La Virgen María y Sus Apariciones
Las apariciones de la Santísima Virgen
María son un hecho que se han dado desde el comienzo de la cristiandad, siendo
la primera de estas manifestaciones la visita que hizo (viviendo todavía en
carne mortal) al Apóstol Santiago cuando éste se encontraba predicando el
Evangelio por España. Sor María de Jesús Agreda, en sus revelaciones que se
encuentran contenidas en la "Mística Ciudad de Dios", describe el
momento en que Nuestra Señora es arrebatada por un coro de ángeles para ser
llevada en cuerpo y alma a orillas del mar Ebro, estableciéndose entonces la
"Basílica Del Pilar", como el primer Templo Mariano de la Tierra.
Desde entonces y tras su gloriosa
Asunción a los Cielos, son innumerables las ocasiones en que la Virgen ha
descendido a la Tierra, intensificándose su presencia tan maravillosa como
espectacularmente en estos últimos tiempos, según estaba predicho desde tiempo
inmemorial.
El "Papa Bueno" Juan XXIII,
siendo Cardenal Patriarca de Venecia, pronunció en Fátima las siguientes palabras durante la homilía del 13 de mayo de 1956:
" . . . al morir Jesús y dejarnos,
en testamento, a su propia Madre, parece que le concedió la misión de
visitarnos, aún en forma visible, apareciéndose aquí y ahí en forma de mujer,
de Madre. Esta es la explicación de sus
manifestaciones a través de la historia
de la Iglesia y del mundo . . . María es la misma Madre de Dios y Madre Nuestra
. . . "
Ciertamente María es Madre de Dios y
Madre Nuestra, Madre de todos los hombres por decreto y voluntad divina. Así
como Dios, para darnos y conservarnos la vida maternal se sirvió de nuestras
madres, que por amor aceptaron todos los sacrificios, de la misma manera, en el
orden sobrenatural, Dios ha querido darnos y conservarnos la vida del alma por
intervención de la Santísima siempre Virgen María, Madre de Jesucristo Redentor
de todos los hombres; pues El la asoció como Corredentora, Medianera y Madre de
todos nosotros.
Este triple oficio de la Santísima
Virgen, proclamada por Paulo VI y por el Concilio Vaticano II como "Madre
de la Iglesia", se lo confirió solamente Jesucristo, el Hijo de Dios,
cuando se estaba consumando su obra redentora en la cruz:
"Habiendo mirado Jesús a su Madre y
al Discípulo que El amaba, el cual estaba ahí de pie; dice a su Madre: Mujer,
ahí tienes a tu Hijo. Después dice al Discípulo: Ahí tienes a tu Madre"
(Jn.XIX, 26-27)
Por tanto, el peregrinaje mariano por
todo el mundo es consecuencia lógica del amor maternal que nos tiene, sin
perder nunca de vista que la razón fundamental de las apariciones marianas
radica en última instancia en el AMOR DE DIOS: El misterio de la salvación
eterna del hombre.
La actual labor mariana en el mundo se
encuentra perfectamente definida en el primero y último de los libros sagrados;
nos referimos al Génesis y al Apocalipsis. En el Génesis se dice " . . . y
pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tus descendientes y los ella. Y
ella te aplastará la cabeza y tú la asecharás el carcañal o talón" (III,
15). Con estas palabras se anuncia la
enemistad entre el espíritu del mal y la Mujer, Madre de Dios, que al final
logrará aplastar la cabeza de la serpiente.
Por otra parte, en el Apocalipsis se
alude al desarrollo de esta lucha tan singular. Se habla de la aparición en el
Cielo de un portento maravilloso: "Una mujer revestida de sol y con la
luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas. . . y vióse
otra señal en el Cielo y he aquí a un gran dragón de color de fuego, con siete
cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas . . . " (XII,
1-3).
Esta eterna lucha que se inició en el
paraíso se ha intensificado a través de los siglos, adquiriendo mucha mayor
fuerza precisamente al final de los tiempos, sabedor el enemigo que le queda ya
poco tiempo. Por eso se representa primero como una serpiente en el Génesis, y
después, en el Apocalipsis, aparece como un dragón infernal. Pero Dios no ha
suscitado una enemistad en lo singular, sino en lo plural, es decir, no sólo
entre María y el demonio, sino entre la descendencia espiritual de María y la
del diablo.
El Santo Luis María Grignion de Monfort,
nacido en el siglo XVII en el año 73, fue un fervorosísimo devoto de la Virgen
María y que escribió, entre otros, dos libros que hoy en día constituyen
verdaderas joyas de la Mariología y que son: "La Verdadera Devoción a la
Santísima Virgen" y "El Secreto de María". El primero es un
tratado que recomendó Pío X, el 27 de diciembre de 1908, concediendo la
bendición apostólica para todos los que lo leyeran.

En dicho tratado se desprende claramente
LA MISIÓN Y OBRA MARIANA EN ESTOS ÚLTIMOS TIEMPOS; dice el Santo Luis María
que: "Se debe tributar un honor más grande, y se ha de conocer más
extensamente y se ha de amar más intensamente a su Santísima Madre, y que este
incremento de devoción a María guarda íntima relación con la Parusía de su
Hijo".
Mas adelante señala: "Consolémonos
con la pronta venida de aquella época de la Iglesia, que será la época de María
. . ."
"Jesucristo vino al mundo por medio
de la Santísima Virgen y por Ella debe también reinar en el mundo".
Y sobre la misma idea el Santo ahonda lo
siguiente: "la Divina María ha permanecido desconocida hasta el presente y
esta es una de las razones por que Jesucristo no es todavía conocido, como debe
serlo. Y si, pues, es cierto que el conocimiento y reinado de Jesucristo en el
mundo debe llegar, no lo es menos que sólo se realizará esto como consecuencia
del conocimiento y del reinado de la Santísima Virgen, quien es la que nos lo
trajo por primera vez y la que nos dará a conocer y triunfar en la
segunda".
Y luego completa esta idea afirmando:
"María fue muy poco conocida en el primer advenimiento de su Hijo; pero
debe serlo mucho más en el segundo. Si estuvo oculta durante la primera venida
fue por deseo expreso de Dios, a fin de que su Hijo Jesús fuera conocido. La
revelación de María será en el segundo advenimiento para lograr el conocimiento
más perfecto de su Hijo y hacer que su reinado llegue a la Tierra".

Después de haber leído las palabras de
este hombre extraordinario, verdadero enamorado de la Virgen, nos resulta ahora
más claramente por qué los tiempos actuales están marcados por la presencia
mariana en el mundo.
Sin embargo, hay quienes piensan que es
incorrecto conceder demasiada importancia a la Virgen, ya que se da la
impresión de olvidar a Dios y de relegarlo a un segundo plano menoscabando su
debida adoración. Esta afirmación es falsa, y sólo denota ignorancia sobre el
papel trascendental que juega la Santísima Virgen en la salvación de todos y
cada uno de los hombres.
Sabemos bien que para poder ser
perfectos se necesita de humildad de corazón, oración continua, espíritu de
penitencia y conformidad absoluta con la voluntad de Dios. Pero para poner en
práctica estas medidas de salvación y santificación es necesario como elemento
esencial, lo que teológicamente se llama "Gracia de Dios". Sin esa
gracia todos nuestros esfuerzos son estériles, "sin Mí nada podéis hacer"
dice el Señor.

Pues bien, para hallar esa gracia que
enamorará el corazón del hombre al corazón de Dios, no hay camino más seguro
que: ENCONTRAR A MARIA. Porque sólo María es la que consiguió gracia a los ojos
de Dios para sí y para cada uno de los hombres, sus hijos. Las palabras del
ángel en la Anunciación son contundentes: ". . . Salve, llena de gracia,
el Señor está contigo . . . no temas María, porque has hallado gracia cerca de
Dios" (Lc. I, 28-30)
Si pensamos que Dios la eligió como
Madre, comprendemos que en aquel mismo momento volcó sobre Ella toda su gracia.
Si el hombre que escoge para sí una creatura porque se ha enamorado de ella, la
vuelca con su amor todo lo que tiene, !Qué no habrá hecho Dios al elegir a la
más excelsa de las creaturas humanas!, seleccionada desde toda la eternidad. No
cabe duda que elección tan excepcional llevaba todo consigo; implicaba la
cesión de la voluntad de Dios en manos de una mujer; suponía en designarla como
Tesorera, Administradora y Dispensadora de todas las gracias. Por eso, Ella las
reparte en el momento y en las cantidades que quiera. Así, las gracias del
Padre, las virtudes de Cristo y los dones del Espíritu Santo están en manos de
María, Nuestra Madre.

De todo lo anterior podemos decir
entonces que si buscamos y encontramos a María, damos con la abundancia de
todas las gracias, pues Dios, como Todopoderoso, no quiere comunicar nada que
no sea a través de éste instrumento que tiene tanto de divino como de humano y
por ello más accesible a nuestra naturaleza de hombres. Como dice Santo Tomás
de Aquino: "Dios no se comunica ordinariamente a los hombres, en orden a
la gracia, sino por María". En cierto modo es lógico, porque así como no
se puede subir al tercer escalón sin poner antes el pie en el segundo, de la
misma manera nadie llega a Dios si no es a través de Cristo, y a El no se llega
sino por medio de María. A través de Ella se inició la salvación del mundo, y
será también por María que se habrá de consumar.
En estos momentos de confusión e
inquietud en el mundo, necesitamos más que nunca de la ayuda de Nuestra Madre
Celestial. Tengamos la certeza moral que Ella atenderá todas nuestras
peticiones y las hará llegar hasta el Trono de Dios, pues en su condición de
Hija, Madre y Esposa de la Santísima Trinidad, sus súplicas son siempre
escuchadas y nuestras obras serán dignas del Padre.
La función de la Virgen
¿Pero cuáles son los motivos de esta
extraordinaria intervención de la Virgen María en estos últimos tiempos? El
oficio de María podríamos decir que es múltiple:
a.
Precursora
de Cristo.
b.
Refugio
de pecadores.
c.
Reina
de los Apóstoles.
d.
Reina
de los Profetas.
e.
Reina
de la Paz.
a.
PRECURSORA
DE CRISTO. Así como Ella lo trajo al mundo la primera vez, así lo hará también
cuando El vuelva, aunque en diferente manera. María fue el primer sagrario del
mundo al llevar en su seno virginal al Hijo de Dios vivo; ahora, Nuestra Madre,
al igual que Juan el Bautista preparó los caminos del Señor, Ella quiere
preparar las almas de todos sus hijos a través de la oración y la penitencia
para que engendremos a Cristo en nuestras vidas, y sea así nuestra conducta,
modestia y mortificación modelo exacto de la vida de Jesucristo.
b.
REFUGIO
DE PECADORES. Por sus hijos, la preocupación de María no tiene fin. Ella quiere
que todos lleguen a la salvación eterna a través de su Corazón Doloroso e
Inmaculado, que brilla hoy más que nunca en misericordia para atraer y recibir
amorosamente a los pobres pecadores y desviados de la verdad para que se
conviertan a Dios.
c.
REINA
DE LOS APÓSTOLES. La Virgen en sus apariciones viene también a formar a un
cúmulo de Apóstoles. ¿A cuáles Apóstoles? A los Apóstoles de los últimos
tiempos. El texto del Apocalipsis ya citado dice que satanás pondrá asechanzas
a su carcañal o talón. El talón de la Señora al que se hace alusión constituyen
los humildes seguidores y pobres hijos, que Ella suscitará para luchar por la
causa de Dios y de María. En otras palabras, los Apóstoles de los últimos
tiempos dice Grignion de Monfort, serán "pobres según el mundo; rebajados y
humildes ante los otros miembros como el talón; hollados y oprimidos como éste,
pero ricos de las gracias de Dios que María distribuirá copiosamente entre
ellos, grandes y excelsos en santidad ante el Señor; los cuales, apoyados por
el socorro divino, en unión con María y humildes cual otro talón, aplastarán al
demonio con todas sus huestes y harán triunfar la causa de Dios".

La
Santísima Virgen María en sus mensajes por todo el mundo hace un llamado
urgente a los apóstoles de los últimos tiempos, mismos que en su mayoría serán
SEGLARES, y que llevarán en su boca la palabra de Dios; en la mano derecha el
Crucifijo, en la izquierda el Rosario; en su corazón los nombres de Jesús y de
María; y en su conducta la modestia y mortificación de Jesucristo.
d.
REINA
DE LOS PROFETAS. Dice el Profeta Amós que "Dios no hace nada sin revelar
sus secretos a sus siervos los profetas" (III, 7). Y así es, DIOS AVISA
SIEMPRE; todos los acontecimientos de importancia para la humanidad han sido
previamente anunciados por el Cielo a través de sus videntes y profetas. En el
Antiguo Testamento se esboza la manera y significación del advenimiento del
Mesías, y en los libros sagrados también se nos habla de lo que precederá a la
manifestación de la Parusía del Señor. Y así como se cumplió todo lo referente
a la primera venida, así también se habrá de cumplir a la letra todo lo
concerniente al retorno de Cristo al mundo.
Pues bien, la Virgen viene como Reina de
los Profetas al manifestarnos abiertamente lo que va a suceder para que estemos
preparados y velemos en oración. Nos clarifica "puntos oscuros"
contenidos en las Sagradas Escrituras, especialmente en el libro del
Apocalipsis, que hasta ahora eran de difícil comprensión; nos habla de la
inminente aparición y reinado del anticristo en que satanás libra su última y decisiva batalla; señala la
venida de los testigos Enoc y Elías (Apocalipsis XI), llenos del espíritu de
Dios, para condenar los errores diabólicos del anticristo. Asimismo, nos
advierte de un próximo AVISO al mundo, un MILAGRO y un segundo aviso previos al
Día del Señor o Juicio de las Naciones. Por último, y tras la purificación del
mundo, nos anuncia la manifestación de Cristo para instaurar su Reino de paz y
misericordia por mediación de su Corazón Inmaculado.
¿Y quienes son los profetas de la
Virgen? Los profetas de hoy (y que en sus mensajes repiten lo dicho por los
Profetas del Antiguo Testamento), son los innumerables videntes que se
encuentran actualmente repartidos por todo el mundo, y que a pesar de su
diversidad de lugar, raza, cultura, época y formación, sin conocimiento unos de
otros ni de las visiones respectivas, coinciden insistentemente, hasta las
idénticas palabras, lo que implica sin duda que la fuente es la misma.
Los videntes ante todo son instrumentos
de Dios, sencillos y humildes y que han sido elegidos por el Cielo para
confundir a los sabios y poderosos del mundo, para que se vea más claramente
que la obra es divina. Pero no hay que dejar de hacer notar que si los videntes
tienen o tuvieron la gracia de ver a la Virgen, ello no supone necesariamente
una vida de santidad, ni santifica necesariamente a quien se le dan aunque ello
esté ordenado a tal fin. En la mayoría de los casos la "videncia" es
fruto de un carisma o "gracia gratuita" que el Cielo concede
libremente a determinadas personas. Caso distinto resulta de aquellas almas que
producto de una vida ascética y mística, de expiación, iluminación y unión con
Dios se colocan en posibilidad de tener coloquio sobrenatural por su santidad
en vida, como podría ser el caso, por citar un ejemplo, de Santa Teresa de
Jesús.
Así pues, los videntes son almas
normales, comunes y corrientes y como
humanos están sujetos a iguales
o peores tentaciones que nosotros y que son instrumentos de Dios para dar a
conocer una serie de mensajes encaminados a recordarnos algo que tenemos un
mucho olvidado; La salvación eterna. Por lo mismo, es preciso que se rece por
los videntes para que sean instrumentos idóneos en los que Dios pueda actuar;
esto lo decimos, ya que en determinadas ocasiones, cuando los videntes caen en
soberbia, el demonio se encarga de hacerlos creer que ven a la Virgen y de que
reciben mensajes supuestamente celestiales con objeto de confundirlos a ellos y
a sus seguidores, y los frutos no se harán esperar.
Y esto es lógico que así sea, pues donde
Dios actúa el diablo acude para tratar de desbaratar su obra, por eso es
necesario tener el don de discernimiento de espíritu, para probar si realmente
una determinada aparición o un mensaje particular viene o no de Dios.
Por último, la razón de la existencia de
un gran número de videntes en ésta época, nos viene explicada por las palabras
del Profeta Joel: " . . . y derramaré mi espíritu en toda carne, y
vuestros hijos profetizarán, vuestro jóvenes tendrán visiones y vuestros
ancianos sueños . . . " (II, 28).
Nuestro Señor Jesucristo prometió
asistir y cuidar a su Iglesia hasta la consumación de los siglos. Por eso, nos
envía a María su Madre y Madre Nuestra, para iluminarnos y guiarnos por el
camino de la salvación. Ella es la mensajera de Dios para estos momentos de
crisis, caos, confusión y oscuridad hasta en la misma Iglesia, donde la fe de
todos parece tambalearse y caer. Nuestra Señora, por tanto, hace una llamada
universal al arrepentimiento y a la conversión a través de la oración y
penitencia porque todos los tiempos son graves, muy graves. El deseo de Ella es
que ningún alma se pierda, pero se requiere la cooperación moral y humana para
hacer realidad ese deseo que se concreta en el cumplimiento fiel de la Ley de
Dios.
(Sección original de “ Advertincias
de La Santísima Virgen a la humanidad” menos imágenes)