La verdad acerca del Alcázar
Autor: El yerno del impresentable
ese
Primeramente, me
presento; Me llamo Eduardo Gómez Bejarano,
tengo 48 años y soy el yerno del individuo que hasta ahora firmaba una sección
en esta publicación bajo el nombre de “Alcázar Toledano”. Recientemente tuve
noticia de la afición de mi suegro a Internet. Eso fue cuando, en el recibo
mensual que me pasan de la residencia de ancianos en la que vive, había un
apartado denominado “gastos ocasionados por aficiones personales”. Casi doscientos
euros había gastado el jodido en un mes, alucina con el abuelo. Así que me puse
a investigar, y muy pronto descubrí esta publicación. Me daba auténtica grima
que los lectores se quedaran sin saber la verdad acerca de mi suegro, así que
decidí usurparle el puesto. Descubrí su dirección de correo, [email protected] y decidí quedármela. Eso
si, no fue nada fácil descubrir su clave. Las más probables resultaron ser erróneas;
no eran ESPAÑA, ni ESPAÑOL, MOSCARDÓ, FRANCO, JOSÉ ANTONIO, FALANGE, JONS, MOVIMIENTO...
Ninguna de las que hubiera imaginado. Llegué a temer que tal vez hubiera dejado
la asignada por Yahoo de forma automática, esas claves sin sentido como HOMERICCONTACT567,
por ejemplo. Pero tuve suerte: cuando entré en su habitación, vi un póster antediluviano,
hecho a partir de la foto aquella tan famosa de Marcelino marcando el gol que
daba la Eurocopa a España, allá por los años 60, y eso me hizo ver la luz: la
clave era MARCELINODECABEZA, así, escrito todo junto.
Así fue que pude leer las
cosas que le escribían los lectores; había de todo, desde personas que
replicaban con argumentos a las barbaridades que escribe el pobre animalico
hasta personajillos como él mismo, que se solidarizan con el fascismo. Pero
entre todos ellos, destacaba uno: Borja Mari, el noviete estúpido y pijo de mi
hija, Jennifer. Decía ese pobre inepto:
“o sea, chachi guay
del Paraguay lo que cuentas acerca de qué hacer con los malos requetemalos
cuando por fin logremos hacernos con el power, eso de encerrarlos en una
macrodiscoteca hecha con los planos de Treblinka y ponerlos a picar piedra;
mola lo suyo, además lo de la suelta de leones, escorpiones y demás, es de lo
más divertihappyguay que he escuchado desde que se separaron los de Parchís; Lo
que no termino de pillar es porqué esa macrodiscoteca tiene que estar en los
Monegros, las Bardenas o en el desierto de Almería, que ni tan siquiera Leticia
Sabater sabe donde están; Si quieres cobrar entrada, tendrás que ponerlo en un
sitio al que sea fácil llegar con el Porche, no en sitio al que haya que ir en
un 4x4, que no es ni la mitad de cool; Otra cosa más, tengo que informarte de
lo provechosa que fue la experiencia de los ejercicios espirituales; Chachi
guay y de lo más happy, la música esa, Gregoricos o como se llamen, tiene que
ser de los más IN, tan sólo con meterle una caja de ritmos; pero me temo que no
he terminado de pillar lo del silicio, yo creía que era un componente de
ordenatas y cuando me dijeron lo de ponérmelo en la pierna me sentía como
robocop, chachi que te cagas. Eso sí, luego aquello que me pusieron me hizo
mucha pupita, incluso me hizo sangre, y no sé yo qué tiene que ver eso con los
ordenadores, no sabía que había que sufrir tanto para ser un hombre cibernético...”
No, si ya decía yo que no
se podía esperar demasiado de un niñato tontolaba que encima es miembro de las
nuevas juventudes del PP; Es que ni siquiera sabe la diferencia entre el
Silicio y un Cilicio, el pobre imbécil. Y tan sólo a un mendrugo de primera división
se le puede ocurrir meter una caja de ritmos al gregoriano. Sólo puedo decirte
una cosa más, pobre estúpido fascistilla: Vuelve a tu sitio natural, es decir,
a hacer puzzles de ocho piezas con tu mamá, o a ponerte ciego de pastillas de
colorines en cualquier discoteca de carretera, pero aléjate de mi hija, no me
la acabes de agilipollar, ¡pendejo! Por cierto, que la pobre tenía entre sus
cosas una foto tuya, como si fuera no sé yo qué. La
incluyo sobre estas líneas, para que
los lectores vean qué cara de majadero tienes.
Otra carta de las que
recibió el ilustre capullo de mi suegro fue enviada desde Santander, provincia
de Cantabria, y la enviaba un cantabrón que se hace llamar Eugenio Ridruejo.
“Joder, te has pasao,
animal. ¿Acabar con los futbolistas? ¿Qué bebes, pobre bruto? ¿Y qué te han
hecho a ti los futbolistas, si se puede saber?”.
Sigue por el estilo,
durante casi una página, defendiendo la madre patria, el jodido. Supongo que su
única neurona habrá quedado agotada tras semejante esfuerzo. Pero bueno, ¿qué
se puede esperar de un habitante de esa zona del país en la que follar no es
pecado sino milagro? Además, resulta curioso que ese señor no haya criticado cuando
mi suegro escribió cualquiera de las barbaridades que decía acerca de matar a
los que venden discos piratas en el Top Manta, por ejemplo, y sin embargo
protesta cuando habla de encerrar a los futbolistas... Tú que, colega, ¿Socio
del Real Mandril o de algún otro equipillo por el estilo? Además serás de esos
que son capaces de organizar manifas porque su equipo desciende, y que se
aprende de memoria las letras más complicadas que se cantan en las gradas, por
ejemplo, esa tan profunda que dice “Oé, oé, oeoeoéééééé, rárárá, nuestro equipo
ganará”, que de trascendental que es creo que la escribió Quevedo o algún otro poeta
del siglo de las pocas luces. Si es que es evidente que en este país, puedes
organizar una matanza, y ni San Pedro bendito protestará, pero como dejes de
dar fútbol por la tele, te organizan una revolución.
Finalmente, comento una
cartita que envió un legionario, el Sargento retirado José Ángel Montero Salas,
desde un asilo situado cerca de Teruel.
“Estimado hermano en
DIOS y camarada por ESPAÑA: Recientemente, y de forma casual, he tenido por vez
primera noticias de su maravilloso trabajo al frente de esta maravillosa
sección desde la cual defiende a nuestra madre patria de tanto rojo,
separatista y masón que la amenaza sin que parezca que los jóvenes de hoy se
den siquiera cuenta. El peligro que se cierne sobre ESPAÑA, amenazada de forma
continua, es vapuleado por usted de forma tan justa como inclemente, por lo que
creo que se merece un abrazo en la distancia, y mi apoyo más directo.”
Pues si quieres apoyar de
forma más directa, manda un cheque por valor de 200 euros para compensar lo que
se gastó mi suegro en Internet, menos retórica y más chambuí, no te jode... Y
de la legión, para más añadidura. Por cierto, una pregunta: ¿Es verdad que la
cabra la lleváis para gracias a ella elevar el nivel intelectual medio de la
tropa? ¿Nunca habéis pensado en llevar un macho cabrío, o para cabrones
consideráis que ya vale con
los mandos?
Bueno, creo que ya he
contestado a las más interesantes de las cartas que recibió mi suegrito. Por
cierto, ¿Os gusta la foto que le hice el pasado domingo, mientras esperaba que
le trajeran la comida? Os aseguro que salió muy favorecido. En fin, que es un
buen momento para explicaros, aunque sea de forma muy resumida, quién es mi
suegro y qué tipo de persona es.
Su auténtico nombre es Juan
Bahamonde Sánchez. Durante años, hizo creer a toda su familia que era primo
carnal de Francisco Franco Bahamonde, aprovechando que curiosamente uno de sus
apellidos coincidía. Pero no es cierto, es un primo pero no de Franco. También
lleva toda su vida diciendo que estuvo en la legión, en la
división azul, y no habla del Afrika
Korps porque ya sería muy descarado. Nada de ello es verdadero. Era, eso si,
miembro de la falange pero porque su entonces novia le hizo militante igual que
su papá, y él nunca se atrevió a llevarle la contraria a mi difunta suegra, que
tenía un carácter... No os podéis imaginar el cabreo que pilló el día que le
hice la foto de la izquierda, mientras se bañaba. Cuando empezó la guerra
civil, el tío estaba en Madrid y su novia en Canarias visitando a una tía, y
cuando los republicanos consiguieron atajar la sublevación franquista en la
capital, mi suegro se escondió y se pasó toda la guerra civil escondido en un
sótano de Vallecas, acojonado. De hecho, no se enteró de que la guerra había
terminado hasta dos semanas después, cuando mi suegra logró llegar a Vallecas y
le encontró allí, comiendo su última ración de lentejas crudas. Tres años se
pasó el tío comiendo lentejas crudas por no salir del sótano.
Durante la dictadura, con
su camisita azul, consiguió trabajo rápidamente y sin problemas: Hasta
entonces, había sido carpintero pero no era de recibo que un caballero
falangista y que había sido amigo personal de José Antonio Primo de Rivera (eso
hizo creer a todos los que le rodeaban) siguiera manchándose las manos de
aserrín, así que lo pusieron en un sindicato vertical, creo que se llamaba
servicio sindical de los trabajadores de la madera fina, o algo así. Su trabajo
consistía en contestar al teléfono y hacer como que hacía algo. Y así
sobrevivió hasta que se jubiló, cobrando una pasta y sin hacer nada útil.
Bueno, sí, algo útil sí que hizo, se llama Mari Carmen y hoy en día es mi
esposa. Salvo eso, nada de nada.
Llegó el veinte de
noviembre de 1975, Franco murió de viejo y en la cama, y mi querido suegro, tan
sólo tres años más joven que él, decidió vivir en el pasado y decir que no al
presente, no digamos ya al futuro. Cuando mi suegra aún vivía, el tipejo ese no
se atrevía a levantar la voz, pero tras enviudar se soltó la melena (es un
decir), y empezó con sus ARRIBASPAÑAS y demás.
Lo que no tengo nada
claro es cómo y cuando aprendió a manejar un ordenador; tal vez eso fuera en la
residencia, durante alguno de los cursillos que les dan las monjitas para que
la mente no se les atrofie, sin saber que en el caso de mi suegro ya llegan
tarde para eso, que esa mente ya está atrofiada desde 1920 por lo menos.
Creo que contaros la
verdad acerca de este personajillo era una auténtica obligación. Nada más. Mi
suegro se despediría con un “brazo en alto e impasible el ademán”, o algo así.
Mi despedida es mucho más sencilla: SI TE VAS Y ME DEJAS, DIME ADIÓS CON LAS
OREJAS.