El verso con métrica y rima

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    CAMILO VALVERDE   

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 comentarios a su obra

DIRECTORIO DE ESTE AUTOR

su obra 1

su obra 2

     

        SU OBRA 1  

             En esta página encontrarás las siguientes poesías:

 

      MIMOS AMOROSOS

Cuando siento tus mimos amorosos
y me alienta el calor de tu sonrisa,
vuelo en cálidos brazos de la brisa
a estrellas de jardines deliciosos.

No retires tus ojos luminosos
que muero si les pones cortapisa;
incrústalos en mí, no seas remisa,
que desfallezco en claustros tenebrosos.

Tu generoso aliento me enardece.
Tu atención cuidadosa me captura.
Tu firme certidumbre me guarnece.

Eres la solidez que me satura,
el optimismo diario que establece
mi alegría constante en tu dulzura.



          MIRÁNDOLO

Mirándolo, lo miro y lo requiero,
y abrazo su tristeza desolada;
como garra, el terror en su mirada
me resquebraja el alma por entero.

Me siento al lado, callo y delibero;
pronto, noto mi mano ya apretada
y su frente, en mi pecho, reclinada
por la magia de un lazo duradero.

Este niño, despojo de la guerra,
es sólo ojos de llanto y repugnancia,
mudo, junto a una fosa de la tierra.

Es la enseña fatal de la jactancia
con que la sordidez del mal aferra
la vida por acopio de ganancia.



          DIME, AMADO

Dime, amado del alma, dónde encierras
tus ovejas y tienes tu majada;
qué verdes pastos andas por las sierras,
dónde duermes y pones tu morada.
Voy preguntando cuáles son tus tierras
y, sin respuesta, quedo conturbada.
Dime, dónde apacientas tus pastores
para yo hallar, amado, tus amores.

Me pareció sentir que ya venía,
salí corriendo a abrirle con premura
y mirra destilada le ofrecía;
adorándolo, absorta en su hermosura,
con la mirra, mi amor yo le traía;
soñando con sus brazos de ventura,
entreabrí, pero raudo había partido;
bajé al camino y verlo no he podido.

Mi amado es mío, mío y muy amado
y yo soy de mi amado, mi elegido;
con la aurora, condujo su ganado;
tras la brisa, busqué de amor transido
subí al monte, bajé presto al collado;
pues, ya, la noche, sombras ha tejido,
vuelve, amado, rebasa las laderas,
corre como gacela en las praderas.



             HAMBRES

Un mundo de injusticia tan ingente
perecerá maldito en la impiedad,
con la que impune impone intransigente
el interés, el odio y la crueldad.

Hinchando, con el rico prepotente,
su soberbia, derroche y zafiedad,
damas bufas, de aliño refulgente,
revuelcan su insolencia en pravedad.

Fuera muchos revientan oprimidos
por su ancha sed y largos sufrimientos
y hasta los muertos braman en sus fosas.

Los huesos de los niños desvalidos
clavarán, en los bancos avarientos,
sus gritos de injusticias espantosas.

 


          FUE SILENCIO


Fue silencio la risa de chiquillos
hecha ira por los odios que no cesan;
lucro de negras armas, que progresan,
con furia, destrozó sus cuerpecillos.

Las rosas no verán ya sus ojillos
ni rozarán los labios que las besan;
las madres, en abrazos que embelesan,
no tendrán el calor de sus dedillos.

Caen atónitos, mueren inocentes,
no hacen las guerras, dan paz y sonrisas,
no saben de odios, sólo juegan y aman.

Los niños son los daños indecentes
de poderes que buscan las divisas
llevan el mal y justos se proclaman.

 

GRANADA Y LAUREL

Granada y laurel
¡Ay su risa
de sol y clavel!

Laurel y Granada
¡Ay su risa
de mora gitana!

Suspira y calla
¡Ay su brisa
de nieve y playa!

Laurel
¡Qué bien soñaba
el ciprés!

Granada
en sus colinas
rosada.

Granada y Genil
¡Ah el Darro
de talle gentil!

Genil y Granada,
misterio sutil,
sultana nevada.

 

        LA ALHAMBRA

Es la Alhambra princesa misteriosa
sitiada por devotos pretendientes;
la abruman de requiebros tan ardientes
que, tímida, se oculta silenciosa.

Su incisiva mirada brilla airosa,
prendida en sus ojazos complacientes,
al rumor de arabescos relucientes
ebrios de sol en brisas armoniosas.

Doncella recatada, con finura,
encubre su elegancia recoleta,
reservando discreta su hermosura.

Al arrebol, se adorna muy coqueta,
y, vistiendo de aromas su ternura,
sólo espera el abrazo de El Veleta.




    GRANADA, SOBERANA

Granada, de quereres soberana,
por las verdes acequias de arrayanes,
desgrana los suspiros de galanes
en sus lunas moriscas de sultana.

Absorta en su labor de filigrana,
tras visillos, trabando los hilvanes
con hilos de agua, labra tafetanes
que envuelven sus hechizos de gitana.

En su imagen henchida de fragancia,
se desvela el embrujo misterioso
que paulatino exhala su prestancia.

 Adornada de porte prodigioso,
embriaga con tan lúcida elegancia
que introduce en deleite delicioso.



SÓLO RESPIRO

Sólo respiro por ella,
yo no tengo vida mía,
sólo su aliento me guía
en mis noches sin estrella.

No tengo ilusión más bella
que rendirle pleitesía,
correr y seguir su huella
abismado en su armonía. 

Si alguna vez la perdiera,
dejaría en mi tristeza
que la muerte me venciera.

Y, ya muerto, si pudiera,
la amaría, con franqueza,
más y más, donde estuviera.
 

VILLANCICO

Manitas de armiño
expuestas al hielo.
Recordad al niño

Su carilla es de rosa
y su boca un clavel.

Manitas de mi niño
que darán la salud.
Retirad con cariño
el cáliz de la cruz.

Su carilla es de rosa
y su boca un clavel.

 

 


AUTÉNTICA POESÍA - Herrera/Muñoz - 2001

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