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Una forma de comprender las
civilizaciones y etnias, es a través de la
tesis del Espacio‑tiempo histórico de Víctor Raúl Haya de la
Torre.
Haya se basa en el relativismo de
Einstein,
para la superación de las concepciones que devienen obsoletas en la
ciencia. Esto lo aplica al devenir histórico a la evolución de los
pueblos en a historia. Y partiendo de
la concepción cuatridimensional del Espacio–tiempo de Einstein,
enunció su propia concepción del Espacio-tiempo histórico como base
de su tesis interpretativa del devenir histórico:
Diríase que hay
también un “Espacio-tiempo histórico”, integrado por el escenario
geográfico (campo objetivo) y por el “tiempo subjetivo” (Ich-Zeit),
que el hombre concibe con relación a ese espacio; y ambos a su vez
con un ritmo dado de tiempo objetivo o económico que socialmente
deviene “Tiempo histórico”. El escenario geográfico, base del
concepto “Espacio histórico”, está condicionado por todas las
características físicas que ofrece cada una de las regiones
habitables del planeta, pero, además de éstas, por la distancia
entre una y otra región, especialmente por las que median entre las
menos civilizadas y aquellas que han avanzado más en su evolución y
que marcan el índice máximo de progreso. Esta distancia ya no es
sólo espacial, es también distancia en el “Tiempo histórico”, que no
se mide por relojes, vale decir, lapso en su “longitud”, “que es
completamente relativo” (Hegel). (Haya 1948: 8-9)
Según la
teoría de Haya, esgrimiendo el principio relativista del
Espacio-tiempo histórico, reconoció que la estimativa de cada
proceso social, dentro de su escenario geográfico dado, debiera
relacionarse con el proceso de otros grupos, siempre teniendo como
referencia el ritmo de los de mayor avance, de “velocidad máxima. De
allí arranca la afirmación de que en la filosofía de la historia
hay que tener muy presente el ángulo espacial desde el que se le ve
y se le estudia”. Las leyes históricas no tienen aplicación
universal porque ellas son condicionadas por la relatividad del
punto de observación. Por ende, la historia del mundo vista con
lentes europeos no puede ser la misma que la historia vista desde el
espacio-tiempo histórico indoamericano.
No
solamente vio en la Historia a la memoria del mundo, sino algo más:
su propia conciencia. “No es solo recuerdo acucioso y detallado,
catalogado e inerte, sino expresión inteligente y creadora, plasma
vital de nuevos organismos sociales, devenir”. Precisó que su teoría
tiene como primera norma la aplicación de la relatividad a la
historia. Este nuevo modo de interpretar los acontecimientos humanos
se reduce a verlos como una vasta coordinación universal de
procesos inseparables de su propio Espacio-Tiempo y movimiento.
Advirtió que Espacio y Tiempo separados o conjuntamente, con sus
clásicas acepciones, producen el Espacio-Tiempo histórico. Los
ingredientes del nuevo concepto ‑‑ el Espacio histórico y el Tiempo
histórico‑‑ son inseparables. Están siempre están unidos por lo que
Einstein y Toynbee llamaron continuum. Para Haya, el Espacio
histórico no es únicamente el espacio geográfico o la influencia de
la geografía, sino “la constante relación telúrica de la tierra y el
hombre”. Mejor dicho, es la relación del espacio con el grupo
pensante que ha desarrollado su conciencia histórica en dicho
territorio. El Espacio histórico es, pues, la suma total de la
geografía, el hombre, la tradición, la composición étnica y la
interpretación de ellos con el alma, conciencia o espíritu del
pueblo. En suma, todo lo que nos suelda y atrae consciente y
funcionalmente a determinada región constituye el Espacio histórico.
El Tiempo histórico, por otra parte, no es un término cronológico:
“Es, subjetivamente, la intuición y sentido del tiempo individual y
social vinculados consciente y funcionalmente al modo de vivir,
trabajar, pensar y desenvolverse de los pueblos”. Este tiempo
histórico marca el grado de su evolución económica, política
y cultural, determinada por las formas de producción y por el
desarrollo social que ellas motivan o que influyen en el pueblo. Y
precisamente debido a estas características, el Tiempo histórico se
convierte en inseparable de su espacio y de
su movimiento y con ellos integra una “continuidad
dinámica” que Haya llama Espacio-Tiempo histórico o cuarta dimensión
histórica (Haya 1948: 17-28)
(*)
Eugenio Chang-Rodríguez, (The City University of New York)
http://zonadenoticias.blogspot.com/2006/02/eugenio-chang-rodrguez-entre-dos.html
La génesis de
la tesis del Espacio-tiempo histórico se remonta a la visita del joven Haya
a las ruinas de Chan Chan, en las proximidades de Trujillo, su ciudad
natal. Este antiguo
centro
mochica fue la capital del reino del Gran Chimú, civilización conquistada
en el siglo XII por los incas, quienes, cuatro siglos más tarde, fueron
derrotados por los españoles. Tanto la visión impresionante de estas ruinas
precolombinas, como las primorosas piezas de cerámica, utensilios de
bronce, adornos de plata, raras conchas rosadas y finos tejidos de
brillantes colores ‑‑ extraídos de sepulturas por huaqueros y
arqueólogos‑‑ suscitaron en el inquieto trujillano su primer
deslumbramiento ante la cultura chimú. Consideró que esta civilización
precolombina no estaba ubicada cronológicamente dentro del esquema de los
estudios históricos que siguió con entusiasmo en el programa laico del
Seminario de San Carlos y San Marcelo y en los cursos en la Universidad de
La Libertad sobre historia del Perú. El deslumbramiento lo hizo reflexionar
sobre la relatividad de la historia y la cronología europeas. El mozo
trujillano no podía comprender por qué la historia de América tiene por
referencia básica el año de 1492 y no otra fecha. Los testimonios
precolombinos le sugerían otra dimensión de tiempo, diferente de la
delineada en los textos. Después de todo, el “descubrimiento” español había
sido un evento europeo en el continente de de los taínos, mayas, aztecas,
chibchas, incas y otras antiguas civilizaciones de América. La llegada de
los blancos desquició la trayectoria evolutiva de las culturas aborígenes,
pero no alteró su pasado. Y así como no se ha podido responder quién
descubrió a quién, muchas preguntas quedaron en el horizonte histórico del
llamado Nuevo Continente: una de ellas es la referente a la cronología
europea impuesta a América. Excepto los amerindios que descubrieron las
huestes intrusas que desembarcaron en sus dominios para conquistarlos, la
mayoría de los nativos permanecieron ignorantes del acontecimiento. Sólo
cuando los invasores tomaron posesión violenta de las “tierras nuevas” la
noticia de su arribo se esparció por diversos confines de los imperios y
culturas aborígenes.
La
disrupción socio-económica y política obligó a buen número de los aborígenes
a acomodarse al nuevo orden impuesto por la espada y la cruz, a conformarse
con la filosofía de la historia y la historiografía europeas reinantes. Así
discurrió la mente inquisitiva del Haya joven. El testimonio preincaico le
sugirió otra dimensión de tiempo que no era nueva desde su ángulo de mira y
le hizo esbozar ideas que no alcanzaron perfiles de satisfactoria definición
lógica y quedaron relegadas en su subconsciente: “La interrogante quedó
siempre en pie: ¿dónde ubicar las civilizaciones americana dentro de una
cronológica clasificación europea que no entrara en conflicto con la
realidad vivida en el proceso de su propia Historia?”
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