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En cambio, el aforismo es un género
sintético que tiene, según Gabriel Zaid, "...el
arte de evocar la espaciosidad en unas cuantas líneas."
Es el aforismo un texto "...intencionalmente fragmentado,
audaz o irónico que habla como si lo supiera todo,
como si hablara con la autoridad de un Tales o un Hipócrates."
El objetivo de este texto es ser un ejercicio de ensayo sobre
el aforismo arriba mencionado.
Estamos
sometidos a la desdicha, dice Flaubert, y habla el
naturalista escéptico que parece haber experimentado
los rigores de una vida toda desencanto y soledad. Un desencanto
construido a pulso a base de observar a su alrededor y no
encontrar en el pasado, en el presente, en sus semejantes
un punto donde afianzar la esperanza de lograr un futuro mejor,
para tener un cambio feliz, para llegar a la felicidad del
hombre, a la alegría espiritual. Flaubert parece querer
decir que no hay esperanza. El camino recorrido por él
en soledad, y por todos los demás hombres, cada quien
con su soledad, ha sido el mismo siempre: la desdicha, la
desgracia y la adversidad.
Flaubert
nace en Francia en el año 1821, el mismo año
en que nace el poeta, también francés, Charles
Baudelaire. Las coincidencias no terminan ahí. Cuando
Flaubert escribe: Nos desvanecemos en la voluptuosidad,
nunca en la pena, dice lo mismo o algo muy similar
a lo contenido en el siguiente verso de Baudelaire:
Los pecados son tercos, débil nuestro pesar
Flaubert dice
que no oponemos resistencia, nos abandonamos y nos dejamos
gobernar por la complacencia en los placeres de los sentidos,
que es lo que significa la palabra voluptuosidad. El dolor,
la aflicción, ese sentimiento interior al que nosotros
llamamos remordimiento apenas si deja sentir su presencia
y desaparece sin dejar más huella. Otra vez Baudelaire:
nos hacemos pagar todas las confesiones,
y tornamos alegres, al camino fangoso,
creyendo que un vil llanto borra todas las manchas.
El llanto
pierde, si alguna vez la tuvo, la capacidad de limpiar y de
ser obstáculo a las faltas cometidas al "desvanecernos"
en la voluptuosidad. El llorar, entonces, no es sino una actitud
hipócrita, que pareciera convertirse en costumbre y
requisito para volver, de nueva cuenta, a las andanzas de
la voluptuosidad. Por esto, dice Flaubert:
las lágrimas son al corazón lo que el agua es
a los peces
E interviene Baudelaire:
¡Es el Tedio! --empapado de involuntarias lágrimas
sueña en vagos cadalsos mientras fuma su opio.
Sometidos a la desdicha y presos de la voluptuosidad.
Esto es lo que Flaubert resume en el aforismo. Una característica
del aforismo es que tiene una forma mínima y una ambición
máxima. Otra de sus características nos la descubre
Zaid al afirmar que "...en el intento de escribir aforismos,
hay algo imposible, que requiere un estado de gracia, de inspiración,
de humor, de buena suerte". Y citando a Rafael Dieste:
"No existe el género aforismo. Existe el estado
de espíritu aforístico".
BIBLIOGRAFÍA
Las flores del mal. Baudelaire, Charles. Porrúa.
México. 1992.
Fragua íntima, de Rafael Dieste. Zaid,
Gabriel. Vuelta No. 192, México, nov. 1992.
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