El
libro perdido en la estación de metro
Por Andoni.
Mientras
estaba en la librería, junto a mis hermanos, no era más que cualquier otro
libro, cincuenta hojas cosidas y pegadas. Nada más. Pero alguien se acercó, un
chico gordo, joven y sudoroso. Tenía barba, melena, y una cazadora negra. La
chica de la tienda hablaba con su novio, por teléfono, y el barbudo se dedicó a
mirar las bien torneadas piernas de la chica durante el tiempo que estuvo en
- Busco un libro, de Gabriel Garcia
Márquez
- Tiene muchos. ¿Algún título en
concreto?
- No lo sé, ¿Cuáles tienes? (en
interior de su cabecita, el muchacho había decidido comprar el libro más corto,
pequeñito y sobre todo barato que viera)
- “Cien años de soledad”, es tal
vez el más conocido. También “Crónica de una muerte anunciada”, y “El coronel
no tiene quien le escriba”
Yo era el tercero de los nombrados,
y también el más corto, pequeño y sobre todo barato. Por lo tanto, allí
quedaron mis hermanos, viendo con un poco de envidia cómo salía a la calle en
las manos del chico gordo. Él fue mi primer lector, y quien me dio
La idea era buena. De esa forma, yo
tendría más padres y mejor vida, pero en aquel momento me sentí solo y
abandonado, y odié a Amaia, y también a Patxi.
Se acercó un niño, y gritó a los
cuatro vientos “MAMAAA, AQUÍ HAY UN LIBROOO” La madre del niño era una chica
joven, Soraya, y el niño se llamaba Markel. Soraya fue mi tercera lectora…
Ay, Markel… Soraya no fue una buena
lectora, pasé casi cuatro años en su mesilla de noche, pero Markel, en cambio,
era increíble, aunque no como lector, eso no, La vida que tenía aquel niño, sus
risas, sus juegos… Cuando lo conocí en la estación de metro, tan sólo tenía
cuatro años, y cuando me quedé solo en el parque de juegos, en cambio, casi
tenía ya ocho años. Mientras tanto, tuve tiempo de descubrir la soledad de
Soraya. El padre de Markel se había ido hacía ya mucho, con otra chica,
olvidando a su compañera y a su hijo. Los padres de Soraya ayudaban en la
medida de sus posibilidades, pero no podían acabar con la soledad de Soraya.
Pero un buen día, en la hora de la siesta, Soraya vino acompañada a la cama, el
nombre del chico era Jon, y supe que era un maestro de Markel. Finalmente, el
aislamiento de Soraya había acabado, gracias a su hijo. Jon era un chico
pequeñito de estatura, se pasaba la vida jugando con Markel, o con la madre de
Markel, pero los juegos no eran los mismos, no sé si entendéis lo que quiero
decir. Jon fue mi siguiente lector, y fue un lector realmente bueno.
Al igual que otros muchos
profesores, Jon quería ser escritor, y tal vez por eso era un lector compulsivo,
leía cualquier cosa. Pero era muy despistado, buen chaval pero tremendamente
despistado. Y allí quedé, solo de nuevo, en el parque de juegos de los niños.
Mientras Markel jugaba, Jon estaba conmigo, pero cuando el niño volvió, me
percaté de que él era mucho más importante que yo para Jon, y eso me dio una
enorme alegría.
Se me acercó una anciana. Abrió mi
solapa, y leyó lo que allí ponía, el escrito de Amaia. Se vio una pequeña
sonrisa en los labios de la anciana, y me guardó en su bolso de cuero. Al
llegar a casa, se sentó y empezó con mi lectura.
El nombre de la anciana era Paula.
Era viuda, hacía muchos años ya de que Antonio, su marido, era un cadáver. Los
primeros días, tras perder a su esposo, los pasó en un lloro. Pero un día, se
plantó ante un espejo, y lo que vio no le gustó, no era lo que le hubiera
gustado ver. Vio a una mujer vieja, los ojos irritados a base de llorar, sin
amigos ni familia, y pensó, se dio cuenta, de que su marido no hubiera querido
eso. Por eso, se puso su vestido más bonito, el más moderno de sus bolsos, y
salió a
- ¿Tienes algo más de este autor?
- ¿De García Márquez? Por supuesto…
Se llevó “Cien años de soledad”. También
puede que liberar a uno de mis hermanos
fuera mi “culpa”, y estoy orgulloso de ello. Tal vez, él también tenga la
suerte que tuve yo, y tenga la oportunidad de conocer muchos dueños. Tras eso,
me quedé solo de nuevo, en una parada de autobús. Y aquí estoy aún, esperando a
otro lector. Confío en que la espera no sea muy larga…