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El 10 de Abril de 1755, en la ciudad de Meissen (Sajonia), Alemania, en el seno de un hogar humilde, nace Christian Friederich Samuel Hahnemann. Poseedor de una brillante inteligencia, llegaría a ser experto en lenguas y estudioso de textos antiguos y modernos en distintos idiomas, y a recibirse además como Doctor en Medicina en la Universidad de Erlange.
Viendo en su práctica médica cotidiana que tanto los diagnósticos como los remedios empleados por la medicina alópata en su tiempo eran no sólo inadecuados sino gravemente dañinos para la salud de las personas, se dedica con tenacidad al objetivo de descubrir una nueva medicina, natural y a la vez potente, que pueda eficazmente sanar a las personas sin crear en ellas indeseables efectos colaterales.
La tensión de no saber cómo curar eficazmente a sus pacientes con la medicina alópata es tal que un día dice textualmente a sus pacientes : “Amigos queridos, podéis salir de aquí. Yo soy incapaz de aliviar vuestros males y curaros y no quiero robaros el dinero”.
Se retira a partir de ese momento del ejercicio de su profesión y, no importándole el grave desmedro económico que esto llevaría a él y a su familia se dedica a la traducción. Este hecho de su vida es extremadamente relevante, nos muestra su grado de humanidad y honestidad. Nos muestra a un hombre que prefiere enfrentar la soledad, la pobreza, el aislamiento y la burla de sus colegas, antes que someter a sus pacientes a inútiles sufrimientos.
Es así como se ve obligado a cambiar constantemente de casa y de ciudad, para continuar la búsqueda de la Verdad Médica que su corazón anhelaba. Al traducir la materia médica de William Cullen halló una descripción sobre las propiedades curativas de la Quina, según el uso que hacían de ella los aborígenes del Ecuador. Asombrado por la semejanza entre los síntomas tóxicos conocidos y los efectos curativos decide él mismo ingerir grandes dosis de Quina y sufrir en carne propia las mismas fiebres y temblores que la Quina podía curar en los pacientes.
De ésta observación y de muchas otras que haría riesgosamente sobre sí mismo con Belladona, Digital, Mercurio, Azufre, Arsenicum, etc. elabora el principio rector de la Homeopatía : Similia Similbus Curantur que más adelante explicaremos en detalle y que en sus palabras suena así : “Todo medicamento eficaz, provoca en el cuerpo humano la aparición de una enfermedad específica y peculiar, tanto más específica, peculiar y brusca, cuanto mayor es la eficiencia del medicamento. Procede imitar a la naturaleza, la cual a veces cura una enfermedad crónica con otra sobrevenida y emplear, para la enfermedad a curar, el medicamento capaz de provocar otra enfermedad lo más similar posible, la cual curará la dolencia natural: Similia similibus (Lo semejante por lo semejante)”
Fuerte de este nuevo descubrimiento, reinicia sus actividades como Médico, esta vez Homeópata, vagando con toda su familia de una ciudad a otra pues, no obstante las increíbles curaciones que obtenía, incluso en casos de peste, la oposición médica y universitaria a sus logros era feroz.
Publicó varios tratados y en 1810 “El Organon del Arte de Curar”, dicha publicación así como sus conferencias recrudecían la oposición a sus descubrimientos y a su persona, al mismo tiempo que hacían aumentar el número de los médicos que anhelan convertirse en sus discípulos. Sus adversarios reanudan ataques, escándalos y bajezas hasta que logran definitivamente hacerle cerrar sus cursos.
Imperturbable Hahnemann continúa su labor y, viudo y en medio de indecibles fatalidades que caen sobre su familia, se transfiere en 1835 a París con la que sería su segunda esposa : Melanie d’Hervilly, una paciente Francesa que luego de ser desauciada por una tuberculosis incurable había ido a verle a Alemania, obteniendo con su Medicina la total curación de su mal.
En Francia las curaciones se suceden unas a otras, su labor es incansable y agotadora, se le ve feliz rodeado de los muchos médicos franceses que queren aprender su disciplina. Es tal la acogida que se fundan allí la sociedad Homeopática y dos periódicos: “El diario de la Medicina Homeopática” y “Archivos de la Medicina Homeopática”.
Luego de ocho años de esta feliz e incansable labor, el 2 de Julio de 1843, muere el fundador de la Homeopatía. Y antes de su último respiro, se le oye repetir dos veces las palabras : “Confianza y Paz, Confianza y Paz”.
Melanie se encargaría en los años venideros de ampliar y difundir su obra, la cual, fuerte de sus cimientos y bases tan sólidas se desarrollaría en los años a venir, estudiándose las propiedades de los distintos remedios hasta ampliarlos a los varios miles que hoy se conocen.