5. Colombia. Postergacion de la democracia y crisis

Guillermo Solarte Lindo

En Colombia se amplia cada vez con mayor rapidez la brecha existente entre lo que deseamos colectivamente y lo que logramos. Esto estar�a indicando que lo deseado colectivamente esta cada vez mas distante de lo que el sistema pol�tico vigente permite alcanzar. Este fen�meno pone en tela de juicio la pol�tica, entendida como un mecanismo para el logro de prop�sitos colectivos y cuestiona as� mismo el sistema pol�tico que sirve de marco de acci�n: la democracia. Existe un divorcio grande entre pol�tica y moral. El escenario de la pol�tica es dominado por un enorme sentido del oportunismo y el beneficio individual de los que ejercen el rol de pol�ticos y es evidente , como consecuencia de lo anterior, una crisis de los partidos pol�ticos tradicionales y de la credibilidad que la poblaci�n tiene sobre las instituciones. El Estado Colombiano es puesto en duda y la gobernabilidad ha llegado a puntos en los cuales se piensa en la generalizaci�n del conflicto armado. Puede observarse en lo que podr�a ser un gran mapa de la comunicaci�n en Colombia, como se ha transitado de manera cada vez m�s vehemente de lo que por muchos a�os entendimos como conflicto armado o guerrilla o subversi�n a la generalizaci�n del uso del t�rmino guerra como concepto explicativo de lo que est� sucediendo. Las preguntas que asaltan al ciudadano en su cotidianidad son: � guerra entre quienes? y �dialogo entre quienes? La imagen internacional atraviesa por los peores momentos de la historia nacional y las pol�ticas del estado en este sentido siguen siendo de manera incomprensible las de sumisi�n a las pol�ticas de los pa�ses del norte y de los organismos internacionales y las de campa�as de imagen en el exterior. Dejando al ciudadano colombiano expuesto a las exigencias mas autoritarias por parte de otros paises.La visa se ha convertido en un elemento legal de segregacion. En Colombia, se evidencian enormes fragilidades y debilidades en la justicia y un desborde de la impunidad. As� mismo, es endeble la imagen que la poblaci�n tiene de instituciones como el ej�rcito nacional, el congreso, los concejos municipales y las organizaciones de control y veedur�a, lo que debilita a�n m�s la posibilidad de gobernar de manera eficaz. De igual manera, es minoritaria la imagen positiva que tiene la poblaci�n en general de los grupos armados como d�bil es la capacidad de liderazgo que presentan las opciones pol�ticas distintas al bipartidismo aunque la poblaci�n en general muestra una gran capacidad de movilizaci�n constituyendo sobre la base de la acci�n una resistencia todav�a no canalizada pol�ticamente o una forma de hacer pol�tica todav�a no comprendida en su real dimensi�n por parte de las organizaciones pol�ticas formales. El sistema o modelo econ�mico hace evidente, por la ampliaci�n de la pobreza, el desempleo, la distribuci�n de la riqueza, que se distancia cada vez mas de un verdadero sentido democr�tico. El modelo econ�mico no genera las posibilidades de igualdad y el disfrute de los beneficios del desarrollo se cierran cada vez m�s a una peque�a parte de la poblaci�n. Podr�a decirse que la esfera del manejo de lo p�blico, ha ido perdiendo poco a poco, no solo su prestigio, sino tambi�n gran parte de su poder, su capacidad de gesti�n o lo que se esta conociendo como gobernabilidad. La pol�tica se ha convertido en un ejercicio, muchas veces excluyente, ineficaz y corrupto que obstaculiza en muchos casos, el progreso de las comunidades, cuya participaci�n real en el gobierno, se reduce de manera general a su intervenci�n en las elecciones. No obstante, la gran abstenci�n refleja as� mismo una gran desconfianza, si no en el sistema democr�tico, si en aquellos que pretenden ser los l�deres. La crisis de liderazgo originada en la corrupci�n y la lejan�a con las comunidades, es uno de los mayores obst�culos, para el logro de objetivos comunes como la b�squeda de la paz, la erradicaci�n de la pobreza o el mantenimiento de la soberan�a nacional . Habr�a que advertir que, como dec�amos anteriormente, la ciudadan�a ha dado muestras, a trav�s de sus distintas movilizaciones o marchas, de un gran inter�s por los problemas de inter�s com�n, lo que refleja no solo la comprensi�n de su papel pol�tico sino tambi�n el deseo de vincularse activamente a la soluci�n de los problemas que mas inciden en la crisis actual. Pero como suele ocurrir en escenarios de guerras, conflictos armados o violencias generalizadas las movilizaciones, las participaciones activas de las comunidades se ven restringidas por la amenazas, asesinatos, torturas o silenciamientos impuestos por los violentos. Doble, entonces, el merito de la poblaci�n civil o ciudadan�a expresar sus intereses, opiniones moviliz�ndose en una situaci�n de alt�simo riesgo. Alt�simo el riesgo de jugar a la democracia en un campo minado, con contrincantes armados en donde prevalece la fuerza sobre la raz�n y en donde lo ilegal ocupo hace ya bastante rato el campo de la pol�tica, de la econom�a y se opone en muchos territorios al ejercicio de una ciudadan�a libre. Es decir, aunque parezca una paradoja pol�tica, nuestra democracia esta repleta de islas autoritarias, de espacios vedados a la raz�n, de sumisiones al militarismo que opera de manera mas acentuada en lo local, de sistemas paralelos de justicia, de sistemas econ�micos locales en much�simos casos feudales, de elecciones cooptadas. No podr�amos decir que estamos en una dictadura, aunque muchos ciudadanos rurales as� lo puedan atestiguar, pero tampoco que estamos en una democracia, eso seria decir que uno puede ser medio libre, medio corrupto, medio delincuente, medio dem�crata. Lo que parece tr�gico para la soluci�n de nuestros problemas es que esto ha sido un proceso continuo de postergaci�n de la democracia.

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