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CONCEPCIONES DE LA LITERATURA EN LA REVISTA CLAVES  DE SALTA

Ibañez Marta Ofelia
U. N. de Salta

 

En una publicación reciente, el Prof. Nicolás Rosa afirma que “las revistas son la autobiografía de la literatura”. Una lectura literal despojaría a este enunciado de la compleja red de decisiones, voluntades y posibilidades que hay detrás del término literatura. Porque si los especialistas estamos “avisados” de las complicidades institucionales implicadas en la clasificación de los textos lingüísticos en literarios o no, el lector aficionado desconoce las complejas relaciones que se juegan en torno a una práctica y a las sanciones sociales que deciden quiénes pueden llamarse escritores o no.

A una historia de vida la pueden escribir otros, aunque el matiz de quien escribe la propia introduce un cambio sustancial. Esos “adminículos culturales”, como llama Rosa a las revistas, oscilan entre ambas modalidades y van historiando las formas en que una cultura se mira a sí misma y las posiciones de los agentes sociales comprometidos, cuyas apuestas no son nunca inocentes.

En esta oportunidad, procuro aproximarme a las transformaciones que se están operando en el discurso de la crítica literaria salteña, según se constata en los números mensuales de Claves, un periódico independiente que aparece por primera vez en febrero de l992. Las posiciones en que se emplazan esas voces críticas van construyendo además un nuevo campo nocional respecto a la literatura.

Pero ya que estamos en el terreno de los implícitos, creo oportuno citar un comentario que apareció en el número 42 (Agosto de l995). Se trata de una reseña periodística (no lleva firma, pero atribuimos la autoría al Director) sobre el libro de un escritor de Tartagal, Héctor Cabot, titulado La flora y la fauna. Después de informar que “Héctor Cabot ha trazado con mano a un tiempo apasionada y distante una semblanza de la víspera de una elección interna peronista en Tartagal...”, el comentarista hace referencia al “casi mítico intendente”, el Turco, que evoca “pasados combates”  y  a “los personajes que actualmente semejan una caricatura de antiguas luchas”. Transcribe luego un extenso fragmento, para concluir con la siguiente reflexión: “toda lectura de un texto es simultáneamente una traición y un enriquecimiento. Como lector me arriesgo a pensar que la descripción de Cabot conlleva en la figura del “Turco” la imagen de un peronismo que se nos ha deshecho entre las manos junto con el sueño de una sociedad mejor.”

Esa filiación del comentarista, es una impronta del lugar enunciativo que enmarcará la publicación, aunque no interviene como condición excluyente de la crítica cultural. Me ha parecido que el ejemplo elegido —entre otros posibles— presenta de algún modo a un “periódico independiente” (como lo designa su propietario y director) de sostenida circulación en Salta y otras provincias durante trece años. El texto que se reseña y el comentario referidos, son indicios de una ideología política y de la literatura. Precisamente, algunas de las representaciones de la literatura entramadas en el material publicado hasta el año 2000 constituyen el objeto de mi disertación. El recorte del corpus guarda coherencia con el lapso temporal acotado por una investigación sobre el campo cultural salteño en las cuatro últimas décadas del siglo XX.

 

Desplazamientos

            Antes de particularizar los nuevos modos de significar la práctica literaria en Claves, creo oportuno destacar que en Salta recién hacia la década de los 80 se observará el descentramiento de ciertas voces que, desde el periodismo, ejercieron un rol protagónico en la conservación de las poéticas consagradas por el nativismo. Este movimiento de la prensa local coincide con la aparición de grupos poéticos cuya producción se enajena totalmente de los residuos regionalistas (Grupo Retorno, Hoja de poesía). Sus integrantes consolidan la tesitura de los escritores del 40 quiénes se habían pronunciado en forma explícita respecto a esa concepción de la literatura, de la que también se corre la llamada generación del  60. La prelación de estos textos no pudo ser leída por una crítica que aún estaba en  manos de escritores adheridos en general a los principios canonizados por las estéticas precedentes.

Si bien durante los 70 hay algunos atisbos de polémicas, es notoria su falta de continuidad, atribuible quizás al ejercicio vocacional de la crítica, desplegada como extensión de la práctica creadora. Asimismo, los lugares de quiénes la realizaban no admitían disputa por el peso social que los columnistas tenían en el medio cultural.

La revisión que nuestro equipo llevó  adelante de los suplementos culturales publicados por El Tribuno, el diario de mayor tirada de Salta, permitió deslindar en las cuatro décadas que se investigan, dos etapas: la primera (60 — 70) se caracteriza por la ausencia de crítica profesional , mientras que en la segunda (80 — 90) se observan desplazamientos condicionados en cierta medida por las restricciones de la prensa hegemónica, pero sobre todo por los efectos de un proceso cuyo punto de arranque se sitúa en el momento de la creación de la Universidad Nacional de Salta (1972), institución donde enseñan y se forman lectores especializados.

En este contexto, aparece el “periódico independiente” Claves. En el número inaugural,  su director Pedro González dice:

 

La abundancia de medios gráficos (que felizmente han reemplazado a la única y monocorde voz que existía en Salta) hace necesario explicar nuestra razón de ser” que se sitúa “a mitad de camino entre la noticia cotidiana y la reflexión más profunda de una publicación especializada” (cit. por Caro Figueroa, 2001:5)

 

La vocación de apertura y de rigor informan de un proyecto cuyos objetivos se ratificarán años más tarde cuando, destacando su naturaleza heterogénea, el director precisa con motivo de los cincuenta años de la revista:

Reconozcamos que Claves comienza siendo un equívoco, no es un Semanario pero se le parece por su formato; no es una Revista pero se le semeja por su periodicidad y la naturaleza de sus notas (...) Ese rostro bifronte oscilaba entre la aventura y el orden. Claves, fiel a ese postulado, apuntaba a señalar los valores de una tradición consistente en servir a la tierra que nos nutre y una libertad que imaginara nuevos caminos. Por supuesto, para Claves la tradición no consiste en repetir normas cada vez más degradadas de un pseudofolklore, ni entiende por sinónimo de aventuras la fácil literatura underground que pretende asustar al burgués como los surrealistas de la década del treinta (González: l996)

 

Decíamos en relación al comentario sobre Cabot, antes citado, que en él se entrama  una ideología de la literatura. Ese gesto capaz de mirar más allá de la capital provinciana, la Salta olvidada, configura un gesto político que define con ribetes particulares una publicación que,  por su formato y por la naturaleza de las colaboraciones, confiere un lugar al discurso literario en manifiesta paridad con los otros discursos que hacen al intercambio social. El rumor de la sociedad se imprime en un espacio que el historiador Gregorio Caro Figueroa define como “abierto”

(…) a una diversidad de temas: economía, informática, filosofía, derechos humanos, problemáticas de la mujer, ensayo, crítica o creación literaria. En Claves la geografía salteña no termina en el Valle de Lerma ni en los límites políticos convencionales: incluye nuestro interior ignorado y nuestros vecinos norteños. Al lado de firmas consagradas, están jóvenes cuya única recomendación editorial fue su talento (2001:4)

 

Irrupciones

La heterogeneidad temática, el hibridismo, las voces de variada procedencia social y geográfica son algunas de las piezas del proyecto cultural implícito en Claves. Si acordamos que toda producción discursiva recupera códigos culturales y genera otros, se desplaza en un juego de inclusiones y de marginaciones, privilegia unos saberes sobre otros, reconocer la procedencia de los articulistas facilita la construcción del perfil de esta publicación. Claves construye  un lugar enunciativo de neta filiación académica, cuyos actores poseen un capital teórico adquirido en la formación profesional que imprimen “la marca de maneras de conocer y de representar lo conocido” (Angenot, 23).

Ese lugar enunciativo contrasta notoriamente con aquéllos que habían monopolizado el saber y el poder de la palabra en nuestra provincia. En efecto, la posibilidad de que aparezca una crítica “nueva” nos reenvía a un  dato que deslicé al comienzo de mi trabajo. La falta de tradición universitaria  en Salta retardó el surgimiento de un discurso crítico autónomo capaz de fisurar los hábitos instituidos y de objetivar la producción literaria con los procedimientos que la reflexión teórica procura. Si bien en el sistema crítico nacional, la actividad metatextual “se había desarrollado hasta mediados del siglo XX con características disímiles”,  según puntualiza Cella (l999: 33) el desacuerdo temporal e ideológico que acusa la crítica salteña deviene también de un campo cultural sometido durante mucho tiempo a la lógica de las relaciones personales y amistosas. No olvidemos que a Salta se la ve como un “receptáculo de las esencias argentinas” (Elisa Moyano[i], 2004), como el lugar donde “permanece lo suficiente para que miremos a esta ciudad como la más completa y bella imagen del pasado argentino” (Ibarguren), “donde deben libar nuestras líricas abejas para que el poema nacional perdure” (Gálvez).

Si  “la reproducción” de los bienes simbólicos que ya habían sido consagrados  es el rasgo distintivo del periodismo cultural producido en Salta hasta la década de los 80 (y casi diríamos hasta el filo de los 90), con Claves se inaugura la otra modalidad señalada por Jorge Rivera, la de un periodismo que interviene en la “creación de capital simbólico” (2000:16)[ii].

En su formato, no hallamos “secciones fijas”, salvo la nota editorial titulada “Balconeando” y la contratapa que contiene siempre una reseña sobre libros reeditados o de reciente publicación, sobre todo del área de las ciencias sociales y humanas, en un espectro amplísimo de temas y problemas. Encontramos, además, textos de carácter informativo sobre hechos nacionales y provinciales destacados, que no se ajusta a la noticia puesto que no tiene la inmediatez de ésta, pero que comparte con ella la referencia a la actualidad política, económica o de otras actividades sociales.

En cuánto a los artículos de divulgación científica, entre los autores hallamos la presencia de intelectuales de diversa inserción aunque predominan aquellos que están conectados con la docencia e investigación universitaria. Para no agobiar a quiénes me escuchan con nombres que les son ajenos, prefiero ordenar en forma sucinta algunas colaboraciones según la especificidad disciplinar, para luego referirme a las transformaciones que se operan respecto a la noción de literatura. Encontramos así artículos de divulgación científica sobre las teorías cognitivistas (Piaget, Vigotsky, Chomsky), avances de investigaciones históricas, de estudios sobre la mujer; reflexiones de orden filosófico, o difusión del pensamiento de pensadores de la talla de Paul Ricoeur, junto a una galería de poemas no sólo de escritores locales, sino de otras provincias, países y lenguas.

 

Resemantizaciones 

Para valorar de manera más ajustada la torsión que venimos refiriendo, creo necesario decir que en un trabajo reciente, constatamos la reiteración de tópicos que la retórica regionalista cristalizó tanto para la literatura de creación como para las producciones metatextuales. El estudio de los prólogos a antologías de amplia difusión nacional nos mostró la permanencia de esquemas valorativos deudores del discurso identitario forjado por el proyecto nacionalista de comienzos del siglo XX (Ibáñez, 2004). Junto a la vigencia de una petición de principios, tal es concebir a la literatura como vehículo para captar la región, también ha circulado esa otra concepción descripta por Raúl Bueno en los siguientes términos:

 

El término “literatura”, tal como se lo venía utilizando, implica una serie de cargas semánticas ocultadoras del trabajo que supone la escritura. (...) La literatura era concebida como una categoría universal, del mismo rango que otros universales del idealismo, como la verdad, la justicia o la belleza esenciales [y existía] al margen de contingencias y condicionamientos históricos e ideológicos (l991: 25)

 

            Estos dos criterios de legitimación son los que han caído estrepitosamente en la nueva crítica salteña. Y de esa suerte de “sismo intelectual”, son testimonio muchos de los textos críticos publicados en Claves. Éstos integran una galería tipológica que abarca entrevistas, reseñas, trabajos monográficos, avances de investigaciones realizadas por equipos de la Universidad Nacional, del CONICET o de salteños que realizan sus estudios de posgrado fuera del país. Se conforma así un corpus de textos escritos por especialistas o por lectores competentes y destinados a un público más restringido quizás que el de los suplementos culturales, pero no necesariamente intelectuales de oficio. Hasta ahora, he clasificado esa producción según las siguientes categorías:

1.      Crítica académica, donde los referentes teóricos se identifican. En este orden, incluimos como ejemplo trabajos publicados sobre teatro, donde el análisis textual es acompañado de exhaustivas conceptualizaciones que los convierten en textos de divulgación científica, puesto que ponen al alcance del público no especialista nociones que contribuyen a una mejor comprensión de la actividad teatral. Los referentes teóricos provienen de la semiótica teatral, y en verdad tienen una función “educadora” si se atiende sobre todo al claro deslinde entre el texto dramático y el espectáculo teatral.  En estos textos se implica una concepción de la literatura como producto que puede objetivarse a partir de categorías y conceptos disciplinares. Destacan en este orden las publicaciones de Graciela Balestrino y Marcela Sosa,  investigadoras del CIUNSa.  Se suma la producción sobre otros géneros de Alicia Chibán,  Amelia Royo, Alicia Poderti entre otros nombres.

2.      Escritura crítica, en el sentido en que trasciende el análisis textual o un marco teórico particular para mostrarse como un texto autónomo. En esta modalidad, el objeto comentado, verdadero pre-texto, le posibilita al crítico exponer no sólo su ideología de la literatura, sino su propia escritura apelando a figuras y procedimientos que a veces le permiten escamotear la valoración que tradicionalmente se atribuye al discurso metatextual. En este registro, destacan Zulma Palermo; también Alicia Poderti en algunas colaboraciones. Aunque estamos ante un discurso crítico que se aparta de la forma convencional, revela su filiación teórica y el manejo de especificidades que provienen de la formación profesional. En el espacio discursivo se impone la idea de la literatura como construcción socio-histórica y como dispositivo intertextual capaz de activar la propia deriva escritural.

3.      Crítica producida por escritores. Sobresalen en este orden dos poetas salteños, Teresa Leonardi Herrán y Santiago Sylvester. Sus lecturas, entretejidas de lecturas, son elocuentes; sus textos exponen el perfil de ese escritor ya prefigurado en las postulaciones de Poe, Flaubert o  Mallarmé, de ese escritor que es consciente del duro oficio de batallar con la palabra. Sus formulaciones, el modo de leer y de escribir desencantan para siempre a quienes puedan creer ingenuamente en la inspiración. Leonardi Herrán además ha hecho de Claves el escaparate idóneo para exhibir las voces más prestigiosas de la poesía contemporánea, escrita en español o francés. A esos nombres, cabe agregar el de otros escritores como Liliana Bellone, Teuco Castilla, Carlos Hugo Aparicio, José Ríos, Raúl Aráoz Anzoátegui y otra vez el de Poderti.

4.      Lectura crítica de textos literarios en función de otros intereses disciplinares (por ejemplo Caro Figueroa, según un paradigma histórico.)

 

Conclusión

En este trabajo he acercado un panorama general sobre Claves; aún me queda por auscultar la “letra chica”, esto es aquellos textos donde seguramente escucharé otras voces, otros ecos: las reseñas, las presentaciones de libros, la breve nota que anuncia la aparición de otros; los recordatorios. Y aún me queda en el camino un trabajo comparativo con otras publicaciones que aparecieron por la misma época que confirmarán o refutarán los criterios que me orientaron.

Sabemos que no hay hechos o palabras insignificantes; por eso, las biografías jamás pueden captar la totalidad de una existencia. En su discurrir, apresamos puntos fugaces, momentos fundacionales. Eduardo Romano apunta que hacia los cincuenta, la crítica literaria tiene “una crisis de resurrección” (l999). Parafraseando su dicho  creo que nadie podrá discutir que en Claves  asistimos a una “crisis de crecimiento” que permitirá que la literatura y la crítica literaria en Salta  ya no vuelvan a ser las mismas.

A propósito de la exhibición del primer film  de Lucrecia Martel, Pedro González escribió que “La  Ciénaga es una historia moral de Salta. Creo que bien podemos afirmar que Claves es una biografía y una autobiografía del campo intelectual salteño.

Otra mirada, otra historia, diría el escritor jujeño Jorge Accame.

 


BIBLIOGRAFÍA

 

 

Bueno, Raúl (1991), “Planteamientos de (y sobre) la actual crítica latinoamericana” (l981) en Escribir en Hispanoamérica. Ensayos sobre teoría y crítica literarias, Lima: Latinoamericana editores.

Caro Figueroa, Gregorio (2001), “Un caso excepcional entre las revistas culturales de Salta” en Claves, Año X, Nº 100, pp 4 /5.

Cella, Susana (l999), “Panorama de la crítica”, en Noé Jitrik, Historia crítica de la literatura argentina. Buenos Aires, Emecé, Vol. 10.

González, Pedro (1996), “A los lectores” en Claves, Año V, Nº 50, p 14.

Ibáñez, Marta Ofelia (2004), “La canonización de los textos lliterarios. Un proceso socio-discursivo” en Moyano, Elisa (coord), La literatura de Salta: espacios de reconocimiento y formas del olvido. Salta, Continuos.

Moyano, Elisa (2004), “Los olvidos del siglo XX: las  literaturas urbanas y los textos de mujeres”. Ibíd.

Moyano, Elisa (2004), La cultura, la poesía y la literatura en el discurso polémico de Salta (década del 60), en Actas. I Congreso Internacional de la Cultura en el MERCOSUR. Salta, V. II, p 1040-1049.

Rivera, Jorge (2000),  “Periodismo y cultura” en El periodismo cultural. Buenos Aires, Paidós.

Rodríguez,  Susana (2004), “Los escritores como críticos. La década del 70 en la Página Literaria de El Tribuno”  en  Actas. I Congreso Internacional de la Cultura en el MERCOSUR. Salta, V. II, p 1104-1111.

Rodríguez,  Susana et al (2005) “l960-l980. Variables de la crítica literaria ejercida por los escritores de Salta” en Arpes, Marcela y Nora Ricaud (comp), Encuentro de la literatura argentina con el discurso crítico. Río Gallegos: UNPa. Ponencia al XII congreso Nacional de Literatura Argentina. Río Gallegos, 2003.

Romano, Eduardo (l999), “Huellas cómplices (con ciertas poéticas) en la crítica literaria argentina” en Palermo, Zulma (coord), el discurso crítico en América Latina II. Buenos Aires. Corregidor.

Rosa, Nicolás (2000) “Las revistas son la autobiografía de la literatura” en Rivera, Jorge, op.cit.

 

 


[i] La crítica mencionada funda esa valoración  en los  Prólogos que Carlos Ibarguren (en l914) y Manuel Gálvez (en l926) escriben para dos textos de Dávalos:  De mi vida y de mi tierra   y  Salta respectivamente

[ii] Dice Rivera refiriéndose a su libro: “Una parte sustancial del periodismo que intentaremos describir se relaciona con la reproducción y circulación del capital cultural objetivado de un sociedad (…), pero en cierto sentido la prensa cultural también es una fuente de creación de capital, y en sí  misma, es capital objetivado. Conviene no olvidar esta doble condición creadora y reproductora¸, cuyos componentes aparecerán, según los casos, como dominantes o como términos complementarios” (2000:16)

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