Cosas de quinto |
PRESENTACION
Sin prisa pero sin pausa vamos cubriendo etapas. Con el nacimiento de Cuadernos Cosas de Quinto, cuyo primer n�mero presentamos, continuamos una labor que ya va dando frutos: 7 n�meros de Atalaya de Quinto y el Anuario-96 ya han visto la luz, gracias a la colaboraci�n econ�mica de nuestro Ayuntamiento, a la magn�fica respuesta de nuestros lectores y, como no, al esfuerzo desinteresado del equipo de redacci�n de Atalaya de Quinto.
Con este primer cuaderno queremos iniciar un nuevo camino por el que recorrer todo aquello que tenga que ver con lo nuestro, con una edici�n m�s austera que el Anuario e incluso que Atalaya de Quinto, pues sacrificamos el color, las fotograf�as, grabados, etc., en favor de un contenido m�s extenso. Los llamaremos cuadernos porque se trata de trabajos abiertos, inconclusos, simplemente esbozados, que deber�n servir en el futuro de base y consulta para estudios m�s profundos. Sus p�ginas tendremos que llenarlas los quintanos o todo aquel que tenga sana inquietud por nuestras cosas, por Cosas de Quinto.
No hemos hecho m�s que empezar y sabemos que, siendo importante, eso no es lo m�s dif�cil. Comenzar un cuaderno es siempre un acto lleno de buenas intenciones que pueden verse truncadas por alguna tachadura. Pero tenemos mucho que decir y contamos con la colaboraci�n de muchas personas que aman y sienten inter�s por Quinto. Por eso, todos los que componemos el equipo de redacci�n Atalaya que asumimos el compromiso de coordinar la edici�n y redacci�n de estos cuadernos, estamos tremendamente ilusionados con el proyecto y ya tenemos pr�cticamente listos los dos pr�ximos n�meros de Cosas de Quinto, los cuales ir�n viendo la luz, sin una periodicidad determinada, pues �sta depender� siempre de la acogida que tengan entre nuestros lectores y de los recursos econ�micos con los que vayamos contando. Nos gustar�a, eso s�, poder sacar dos cuadernos por a�o.
Este primer n�mero lo iniciamos con el trabajo de un quintano ya desaparecido, D. Manuel Buenacasa, fechado en 1.953, cuyo manuscrito nos fue amablemente cedido por D� Isabel Arruego. Su autor hace un sugestivo recorrido por los lugares de Quinto, lleno de evocaciones y recuerdos. M�s adelante, Antonio Jardiel, nos presenta una recopilaci�n de m�s de 240 top�nimos de Quinto, algunos hoy inexistentes debido a la Concentraci�n Parcelaria.
De Hermina Tella, incansable y prol�fica colaboradora en las tareas de redacci�n de Atalaya, incluimos dos de sus incontables trabajos. El primero de ellos, Quinto y sus gentes, con su siempre entra�able prosa, evoca todo nuestro costumbrismo pasado. El segundo, La Campana de Velilla, es un interesante trabajo en torno a esta prodigiosa campana que tanto dio que hablar, incluso a reyes y a escritores tan grandes como Quevedo.
A los alumnos de la Escuela de Adultos se debe la idea de hacer un diccionario con las palabras de uso en Quinto, trabajo que incluimos, tras ser ampliado y completado con divertidas explicaciones realizadas por el equipo de redacci�n de Atalaya. El borrador de diccionario de uso para Quinto no tiene otra pretensi�n que entretener y recuperar para la memoria recuerdos, palabras que hemos usado o usamos. Son 3.600 palabras que, como dice Fernando Alcaine en el ep�logo, son vivencias de los tiempos pasados, recuerdos de los tiempos no vividos.
A todos los que lean este primer cuaderno de Cosas de
Quinto, les deseamos que les resulte igual de grato que a nosotros escribirlo, que
les sirva para despertar o para acentuar su inter�s por todo lo nuestro, que sepan que
esperamos su colaboraci�n en estas p�ginas.
Manuel Alcaine Royo -En nombre de todo el equipo de
redacci�n-
ADOLESCENTE DEL MONTE Por
Don Manuel Buenacasa, Palicos Quinto, 1.953
Cosas que nunca se escriben sin llegarsen a saber para ir y venir del
monte ten�as que padecer. Por las cuestas de el Ba�o de Lobera o la del Luco para suvir
y bajarlas el temor no estaba oculto. Hasta que llego un alcalde A. Uliaque lo hizo
bastante bien para subida y bajada el barranco Valdamen. La carretera Belchite de la loma
del Cornero las eras de la Corona y tambi�n del cementerio. Al corral de Mujeril a la
sarda de Colas toda la hoya de Lasana a otros muchos sitios m�s. Entre la val de los
Juncos y la val de Lorencico cabezo y majadal tiene nombre de medico. Ladera los Caracoles
cerca el morr�n de Bes las pe�as de Peralta y la senda de Almuchuel. La sarda de Lobera
caseta de los Pelucas los cabezos de Sim�n el caset�n de la Vinola. Las laderas del Cano
las vales de San Pedro la Lomica Negra al fondo al Norte caseton de los Matreros. Los
cabezos de San Pedro la fuente de Salinas Planaron barranco Codo todo esta en la misma
linia. Entre cabezos del Cano la loma Piedrafita para el camino Codo collado del Sordo a
la vista. Barranco de La Atalaya el corral de los Suvias mas abajo el Barrancaz las Veras
ya las ver�as. El balsete la Clara ladera de Piedrafita direcio balsa La Venta
Hermanillos a la vista. Esta loma de La Venta su sarda llana y hermosa al Norte el
Lampagar con sus tierras salitrosas. Para suvir a las Lomas pasaras el Lampagar er� el
corral de Ciruellas otras muchas vales m�s. Camino de Amedoleras donde hab�a 3 caminos
paridera de Perera el Saso y el Barranquillo. Por el camino del Saso hasta el corral de
Mangarro cerca esta el cabezo Royo Puravieles (purbureles ?) alli al lado. Esta el acampo
de Blas el barranco de Valrroya al N.E. la val del Loco que hace una poca de hoya. Camino
de las Llanas a Tosquetas bas tambien al corral de los Gordetes y tambien al de Loren. El
cabezo de Camacho cerca del acampo Elconde cuando encorrian la liebre hay una cueva y se
esconde. El camino los Gordetes llega hasta la Laverca cerca del monte Fuentes y el Pilon
de la Cabeza. Nace en el monte Fuentes el barranco es importante cruza Valdecara monte
termina de bajo el puente. Carretera Castell�n hay un silo un camino lo quieres tu
recorrer llegaras a tu destino. No te olvides de los Poyos ni tan poco de la Lastras ni
cabezos de Bonastre que tevieron ir agatas en 1.936 y 1.937. Fueron grandes testigos el de
la Zorra y El Prado resisten los combates tiraban de todos lados. Hablamos de Porburel
tambien del Abejar parapretados los Rojos y no dejaban pasar -1.936-
QUINTO Y SUS GENTES Por
Herminia Tella Continente
Pod�a haber empezado a escribir este p�rrafo con el t�tulo, Quinto y su historia, la
verdad es que no cuento con ning�n libro para poder conseguir datos hist�ricos de
Quinto.
El motivo que me ha impulsado a escribir es que me gusta, de lo que pod�is estar seguros
es de mi buena voluntad al escribirlo.
Lo importante de un pueblo no es saber quien lo fund�, si fueron o no los edetanos o
edetones, si perteneci� a la casa de Funes. O si los restos de D� Urraca de Castilla
siguen reposando en el Piquete, anteriormente Iglesia Parroquial dedicada a
Nuestra Se�ora de la Asunci�n, que debi� de ser antiguo castillo o fortaleza, hoy
declarado monumento nacional. O saber en que a�o se construyeron los arcos de San Miguel,
San Anton o San Roque.
Lo importante de un pueblo son sus gentes, que han sabido transmitir de generaci�n a
generaci�n su sencillez, su amor, su fe, sus costumbres y su verdadera amistad.
La principal fuente de riqueza de Quinto era el campo, trabajaban la tierra con pocos
medios y a veces, tardaban m�s de tres d�as en volver a casa esperando les llegara el
turno para regar.
Han heredado de sus antepasados el buen nacer, sabiendo hacer honor al t�tulo que un d�a
concediera Felipe V a esta Villa de Leal�sima.
Se habla como en casi todo Arag�n un dialecto del castellano, con entonaci�n muy
pronunciada, terminando las palabras en ico, como hermanico, magico...etc.
EXPRESIONES ANTIGUAS
Cuando un campo estaba bien trabajado: que bien apotecao est�
este campo. Cuando un ni�o lloraba y ten�a un berrinche: este chico ha
pillao una barrena que no creas. Cuando una casa estaba caliente: que
candorcica que hace aqu�. Cuando un ni�o ten�a ganas de orinar: !ala! jomio
s�cate la mosonica, calla y mea. Cuando iban a comprar insecticida: quiero
seis riales de chif�. Cuando el calor del sol era agradable al abrigo de una pared:
que pita�ar m�s g�eno, que g�en pito que hay aqu�. Cuando las mujeres se
pon�an una chaqueta corta de pa�o de abrigo: voy a ponerme el jaique.
LA BODA
Las bodas se celebraban en el mes de enero a las seis de la ma�ana, ya
se o�a un ir y venir por las calles, corr�an, gritaban: La boda... Los
novios... !Viva la Virgen del Pilar!.
El novio iba a buscar a la novia
-G�enos d�as, paice que no hace mucho fr�o, himos tenido suerte, no llueve-.
Despu�s del saludo anad�a.
-Con el permiso del tio Jos� y la tia Pilar (estos eran los padres de la novia), �me
puedo llevar a la novia?-
A lo que el padre respond�a:
-Concedida la tienes-
Eran las siete de la ma�ana se iban novios y convidados a celebrar la boda a la iglesia.
Despu�s tomaban un chocolate, los novios se iban a Zaragoza, visitaban la Bas�lica del
Pilar, compraban confites y a comenzar una nueva vida con los hijos que Dios quisiera que
tuviesen.
LA JOTA
Entonces no hab�a bailes, s�lo se bailaba y cantaba la jota, hab�a
muchas rondallas y se cantaban a las mozas jotas de amor o de cr�tica como �sta:
El amor en forastero, es como el agua en boteja, que no sabe la que bebe, ni tampoco
la que deja. La gorra de medio lado la llevo y la llevare s�lo por darle en cabeza a la
dama que me olvide. Estando preso en la carcel, un intierro vi pasar, era mi querida
madre, la llevaban a enterrar. Anda y rezale a la Virgen, y dile que no entro a verla, que
me d� verg�enza icile, que te quiero m�s que a ella. Cuando yo bien te quer�a te
peinabas a menudo y ahora que no te quiero paices un perro peludo. Si pasas por el portal,
y pasas sin criticate, hace cuenta que has pasao, pol infierno y sin quemate.
NAVIDAD
La Navidad se celebraba en familia, siendo una fiesta muy entra�able.
Los vecinos, parientes y amigos se felicitaban, - A pasar g�ena noche-
Como entonces no hab�a abundancia de alimentos, era costumbre decir este refr�n:
Colaci�n romana, el que m�s come m�s gana. La colaci�n era la cena que era
de ayuno, este consist�a en no comer carne, de lo dem�s com�an de todo y m�s abundante
que durante el resto del a�o.
Platos tradicionales de esta noche eran: espinaes, arroz con abadejo, abadejo en salsa,
almondigas de abadejo. La ag�ela tra�a una espuerta nueva, con higas, orejones, torticas
mal hechas y los turrones de miel con almendra, guirlache y mazap�n. Despu�s se iban a
misa del Gallo destacando la presencia de pastores con su atuendo de piel de cordero,
zamarra y alforja. Se cantaban villancicos como �ste: Los pastores que supieron,
que el Ni�o quer�a fiesta, hubo pastor que rompi�, cien pares de casca�uelas. Pastores
venir, pastores llegar adorar al Ni�o que ha nacido ya.
Hubo un a�o que siendo alcalde Don Luis Oliete Novella, el d�a de
Reyes todos los ni�os del pueblo tuvieron regalos.
Hablando de Don Luis Oliete es digno recordar aunque solo sea una l�nea para Don Paco
Oliete y que decir de Do�a Mar�a Oliete que supo vivir las bienaventuranzas, su vida
ejemplar es digna de destacar, llena de caridad y de amor al pr�jimo.
CARNAVAL
En los carnavales se lo pasaban en grande, se pon�an los
mascarutos y mascarutas, les llamaban as� por llevar la cara unos
tapada con ropa y otros con una careta. El traje se compon�a de una s�bana, si era
hombre y si eran mujeres de un pantal�n y una camisa de su padre o hermanos.
Hab�a m�s de un gracioso que entraba por las casas y echaba sal al puchero y cuando ya
toda la familia estaba rodeada en torno a la fuente, con su cuchara de aluminio o de
madera, no se lo pod�an comer y eso que la gana estaba en su punto.
Llevaban un gavillo de le�a, g�evos y estrudes.. y
en medio de la calle Mayor se pon�an a fre�r los g�evos. Los mozos m�s
atrevidos hac�an de las suyas, alguno llevaba un capazo con g�evos, otros se llevaban
una polla. Tambi�n llevaban a un hombre encueros dentro de un
orno, (el orno era un apero para quitar el salvau y la
harina) y gritaban lo nunca visto, las mujeres se acercaban a mirar, se
asomaban, gritaban y se iban corriendo, otros iban desnudos llevando como �nica prenda de
vestir una capa, se acercaba a los corrillos de las mujeres y les dec�a: v�s lo
que vis, y les ense�aba sus encantos personales d�ndose unas vueltas y un meneo a
la capa. Para que luego digan los abuelos que antes no se hac�a nada y mira por donde
hac�an hasta destapes, aunque solo fueran masculinos.
Cuando venia la luz todos los mascarutos y mascarutas se destapaban la cara, esto era
obligau.
SEMANA SANTA
La Semana Santa comenzaba el Domingo de Ramos (hab�a un refr�n que
dec�a: Quien no estrena el domingo de Ramos, no tiene manos). Hab�a familias
que desde el momento que dejaban de sonar las campanas no tomaban nada m�s que pan y
agua, esto a la hora de las comidas, hasta que Cristo resucitaba.
El Jueves Santo, a pesar de que nunca ha sido fiesta de precepto, todos guardaban fiesta
visitando el monumento, asistiendo a la Santa Misa y dando testimonio de su fe
y de su gran recogimiento, destacando la presencia de los alabarderos vestidos de romanos
con picos y gorros de metal. Muchas mujeres iban descalzas.
Los chicos tocaban matracas y carraclas avisando las horas de los oficios religiosos.
Cantaban: Al Serm�n de la Pasi�n, a o�r las palabras de nuestro Se�or. Vamos al
mormento (monumento) que Cristo esta adentro enclavadas las
rodillas diciendo esta oraci�n: Kriste eleison. A coger abugos para el
mormento...etc.
El d�a del Corpus Christi, fiesta obligatoria de o�r la Santa Misa y de no trabajar.
D�a que el Se�or recorre las calles de este devoto pueblo. Seg�n dec�an en Quinto:
en este d�a tan se�alau, ni los pajaros hac�an nido.
El Sant�simo Sacramento era llevado como ahora por las calles, por el sacerdote, bajo el
palio llevado por las autoridades. Tambi�n llevaban en peana muchos Santos, la Virgen del
Carmen, El Sagrado Coraz�n de Jes�s...etc.
Los danzantes igual que en fiestas de Santa Ana danzaban y en la puerta de la Iglesia
hac�an las cortes�as. En el atrio pon�an una mesa cubierta con una s�bana
o mantel blanco, en dicha mesa pon�an a los bebes que padec�an de hernia u otras
enfermedades, esperando que el todopoderoso los curase. Los ni�os llevaban chifletes y
animaban el acto religioso. As� daban testimonio de su presencia y de su inocencia. Por
algo dijo Jes�s: Dejad que los ni�os se acerquen a m�.
LA COLADA
Las mujeres iban a lavar la ropa con la canasta a la cabeza, ten�an que ir al r�o, volv�an a casa hambrientas, cansadas y mojadas por el agua que se iba escurriendo de la canasta. Despu�s de lavar el jato, lo tend�an en el Piquete, otras veces en las ventanas, dependiendo del tiempo.
Este es un dialogo muy quintano entre dos primas lejanas que, seg�n ellas, se pod�a
revulcar un burro:
-Chiqueta, �cuanto tiempo sin vete?-
-Pos mira que me ha pillau un refriau, que no veas, la mala qui estau y eso que es verano
y sabes que en verano aun m�s malos. Y tengo mucho jato que lavar-
-Pos hija haberlo dicho que pa eso estamos las parientas, que aunque lejana, siempre
dec�a mi ag�elo que era primo segundo de tu ag�elo, y las familias son seg�n se tratan
y nosotros siempre nos himos llevau bien. Tacuerdas questuve en el parto de tu
Jos�, �a que fuistes valiente, ni llamar al medico y eso que teniamos mu g�en medico,
D. Pedro Arilla, que aunque no es daqu�, es como si lo fuera-
-Pos claro esta casau aqu�. Y eso que le daron no se que titulos y un puesto en Madri.
Pero hija se encuentra aqu� bien el hombre y no ha querido ise. Siempre es mejor la
capetal quel pueblo, pero hay gentes pa to los gustos-.
-Hablando de medicos. �Qu� tal tu marido?-
-Ya pues ver, como siempre, se queja del maldito reuma. Yo le digo que beba agua del
ba�o, que como son mu g�enas que gentes vienen de todas partes a curase el mal de piel y
otras enfermedades, que no se como se llaman, s�lo se que son malas y las coge el que mal
anda.
�Sabes que contesta?: Que �l no bebe agua del ba�o, que �l bebe vino de la taberna.
As� que agarra cada piturriera.... Cuando viene quej�ndose yo ni le hago caso, a dormir
tranquila que pa cogelas no esta malo. !Ah!, si tocara el cura a descasar habr�a cola,
pero daqu� a Zaragoza-.
-!Ala! chiqueta, que no es pa tanto-.
-Claro tu que bien hablas, como tu marido no pinta nada. Y en tu casa shace lo que
tu dices...-
-Mira lo quhablas, que no te lo voy a consintir, que somos familia hasta cierto
punto, que cuasi se podr�a revulcar un burro-.
Pon�an la ropa ya lavada en un cuenco, que ten�a un aujero en forma de
grifo en la parte inferior. El cuenco de lavar se pon�a en la banca para que estuviera en
alta y pudiera salir el agua por el aujero de abajo. Se iba a�adiendo agua que se iba
calentando en una caldereta en el fuego. A los cr�os los espachaban porque daban mucho
dogal, met�an el dedo a ver si estaba caliente, rezando al mismo tiempo el
padrenuestro, que a veces s�lo llegaban al ..santificado..., porque se
quemaban y ya sacaban el dedo acabando el rezo. Dec�an: ya est�n todos
muertos, esto se dec�a cuando la ropa llevaba piojos. Se a�ad�a agua caliente con
ceniza colada de le�a de olivera y la ropa quedaba m�s escoscada que
los chorros del oro.
MES DE NOVIEMBRE
Durante el mes de noviembre, despu�s de misa mayor, sal�an a pedir por
las casas del pueblo, llevando un capazo y una bolsa. El capazo era para echar trigo, y la
bolsa para el dinero, vend�an el trigo y con todo el dinero pagaban al cura la misa de
las almicas del purgatorio.
Seg�n me ha contado una abuelica, aqu� hab�a de todo, hasta hospital que lo inauguraron
en 1.930, que despu�s era el cuartel de la Guardia Civil. Tambi�n estaba la f�brica del
regaliz, que iban muchas mozas a trabajar, claro que siempre hac�an alguna sisa para ir a
beber unos vasos de vino tinto a la taberna. Los amos de la f�brica ten�an un tractor
muy grande con unas ruedas de hierro, como las calles eran de tierra ten�an que ir por el
camino del monte para no destrozar el pueblo.
LA REPUBLICA
El 14 de abril de 1.931, estando los ni�os en la escuela, entraron el
Sr. Alcalde y el Sr. Secretario, poni�ndose todos los ni�os en pie, fue descolgando de
la pared una cruz con la imagen de Cristo crucificado y un cuadro con la figura del Rey de
Espa�a, Alfonso XIII. En su lugar fue colocada la figura de la libertaria (una mujer con
una balanza en la mano). La bandera de Espa�a cambi� de color. M�s tarde, algunos
cantaron un canto que dec�a:
La bandera de Espa�a est� triste
nos lo dice su tercer color...
Hab�a sido sustituido el estado espa�ol de reino a rep�blica.
LA VILLA DE LOS �NGELES
En la Villa de los �ngeles hab�a una f�brica de telas, con muchos
telares. De Velilla pasaban a trabajar por el r�o, lo menos veinte mozas. Aunque La Villa
de los �ngeles pertenece a Quinto, esta quedaba lejos para ir a trabajar, pues entonces
no hab�a medios r�pidos de transporte. En esta f�brica se hac�a de todo tipo de
piezas: s�banas, camisas, batas...etc. Luego ser�a destruida y pasar�a a ser cuadra de
vacas.
ENTIERROS
Una se�ora daba una perra gorda de aquellas negras a todos de la
Iglesia. Despu�s pasaban a adorar un Crucifijo y echaban. Las contaban y, seg�n la gente
que hab�a ido, le pagaban al cura m�s o menos dinero.
El se�or cura iba con los dem�s asistentes a buscar el muerto y lo llevaban a la
iglesia, y ya celebraban el intierro (funeral).
Hab�a un entierro que lo llamaban cartonero que no se por qu� lo llamaban
as�. Al muerto le daban una o dos vueltas alrededor de la iglesia, seg�n las vueltas se
pagaba m�s o menos dinero.
Hab�a entierros de primera, segunda y tercera categor�a. Las campanas tambi�n se
tocaban, seg�n la categor�a del entierro. Hubo entierros sin caja, llevaban al muerto en
un esca�o a la iglesia y al cementerio. El p�rroco s�lo iba al cementerio, si el
entierro era de primera.
TORMENTAS
Aqu� ten�an mucho miedo a las tormentas o tronadas,
rezaban a Santa B�rbara y San Bartolom�.
En la casa que tres veces sean nombrados, no caer� ni centella ni rayo, ni morir� mujer
de parto, ni criatura de espanto, ni labrador en el campo y el demonio tentador jam�s
ser� vencedor.
Mientras rezaban estaban las mujeres metidas en el ca�o, en la bodega, debajo de la cama.
El miedo que ten�an se lo iban transmitiendo unos a otros. Una vez que hab�a acabado la
tronada se les pasaba el miedo.
ROSARIO DE LA AURORA Y MISA DEL ALBA
El Se�or Gregorio Ubeda, campesino, sacrist�n, un buen cristiano, iba
llamando de casa en casa con un mazo de madera, que todav�a existe. Se reun�an unos
veinte hombres, uno llevaba un farol para alumbrar, pues eran las tres de la ma�ana, y
otro una campana que sonaba bastante bien. Cantaban en las mismas esquinas que los quintos
para despertar a la gente, para que acudieran al Rosario de la Aurora y a misa.
El d�a de la Virgen del Pilar cantaban: Hoy es d�a de gracia y de gloria para los
cristianos de nuestra naci�n que Mar�a dentr� en Zaragoza y en carne mortal tom�
posesi�n -(conque animaci�n)- Estaremos todos los espa�oles viendo a nuestro lado la
madre de Dios. Es Mar�a la que en carne humana, hizo una visita al Reino de Arag�n y por
eso los Aragoneses le llamamos madre de Consolaci�n. -(Esta en su Pilar)- Hasta el d�a
que el Redentor nuestro a vivos y a muertos nos venga a juzgar
Esta copla de la Aurora y otras m�s fueron escritas alrededor de 1.910,
el grupo de estas coplas es de unas 120.
Despu�s iban a misa en el Piquete que era la Iglesia de Nuestra Se�ora de la
Asunci�n, que en verano se celebraba a las cuatro y en invierno a las cinco de la
madrugada.
COFRAD�AS
Sangre de Cristo, Virgen del Carmen, Sagrado Coraz�n de Jes�s,
Esclavas de Mar�a, Santa Ana, San Ant�n.
San Ant�n, el gran amigo de los animales. El d�a de San Ant�n pasaban por el arco en su
honor todos animales del pueblo, y el due�o cuando pasaba por debajo, lleno de fe,
gritaba !Viva San Ant�n!. !Hasta el a�o que viene!. Los animales ese d�a no trabajaban,
no sal�an de la cuadra y tambi�n se les daba mejor de comer. Sus devotos dec�an:
Y antes faltar� el aceite en la mesa de sus devotos que en la lampara que ard�a
junto al Santo.
La Cofrad�a de los sanantoneros luc�a capa y sombrero en la misa que se
celebraba con la asistencia de cofrades y vecinos de la Villa. Entonces ya se encend�an
las augueras, en todo el pueblo, afortunadamente, aunque menos, hoy todav�a
siguen encendi�ndolas.
VIRGEN MAR�A
Creo que el Papa Juan Pablo II, si visitase Quinto, dir�a la misma
frase que dijera al marcharse de Zaragoza: adi�s tierra de Mar�a.
Por donde quiera que vengas a Quinto te encontrar�s con la Virgen. Cerca del cementerio
esta la ermita de los Dolores, dando consuelo a madres viudas y hu�rfanos. Antes de
llegar a Quinto por Fuentes, Bonastre. Por Gelsa y S�stago, Matamala.
La festividad de Bonastre y Matamala se celebra el lunes y martes de Pascua de
resurrecci�n. Estos d�as se hacen romer�as a las que antes iban andando en carro y en
ancas (montados en mulas o borricos). All� celebraban la Santa Misa y despu�s a comer
tortilla de chorizo y longaniza.
Los hombres j�venes hac�an apuestas con las caballer�as, para ver quien sub�a la
cuesta de acceso que hay en la ermita de Bonastre. Seg�n cuentas los de Fuentes que en
tiempos antiguos sub�an los quintos dentro del carro sin tablizo y andaban al
mismo tiempo que las mulas.
Muchas son las versiones que me han contado de Bonastre y Matamala. La �nica verdad es
que la Virgen es la madre de Dios y Madre nuestra.
La antigua Villa de Quinto se hallaba en los t�rminos de Matamala. Por eso la llamaron
Virgen de Matamala.
Fue Matamala pueblo antiguo que destruy� el tiempo.
El jefe moro que all� vivi� se llamaba Mala de apellido y seg�n cuentas era malo.
Y el buen ermita�o que era pobre se quedo ciego por quitarle el aceite a la Virgen.
Todas son leyendas pero pod�is estar seguros de que la Virgen quer�a a los dos, al moro
malo y al ermita�o.
A la Virgen de Bonastre, acuden en romer�a los pueblos de Pina, Fuentes y Quinto.
Nuestros vecinos de Pina tambi�n quer�an que la Virgen de Bonastre se quedara con ellos.
Pero la Virgen quiso quedarse en tierras de Quinto, eso s�, cerca de los de Fuentes y
mirando a los de Pina en agradecimiento.
C�ntico a la Virgen de Bonastre: Ya la venimos de ver y en el camino del cielo
ser� la segunda vez. El mulatero que llevo, m�ralo de arriba abajo falta no tiene
ninguna.
SANTA ANA - PATRONA DE QUINTO
Muchas son las cosas que os podr�a decir de Santa Ana, adem�s de ser madre de Mar�a, abogada de la buena suerte, protectora de las mujeres que la invocan en el momento que se sienten madres y protectora de las mujeres est�riles. A Santa Ana bendita tributemos homenajes de gloria y honor sus virtudes y triunfos cantemos hoy tus hijos con himnos de amor. Este es Quinto que te venera te honra bien y te aclama por su devoci�n a ti sincera tu protecci�n implora y llama.
Cuenta la tradici�n que tras siete a�os de sequ�a extremada y con plaga de langosta, decidieron los vecinos escoger por patr�n a aquel santo que la suerte por tres veces designara como valedor, para acabar con las plagas que le aflig�an. Fue Santa Ana la elegida pues su nombre sali� por tres veces en la bolsa donde se hab�an puesto los candidatos y celebrada su fiesta desaparecieron los males que aquejaban al vecindario, no solo de la ruina de sus bienes, sino en la salud quebrantados con aires de peste y ponzo�a. En agradecimiento hicieron la promesa de celebrar todos los a�os el d�a de la Patrona y una procesi�n concurrida por el pueblo. Gracias a todos que me han ayudado, gracias a D. Gregorio Gracia y a Bernardo Jaso y a todos hombres y mujeres que me han contado lo que sab�an, sin su ayuda no hubiese podido escribir estas hojas.
LA CAMPANA DE VELILLA
Por Herminia Tella Continente
Sacro metal en Julia Celsa suena, �mulo de prof�ticos alientos, que nos previene a insignes movimientos, con propio impulso y su industria ajena. Ofusca el Sol su faz limpia y serena, arrojando esplendores macilentos, y sacudi� el Orbe de portentos, se aflige y brama en su fatal cadena. (Bartolom� Leonardo de Argensola. A la campana de Velilla - Rimas, 75)
El 29 de febrero de 1.652, Baltasar Graci�n escrib�a a su amigo y mecenas, el oscense Don Vivencio de Lastanosa, d�ndole cuenta de una inquietud colectivamente compartida. Su carta, fechada en Zaragoza, dec�a as�:
Esta campana de Velilla ha ocho d�as que ta�e poco o mucho cada d�a; nos tiene espantados. Van muchos a verla....
Efectivamente, la famosa campana de Velilla, tambi�n llamada del
milagro, hab�a comenzado a sonar (despu�s de algunos a�os de silencio, exactamente el
29 de abril de 1.646) unos d�as antes de aquella carta: el 20 de Febrero. Toque que
prosigui� el s�bado siguiente, haci�ndolo hasta diecisiete veces. El espanto al que
hac�a referencia Graci�n extra�ar� el que no vea en el toque de una campana sino una
forma de aviso eclesialmente convencional, pero no al que est� al tanto de la
peculiaridad de aquella: y es que la campana de Velilla tocaba sola, y lo hac�a
generalmente para presagiar dram�ticos acontecimientos. La campana de Velilla, amen de
milagrera, era agorera.
Curiosamente, esos repiqueteos de aquel febrero de 1.652 no constan en la m�s precisa de
las relaciones que sobre la famosa campana tenemos: la que la se�ora condesa de Atar�s
envi� al ilustre benedictino Jer�nimo Feij�o, sacada de un libro que compuso el
marqu�s de Osera, don Juan de Funes y Villapando, se�or que fue de la Baron�a de Quinto
y de Velilla.
Y es que la campana de Velilla era en verdad prodigiosa, ya desde sus or�genes. Porque de
ella se cuenta que all� por los tiempos de los godos, apareci� por las costas de Levante
y al llegar a la desembocadura del Ebro remont� la corriente del r�o. Llevaba -para
mayor prodigio- dos velas encendidas y, tantas veces como intentaron cogerla, se hundi�
en las aguas. As�, avanzando a contracorriente, lleg� al lugar de Velilla, donde detuvo
su marcha. Creyeron los pobladores que aquello era se�al de que la campana estaba a ellos
destinada y trataron de sacarla del r�o con unos garfios. Pero, nuevamente, se sumergi�
en las aguas. S�lo cuando dos doncellas hicieron adem�n de sacarla, la campana mostr�
una favorable disposici�n, y al simple toque de aquellas v�rgenes manos la campana
sali� del r�o por s� misma. Los velillenses la condujeron a la iglesia de San Nicol�s
de Bar�, en lo alto del monte inmediato a la poblaci�n, donde fue colocada.
Anterior a la iglesia de San Nicol�s, se cree que cuando estaban all� los Romanos y
Velilla era Lepida Celsa, exist�a el Templo de Diana y triunfante la religi�n cristiana,
destruyeron la estatua pagana, y en honor a San Nicol�s hicieron esta iglesia ya que era
un santo de gran fama en toda la cristiandad.
Se dice que en la fundici�n de la campana emplearon una de las 30 monedas, con las que
Judas vendi� al Redentor. Alrededor de la campana llevaba escrito: Cristus Rex,
venit in pace, et Deus Homo factuc est.
Son muchos los que han escrito sobre la campana de Velilla. Pero fray Jer�nimo Feij�o,
desterrador de supersticiones, afirma que sus ecos traspasaron fronteras, y fue reconocida
como una de las campanas m�s famosas del mundo. Zurita, pese a su escepticismo, no se
atrevi� a manifestarse categoricamente contra el hecho.
Las primeras noticias de sus ta�idos milagrosos se remontan al a�o 714, en tiempos del
rey Don Rodrigo y la p�rdida de Espa�a en manos de los moriscos.
La campana, nada c�moda entre la morer�a, deja de sonar por si sola. Hasta que en 1.435
deja o�r sus ta�idos anunciando el desastre de Ponza, en el que fueron hechos
prisioneros por los genoveses el rey Alfonso V de Arag�n y el rey Don Juan II de Navarra.
All� cayeron presos personas relacionadas con el lugar de Villa: Ramiro de Funes,
primog�nito del vicecanciller Juan de Funes, se�or de la Baron�a de Quinto, y sus
agregados, entre ellos de Velilla; Francisco de Villapando, hermano del que cas� con
Do�a Contesina de Funes, hija del vicecanciller y su heredera.
A partir de 1.435 los ta�idos de la campana se hac�an m�s frecuentes. Los reyes siempre
pendientes de sus ta�idos, si tenemos en cuenta que durante este ta�ido quedaron en
libertad los reyes de Arag�n: adquisici�n del Reino de N�poles.
Un toque funesto de la campana agorera: 1.485. Toc� durante tres d�as anunciando el
asesinato del inquisidor Pedro de Arbu�s.
1.492, Juan Canyam�s hiere en Barcelona a Fernando el Cat�lico.
1.515, ta�i� antes de la muerte del rey Fernando el Cat�lico.
29 de marzo de 1.527, Carlos de Borb�n y el ej�rcito de Carlos V saquean Roma: ante
tama�o desafuero la lengua -badajo- se alarg� cinco dedos.
Muchos doctos autores se ocuparon del fen�meno y los monarcas espa�oles le prestaron una
cuidadosa atenci�n, demandando informes, como el que Diego Salinas y Heraso present� a
Felipe III tras el toque de la campana del 13 de Julio de 1.601 que anunciaba -seg�n
c�lculos cabal�sticos del oidor de la C�mara de Comptos del reino de Navarra- el
levantamiento general de los moriscos. Ocho a�os m�s tarde ser�an �stos expulsados.
As� un largo de acontecimientos con sus ta�idos espont�neos y agoreros, que no sigo
porque ocupar�amos muchas p�ginas.
Literariamente, el tema aparece de modo circunstancial, en una comedia de Lope y en una
novela de Francisco Santos.
Los poemas dedicados a la campana son m�s numerosos: el de B.L. de Argensola que sirve de
cabecera de este trabajo, Sacro metal en Julia Celsa suena.....
Pero es en los dos sonetos de Quevedo en los que debemos detenernos. Uno lo dedida a
los reyes que atienden con temor sus ta�idos, y otro para los aragoneses, tratando de
burlarse de la gente plebeya y gente insana. Corresponden, seg�n su Poes�a
original completa (edici�n de J.M. Blecua), a los n�meros 92 y 568, compuestos en
1.621 - a�o de la muerte de Felipe III - y 1.622, respectivamente:
QUEVEDO -Poema n�mero 92- Conjetura
la causa de tocarse la campana de Velilla, en Arag�n, despu�s de la muerte del piadoso
Rey Don Felipe III, y muestra la diferencia con que la oiran los humanos O
el viento, sabidor de lo futuro, clamore� por el difunto hado, o en doctos caracteres
anudado, le repiti� parlero gran conjuro. Y puede ser que esp�ritu m�s puro a la
advertencia humana destinado, pronunci� penitencias al pecado en leguaje tan breve y tan
obscuro. Prof�tico metal, los ciudadanos que de ag�ero y cometa son exentos, a tu son
bailar�n por estos llanos; en tanto que tu voz y tus acentos oyen descoloridos los
tiranos y te atienden los reyes macilentos
El expl�cito t�tulo del soneto da sobrada cuenta del contenido del
mismo; por un lado, la causa del toque de la campana (los cuartetos); por otro, su
distinta recepci�n (los tercetos). Puntualicemos antes, sin embargo, que, pese a lo
se�alado en el poema, y de acuerdo con el informe de la condesa de Atar�s y de otros
existentes -los de Juan de Qui�ones, Camargo, Mart�n Carrillo y el ya citado de Salinas
y Heraso- la campana de Velilla no toc� ni antes de la muerte de Felipe III (como
correspond�a a su car�cter prof�tico) ni despu�s (como afirma Quevedo). El toque
inmediato anterior se producir�a en 1.601, y el inmediato posterior en 1.625. Tal vez
Quevedo invent� su ta�ido en aquella fecha, como recurso literario.
Pero pasemos a los versos.
El primer cuarteto ofrece dos posibilidades: a la causa del viento (vv 1-2), o los
doctos caracteres (vv 3-4).
Hace referencia lo primero a una de las razones m�s naturales que se ofrecieron como
causa del prodigioso toque: el fuerte viento que hac�a generalmente cuando ta��a y que
ya se�alaba el informe de la condesa de Atar�s: Ordinariamente, cuando se toca, le
hace muy grande, con torbellinos y tiempo borrascoso. Feij�o lo toma en cuenta para
su cr�tica, aunque el informe mencionado rebat�a el argumento, ya que ello ser�a
tambi�n raz�n para que se tocase la campana compa�era de la del milagro que, sin
embargo, no lo hac�a, pese a ser mucho m�s peque�a.
Junto a ello se deduce que en uno de sus m�s furiosos toques, el de 1.601, el tiempo era
de absoluta calma.
Lo segundo -los doctos caracteres- se refiere a la leyenda grabada en la campana, que la
circundaba o anudaba. Como dice Quevedo. Un verso de Sivila Cumea que dec�a:
Cristus Rex venit in pace, et Deus Homo factus est. A este verso latino se
adjudic� tambi�n .ya en explicaci�n natural- el car�cter prodigioso de la campana,
ampliando a esta inscripci�n, a modo de ensalmo, o de gran conjuro como dice
Quevedo, la virtud pronosticadora de Sibila, a lo que de nuevo se opone el informe de la
condesa de Atar�s: Pero no es raz�n suficiente, porque si bien tuvo don para
profetizar (la Sibila) fue mientras vivi� y gracia no comunicable a sus palabras, ni el
que las puso pudo darles esta virtud.
El segundo cuarteto apela a un gen�rico esp�ritu m�s puro que podemos
entender por el esp�ritu divino, Dios a sus enviados, como impulsores de los ta�idos.
Por ah� andaban las especulaciones de los m�s razonables creyentes del prodigio, y a
ello apunta Feij�o, cuando al concluir su an�lisis de los hechos, afirma que la
cr�tica no debe extenderse a indagar los secretos de la divina Providencia. Si el no
alcanzar los motivos porque Dios obra muchas cosas fuese causa bastante para negar o dudar
de los hechos, disentir�amos a la existencia de infinitos que absolutamente son
indubitables. Y cita el adagio latino: Non ultra sapere oppitet sapere.
Ya antes hab�a se�alado que no estaba el prodigio de la campana de Velilla entre los
mayores de que Dios pod�a ser capaz, como es bien comprensible pues no s�lo Dios,
o por s� mismo o mediante el ministerio de un �ngel, puede dar cualesquiera movimientos
a la lengua de la campana; m�s tambi�n el demonio, con el concurso ordinario de la causa
primera, puede hacerlo. As�, no puede hallar en la prudencia humana la menor repugnancia
para ser cre�do. Tendremos, pues, as� a la Providencia divina advirtiendo, con el
lenguaje tan breve y tan oscuro del ta�ido de la campana, los males que se
suceden por el pecado humano.
Los tercetos ilustran sobre la distinta acogida que los hombres dar�n a la advertencia de
la campana. Los ciudadanos, o el pueblo llano en general (seg�n se deduce al
contraponerlos en el segundo terceto a tiranos y reyes), sin fe en ag�eros (augurios) y
cometas (se cre�a que los astros presagiaban la muerte), recib�an al prof�tico
metal sin ning�n temor y aun con alegr�a (a tu son bailar�n por estos
llanos), lo que nada tiene de extra�o, si la campana anunciaba la muerte de los
poderosos que los tiranizaban. Estos por el contrario, acoger�n estremecidos
(descoloridos y macilentos) los agoreros sones, pues a ellos iban destinados. El car�cter
moral del poema delimitado con precisi�n.
QUEVEDO Poema n�mero 568 Burla de las amenazas cuando se toca la campana de Velilla Conozcan los monarcas a Velilla, por la superstici�n de la campana, que a m�, por una p�cara aldeana, me la dio a conocer la seguidilla. Cr�dulo, �por qu� pasas a Castilla ag�eros de Arag�n?. !Oh plebe insana! Siempre ce�uda con la alteza humana, nunca propicia a la primera silla. Yo temo que se toquen las mujeres que denotan los mo�os y arracadas apretador y cintas y alfileres. M�s tocarse campanas apartadas de mi sue�o y mi casa y mis placeres, aqu�, y en Arag�n, son badajadas.
De muy distinto tono es el segundo de los poemas, dado su car�cter sat�rico, como
queda ya expresado en su propio t�tulo. Aunque se relaciona perfectamente con el primero
por su intenci�n �ltima:
De nuevo aparece la contraposici�n de esa diferente acogida que el prodigio ha de tener
entre los poderosos y entre el pueblo llano. Y as�, mientras los primeros (por lo que les
ata�e), se ven precisados a conocer a Velilla por la superstici�n de la
campana, el segundo -representado por una p�cara aldeana- puede, dado que sus
augurios no han de afectarle (diferencia de inter�s entre el poder y el pueblo),
considerar el prodigio con entera despreocupaci�n (campanas apartadas de mi sue�o
y mi casa y mis placeres) y como necedades o desprop�sitos (badajadas)
donde Quevedo juega ret�ricamente con el t�rmino badajo. M�s all� de su burla,
ap�strofa, Quevedo como cr�dulos y plebe insana a los que dan
p�bulo a aquellos ag�eros, gente siempre ce�uda con la alteza humana, nunca propicia a
la primera silla. O lo que es lo mismo, los que no saben ver la grandeza de la
sencilla condici�n humana, y conforman sus creencias y actos a tan noble y saludable
condici�n.
En Velilla siempre ha sido la campana motivo de fe. Cuando hab�a tormentas se cuenta que
tocaba sola. He conocido gente que dec�a que hab�a visto como la campana tocaba sola.
Los soldados se llevaban un trocito de la campana, para que les protegiera durante el
tiempo del servicio a la Patria.
En 1.686 se afirma en los libros que toc� por �ltima vez, aunque hay quien asegura
o�rla posteriormente, en 1.740, e incluso, en el pasado siglo.
El caso es que sobre la campana de Velilla, una de las m�s famosas del mundo, se fue
alzando la indiferencia y el olvido.
En 1.841 con el mismo metal fue refundida. Pero ya nunca ha vuelto a tocar sus milagrosos
ta�idos.
Aunque olvidada para Arag�n, no para Velilla. En la guerra civil de 1.936 la destruyeron.
En 1.972 volvieron a refundirla.
Palabras, palabras, palabras
Por Fernando Alcaine Royo (Enero 1.997)
A MODO DE EP�LOGO
Las relaciones que los humanos mantenemos con las palabras son, de siempre, dif�ciles y a�n tormentosas. Desconfiamos de ellas y, sin embargo, las necesitamos como el pan; nos colocan en situaciones comprometidas pero tambi�n nos iluminan con su rel�mpago de sabidur�a.
En ocasiones, la palabra se contrapone a la acci�n de tal suerte que aquella viene a significar algo as� como lo que no se hace, lo que s�lo se fantasea. Y es que del dicho al hecho hay, generalmente, un gran trecho.
Otras veces, lo que nos molesta de las palabras es su poder comprometedor. Este poder lo atestigua el hecho sencillo de que en boca cerrada jam�s haya entrado ninguna mosca. Lo malo es que tendemos a abrirla y nos tragamos el anzuelo (al fin y al cabo, por la boca muere el pez) de alg�n pescador en r�o revuelto. En efecto, nada m�s molesto, m�s fastidioso que alguien nos tome la palabra porque junto con la palabra nos toma nuestra libertad.
En otras ocasiones, dejamos de lado al pez y tomamos partido por el pescador. Pero tampoco hay remedio porque las palabras se las lleva el viento. En definitiva, tratando con parabas, llevamos siempre las de perder. Y lo m�s desagradable de nuestra derrota es la sonrisa picaruela, vivaz, inteligente con que nos miran despu�s de la refriega: las palabras -como dec�amos- se las puede llevar el viento o, si se prefiere, una imagen puede valer m�s que mil palabras; en todo caso, lo cierto es que las necesitamos aunque sea para lamentar su volatilidad o para humillarlas bajo la bota brutal de la imagen.
Est� claro que si no podemos vencerlas lo mejor es unirse a ellas, vivirlas. Porque tambi�n se viven las palabras. Uno puede decir: La leche se me ha reducido y se me ha convertido en nata, y bien dicho est�. Tambi�n puede decir: Se me ha esmerao la leche, que viene a significar lo mismo pero que no expresa, no comunica lo mismo. Expresiones y palabras como: �que no?, Bonastre, faba, granero, luco, matracos, milorcho, �arro, taba, tranqueta, truque, zarrio..., son como piedras que lentamente van hundi�ndose en el agua hasta precipitarse en el fondo de la memoria. Son vivencias de los tiempos pasados. Son recuerdos de los tiempos no vividos.
Pero... �Vivencias? �Recuerdos? �Tiempos no vividos?. Palabras, palabras, palabras.