la aplicación de láser, el doctor Agustín Lara Esqueda, subdirector de Enfermedades Crónicodegenerativas, del Programa de Salud del Adulto y del Anciano, de la SSA, afirma que 50% de los diabéticos presentan deterioro de la retina a los 10 años de habérseles diagnosticado el mal, y el 80% de ellos a los 20 años.

 

 

Hipoglucemia

 

 Se considera como normal que varíe, dentro de ciertos limites, la cantidad de azúcar en la sangre, incluso en los que no son diabéticos. Sin embargo, si la cantidad de azúcar baja aun más, esto ya es anormal. A este bajo nivel de azúcar se le conoce como hipoglucemia, y no hipoglicemia, como en ocasiones se le denomina de manera errónea. En los diabéticos que necesitan insulina se puede presentar hipoglucemia, porque no siempre se administra la cantidad exacta de insulina. Si se aplica demasiada, el nivel de azúcar puede caer de manera peligrosa. Si se como poco o incluso si se hace mucho ejercicio, pueden aumentar los niveles de insulina en la sangre y, por consiguiente, descender los niveles de azúcar. De vez en cuando puede haber caídas menores que no ocasionan ningún problema, pero si la cantidad de azúcar permanece baja por mucho tiempo, puede haber daño cerebral. Si los diabéticos cuidan sus niveles de azúcar en la sangre y toman las medidas necesarias para restablecer cualquier desequilibrio, la hipoglucemia se puede evitar.

 

 Los síntomas de hipoglucemia son: sudor intenso, mareos, pulso rápido, debilidad, confusión, temblores, dolor de cabeza, hambre, sensación de hormigueo, sacudimientos bruscos, palidez y, en casos graves, inconciencia.

 

 Un remedio rápido contra hipoglucemia es un terrón de azúcar, un chocolate o una tableta de glucosa. Si se presenta inconciencia, el paciente debe ser hospitalizado.

 

 Como los diabéticos corren el riesgo de padecer un ataque de hipoglucemia, deben llevar consigo un poco de azúcar y una ampolleta de glucagón, y asegurarse de que su familia y sus compañeros de trabajo sepan inyectar el glucagón.

 

Tratamientos

 

 La diabetes actualmente no tiene cura pero los médicos han realizado muchos experimentos que han dado como resultado varios tratamientos que pueden mejorar la calidad de vida de los diabéticos.

 

 En un estudio que duró 48 horas, a 10 pacientes con diabetes tipo 1 y en buen estado de salud se les dio un pedazo de pizza de 60 gramos, 330 mililitros de refresco y un postre con abundantes calorías. El primer día fueron divididos al azar en 2 grupos.  Momentos antes de ingerir los alimentos, a los integrantes del primero se les aplicó casi 15 unidades de insulina humana regular, en tanto que a los del otro grupo se les aplico 15 unidades de insulina lispro. Ocho horas después, sus niveles de azúcar en la sangre fueron medidos. Al día siguiente se repitió el experimento, pero esta vez cada grupo recibió la insulina que se le había aplicado al otro 24 horas antes.

 

Los niveles de glucosa después de la ingestión de los alimentos con alto contenido en carbohidratos fueron menores en quienes recibieron la insulina lispro ( con la insulina humana regular fueron 61% más altos en las 3 horas ulteriores a la ingestión de los alimentos ). Aun más, en los pacientes que recibieron la insulina lispro, estos niveles volvieron a estabilizarse.

 

Según el responsable del estudio, el doctor Lutz Heinemann, de la Universidad Heinrich Heine, en Dusseldorf, Alemania, la rapidez con que la insulina lispro actúa es más adecuada para limitar la hiperglucemia después de una comida rica en carbohidratos que la acción de la insulina humana regular.

 

Este análogo de la insulina es un derivado estructural de la insulina humana regular, diseñado para simular la respuesta de ésta.

 

 Millones de diabéticos deben pincharse un dedo una vez al día para medir la concentración de glucosa que tienen en la sangre; además, alrededor de 10% de ellos deben inyectarse insulina de 3 a 5 veces al día. Sin embargo, esto probablemente cambie una vez que estén a punto ciertos dispositivas sin agujas que se han discurrido para ambos fines.

 

 En unas pruebas clínicas preliminares, 2 inhaladores que administran insulina a través de los pulmones resultaron tan eficaces como las inyecciones, pero aún hacen falta otros estudios para que la Dirección de Alimentos y Medicinas de Estados Unidos autorice su empleo.

 

 

 También están en proceso de invención unos monitores que miden la concentración de glucosa en la sangre a través de la piel mediante un proceso electroquímico y no de análisis sanguíneo. Uno de ellos, llamado Gluco Watch, que se lleva en la muñeca como reloj de pulso, está en etapas de pruebas clínicas.

 

 

 Los científicos llevan años buscando una píldora que sustituya a las inyecciones de insulina. Recientemente, un equipo de investigadores desarrolló un fármaco ( llamado L-783, 281 ) que parece tener una acción similar a la de la insulina sobre los tejidos. Administrado por vía oral a ratones, disminuyó en gran medida la concentración de glucosa en la sangre al activar los receptores de insulina de las células, y causó pocos efectos secundarios de consideración. La investigación aún es preliminar, y hacen falta más estudios para encontrar una forma todavía más inofensiva del fármaco que permita efectuar pruebas clínicas con seres humanos. Sin embargo, los expertos afirman que este hallazgo puede llevar a la creación de la primera alternativa a las inyecciones de insulina para los enfermos de diabetes del tipo 1 –la forma más grave de la enfermedad-, y de una opción terapéutica más para aquellos que padecen diabetes del tipo 2.

 

 Nueve diabéticos se han librado de las inyecciones de insulina constantes gracias a un transplante de islotes de Langerhans ( los grupos de células pancreáticas secretoras de la hormona ) combinado con una terapia medicamentosa para evitar el rechazo. Unos investigadores canadienses llevaron a cabo la intervención, que consistió en insertar un catéter en el abdomen del paciente e inyectar a través de él islotes purificados ( obtenidos del páncreas de donadores muertos ) en la vena porta, que conduce sangre al hígado. Los islotes transplantados se alojaron en este órgano y empezaron a segregar insulina como reacción al aumento de glucosa en la sangre. En general, los pacientes ya no necesitan inyecciones de insulina hace más de un año.

 

 El nuevo tratamiento se sigue estudiando. Por ejemplo, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, así como la Fundación Internacional de Lucha contra la Diabetes Juvenil ( FILDJ ), subvencionan a la Red de Tolerancia Inmunitaria, organización que supervisa pruebas de la intervención en una decena de instituciones.

 

 Por desgracia, advierten los investigadores, los receptores del transplante deben tomar inmunosupresores de por vida, lo cual aumenta el riesgo de que contraigan infecciones y ciertos tipos de cáncer. Además, aún falta determinar si la intervención resulta inofensiva y eficaz a la larga. No obstante, como dice el doctor Richard Furlanetto, director científico de la FILDJ: “Quizá sea éste el hallazgo más importante de la última década en la investigación de la diabetes del tipo 1”.

 

 

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