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EL PIQUETE
IGLESIA PARROQUIAL DE NUESTRA SE�ORA DE LA ASUNCI�N, ANTES DE SANTA MAR�A.
(fachada Sur - 1996)
Sin ninguna duda, la se�a de identidad de Quinto. El �nico elemento arquitect�nico diferenciador que poseemos. La construcci�n m�s antigua, con m�s historia y mayor valor art�stico de nuestro pueblo. Todo lo que hagamos por recuperarlo ser� poco. Sus piedras, sus ladrillos tienen mucho que ense�arnos, tienen que seguir siendo testigos de los acontecimientos importantes de Quinto.
ALBUM DE FOTOS DEL PIQUETE
El Piquete o "iglesia vieja" de Quinto se halla situado en lo alto de una loma, denominada "La Corona dominando todo el caser�o y los caminos que, procedentes de Zaragoza, se bifurcan en este punto hacia L�rida por los Monegros y hacia Alca�iz en la Tierra Baja.
Seg�n J. Carlos Escribano S�nchez, la iglesia de Quinto formaba parte de un conjunto mayor, La Corona, de car�cter defensivo, que puede asimilarse al castillo de la poblaci�n. El templo se conserva, no obstante, con casi todos sus elementos importantes, salvo el p�rtico y sacrist�a, perdidas, y el atrio, que no se reconoce. Se inicia su construcci�n hacia 1.414, no conserv�ndose restos de edificio anterior, el cual amenazaba ruina en 1.401.
Es un important�simo monumento mud�jar, con obras correspondientes, como se ver�, a dos ampliaciones en �poca barroca. Muestra en la portada los escudos de D. Fadrique de Arag�n (despose�do de la baron�a de Quinto en 1430), de Benedicto XIII, papa Luna, (1.394-1.424), y del arzobispo de Zaragoza, D. Francisco Clemente P�rez (toma posesi�n en 1.414, y aunque promovido a Barcelona vuelve en 1.429, a�o de su muerte). La cronolog�a de la obra puede fijarse por tanto entre 1.414-1.424.
Por lo que hace a la parte mud�jar disponemos de las noticias proporcionadas por
Diego de Esp�s en su Historia eclesi�stica de la Ciudad de Zaragoza, obra
manuscrita de la que se conservan varios ejemplares, uno de los cuales se guarda en
el Archivo Capitular de la SEO de Zaragoza. Esp�s se refiere a que en tiempos
del Episcopado de Don Garcia Fern�ndez de Heredia, el Arzobispo zaragozano decidi�, a la
vista de la ruina que padec�an bastantes iglesias de la Di�cesis, consignarles de nuevo
las rentas de las primicias que se estaban destinando a la Corona para los gastos de las
guerras. Este es precisamente el caso de Quinto, a quienes el Arzobispo les
conced�a el 3 de Marzo de 1401 las primicias "para reparar la iglesia de aquel
pueblo que estaba casi del todo derruida y destruida", record�ndose que Quinto era
"lugar de Don Garc�a Villalpando y Funes".
Otra noticia de inter�s algo posterior, proporcionada por el mismo Esp�s, permite
algunas hip�tesis. En efecto, el d�a 14 de Agosto de 1416, ya en el episcopado de
don Francisco Clemente P�rez, relata el puntual cronista: "los de la Villa de Quinto
en este tiempo, con la gran devoci�n que siempre han tenido y hoy tienen a la gloriosa
Santa Ana, celebraban con mucha solemnidad su fiesta y, para que la devoci�n fuese en
aumento, de licencia del Arzobispo, a 14 de Agosto erigieron un altar de Santa Ana bien
labrado en la iglesia parroquial de aquella Villa" (cfr. Esp�s, op. cit., vol. II,
fols. 584 y 604 v.).
Parece desprenderse de estas noticias que la f�brica mud�jar podr�a iniciarse con posterioridad al a�o 1401 en que se consignan de nuevo las primicias a la parroquia habida cuenta de que la anterior f�brica se hallaba, como se ha dicho derruida. Por otro lado, la segunda noticia, correspondiente al a�o 1416, permite suponer que para esta fecha la f�brica mud�jar, estar�a ya concluida puesto que los parroquianos andaban solicitando licencias para levantar un altar a Santa Ana.
Pero por su parte, Madoz, en su Diccionario Geogr�fico, recoge la fecha del a�o 1429 para la erecci�n de esta iglesia sin que sepamos la fuente utilizada, casi siempre procedente de informaci�n local. Francisco Abbad, en el Cat�logo Monumental de la Provincia de Zaragoza, menciona esta misma fecha de 1429, probablemente tomada de Madoz.
De cualquier forma puede admitirse que la f�brica mud�jar de la
iglesia parroquial de Quinto se realizar�a en las primeras d�cadas del Siglo XV,
cronolog�a que conviene a sus caracter�sticas art�sticas, como se ver� m�s adelante.
DESCRIPCI�N DEL EDIFICIO.
El templo se organiza a partir de un espacio �nico, sin interrupciones, limitado
simplemente por muros, rotos tan solo por la apertura de capillas o los ventanales.
Este espacio se cubre con b�veda de crucer�a, sirviendo de soporte m�s decorativo que
real unas columnillas en el �bside. (En la nave los soportes han sido sustituidos por
otros modernos, pero debieron ser retropilastras sirviendo de base a una
semicolumna). Sobre la b�veda de las capillas laterales se organiza un �ndito
accesible desde las torres, pero incomunicado en origen en el �bside.
El elemento constructivo esencial es el ladrillo, que para la ornamentaci�n adopta formas
aplantilladas (bocel, necela, triple bocel u otros tama�os), aunque utiliza piedra en
elementos destacados: Canes del matac�n, capiteles de la portada, �bside y base de la
torre. La t�cnica utilizada es la de aproximaci�n de hiladas para los saledizos, y
el rehundido de los fondos en la decoraci�n de ladrillo, adem�s del esgrafiado de los
muros interiores y de algunos elementos destacados del exterior.
La organizaci�n tect�nica del edificio sigue los modelos tradicionales en el valle del Ebro en los siglos XIV y XV, con el sistema protog�tico de capillas en ca��n, apuntado, de eje normal al del templo como soporte, y cubierta de b�vedas de crucer�a simple. La torre Sur, se construye con el nada habitual sistema de mach�n y escalera circulares, pese a su base cuadrada, mientras que la torre Norte sigue los modelos tradicionales de planta cuadrada.
La parte mud�jar de la iglesia, levantada en ladrillo, comprende desde el �bside hasta la torre inclusive. Es una iglesia de nave �nica, con el abside poligonal de cinco lados y con dos tramos en la nave, cubierto todo ello con b�veda de crucer�a sencilla. Tiene capillas de escasa profundidad practicadas en el muro, en los tres lados del �bside y en el resto, tanto en los tramos rectos del presbiterio como en los tramos de la nave, tendr�a capillas entre los contrafuertes que han sido casi todas ellas modificadas con posterioridad.
Sobre las capillas laterales y las del tramo recto, a ambos lados de la nave, va el piso de tribunas, a las que se accede desde las torres, la mayor situada en el lado sur y otra m�s peque�a frente a ella en el lado norte.
La torre principal, en el lado sur, que originariamente quedaba a los pies de la
iglesia, por el exterior consta de tres cuerpos originales, el primero sin decoraci�n, el
segundo con interesantes pa�os a base de lazos de ocho y el tercero de vanos, con arco
apuntado, recuadrado en alfiz y orlado por lazos de cuatro octogonal. El �ltimo
cuerpo de vanos es un a�adido del Siglo XVI. Su interior en escalera de caracol,
construida de forma oval con incre�ble precisi�n que la hacen de amable
subida, es similar a las torres de los pies de la iglesia de San F�lix en Torralba
de Ribota y a las de la desaparecida iglesia de San Pedro M�rtir de Calatayud, que
se constru�a en el a�o 1414.
Desde el punto de vista decorativo, los lazos de ocho del segundo cuerpo de la torre se
relacionan estrechamente con el testero oculto de la capilla absidal cuadrada de la Seo de
Zaragoza, realizada en la campa�a de obras del Pont�fice Benedicto XIII. La
soluci�n de lazos de cuatro octogonal en el recuadro de los vanos del tercer cuerpo de
campanas se da asimismo en las torres de Torralba de Ribota, adem�s de en la de San
Miguel de Herrera de los Navarros de Zaragoza y en la de Longares entre otras. Por
todo ello se puede situar en la segunda d�cada del Siglo XV.
En el resto del edificio, el sistema ornamental es sencillo y estandarizado, con id�nticos elementos a los que aparecen en construcciones similares del valle medio del Ebro: doble l�nea de impostas interior y exterior, construcci�n de pinjantes, esgrafiado interior y en elementos destacados exteriores, y atenci�n casi exclusiva en la decoraci�n en la torre, portada y ventanales.
Las l�neas de impostas interiores se construyen con una n�cela, resaltada en los lugares donde se cruza con semicolumnas con capitelillos semioctogonales en la l�nea superior y semicil�ndricos en la inferior. En las capillas del �bside se acusa tambi�n el inicio de la l�nea de impostas con mensulillas semioctogonales.
Las l�neas de impostas exteriores, que sostienen el voladizo de los tejados de la galer�a y de la nave, se construyen con una l�nea de modillones y cornisa, bajo la que se sit�a una l�nea de esquinillas.
El interior se enluce completamente, como tambi�n las roscas de los ventanales exteriores y probablemente de fondos de la decoraci�n de la torre. Sobre el enlucido se ejecuta esgrafiado, bien en forma de Opus quadratum, en esquinas y roscas de arcos, o bien en forma de agramilado. No se conserva la policrom�a original en una primera apreciaci�n. Los nervios tienen forma de triple bocel, y est�n tambi�n esgrafiados en quadratum. Las claves se rodean de un encintado y mostraban motivos her�ldicos, hoy perdidos.
Una interesante portada abre al lado sur el arco carpanel sobremontado por arco apuntado, con t�mpano para tres esculturas desaparecidas y con armas en el t�mpano y en las enjutas exteriores del arco, cuya lectura permitir� mayores precisiones cronol�gicas. Sigue el habitual sistema de dos arcos, el superior, apuntado y con alfiz; el inferior rebajado. La ornamentaci�n se concentra en los arcos propiamente dichos, moldurados en bocel y n�cela y con capiteles, en las albanegas del arco superior tambi�n, pero los escudos de espacio entre los dos arcos se rodean de florones cuadrifolios.
Todos los motivos de la portada son habituales en iglesias de los siglos XIV y sobre
todo del XV, la her�ldica viene a confirmarlo, bajo la hornacina central se sit�a el
escudo del papa Benedicto XIII.
Las hornacinas est�n hoy vac�as. Son tres, y se completaban con una m�nsula y un
templete. Este es el tradicional g�tico, y las m�nsulas son semioctogonales, con
decoraci�n vegetal las laterales y her�ldica la central. Todas rematan en un
flor�n cuadrifolio. Sobre la portada se sit�a un matac�n, del que se conservan
tan s�lo arranques de los muros, y los modillones inferiores.
Los ventanales, tanto interiores como exteriores, se cierran con yeser�as y alabastro, presentando la rosca en bocel o n�cela alternativamente. S�lo se conservan dos ventanales, uno interior y otro exterior, y los restos del arranque de algunos m�s. En ambos casos el ventanal se subdivide en tres partes por medio de columnillas octogonales culminadas en arquillos, y entre estos el arco en que se inscriben se sit�a un �culo; en el conservado al exterior todos los motivos son tracer�as, y en el del interior el �culo es el habitual roset�n de ocho sectores; los arquillos en este caso son trilobulados y se encuentran bajo otros peraltados, anud�ndose todo el conjunto. Una vez m�s hay que referirse a las yeser�as de los ventanales de Yobed o Santa Mar�a de Magall�n; el Piquete de Quinto comparte tambi�n todo el programa decorativo de estos templos.
Se trata, pues, de una iglesia con tribunas de las que presentan abside
poligonal, pero a diferencia de las iglesias de Montalban y de San Pedro de Teruel no
tiene tribunas en los tres lados del �bside, caso similar al de la Magdalena de Zaragoza,
aunque hab�a aqu� una angosta comunicaci�n.
MODIFICACIONES REALIZADAS EN EL EDIFICIO.
Segunda fase constructiva.-
Fechada a mediados del siglo XVI, respeta la planta del edificio, modificando tan s�lo algunos aspectos del alzado o la decoraci�n. La obra consisti� b�sicamente en a�adir una galer�a superior que circundase el templo por encima de las b�vedas de la nave central, modificar las capillas y probablemente a�adir un cuerpo superior de campanas a la torre.
La galer�a superior muestra dos formas distintas: sobre el �bside los arquillos son apuntados; en el resto de la nave los arcos se doblan y se se�alan con un escaso saliente del salmer. La galer�a del �bside es anterior a la de la nave, a pesar de que las obras no debieron ser muy distantes. Las capillas no fueron modificadas tampoco a la vez, y probablemente sufrieron cambios conforme las familias propietarias lo decidieron. En el �bside se colocan portadas a las capillas, mientras en las dem�s s�lo se renovaron las b�vedas. Las portadas siguen el esquema del arco de triunfo rematado; en el lado de la ep�stola se remat� con un front�n triangular, mientras el del evangelio segu�a otro tipo m�s caprichoso. El centro del front�n lo ocupa en ambos casos un motivo her�ldico con las armas de los propietarios, mientras que frisos, cornisas y pilastras siguen los tradicionales grotescos, y en las albanegas del arco se sit�an tondos con bustos de personajes, en este caso masculinos. En la portada del lado de la ep�stola el friso se decora con danza de ni�os, y se flanquea con bustos de dos personajes m�s. Las b�vedas son estrelladas, pero la de la primera capilla del lado del evangelio es posterior a la portada. En resumen las obras de esta segunda fase constructiva, que pueden asimilarse al Renacimiento, son un conjunto dispar tanto en cronolog�a como en formas. Probablemente el grueso de estas reformas se feche a mediados del siglo XVI, las portadas de las capillas en las dos primeras d�cadas de la segunda mitad, y presumiblemente se vieron completadas con otras hoy desaparecidas, de lo que da idea una clave pinjante decorada con motivos her�ldicos que esta situada en el segundo tramo.
Tercera fase constructiva.-
En �poca moderna la iglesia resultaba peque�a para la poblaci�n, como se corrobora en un mandato pastoral de 3 de Enero del a�o 1595, en el que se ordena la ampliaci�n de la iglesia "lo que fuere menester, para que sea capaz para todo el pueblo". Esta ampliaci�n tan necesaria no se iniciar�a hasta el a�o 1686, concluy�ndose tras una interrupci�n entre 1696 y 1697, siendo maestro de obras Joseph Bardaxi, de la Ciudad de Zaragoza (v�ase en el Archivo Parroquial, Cinco Libros, Tomo tercero, 1644-1695, fols. 97 r. a 100 v.). Esta ampliaci�n de la nave consisti� en a�adir dos tramos m�s a la obra primitiva, consiguiendo as� un edificio de cuatro tramos, mas el de la cabecera. Se utilizan id�nticas proporciones a las anteriores en el tramo central, y el de los pies se construye algo m�s corto. Los soportes son id�nticos a la obra medieval, salvo en la ornamentaci�n, y las b�vedas imitan las primitivas. S�lo los ventanales, de arcos rebajados, son claramente distintos. En el exterior se aprecian m�s las diferencias, puesto que esta ampliaci�n esta realizada en ladrillo aparejado totalmente a tiz�n, como corresponde a la �poca y ninguna de las galer�as se contin�a desde la f�brica primitiva. Las capillas, cuadradas y cubiertas con c�pulas sobre pechinas, tienen una mayor autonom�a espacial que las primitivas. Por fin la portada se coronaba con un p�rtico hoy desaparecido, siendo esta parte la �nica que revela un claro dise�o barroco. En el tramo de los pies se situaba un coro alto y tribunas para coro y �rgano en el anterior a �l, pero quedan pocos restos de esta obra.
El sistema ornamental de esta fase es sencillo, limit�ndose a las pilastras que separan los tramos y la l�nea de impostas -un friso- que separa el nacimiento de las b�vedas. Las capillas tienen algo m�s de decoraci�n, sobre todo en la c�pula y su linterna, pero siempre en forma de molduras; salvo alg�n remate vegetal, lo fundamental de la ornamentaci�n debi� ser pintado, como demuestran algunos restos.
�ltima ampliaci�n.-
La �ltima obra de envergadura, tras la ampliaci�n de la iglesia, es la construcci�n
de la capilla de Santa Ana. Se abre a la izquierda en el tramo junto al presbiterio
y consta de �bside poligonal y planta cuadrada cubierta por c�pula sobre pechinas y
linternas. Su decoraci�n que incorpora en alguna ocasi�n rocallas, a los
tradicionales elementos de cornisas, pilastras y c�pula, es una excelente muestra de la
exaltaci�n del barroco tard�o. Fue bendecida el d�a 25 de Julio de 1761 (v�ase Archivo
Parroquial, Cinco Libros, Tomo V, 1751-1781, fol. 1r.).
Dadas la cronolog�a de su construcci�n y las caracter�sticas formales de su f�brica,
puede aventurarse que es obra de la escuela del alarife mud�jar Mahoma Ram�, autor,
entre otras, de la iglesia de Santa Tecla en Cervera de la Ca�ada, y de los
desaparecidos, primer cimborrio de La Seo de Zaragoza y del convento de San Pedro M�rtir
de Calatayud.
ESTADO ACTUAL
Quinto estuvo situado en la primera l�nea del frente en la guerra civil espa�ola
(1.936-1.939), por lo que estuvo sometido a frecuentes combates durante un largo periodo
de tiempo.
La parroquia de la Asunci�n, emplazada en La Corona, el lugar m�s prominente de la poblaci�n, sufri� con gran rigor el conflicto b�lico, estando expuesta a los constantes efectos de la artiller�a, los cuales produjeron serios desperfectos en todos los elementos del edificio: muros, galer�as, tejados, p�rtico, etc., especialmente en la cara Oeste de la torre que qued� totalmente destrozada. Un rayo ca�do en la postguerra complet� la labor destructora de aquella, destruyendo el cuerpo de la torre.
Finalizada la guerra civil, se toma la determinaci�n de no reconstruir la iglesia, con objeto de dejar patente y de forma continuada los efectos de la misma sobre ella, previ�ndose la construcci�n de una nueva parroquia en la parte baja del pueblo, dejando abandonado el Piquete.
La falta de medios econ�micos impide que se lleven a cabo estos proyectos de forma
inmediata, por lo que debe acometerse una reconstrucci�n de urgencia de la vieja
parroquia, repar�ndose la cubierta y cerrando los boquetes que afectaban directamente al
interior del templo, especialmente los de la portada barroca (fachada Oeste).
El interior permaneci� en el mismo estado que pose�a con anterioridad a la guerra,
aunque sin conservar ning�n altar, ya que quedaron destruidos, lo que permiti� que
quedasen al descubierto elementos decorativos del primitivo templo, especialmente los
correspondientes al �bside.
En la d�cada de los a�os 50, al inaugurarse en la parte baja del pueblo, junto a la carretera, la parroquia nueva, la vieja se cierra definitivamente al culto, siendo usada como silo de cereales, realiz�ndose una nueva solera de hormig�n, una vez destrozado el pavimento antiguo al no soportar el peso de los camiones que entraban en la iglesia.
La fachada Oeste, corresponde a los pies de la iglesia, presenta un buen estado f�sico, aunque posee diversas superficies con diferente entonaci�n que el conjunto, al haber sido reparada en la postguerra con materiales inadecuados. El p�rtico barroco ha desaparecido, aunque se conservan sus trazos y alguna fotograf�a del mismo que permitir�a su reconstrucci�n.
La fachada Sur, la m�s importante de todas, sufre diversos da�os de guerra en sus muros, especialmente en la galer�a de arquetes, en la ventana central del �ndito y en la parte superior del matac�n (estos dos �ltimos da�os acaban de ser reparados el pasado mes de Marzo del presente a�o 1.996). El matac�n desapareci� con anterioridad al presente siglo, pero a�n conserva los modillones de su base y los arranques de sus muros, por lo que resultar�a f�cil su reconstrucci�n. Tambi�n se conserva el arranque de una de las yeser�as de las ventanas del �ndito.
La cubierta del edificio se encuentra en buen estado, gracias a la restauraci�n de la
misma realizada en 1.993.
La torre que, como ya se ha dicho, qued� pr�cticamente destrozada en su totalidad, fue
objeto de reconstrucci�n en el a�o 1.988, dot�ndola de una nueva cubierta, pero
lamentablemente todav�a no se ha restaurado su lacer�a mud�jar.
Este trabajo, realizado por Manuel Alcaine Royo, es un resumen de lo editado sobre "El Piquete de Quinto", por los siguientes autores: - Diego de Esp�s (Historia de la Ciudad de Zaragoza) - Madoz. (Diccionario Geogr�fico) - J. Carlos Escribano S�nchez. - Gonzalo M. Borr�s Gualis "Arte Mud�jar Aragon�s" - Archivo Parroquial de Quinto. - Memoria descriptiva del proyecto de restauraci�n, encargado por la D.P.Z.
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