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ALFONSO LARRAHONA
SU OBRA 1
En esta página encontrarás las siguientes poesías:
De
GUITARRERO NOCTURNO (1957)
ES MOTIVO DE QUEJA... (II)
Es motivo de queja tal ventura, morir cuando escuchamos el llamado, cuando el breve vagar nos ha brindado la alegría de nueva vestidura. Cuando el hálito llega de la altura y la voz se desdobla como un hado que nos libra los ojos destrozados y nos pone una venda de luz pura. Entonces, infeliz del sublevado que sus manos no cuaja en ilusiones porque bien muerto está y bien hurtado su recreo de sol sin emociones. ¿Pero es justo tal vez haber logrado a veces, el dolor dando canciones?....
YO ESPERÉ
Yo esperé que llegara la alegría, esperé, esperé mas nunca vino, siglo dorado de orgulloso sino que a su carrera nunca detenía. Yo ambicioné su avara reyecía, mi feudo le ofrecí pleno de trinos, le abrí una senda azul y ese camino lo despreció también, vana osadía. ¡Alegría! Con cuánta fe clamaba en mi alcoba de noches infinitas. Maté mi ambicionar, lo que buscaba llegó para envolver toda mi cuita y lanzarla al abismo que esperaba más allá de mi sombra ya marchita.
De CARACOL QUEBRADO (1974)
LOS RECUERDOS DE MI INFANCIA
Los recuerdos de mi infancia son mi Madre cosiendo de la tarde a la mañana. Despertaba y la voz de la campana me traía, cansada, aquel encuadre. Recuerdos que serán aunque taladre el cierzo el cristal de mi ventana, siempre estarán fluyendo en mi fontana mezclados al recuerdo de mi padre. Ella lo ocupa todo. Es la caricia, la palabra canción, lo necesario para dar del amor clara noticia. De mi antiguo correr es el estuario; inclina mi recuerdo a su delicia, es la página rosa de mi diario.
CON ESTAS MANOS
Con estas manos que quizás un día dirán tu nombre por la tierra entera, izaré emocionado la bandera de nuestro corazón hecho armonía. Haré su risa al ángel que gemía, su vestimenta azul, su voz primera; y te alzaré, encendida en la pradera, con estas manos que quizás un día... Con estas manos, doblemente tuyas, traeré a mi jardín todas
las rosas para vivir, amor, largos veranos. Y en el día fatal que te diluyas, impregnará tu voz todas las cosas que yo deba tocar con estas manos.
De INESPERADAS MUERTES (1977)
AUTORRETRATO
Esto que ha de caer por la ladera, como un capullo azul que el viento arroja, cercena mi reír, mi luz cerroja y enmohece encantado mi quimera. Esto que resta aún, como bandera, muestra de lo que fui: pálida hoja, vestimenta de brizna y de congoja que mantiene mi sombra volandera. Yo me persigo aún buscado el vado. Esperanzado voy y olvido el vuelo. Ay, cómo huyendo va dichoso el cielo para infligirme llanto conturbado. Estoy, como el silencio, tan llagado que ya es igual mi canto y mi desvelo.
OLIVARES
De rodillas y en medio de una ronda de olivos, testigos vegetales de la oración que llega de los labios del Hijo que, ensombrecido ruega como un tatuaje a fuego sobre los troncos vivos. Los ramajes se curvan para escuchar. Percibo la palabra del Hijo que desde entonces siega. Toda cizaña cae y, en su lugar, entrega: un renacer de flores, de música, festivo. Los olivos padecen la oración en el huerto; con sus hojas oscuras tejen sombras olivas, Es oliva la tarde, toda la luz ha muerto. Sólo el Hijo ha encendido su lámpara votiva. Los olivares callan, toda la luz es yerto telón donde se inclina la muerte a la deriva.
De PAÍS AUSENTE (1980)
(Primer premio Juegos florarles del mar, Valparaíso, Chile, 1977
Segundo premio nacional de poesía "Gabriela Mistral", Ilustre Municipalidad de Santiago, Chile, 1979)
PAÍS AUSENTE
País ausente y sin embargo mío, país para mi sed desconocida, país para la rosa de mi vida que vierto en mi sendero como un río. País ausente, heredad que ansío como el aire. Lo habito. Vieja herida en mi costado, lámpara encendida que me inviste con sayas de rocío. País ausente como un nuevo cielo sobre mi aldea, con su sol de encanto inunda las praderas de mi canto florecido y aún tan presto al vuelo. País que escribe salmos en mi frente; país de mi locura, siempre ausente.
MI SIMIENTE
Hoy me encontré conmigo, de repente. Nos saludamos como dos extraños, fuimos ciegos y sordos tantos años, el camino fue adverso largamente. Luego le dije: Hermano, mi simiente, ésta es tu voz, la mía rompe el daño del perdido lagar, donde un rebaño de recuerdos queridos canta ausente. Me respondió que a mí me conocía, que podía leerme como un libro los años que marchamos separados. Me sorprendí. Era cierto. Repetía las voces que encadeno y las que libro como mudos gorriones desalados.
AUTÉNTICA POESÍA - Herrera/Muñoz - 2001
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