Soy feo de pelotas
Autor: Ciberconspiracionista
Para empezar, una ventaja
que tenemos los feos: La gente se apiada de ti, y te permiten hacer casi
cualquier cosa. Eso lo noté ya de pequeñito. Veréis, tengo un hermano que es
guapísimo; metro ochenta y cinco, ojos de un azul casi tan profundo como la
ignorancia de George Bush, una cara perfectamente simétrica, y no como yo, que
cada lado va por libre, y hasta tiene dos cejas. Esto último lo digo porque
cuando me puse a currar de agente de la OTA, mis colegas se cachondearon,
diciendo “Ya que vas a ir de uniforme, hazte policía municipal, que rima con
amorfo unicejal”.
En fin, estaba hablando
de mi hermano. Somos mellizos, es decir, que nuestros padres nos hicieron en un
mismo polvo, supongo que para ahorrar trabajo, porque eso de currar a mi padre
como que no… Entonces, hicieron a mi hermano, y con el material que sobraba, a
mí. Bueno, pues de niños, cada vez que nos peleábamos y mi hermano iba donde
mamá a decir “Adolfito me ha pegado, mamá, Adolfito me ha pegado”, mamá contestaba: “Huy, Roberto, déjale,
pobrecito, bastante tiene con lo suyo” y luego a mí: “Adolfito, no pegues más a
tu hermano, o por lo menos, no lo hagas con el martillo de Papá, que no es para
eso y se enfada cuando le ensuciáis las herramientas”. Siguió ocurriendo en
años sucesivos: En la escuela, los profesores me aprobaban casi por costumbre,
aunque no tengo claro si eso era por pena, o para perderme de vista
rápidamente. En la universidad, nadie se atrevía a negarme los apuntes, más que
nada para evitar que insistiera más de una vez, y si nunca acabé la carrera fue
porque me aburría sobremanera, nadie se atrevía a dirigirme la palabra por si
acaso respondía y, por lo tanto, me pasaba todo el día solo. Encontré trabajo a
los dos días de ponerme a buscar, en un circo, y allí fui feliz durante varios
meses. Decidí que era mejor dejarlo, antes de tener algún disgusto, tras una
pequeña estampida que se montó cuando entré por error en la jaula de los
elefantes, buscando el servicio tras una noche de fiesta gitana con la mujer
barbuda. En fin, que los feos lo tenemos muy fácil en la vida, en serio.
En cuanto a nuestra
capacidad mental… ¿A que nunca habéis visto a un solo feo (y mucho menos feas)
en los capítulos de “Los vigilantes de la playa”, o en “Pacific Blue”? Pues eso
es porque ningún actor feo está tan desesperado como para ponerse a trabajar en
esas mierdas de americanadas, y es que la fealdad trae consigo un extra de
talento. Fijaos en los actores más feos: Son los mejores con diferencia. Danny
de Vito, Clint Eastwood, Al Pacino… Lo mismo pasa con ellas. Kathy Bates,
Terele Pávez y compañía son las mejores actrices del planeta, y si son las
guapas las que consiguen los mejores papeles es porque la mayor parte del
público es adolescente, y no sabe lo que es capaz de hacer una fea.
Y es que los feos (y las
feas) somos unos amantes excepcionales. Tenemos pocas oportunidades para
demostrarlo, en principio al menos, eso es verdad, pero lo hacemos mucho mejor.
El motivo es muy sencillo: el sexo es, para nosotros, algo que practicamos cada
vez como si esa fuese a ser la última vez, y es que entre polvo y polvo, pueden
pasar muchos meses. De hecho, los paquetes de condones, de seis unidades y con
la fecha de caducidad a tres años vista, están pensados precisamente para
nosotros. Y a veces, se nos caducan. Pero claro, en ocasiones sucede que
conoces a una chica, o desesperada o ciega, y queda alucinada con las cosas que
eres capaz de hacer. Y entonces puedes pasar a comprar los paquetes de doce,
para pasar
Por supuesto, y por el
mismo motivo, recomiendo a todo el mundo que intente ligar con feas, y si
además son gordas, cojas, bizcas, tienen granos, les huelen los pies hasta a
través de las botas de esquí y les faltan la mitad de los dientes, aún mejor.
Os aseguro que son auténticas máquinas de sexo, muchachos. Y os lo dice uno que
se ha trincado a preciosidades de las que salen en las revistas, y nada, nada.
Ni la Igartiburu, ni
Mi novia actual, sin ir
más lejos, es algo parecido a lo que podría resultar del cruce entre Pozí y la
madre de Tamara, algo espantoso. Cuando vamos a salir a la calle, avisamos de
antemano para que los que tienen perro usen sus correas, porque de otra forma
los animalicos salen corriendo, acojonados, y el ayuntamiento del pueblo nos ha
prohibido pasear por la zona donde juegan los niños, y es que desde que
empezamos a salir juntos, los pediatras empezaron a notar un aumento de los
casos de pesadillas y de incontinencias urinarias, los pobrecitos hasta se
meaban en
En resumen, que cuando me
recomiendan un cirujano plástico, huyo como si en ello me fuera