* ADMINISTRACIÓN Y CONFLICTO
+ por Amador S. Alfonso

Una virtud del buen administrador reside en afrontar y salir airoso del conflicto. La Administración Pública lleva en su seno el conflicto, pues sus linderos con el terreno de la política no son claros ni están definidos.

El administrador que se desempeña en los organismos gubernamentales se ve constantemente asediado por conflictos surgidos del normal funcionamiento de la organización --cualidad que comparte con la administración privada--, pero hay un tipo de conflictos que emergen de la propia naturaleza de las organizaciones públicas: la lucha por el poder.

 

Así, hemos visto que durante ya varios meses han inundado los titulares de los diarios los vaivenes de las campañas --muy prematuras-- que tienen como objetivo el año 2006.

Parece ser un lugar común el decir que la política sufre un evidente desprestigio. Pero si existe tal, ese desprestigio alcanza también a la Administración Pública y, por ende, a los administradores.

Contra esto se sobrepone la necesidad de replantear --y rescatar-- los objetivos esenciales de los organismos públicos y fijarlos como la meta principal a alcanzar dejando de lado intereses ajenos.

Ante las turbulencias del constante conflico, la salida puede estar en un buen ejercicio de la administración pública; en la aplicación y práctica de sus principios, de sus métodos y de sus valores. Este es uno de los retos al que los administradores se enfrentan actualmente. La interrogante es: ¿habrán de responder

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