RAMIRO RODRIGUEZ nace el 10 de septiembre de 1966. Es licenciado en Lengua y Literatura Españolas y Maestro en Letras Hispánicas por la Universidad de Texas en Brownsville. Actualmente imparte cátedras de Lengua Española en la misma Universidad y en Texas State Technical College -Harlingen.
Declamador y poeta, escribe cuento, ensayo y teatro. Parte de su obra apareció en el Suplemento Dominical del periódico El Bravo de Matamoros durante tres años y en la edición anual Borders Review, publicación de la Universidad de Texas en Brownsville. Participó en talleres literarios con los escritores mexicanos Orlando Ortiz y David Toscana, así como en los talleres Letras del Estío de Ciudad Victoria, Tamaulipas, coordinados por el escritor Guillermo Lavín. Colaboró en la Revista Fronteras del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Cd. de México, colabora en la Revista de la Universidad de Cd. Victoria y en la revista Novosantanderino que publica la Universidad de Texas en Brownsville.
Fue editor de "Matamoros Literario", revista literaria bimestral. Obtuvo tres veces el primer lugar en el Certamen "Poesía al mar" que organizan el Sector Naval Militar de Matamoros y Cuicacalli ProArte con los poemas "Romance de amor en el mar" (1993), "Agua marina" (1998) y "Romance de la gaviota" (2002); dos veces el primer lugar en el certamen estatal de poesía de la Universidad Valle del Bravo en 1991 y 1992; el segundo lugar en el Certamen Ofrenda Patriótica Magisterial 1998 del Estado de Tamaulipas; entre otras distinciones. Aparece en la edición anual de Matamoros Poético que presenta el Círculo Literario Manuel F. Rodríguez Brayda del cual fue presidente y al cual pertenece desde 1991.
Es compilador de la antología Veinte años de poesía en Matamoros 1977-1997 (1998) que ofrece un panorama poético de Brownsville y Matamoros. Es autor de los poemarios Claustros vedados al penitente (2000), Alfalogías (Poesía completa 1992-1996) (2001), Destiempo (2002), Décimas a la locura (2007) y Defragmentación Poética (2007).
Deshabítame
Deshabítame de silencios monocordes,
de sombras pretéritas, de graves muros,
deshabítame de remotas reminiscencias,
de naufragios en mares profundos.
Deshabítame de mi tristeza simple,
de huelgas internas, rutas cansadas,
deshabítame de miedos que me habitan,
y vamos, entra, es ésta tu casa blanca.
Transmutación
“rasgué mi corazón...”
Rosario Castellanos
Bandadas de gaviotas blancas ascienden de mis manos,
se pierden en espacios lejanos a mis ojos castaños,
gaviotas blancas que llevan libertad bajo sus alas
y la avientan a los brazos marinos de mis playas,
gaviotas blancas,
banderas tremolantes de paz argentada.
La molicie no se hizo para vencer la fuerza de mi espalda,
no para hacerme serpentear en un castigo milenario,
no para reducirme al eco agrio rebotando en peñas
ni para olvidarme del amor y su dulce padecimiento.
Quebrantamiento de soledades es tu nombre en mi oído,
ruptura categórica de sombras ocultas en oleaje de mar,
amalgamamiento de lágrimas en estuarios profundos.
Hoy renazco al mundo con nuevos tonos sensoriales.
Soy materia nueva con nuevo nombre bajo mis párpados.
Teorema
—Por enseñarme una parte del Sol, gracias.
—No hay nada que agradecer, deidad de alas.
—¿Recuerdas la noche de marzo en Bagdad?
Te dije que desconocía la raíz del odio.
—Sí, lo dijiste entre mis brazos de bronce.
Luego corriste desnuda, con tus senos al viento.
—Ya estoy aprendiendo. Soy buena alumna.
Y por esa enseñanza nunca te daré las gracias.
Huellas
I
En el mar quedarán mis huellas
colgadas sobre las olas,
en el vientre de médanos fugaces,
en el fondo de lagunas,
en el mar mi esencia,
mis ojos,
el tacto de mis manos
en las conchas de las ostras,
en el mar quedarán mis dedos,
en la arena —polvo expulsado por las olas,
el día que inicie el destierro
en el mar quedarán mis huellas.
II
Serán las olas mi póstuma cuna.
No porque anticipe las trampas del suicidio,
no porque celebre la disipación en la sal,
sino porque en el mar vivirán mis versos,
yacerán en la profundidad azul por los siglos.
El mar será de mi palabra refugio imperturbable.
De las seis letras de mi nombre será la cama.