Francisco Salazar Acevedo nace en Reynosa, Tamaulipas, el 2 de marzo de 1954. Actualmente reside en la misma ciudad donde ejerce su profesión de Contador Público e imparte cátedras relacionadas con su actividad profesional. Desde 2002 pertenece al Grupo Literario Canto Rodado donde desarrolla su pasión por la narrativa. Ha participado en diversos encuentros literarios, entre los que destaca el I Encuentro de Literatura Voces en la Frontera en las ciudades de Reynosa y McAllen.




ÁREAS DE FUMAR Y NO FUMAR

Los novios llegaron al salón donde sería la recepción después de la ceremonia religiosa. Pasaron a una pequeña sala donde se llevaría a cabo la boda por lo civil.
         Los invitados tanto de la familia de la novia como de la familia del novio comenzaron a llegar, y como entre algunos de ellos existían dificultades, eligieron unos sentarse lo más separado posible de los otros; el encargado del lugar por medio del sonido de los músicos que amenizarían la fiesta, hizo del conocimiento de la amable concurrencia, que debido a disposiciones oficiales de la Secretaría de Salud, en todos los lugares públicos incluidos los salones de fiesta, se habían destinado áreas para no fumadores y áreas para fumadores, así que muy amablemente invitó a las personas que gustaran fumar, pasaran a las áreas indicadas para ello.
         Después de terminada la ceremonia del matrimonio por lo civil, los novios, los papás de los novios, así como sus respectivos testigos pasaron al salón de recepciones. Los novios se acomodaron en la mesa de honor, y los consuegros en la mesa designada especialmente para ellos.
         Se les notificó a todos los invitados a la recepción que había una persona encargada de poner orden en caso de que hubiese algún problema por la medida dictada por la Secretaría de Salud. Si alguien no acataba las disposiciones oficiales, podía ser denunciado ante el encargado de guardar el orden entre los asistentes.
         Todo estaba desarrollándose ordenadamente, hasta que un invitado por parte de la novia sacó sus cigarrillos para fumarse uno, de inmediato se le hizo saber que de acuerdo al lugar donde se había sentado, se encontraba en el área de no fumadores, que si quería degustar su cigarrillo tendría que trasladarse a el área correspondiente, optando por guardar la cajetilla y no moverse de su lugar.
         De pronto, en el lado donde estaban sentados los invitados del novio, uno de ellos encendió un cigarrillo y empezó a fumar, inmediatamente su esposa dijo que ella no fumaba por lo tanto se cambió hacia el área de no fumadores, intercambiando lugar con el invitado que se hallaba en dicha área y se había quedado con las ganas de hacerlo. Al papá de la novia también le dieron ganas de un cigarrillo y al notificársele que no podía fumar por el lugar en donde se encontraba, se molestó diciendo que eso no se le podía hacer al padre de la novia, ya que sin ella no hubiera sido posible que la boda se celebrara. Tuvo que intervenir el encargado de guardar el orden y hacer entender al señor que la ley tenía que ser obedecida, no teniendo más remedio que trasladarse al área de fumadores, desgraciadamente le tocó sentarse en un lugar cerca de alguien con quien tenía algunas diferencias; sin dirigirse la palabra mutuamente empezaron a echarse el humo de sus respectivos cigarrillos importunando con ello a algunas personas que no fumaban y que tuvieron que buscar acomodo en el área de no fumadores, encontrándose en el trayecto con otros invitados que iban buscando poder fumarse un cigarrito pues los consumía el deseo de hacerlo.
         El papá de la novia y su vecino de lugar, acordaron hacer una tregua en sus diferencias y poder fumar a gusto sin molestar a los demás invitados cercanos a ellos. La mamá del novio, que fumaba como chacuaco, se sintió con la urgencia de fumar, tuvo que pasar por la misma situación de su consuegro y trasladarse al área de fumadores.
         El novio que también gustaba de fumarse sus pitillos, creyó que podían hacer una excepción con él y dejarlo fumar cerca de su ahora esposa, pero ésta se quejó con el encargado de guardar el orden en el salón y protagonizando su primer discusión de casados, el esposo tuvo que irse a sentar junto con su suegro y su mamá, mientras que un ex compañero sentimental de la ahora casada aprovechó para felicitarla y decirle que si él fuera su marido, no tendrían ninguna discusión por causa del cigarro.
         Algunos de los invitados buscaron fumar en el lugar preferido para intercambio de información: los sanitarios. Pero desgraciadamente hasta ahí llegó la separación de las áreas de fumadores y no fumadores; sólo que en ese lugar se preguntaba al usuario antes de entrar si era fumador o no fumador, ya que no podían estar juntos en el interior los que fumaban y los que no fumaban. Si adentro estaban fumadores, los que quisieran entrar y no fumaran, tenían que esperar a que se desocupara, lo mismo de personas fumadoras, que del humo que éstas habían dejado en su interior.
         La música seguía sonando armoniosamente animando a muchas parejas a bailar, el problema era cuando al seguir los pasos de baile, se internaban en las áreas a las que no correspondían, atropellando a los demás en su intento por colocarse en su zona respectiva.
         Como la Secretaría de Salud no había previsto que el humo pudiera invadir las áreas de no fumadores y al ocurrir esto todo el salón se llenaba de él, tuvieron que evacuarlo varias veces para despejarlo y así volver a aplicar las reglas de salud recientemente aprobadas por los legisladores.
         Aprovechando una de las ocasiones en que se desocupó el salón para despejarlo del humo acumulado, los novios se escaparon para emprender su luna de miel y a la vez limar sus asperezas causadas por el hábito de fumar del marido y, así, ponerse de acuerdo en sus respectivas áreas de fumar y no fumar.




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