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Personajes de Piura |
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Las personas recibimos a lo largo de nuestras vidas muchos servicios. Desde el médico que nos da la bienvenida al mundo, sus auxiliares, técnicos y personal de apoyo del hospital o puesto de salud, los maestros y asesores espirituales que nos dieron tan valiosa orientación, hemos recibido la cooperación de infinidad de servidores, muchas veces anónimos. En esa misma línea, de la Piura de los sesenta y setenta, traigo a la memoria un rincón moderno, lleno de máquinas y equipos sofisticados, cuasi mágicos, traídos de muy lejos. Entre cajillas de película y filmadoras, con su proverbial hablar pausado y breve, Felix Kyono reinaba en su local de la calle Arequipa. Muchos piuranos llegamos allí para constatar el paso de los mejores momentos familiares y de nuestra actividad laboral, retenidos en fotos. Primero, en blanco y negro. Luego, el color inundó la industria del revelado y Félix fue artífice de ese disfrute gráfico, de esa suerte de vencer al olvido, de quitarle algo al inexorable paso del tiempo. Su esposa Juanita, también una artista del retrato, lo complementaba con su singular talento y amabilidad. Felix se marchó ya de este mundo pero nos dejó muestras de su esfuerzo y de su contribución a la historia gráfica de Piura. Santiago Kusaka Ramos, entrañable amigo, fue otro personaje de la historia empresarial de la Piura de la segunda mitad del veinte. En su Foto Estudio San Miguel ubicado en la cuadra nueve del jirón Libertad, muchos piuranos nos encontramos ya sea para sacarnos una carnet o para revelar el rollo del viaje más reciente. De carácter amigable, conversador enterado y de amplio criterio comercial, Kusaka fue un hombre querido. Sus anécdotas, narradas a sus amigos, denotaban gran sensibilidad y genuino espíritu de acercamiento al hombre y mujer del pueblo, que encontraron en él un servidor dispuesto y eficaz. Recientemente, nos ha dejado el amigo Hireo Miyagui, comerciante que en base a su perseverante esfuerzo supo abrirse paso en el difícil mercado de ferretería local. Ganó prestigio por su seriedad y por su servicio y precios razonables. Tuvimos la oportunidad de conversar muchas veces (que hoy parecen pocas) con él en nuestras visitas a su concurrida tienda de la esquina Sánchez Cerro y Loreto. El señor Miyagui era un hombre de corazón. Austero en su actuar y dadivoso al tratar a las personas, su sapiencia despertaba una mezcla de admiración y acercamiento, que invitaba a tratar de leer más adentro, en su visión de los negocios, del país y del mundo, pues él fue un hombre que viajó por muchos países. Su partida nos tomó por sorpresa, como casi todas las partidas de estos hombres especiales. Lamenté haber estado fuera de la ciudad para haber podido despedirlo y presentar nuestro pésame a su Señora esposa y familiares. Tres hombres, tres rutas, tres destinos. Todos articulados por Piura. Por esta noble, golpeada y promisoria tierra. Tres hombres que aportaron a su comunidad de manera notable. Que fueron servidores eficaces, que forjaron ejemplo de laboriosidad y carácter. Que encontraron en los servicios, esa parte silenciosa de la economía, una manera de darle sentido a sus vidas. Y que sirvieron bien. Estas líneas,
acaso escasas, son un homenaje a su memoria, alentadas por el respeto a su
trayectoria vital y su aporte a nuestra sociedad. Para los tres, muchas
gracias. [19 Jun 2000] Santiago, Jesuita piurano por Luis Ginocchio Balcázar Escuchar a alguien de nuestra generación hablar de ideales, de compromiso de servicio a los más débiles de nuestra sociedad, ha sido un evento muy gratificante. De su incriminación con los problemas más agudos de la sociedad, también. Participar en la Santa Misa que concelebró el Padre Santiago Vallebuena Worthy a sus 25 años de vida religiosa en la austera capilla del Colegio de San Ignacio de Loyola el pasado 16 de Agosto nos transportó a los tiempos de colegial. Repentinamente, ayudados por la velocidad de la memoria, no eran los familiares y amigos de la familia Vallebuona los que colmaban la nave, sino decenas de niños y jóvenes. Era fines de los años sesenta. Sonaba la canción del testigo, "Me mandas que cante con toda mi voz...". De aquel niño amigable y sereno, con el que fuimos escolares, que compartimos tiempos de hippies y cambios, ha surgido un sacerdote ejemplar. Un digno representante de nuestra generación, forjada entre grandes cambios políticos y sociales en el Perú, revueltas estudiantiles y beatles en Europa, y sin duda, el feroz terremoto de Huaraz. Al verlo pasaron por nuestra memoria el Padre Ridruejo, fundador del colegio, los directores Padres Prado, Hernández Ross y Bambarén. El recordado Padre Porfirio Martín, profesor de geografía y gran amigo del paisaje piurano. Los Hermanos Benito. El Padre Alberto Tapia. El Padre René. Nuestro muy admirado Padre Enrique Fernández García, por cuya perseverancia y laboriosidad entendimos algunas reglas de ortografía. No recordamos otro profesor que en una año lectivo haya tomado más pruebas, pasos y exámenes que Enrique. Del Padre Antonio Cerrato, su sencilla y virtuosa personalidad brilla en nuestro recuerdo ignaciano. El padre Santiago García de la Rasilla y el recordado hermano Bachiller, ya fallecido. Benjamín Fernández Dávila, nuestro recordado “Padre Pitín”. El Hermano Florentino Dorado. El padre Juan Cuquerella, en los tiempos del nacimiento del IMAIL (hoy CIPCA). De aquellas tardes de Viernes en que se reunía a todos los alumnos para cantar canciones como “El capitán ha sido herido...”. !Qué tiempos! De profesores, clases, uniformes y partidos de fulbito. De mágicos bizcochos, apaciguadores del hambre juvenil, que vendía el buen Orlando, a los que había que correr para alcanzar. De lo bueno, poco. Ahora
queda en nuestra retina una nueva imagen, fruto de ese trabajo callado de
los Padres Jesuitas en Piura, el Padre Santiago Vallebuona. Piurano, alumno
estudioso y deportista. ¡Qué extraordinario comprobar que el espíritu de
Iñigo López de Loyola ha germinado en estas cálidas tierras castellanas!
Muchos de nuestros profesores Jesuitas ya son ancianos. No dejemos que un
involuntario silencio pueda devenir en ingratitud. !Gracias maestros por su
invalorable servicio a nuestra comunidad! Cuánto les debemos agradecer a quienes dejaron familia en lejanas tierras para seguir el ejemplo de sus fundadores, y venir a cooperar con la formación de las juventudes piuranas. Esa tarde di gracias al dueño de la mies quien nos ha enviado este joven sembrador salido de las aulas de nuestro querido colegio (17 Ago 1998). Mi amigo “Bobby”
por Luis Ginocchio Balarezo A mi amigo “Bobby” le gusta el helado sándwich de chocolate. Es el perrito de mi profesora. Es muy juguetón y dormilón, tiene su propia camita y es muy obediente. Siempre que llego a mi clase me recibe parado de patitas y moviendo la colita de felicidad. Se duerme con la música clásica y si le ponen música rock se vuelve loco. Me pongo muy feliz cuando lo voy a visitar porque es un perrito muy inteligente. “Bobby” es un poquito engreído porque cuando llego a la clase empieza a fingir llorar para que mi profesora lo saque para jugar conmigo. La convence y le permiten estar corriendo y saltar para divertirnos. Es un perrito de tamaño mediano, de ojos y pelo marrón. Le gustan los caramelos y los dulces. También la torta de leche y la de naranja, pero no le gusta la de chocolate. También le gusta la basurita del tajador, y se come toda la que se cae al piso. “Bobby” está un poco gordito. Le encanta asolearse durante las tardes. También digo que es un poco gruñón porque un día llego de visita una perrita y Bobby le gruñó. Su dueña le dijo: -Bobbyto, a la primita no se le gruñe, se le da besito en el cachetito- Y por eso digo que a veces “Bobby” es un poco gruñón. Estoy impaciente por ir a mi siguiente clase para jugar con mi amigo “Bobby”. (16 Ago 1998)
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